Alexander Fleming y la penicilina "A veces uno realiza un hallazgo cuando no lo está buscando".
"La naturaleza hizo la penicilina. Yo sólo la encontré"
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Autor: Eunice Castro

May. 26, 2009 

 

Cuando en 1876 Hugh Fleming y Grace Morton se casaron, ella tenía 23 años y él era un señor de 59, viudo y con cuatro hijos: Jane, Hugh, Mary y Tom. Hugh arrendaba la granja Lochfield Farm, situada cerca de Darvel, en la comarca de Ayrshire, en Escocia, y se dedicaba a la cría de ovejas y al cultivo de avena.

 

La casa de Lochfield Farm era de piedra y solo tenía tres dormitorios, carecía de plomería interna y los Fleming tenían que lavarse en el fregadero de la cocina con cubos de agua que cargaban de un manantial cercano. En la cocina-comedor todos se reunían alrededor de la mesa para compartir la cena.

 

Pronto Grace demostró ser muy prolífica. En 1877, dio a luz a su hija Grace y en 1879, a su hijo John. El 6 de agosto de 1881 llegaba al mundo su tercer hijo: Alexander Fleming, quien años más tarde se convertiría en el famoso científico descubridor de la penicilina, el antibiótico que revolucionó la medicina moderna, permitiendo tratar enfermedades que se consideraban incurables.

 

En 1883, Grace daba a luz a otra criatura:  su hijo Robert. Ella tuvo el mérito de unir exitosamente a los hijos de los dos matrimonios de Hugh en una sola familia.

Jane contrajo la viruela, una enfermedad mortal en aquel entonces.

-¡Oh, Dios, pon tu mano y salva a Jane! -rogaba Grace.

Desafortunadamente, Jane murió y la tristeza invadió el hogar de los Fleming.

 

A los 5 años de edad, Alexander comenzó a ir a la escuela en la villa de Louden
Moor, a una milla de su casa. Esta tenía una sola aula, pero él pasaba allí días felices.

 

En 1887, su padre sufrió una embolia que lo dejó postrado y su madre asumió la responsabilidad de la granja. Alexander recordaría a su padre con cariño, pero un poco distante, como un hombre viejo sentado junto al fuego. Finalmente, en octubre de 1888, Hugh murió en su lecho de enfermo a los 78 años, dejando muy acongojada a su familia.

Cuando Alexander cumplió 10 años fue matriculado en la escuela de Darvel, que quedaba a cuatro millas de su casa y tenía que enfrentar las inclemencias del tiempo.

 

Cuenta la biógrafa Judith Kaye, en su libro The Life of Alexander Fleming, que su madre, antes de salir, le ponía dos papas horneadas en los bolsillos para que mantuviese sus manos calientes en el camino. Luego, él se las comía a la hora del almuerzo. En los días espléndidos, Alexander correteaba con sus hermanos y amigos por la comarca en busca de aventuras. Años más tarde diría:

-Mi poder de observación se agudizó buscando huevos de pájaros en los campos, y mi paciencia aumentó gracias a la pesca de la trucha.

 

 

Por esa época, Alexander sufrió en la escuela un accidente cuando iba corriendo y chocó de frente contra otro alumno.

-Se fracturó el tabique nasal -dijo el médico al revisarlo.

Debido a esto, su nariz se quedó chata para el resto de su vida.           

A los 12 años, lo internaron en la Kilmarnock Academy, una escuela más avanzada, donde estudió durante un año y medio.

 

En el verano de 1895, a punto de cumplir los 14 años, fue enviado a estudiar a Londres, donde se hallaban sus hermanos mayores. Tom se había convertido en un médico oculista, John estudiaba y trabajaba, mientras Mary cuidaba de la casa que habían alquilado en Marleybone Road.

 

Alexander ingresó en el Politécnico de Regent Street, porque su familia quería que hiciese una carrera en negocios. Los maestros comprobaron que él estaba dos años más adelantado de lo que correspondía a su edad y le dijeron:

-Será promovido cuatro clases por encima de las regulares. 

 

En el nuevo nivel, Alexander era el más joven de los alumnos y su acento escocés y modales campesinos lo convirtieron en el blanco de las bromas de sus compañeros.

Tiempo después llegó a Londres su hermano Robert, que fue matriculado en el mismo Politécnico. Los dos hermanos salían juntos a explorar la gran ciudad a pie. Robert diría de esa época:

-Alec observaba cada detalle y si yo le preguntaba algo y él lo sabía me respondía.

Aunque le gustaba tener compañía no era conversador.

 

En la casa de los Fleming en Londres la familia vivía apretada, pero el ambiente era agradable, lleno de juegos, deportes y competencias.

Mary se marchó para casarse, pero su hermana Grace vino a ocupar su lugar.

 

Señala la biógrafa Anne Goddard, autora del libro Alexander Fleming, que las excelentes calificaciones de Alexander le sirvieron para conseguir un empleo con la American Line, una lujosa compañía naviera. El tenía solo 16 años y trabajaría allí cuatro.

 

Debido a la Guerra de los Bóer, entre los colonos británicos y holandeses en Sudáfrica, a finales de 1900, Alexander, Robert y John Fleming ingresaron en el Cuerpo de Voluntarios Escoceses de Londres. Nunca fueron llamados al frente, pero Alexander se destacó en el regimiento en deportes como el waterpolo y el tiro al blanco.

 

En 1901, a la edad de 20 años, un inesperado acontecimiento cambió la vida de Alexander para siempre. Un tío suyo, que era un próspero granjero solterón, murió dejando una sustanciosa herencia a sus familiares. Alexander no tenía planes con su dinero, pero su hermano Tom le sugirió:

-Estudia Medicina, Alec.

El aceptó y diría después:

-Tenía que elegir una escuela de Medicina, y en Londres hay 12. No conocía ninguna de ellas, pero como había jugado el waterpolo contra Saint Mary, me fui allí. Esta elección por motivos tan superficiales tuvo una inmensa influencia en mi carrera. Cuando ingresé en el hospital como estudiante, Sir Almroth Wright entró como profesor de Bacteriología. 

 

En 1898, Wright había desarrollado una vacuna para prevenir la tifoidea, pero perdió su batalla para usarla en la Armada Británica. No sería hasta la Primera Guerra Mundial que se lo permitirían.

 

Durante su primer año universitario, Alexander se ganó una beca completa.

En 1904, obtuvo los premios de Anatomía, Histología y Preeficiencia. Era el alumno estrella. En ese entonces tomaba clases con el profesor Almroth Wright.

En 1906, pasó sus exámenes finales en el Real Colegio de Cirujanos. Ahora era un médico calificado y ambicionaba ser un cirujano, pero ocurrió algo que lo desvió de sus planes. Almroth Wright le pidió que fuera su asistente en el Departamento de Inoculación de Saint Mary.

Alexander aceptó el trabajo. No podía imaginar que comenzaría la carrera que lo llevaría a uno de los descubrimientos médicos más famosos de todos los tiempos.

-¡Precisamente, hoy es el día de mi cumpleaños! -dijo cuando empezó.

 

Cumplía 25 años y la primera tarea que le asignaron fue enfocarse en los fagocitos. El trabajaba 16 horas diarias. Su habilidad y devoción impresionaron a Wright, que tenía la reputación de pedir a los demás el máximo, como él mismo daba, y de ser un hombre terco y a veces de duras opiniones.

Un colega recordaría que Fleming trataba la terquedad de Wright con calma.

-Eso no trabajará, Sir -le decía.

Wright solía repetir sus argumentos con más fuerza, pero muchas veces Fleming le probó que sus juicios eran correctos.

Fleming no compartía todos los puntos de vista de Wright, pero admiraba y respetaba su genio científico.

 

Grace se casó y su madre vino a Londres a reemplazarla. Su hijastro Hugh fue el único de los Fleming que permanecería en Lochfield Farm hasta su muerte.

 

Aparte del trabajo con Wright, Alexander comenzó a ejercer como médico, y en mayo de 1908 calificó como cirujano y practicaba operaciones menores e intervenía como asistente en las cirugías mayores en el hospital Saint Mary.

 

Destaca el biógrafo Juan Aragón en su libro Figuras estelares, que bajo la mirada de Wright empezó Fleming a estudiar el acné. Hasta entonces se creía que era producido por una infección de estafilococos, pero sus conclusiones lo llevaron muy pronto a declarar que se trataba de una infección bacilar específica.

Con este motivo, en 1909 Alexander publicó en la revista médica londinense The Lancet un artículo sobre La etiología del acné vulgaris y su tratamiento por vacunas. Las vacunas dieron buenos resultados en algunos casos y en otros no. Un investigador comentaría:

-No fue un remedio completo, pero fue un progreso importante.

 

Más tarde, Fleming publicó en The Lancet el artículo Un método simple de diagnóstico de la sífilis por suero. Su nombre comenzó a escucharse en los medios científicos.

El médico alemán Paul Ehrlich, que había desarrollado la droga Salvarsán para curar la sífilis, fue a Londres y llevó consigo una cantidad de inyecciones que dio a Fleming. Salvarsán se inyectaba directamente en la vena, un procedimiento nuevo para la mayoría de los doctores y Fleming fue uno de los pocos que lo dominó.

-Hace efecto rápidamente -se asombró Fleming al ver los resultados.

Su éxito tratando la sífilis se propagó y su consultorio se llenó de pacientes. Esto le abrió las puertas en la sociedad londinense, pues era un médico de prestigio.

 

Fleming aprendió a bailar y a vestirse, y asistía a fiestas en los grandes salones, pero era muy tímido con las mujeres, tal vez por su nariz chata. Pero era fornido y tenía unos grandes ojos azules muy atractivos.

 

Entre sus pacientes estaba el pintor Ronald Grey, a quien curó con vacunas una rodilla infectada. Grey lo propuso para ser miembro en el prestigioso Chelsea Arts Club, pero para ser aceptado, Fleming tenía que presentar una pintura.

-Un poco de arte no me vendrá mal -dijo divertido.

Y se le ocurrió un lienzo con bacterias pigmentadas, las cuales eran invisibles mientras pintaba, pero una vez que incubaban y crecían, surgían con intensos colores como el rojo, púrpura, amarillo, rosa y naranja.

-Es un cuadro de arte moderno -dijo mientras lo contemplaba.

Cuando lo exhibió, todo el mundo veía algo diferente en el mismo.

El escritor francés André Maurois aseguró en su biografía The Life of Sir Alexander Fleming que la figura era una vaca, pero ni el propio Fleming sabía lo que habían hecho sus bacterias.

 

El 4 de agosto de 1914, Inglaterra declaraba la guerra a Alemania. Debido a las infecciones que causaban en las heridas los nuevos explosivos utilizados, se admitió la investigación médica.

Bajo la dirección de Wright, que había sido nombrado coronel del Servicio Médico del Ejército, se formó un laboratorio en un hospital en Boulogne, un puerto marítimo en el norte de Francia. Fleming formó parte del equipo de Wright y obtuvo el rango de teniente.

No tardó en notar que los antisépticos que se usaban para desinfectar las heridas aniquilaban los gérmenes, pero destruían también los tejidos y muchas veces producían medios favorables para el desarrollo de los mismos. Horrorizado veía llegar a los soldados con atroces heridas en las que pronto aparecía la gangrena y a toda prisa los cirujanos practicaban amputaciones.

-Eran muy pocos los que sobrevivían y los que morían sufrían espantosos dolores -diría Fleming.

Desde entonces él basaría sus investigaciones en la búsqueda de sustancias que atacasen las bacterias sin dañar al hombre.

 

En 1915, después de un año viviendo los horrores de la guerra, Fleming regresó a Londres en virtud de una licencia.

Sus familiares le presentaron a una nueva vecina llamada Sarah Marion McElroy. La joven era una radiante irlandesa oriunda del condado Mayo.

Sareen, como le decían, era entusiasta, conversadora y extrovertida, todo lo contrario del callado e introvertido Fleming. Tenía una mirada inquietante, pelo rubio y sonrosadas mejillas. Desde el primer instante Fleming se enamoró de Sareen.

Ella admiró la fuerza de su carácter y vio que Fleming tendría un buen futuro. 

-¡Alec es un gran hombre, pero nadie lo sabe! -les dijo a sus amigos.

 

Según el biógrafo Ted Gottfried, autor del libro Alexander Fleming Discover of Penicillin, Sareen había recibido un entrenamiento en enfermería antes de ir a Londres, y en Dublín había trabajado con Sir Thornby Stoker, un famoso cirujano, a través del cual había conocido a muchas celebridades. Sareen había ido a Londres para abrir un hogar de ancianos y tuvo gran éxito. Muchos artistas y aristócratas se habían refugiado en él.

Sareen tenía una hermana gemela, llamada Elizabeth, quien la acompañaba.

Tal vez porque Fleming tenía que regresar a Francia o por los peligros de la guerra, Sareen y él se casaron casi precipitadamente el 23 de diciembre de 1915. La nueva pareja se instaló en un piso en Londres. Allí pasaron unos breves días de luna de miel.

 -¡Nunca había sentido tanta felicidad! -exclamó Fleming.

 

Fleming tuvo que partir a Boulogne, mientras Sareen se ocupaba del hogar de ancianos. Entre tanto, Elizabeth se mudó al hogar de los Fleming para cuidar a mamá Grace, que estaba enferma. John Fleming -uno de los hermanos mayores de Alexander- y Elizabeth se enamoraron y se casaron.

 

Finalizada la guerra, Fleming regresó a su hogar y al hospital Saint Mary, donde buscó un nuevo antiséptico que evitase la dura agonía provocada por las heridas infectadas. Trató en vano de aislar el virus de la influenza, la llamada "gripe española", que en el mundo mató entre 1918 y 1919 de 50 a 100 millones de personas.

 

Sareen respetaba la labor científica y solitaria de su marido. Lo apoyaba en todo y, cuando fue necesario, vendió su exitoso hogar de ancianos para darle el dinero y que él pudiese continuar sus investigaciones. En su plan de economía despidió a las sirvientas y con mucha dignidad ella misma se ocupó de hacer las tareas domésticas.

 

En 1921, Fleming realizó su primer descubrimiento trascendental: la lisozima, una enzima que se encuentra en la saliva, las lágrimas y la clara de huevo que tiene efectos antibióticos. Ocurrió accidentalmente, después que un fluido de su nariz procedente de un estornudo cayese sobre un plato petri, en el que crecía un cultivo bacteriano. Unos días más tarde, notó que las bacterias habían sido destruidas en el lugar donde se había depositado el fluido nasal.

 

En su vida privada, los Fleming pudieron tener un hogar en el campo: The Dhoom. Lo formaban dos casas verdes rodeadas de varios jardines que ellos mismos cuidaron. La jardinería era una de las cosas que más agradaba a la pareja.

En 1924, les nació Robert, el único hijo que ambos tendrían. Fleming adoraba al pequeño y dejó de jugar golf para pasar más tiempo con él. Lo llevaba a pescar, a dar paseos y lo entretenía de muchas formas.

 

El 22 de septiembre de 1928, Fleming notó que uno de sus cultivos de staphyloco-
ccus aureus se había contaminado de forma accidental con un moho (más tarde identificado como penicillium notatum). Al observarlo con el microscopio pudo comprobar que las colonias bacterianas que se hallaban alrededor del moho estaban muriendo.

-La que había sido una colonia de estafilococos bien desarrollada, ahora era una sombra de su primitivo ser -dijo.

Aunque él reconoció la trascendencia de este hallazgo, sus colegas lo subestimaron.

 

Fleming obtuvo del moho una sustancia que llamó jugo de moho, pero en 1929 usó por primera vez el nombre penicilina, cuando publicó su descubrimiento en el British Journal of Experimental Pathology.

Fleming y sus colaboradores no pudieron aislar la penicilina. Esa tarea era más bien apropiada para los químicos.

En 1940, en los Estados Unidos, el bioquímico alemán Ernst Boris Chain y el médico australiano Howard Walter Florey desarrollaron un método para extraer la penicilina en estado puro, lo que permitió su síntesis, producción y distribución comercial.

Fleming no patentizó la penicilina para facilitar la difusión del antibiótico para el tratamiento masivo de las numerosas infecciones que azotaban a la humanidad.

 

Alexander Fleming 

 

Por sus descubrimientos, Fleming compartió el Premio Nobel de Medicina en 1945 con Chain y Florey. Cuando hablaba de su hallazgo, Fleming decía burlándose:

-No soy más que un escocés conservador, que nunca tira nada.

 

Sir Wright estaba viejo y enfermo, y se retiró. Fleming se convirtió en el jefe del Instituto de Microbiología del Saint Mary. En esa época entró a trabajar en el departamento la Dra. Amalia Koutsouri-Vourekas, una bacterióloga griega de 34 años.

Wright murió en 1947, a los 87 años.

-El fue un genio y una inspiración para mí -dijo Fleming con tristeza.

 

Al año siguiente, durante un viaje a España, Sareen estaba muy enferma de lo que los médicos hoy creen que era el Mal de Parkinson. Fleming se sentía frustrado y le confesó a una amiga de su infancia:

-Lo más horrible es que la penicilina no puede hacer nada por ella. Cuando John murió, no había sido perfeccionada; ahora lo está, pero es inútil para el caso de Sareen.

Su hermano John había muerto de neumonía en 1937. Sareen, su constante compañera y confidente por 34 años, murió el 28 de octubre de 1949.

-Mi vida está destrozada -dijo Fleming, sintiéndose desolado.

 

Su hijo Robert, que se había graduado de médico, fue un consuelo para él. Pero en 1951, Robert entró en el Ejército y Fleming se quedó solo otra vez. Trabajando, trató de llenar el vacío que había dejado Sareen.

 

La Dra. Amalia Koutsouri-Vourekas hablaba varios idiomas y tradujo muchos escritos de Fleming. Era inteligente, bondadosa y sincera, y se hizo indispensable en su vida. Viajaba con él y le servía de traductora. Un día, él la invitó a The Dhoom y allí empezaron a pasar muchos fines de semana.

Amalia era casada y Fleming le preguntó cómo estaba su matrimonio.

-Estoy separada de mi esposo desde hace 15 años, ahora nos estamos divorciando y espero pronto la sentencia final.

En un viaje a Atenas, donde Fleming iba a recibir un premio, él le dijo algo, en un tono de voz muy bajo y con nerviosismo.

-¿Qué dijiste? -le preguntó Amalia.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí -respondió ella sonriendo.           

 

Fleming tenía 71 años y Amalia, 39. La boda se celebró en Londres, el 9 de abril de 1953, en una iglesia griega ortodoxa.

Eran felices y viajaban constantemente. El 11 de marzo de 1955 estaban en Londres cuando Fleming se quejó de un fuerte dolor en el pecho.

-¡No es el corazón! -le dijo a su esposa, al verla alarmada.

Un momento después su cabeza cayó hacia adelante y moría de un ataque cardíaco.

 

Alexander Fleming tuvo un funeral de héroe nacional y fue enterrado en la cripta de la Catedral de San Pablo, en Londres.

En vida, Fleming viajó casi por todo el mundo para recibir un total de 25 títulos universitarios honoris causa, 26 medallas, 18 premios, 13 condecoraciones y 89 membresías honorarias de sociedades y academias. Pero siempre se mostró modesto sobre sus descubrimientos y decía:

-La naturaleza hizo la penicilina. Yo solo la encontré.

 

FIN

Debemos aclarar que el género de la novela biográfica no es un género puro. Tiene tanto de historia y realidad como de ficción y fantasía. La biografía tiene como mérito estudiar e historiar al personaje en su entorno real. Decir obligadamente la verdad lógica de los hechos. Sin embargo, el mérito de la novela es darle forma a la historia. El autor la adorna con su imaginación. Crea diálogos y presenta los personajes según su concepción personal.