Los novios sólo tenían 13 años de edad cuando se casaron en Burgos a finales de diciembre de 1615. Ella era Ana de Austria, hija de Felipe III, rey de España; y él Luis XIII, rey de Francia, hijo del difunto Enrique IV y de María de Médicis.
Ana era vivaz y rozagante, mientras que Luis era enfermizo y enclenque.
Ana escandalizó a la corte parisina teniendo amores con el duque de Buckingham, embajador de Inglaterra en Francia.
Luis XIII tuvo durante mucho tiempo un gran resentimiento contra su mujer, así como también ella se ganó la hostilidad del primer ministro, el cardenal Richelieu. En 1632, Richelieu le presentó a la Reina al más prestigioso de sus colaboradores, el cardenal Giulio Mazarino, diciéndole con insolencia:
-Le gustará, se parece en todo al duque de Buckingham.
Mazarino era italiano y había sido diplomático del Papa.
Luis XIII buscaba consuelo a su fracaso matrimonial en los brazos de varias amantes. Tras 21 años de fría relación con Ana, un día la pareja decidió reconciliarse para dar herederos al trono. La Reina sufrió varios abortos, pero logró retener un embarazo. El 5 de septiembre de 1638, daba a luz en Saint- Germain-en-Laye, a un niño sano y rollizo, provisto de dos dientes.
El futuro rey de Francia fue bautizado con el nombre de Luis Diosdado. Fueron los padrinos el cardenal Mazarino y la princesa de Conde.
Un tiempo después, Ana volvía a quedar embarazada, y el 21 de septiembre de 1640 trajo al mundo a Felipe, su segundo hijo.
El 4 de diciembre de 1642 murió de repente el cardenal Richelieu. El Rey, que estaba muy enfermo, falleció meses más tarde, el 14 de mayo de 1643.
Con sólo 5 años de edad, el Delfín se convirtió en el rey Luis XIV, aunque bajo la regencia de su madre.
Ana de Austria nombró primer ministro al cardenal Mazarino, quien gozó de más poderes que el cardenal Richelieu.
En 1648 Mazarino firmó la paz en Westfalia. Pero los nobles y el Parlamento de París se aliaron en su contra en la llamada Guerra de la Fronda, obligando a la Familia Real a llevar una existencia errante.
Poco antes de cumplir 10 años, Luis contrajo la viruela. Aunque sufría mucho, el niño-rey dio pruebas de valor y paciencia. Su médico lo confirmó declarando:
-Se sometió tranquilo a los tratamientos y en los peores momentos consolaba a su angustiada madre.
La viruela dejó marcas en su rostro para siempre.
A los 13 años fue proclamada la mayoría de edad del Rey y se celebró con una gran ceremonia en el Palacio Real.
En la corte se rumoraba que la Reina y Mazarino sostenían un romance. Había quienes se atrevían a asegurar que estos se habían casado en secreto. Un allegado vino a contarle a la Reina que alguien que no la quería bien le había contado esas cosas.
-¿Y que dijiste? -inquirió la Reina.
-¡Callé!
Ana de Austria, irguiéndose, le dijo:
-Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena.
En 1653 Mazarino obtuvo la victoria sobre los rebeldes y esto permitió al primer ministro pacificar el país y construir un aparato estatal que luego emplearía Luis XIV.
El 7 de junio de 1654, con toda pompa se celebró en la catedral de Reims la coronación de Luis XIV.
El Cardenal había traído a su palacio a sus sobrinas sicilianas de apellido Mancini. Fue allí donde Luis XIV conoció a las tres hermanas y se enamoró por turno de cada una de ellas.
Olimpia era la mayor y fue la primera a la cual el joven monarca de 16 años cortejó. Pero en esa época ella lo tomó a broma. El Rey entonces galanteó a Hortensia, la más guapa de las tres, pero definitivamente quien lo cautivó fue María.
María Mancini tenía grandes ojos oscuros y mucha pasión en la mirada. Juntos leyeron novelas, tragedias y poemas, bailaron en las fiestas y montaban a caballo. Luis comprendió que amaba a María, pero no reveló sus sentimientos.
En 1658 el Rey decidió ponerse a la cabeza del ejército en Calais. Mazarino le dijo:
-Su presencia alentará el valor de los soldados, Majestad, pero no deberá correr riesgos excesivos. Su vida pertenece al reino y no tiene derecho a disponer de ella.
Luis XIV demostró tener una resistencia extraordinaria. Cuando hizo su entrada en Dunkerque, estaba muy exaltado por avanzar en territorio enemigo. No descansaba, cabalgaba día y noche y avanzaba entre cadáveres descompuestos. Días más tarde sufrió una extrema fatiga, dolores de cabeza, fiebre alta y temblores convulsivos.
-¿Habrá contraído la fiebre purpúrea? -se preguntaban los oficiales.
Según el biógrafo Georges Bondonove, en su libro Los reyes que hicieron Francia, el cuerpo del Rey se infló como si lo hubiesen envenenado.
Muy preocupado, Mazarino ordenó:
-Convoquen a toda prisa a los médicos de París.
Estos recomendaron purgas y extracciones de sangre, pero les asustó la debilidad del pulso de Luis.
La noche del 6 de julio Luis XIV estaba agonizando, y un sacerdote le dio la comunión. María Mancini supo de la gravedad del Rey y dio muestras de una total desesperación, asombrando a todos en la corte.
-¡No puedo perderlo! -decía.
Como último recurso, se consultó a un médico de Abbeville, quien dio un vomitivo al Rey e inesperadamente logró salvarlo.
La Reina vino a buscar a su hijo para llevárselo a París.
-Viajen en cortas etapas -recomendó el cardenal Mazarino.
Cuando Luis empezó a sentirse mejor, muchos de la corte le hablaron de la desesperación que María Mancini había manifestado al saberlo en peligro de muerte. Los ojos del Rey brillaron de alegría. Pronto, él y María reanudaban sus encuentros.
-Te amo tanto... Creo que demasiado -se le declaró el Rey.
Ellos se entregaron a su felicidad, sin sospechar que vivían un amor imposible.
Para cimentar la paz entre Francia y España, que sostenían una larga guerra de casi 30 años, Mazarino y María de Austria planeaban casar a Luis XIV con María Teresa, la hija de Felipe IV, rey de España y hermano de la Reina.
Cuando Luis lo supo, no estuvo de acuerdo con ese matrimonio, pero las negociaciones entre las dos naciones avanzaron, y Mazarino y la Reina lo apremiaron, llevándose ambos la gran sorpresa con la reacción del Rey: ofreció casamiento a María Mancini y pidió su mano al Cardenal.
Mazarino le recordó:
-Usted no puede faltar a su palabra de Rey, ni dejar sumidos a dos pueblos en los horrores de la guerra.
La Reina no quería arrebatarle a su hijo la dicha que estaba disfrutando al amar y ser amado, pero él tenía que cumplir con su deber y lo llamó a la reflexión. Luis se mantuvo inflexible.
Mazarino buscó la forma de doblegarlo, afirmando que enviaría al destierro a su sobrina. Pero sólo ganó con ello la inmensa cólera del Rey, quien amenazó con destituirlo.
-Fui elegido por el difunto Rey y después por su madre, la Reina, y les he servido con inviolable fidelidad; no podemos tolerar un acto contrario al país -respondió con aplomo Mazarino
Tres días después, Luis se arrojaba a los pies del Cardenal y le decía:
-Romperé con la Infanta. Haré cualquier cosa antes de ver sufrir a María por el amor que me profesa.
Mazarino le dijo:
-Mataré a mi sobrina antes de permitir que llegue a ser la reina de Francia. Sólo de usted depende llegar a ser el más glorioso rey que jamás haya existido.
Luis renunció a María y en el momento de separarse estalló en sollozos. Ella murmuró con desdén:
-Lloras, y eres el Rey.
El 7 de noviembre de 1659 se firmó lo que se llamaría la Paz de los Pirineos y se concertó la boda del rey Luis XIV y María Teresa de Austria. La ceremonia se celebró el 9 de junio de 1660.
La joven española no era una gran belleza, pero tenía unos ojos azules muy dulces. El Rey no la amaba, pero era cortés con ella.
Mazarino estaba agotado y muy enfermo. El Rey visitaba al Cardenal a diario y este le impartía sus últimos consejos. De Mazarino, Luis XIV había aprendido el arte de gobernar a los hombres, las sutilezas de la diplomacia y la capacidad para jugar con las rivalidades y debilidades ajenas. Todo lo pondría en práctica muy pronto.
Mazarino murió el 7 de marzo de 1661.
Al día siguiente, Luis XIV convocó a un consejo para anunciar que a partir de ese momento él ejercería el poder, y se convirtió en el máximo representante del absolutismo monárquico, que resumió en la frase
"El Estado soy yo".
Luis XIV se creía una "divinidad visible" e insistió en que sus súbditos le considerasen como tal. El supo rodearse de colaboradores como Colbert, Vauban y Louvois, reformadores de la economía y el ejército.
La reina María Teresa estaba embarazada y el 1 de noviembre de 1661 se le presentó el parto. Loca de dolor gritaba:
-¡No quiero dar a luz! ¡Quiero morir!
Finalmente, dio a luz al Gran Delfín, Luis. El Soberano lo mostró orgulloso a la multitud reunida en el Patio del Ovalo.
María Teresa dio al Rey seis hijos, pero sólo el Gran Delfín superó la infancia.
El 5 de junio de 1662, el Rey ofreció la esplendorosa fiesta del Carrusel, cuyo tema era que los emperadores de las cinco partes del mundo se congregaban ante él para rendirle homenaje y reconocerlo como rey universal. Luis XIV se presentó como emperador de Roma, es decir, como sucesor de Carlomagno y amo de Europa. Vistió para la ocasión una túnica romana bordada en oro con cientos de rosas de diamantes. Fue durante el curso de esta fiesta que él decidió adoptar el sol como emblema de su reinado, porque el luminoso astro, centro de nuestro sistema planetario era "el más noble de todos". Así fue como él se llamó a sí mismo Rey Sol.
Luis XIV, de quien Voltaire dijo que "le gustaban las mujeres y esto era recíproco", tenía deslices con varias damas de su corte, que dirigía como si fuera una interminable fiesta. Olimpia Mancini, que se había casado con el conde de Soisson, se había convertido en una de sus amantes. Pero según los autores del libro Luis XIV, de la Editorial Debate/Itaca, las favoritas que marcaron la vida del Soberano fueron tres: Louise de La Baume Le Blanc, duquesa de la Valliére; Françoise Athénais de Rochechouart, marquesa de Montespan, y Françoise d'Aubigné, marquesa de Maintenon.
La duquesa de la Valliére era dama de honor de Enriqueta Estuardo, esposa de Felipe, el hermano de Luis XIV. Louise tenía 16 años y había recibido una profunda educación religiosa. Era una jovencita frágil, coja y casi sin pretensiones. Ella primero se convirtió en la amante secreta del Soberano y después en su amante oficial. Aunque no logró separarla del Rey, Olimpia Mancini no cejó de intrigar en contra de la Valliére con la Reina, causándoles muchas lágrimas a las dos y a la Reina Madre, quien murió en enero de 1666, enferma de cáncer.
-Tengo muchos remordimientos -se recriminaba Louise.
Ella le dio cuatro hijos al Rey de los que solo sobrevivieron dos: María Ana de Borbón y el conde de Vermandois. Y tuvo que compartir con la marquesa de Montespan el papel de favorita.
Cuando el Rey se quiso deshacer de Louise, la nombró duquesa de Vaujours y le compró unas tierras.
En 1674, la Valliére entró en un convento de carmelitas, donde moriría en 1710.
La marquesa de Montespan, esposa de Louis Henri de Pardaillan de Gondrin, era la mujer más bella del reino, seductora y astuta. Su marido defendió su honor tanto como pudo, y hasta se atrevió a desafiar al Rey, quien lo desterró.
La Marquesa dio cinco hijos a Luis XIV, que él reconoció con el apellido de Borbón. El Soberano ordenó construirle el espléndido castillo de Clagny, con jardines y fuentes. La Montespan seguía intrigando en la corte. Según los biógrafos Irving, Amy y Sylvia Wallace, y David Wallechinsky, autores del libro The Intimate Sex Lives of Famous People, ella provocó un escándalo cuando afirmó que María Teresa había dado a luz a un niño negro, tras haber recibido como regalo a un enano de raza negra por parte de un príncipe africano. La Reina dijo que durante su embarazo, el enano la había asustado en una ocasión y que eso había motivado que el niño naciera negro.
Por conservar la fidelidad del Rey, la Montespan aún llegó más lejos y fue descubierta en el llamado "Escándalo de los venenos". Ella le dio brebajes de amor y hechizos al Rey. Después se sometió a las famosas "misas negras" de la infame señora Montvoisin, más conocida como LaVoisin, pitonisa, practicante de abortos y fabricante de venenos, que la implicó en el juicio a que fue sometida. Esta dijo que la Montespan solicitó una ceremonia secreta y se sometió al ritual estirándose sobre el altar desnuda y con los brazos en cruz, sosteniendo un cirio negro en cada mano. Un sacerdote sacrílego ofició la misa negra.
Se dijo incluso que la Montespan llegó a participar en el sacrificio de unos niños cuyos corazones y entrañas fueron quemados, pulverizados y añadidos a los brebajes amorosos que se mezclaban con la comida del Rey. Ella fue acusada de tratar de envenenar a su rival, la Valliére, y al propio Rey, diciendo "si no es mío, tampoco será de nadie". Luis XIV jamás reconoció semejantes acusaciones, pero desde ese momento apartó de su cama, de la corte y de su vida a la Montespan, entregándole una gran fortuna.
Después de unos cuantos breves amoríos, el Rey se enamoró de la marquesa de Maintenon, viuda del poeta satírico Paul Scarrón y antigua institutriz de sus hijos.
La Maintenon era una mujer exageradamente religiosa y remilgada, que había experimentado repugnancia ante las exigencias sexuales de su esposo, quien estaba semiparalítico y la había obligado a consumar el matrimonio. Ella rechazó en un principio los cortejos del Rey.
-¡No me pida que me convierta en su amante! -le había dicho.
Ella aspiraba a más.
En 1678, Luis XIV se había dedicado con todo su poder a la construcción del palacio de Versailles, uno de los más costosos y extravagantes del mundo. Los hombres a cargo del proyecto eran los arquitectos Louis Le Vau y Julio Hardouin-Mansart, el pintor y decorador Charles Le Brun y Andre Le Notre, arquitecto de paisaje.
El padre del Rey, Luis XIII, había construido en 1624 una casa de campo para cacería fuera de París. Esta estructura pequeña se convirtió en la base para el palacio. Trabajaban miles de hombres en el proyecto y
madame Sevigné escribió en sus cartas que el malsano aire de los parajes mató a cientos de personas. Todas las noches se llevaban a los muertos, sin contar los miles de soldados que perecieron en vano en el intento de desviar el curso del río Eure hacia Versailles. Cerca de 37,000 acres de tierra fueron despejadas para darles lugar a los jardines, las terrazas, estanques, avenidas y 1.400 fuentes. Había 400 estatuas en cada rincón con el rostro del rey convertido en Apolo, Neptuno y otros dioses o personajes. Las diosas adoptaban el rostro de sus amantes.
El interior del palacio tenía un único protagonista en frescos y tapices inspirados en momentos insignificantes de la vida del rey. En 1682, Luis XIV ya era abuelo y aunque las obras no estaban terminadas, Versailles se convirtió en la residencia oficial del Rey, de su familia y de su corte. El palacio ya había costado muchos millones, pero Luis derrochó más dinero en la construcción del castillo de Marly, además del Fontainebleau y el Trianón.
-Desde la cumbre de su poder él gobernaba todos los aspectos de la vida francesa -dijo un cortesano.
Luis se convirtió en mecenas de artistas, escritores y científicos, pero lo hacía para someterlos y evitar que se desarrollara una cultura y una ciencia libre. Si Richelieu fundó la Academia Francesa, Luis XIV instituyó otras como la Academia de Ciencias, la de Literatura, la de Pintura, La Real Biblioteca, El Jardín Botánico...
En agosto de 1683, la reina María Teresa murió de un tumor en la axila, que los remedios médicos convirtieron en septicemia.
-Es el primer disgusto que me ha dado -dijo el Rey.
La marquesa de Maintenon supo consolarlo con ternura y lindas palabras, y un mes después ocupaba unos aposentos vecinos a los del Rey.
En 1685, Luis XIV y la Maintenon se casaban en secreto. Fue un matrimonio morganático. En el transcurso de la ceremonia, el rey Luis XIV le ofreció la mano izquierda en lugar de la derecha, autorizando a aquella mujer de origen plebeyo a ser su esposa, pero sin gozar de los derechos o títulos de herencia de una reina.
Ella se propuso reformar al enamoradizo Rey y salvar su alma.
Preocupado por la unidad religiosa, el Rey usó la violencia contra los protestantes.
En 1686, el Rey Sol fue operado de una molesta fístula.
Luis XIV tenía un apetito asombroso. Según la escritora Caroline Sutton, autora del libro How Did They Do That?, en cada comida le presentaban más de 40 platos diferentes. La marquesa de Maintenon, su esposa, comentaría:
-Si yo consumiese en una semana la mitad de lo que el Soberano ingiere en una sola comida, moriría.
Años más tarde, cuando el Rey murió, le hicieron una autopsia y vieron que su estómago e intestinos tenían el doble de tamaño del de un hombre normal. También le descubrieron una gigantesca lombriz solitaria.
Luis XIV intervino en la guerra de Sucesión de España en favor de su nieto Felipe de Anjou, y en noviembre de 1700, tuvo "la inmensa satisfacción" de verlo convertirse en rey de España.
Pero la vida después le deparó grandes pérdidas. En abril de 1711, murió de viruela el Gran Delfín, su único heredero directo. El Rey estuvo a su lado todo el tiempo, sintiendo un profundo dolor. En mayo de 1712 morían de varicela su nieto, el duque de Borgoña; la esposa de éste, María Adelaida de Saboya; y su bisnieto, el duque de Bretaña; el otro bisnieto de 2 años, el duque de Anjou, también estaba contagiado, pero sobrevivió. La cadena de tragedias continuó en 1714 con la muerte del duque de Berry, el más joven de sus nietos.
-Voy a registrar mi testamento -dijo el Rey el 2 de agosto de 1714.
Y confió la regencia a Luis, duque de Maine.
En agosto de 1715, los sufrimientos y una fiebre consumían al Rey. El 26, los médicos diagnosticaron gangrena en una pierna. Luis sufría mucho dolor, pero se negó a que le cortaran la pierna.
-Puesto que no hay remedio, quiero que me dejen morir en paz -les dijo.
El Rey se despidió de sus seres queridos y abrazó al Delfín susurrándole:
-Serás un gran rey.
El 1 de septiembre de 1715, a punto de cumplir 78 años, Luis XIV murió. Su reinado coincidió con el máximo esplendor de las artes y las letras francesas, por lo cual ese período ha sido llamado el siglo de Luis XIV.
FIN
Debemos aclarar que el género de la novela biográfica no es un género puro. Tiene tanto de historia y realidad como de ficción y fantasía. La biografía tiene como mérito estudiar e historiar al personaje en su entorno real. Decir obligadamente la verdad lógica de los hechos. Sin embargo, el mérito de la novela es darle forma a la historia. El autor la adorna con su imaginación. Crea diálogos y presenta los personajes según su concepción personal.
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4 hernando salguero florez-periodista colombiano escribi? el 01/08/09 | 23:42
Interesante la biografía, de esa gente importante hay mucho que aprender. Felicitaciones a Vanidades, la mejor publicacion femnina (especialmente) del Continente.
Me gustaria leer la de Nietszche.


3 ligia escribi? el 31/07/09 | 23:18
Hila querida vanidades, como buena nicaraguense y lectora quiero perdirles que publicacen la biografia del principe de las letras castellana Ruben Dario un gran poeta y orgullo de Nicaragua.


2 nandy escribi? el 07/07/09 | 00:15
Me gusta mucho la historia, y me encanta la revista, muchaS gracias, ahora que estoy en corea del sur, me encanta que puedo leer la revista, ya que aca no la vende .


1 yadira medina escribi? el 05/07/09 | 20:56
Soy una ferviente lectora de tods las biografias que ustedes publican. Me encantaria conocer las historia de Carlos IV, he leido que amaba Praga y queiero saber si la ciudad Carlo Lovi Vary es honor a el Rey.
Gracias
Yadira
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5 karen molina escribi? el 09/09/09 | 15:04
Creo que este tipo de Biografias son las que deben publicarse por que ademas de instruir sirven de aprendizaje y cultura general. Felicidades Vanidades