Ludwig van Beethoven El genio invencible.
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Autor: Eunice Castro Orchillés

Ene. 04, 2010 

 

En 1767, Johann van Beethoven, músico y tenor de Bonn, en Alemania, tenía 27 años de edad y quería casarse con María Magdalena Keverich, una joven de 21 años, viuda, camarera e hija de un cocinero.

Su padre Ludwig van Beethoven, quien desempeñaba el cargo de maestro de capilla de la orquesta del príncipe elector de Colonia, se oponía al matrimonio porque consideraba a Magdalena de clase inferior a la de su hijo, aunque los príncipes electores de esa época no distinguían entre músicos y cocineros. Para ellos todos eran sus sirvientes.

 

Ludwig, natural de Flandes (Bélgica), se olvidaba de que él provenía de una familia de campesinos y granjeros, y de que su padre había sido sastre. Su apellido van Beethoven significaba "del huerto de remolachas". Su esposa María Josefa Poll, la mamá de Johann, era una mujer de un pueblo de Colonia, quizás de origen aún más humilde, y era alcohólica, por lo que tuvo que ser recluida de forma permanente en una casa de salud.

Los padres de María Magdalena tampoco estaba de acuerdo con el matrimonio:

-Johann ha heredado el alcoholismo de su madre -le dijeron a su hija.

No obstante, Johann y María Magdalena se casaron el 12 de noviembre de 1767, en la iglesia de San Remigio, y se instalaron en una habitación de techo bajo, sostenida con vigas podridas y apenas iluminada por un tragaluz, en el segundo piso de un modesto edificio número 515 de la calle Bonngasse, en Bonn.

 

En 1769 nació su primer hijo, al que bautizaron el 2 de abril con el nombre del abuelo paterno, pero a los seis días el niño falleció.

El papá de Johann, que en un principio había despreciado a María Magdalena, reconoció su dignidad y su integridad, y se reconcilió con su hijo.

-Quiero ayudarlos para que no sufran demasiadas estrecheces -les dijo.

 

El segundo hijo del matrimonio nació el 17 de diciembre de 1770 y le pusieron el nombre del desaparecido hermano y de su abuelo. Nadie vaticinó que había nacido un genio: Ludwig van Beethoven, el futuro compositor, director de orquesta y pianista alemán, catalogado, según el Diccionario Oxford de Música, como el último de los clásicos y el primero de los románticos.

 

Cuando Ludwig tenía 3 años de edad, su abuelo murió y las cosas no marcharon bien. Los Beethoven tuvieron que salir de la pobre vivienda de Bonngasse. Desde entonces cambiarían de domicilio por lo menos una vez cada dos años.

Después de Ludwig, la pareja tuvo cinco hijos más, pero de estos solamente dos sobrevivieron: Kaspar Anton Karl y Nikolaus Johann.

Cuando Ludwig aún no había cumplido 4 años de edad, su padre comenzó a darle las primeras lecciones de música.

-¡La lleva en la sangre! -comprobó Johann, emocionado.

 

El pequeño aprendió las notas del pentagrama antes que las letras del alfabeto y todos los días su padre lo hacía practicar con un pequeño violín, y le enseñaba piano y órgano. Johann pretendía hacer de él un segundo Mozart, un niño prodigio que trajese al núcleo familiar dinero y fama. De pie sobre un pequeño taburete, aunque a menudo el niño lloraba, lo hacía practicar con severidad el clavecín.

El consejero de la corte, Krupp, confesaría que al pequeño "su padre lo trataba con dureza y a veces lo encerraba en el sótano".

El 26 de mayo de 1778, el niño Ludwig van Beethoven dio su primer concierto en la ciudad de Bonn. Tenía 8 años, pero en los programas aparecía con dos menos. Su padre pretendía explotarlo como niño prodigio.

 

Según el biógrafo M. Scott, en su libro Beethoven, esto era creíble,  ya que Ludwig, además de no recordar la fecha de su nacimiento, era bajito. Durante un largo período de su vida creyó que había nacido en 1772. Esto no se aclaró hasta que cumplió 40 años de edad y tuvo que enviar una copia de su certificado de nacimiento de Bonn a Viena.

Tobías Pfeiffer, un músico amigo de su padre y alcohólico como él, aceptó dar lecciones de composición y armonía a Ludwig, de 9 años, como parte de la paga del hospedaje en la casa de los Beethoven.

A menudo ambos hombres bebían hasta tarde en la taberna y al llegar a casa levantaban con violencia a Ludwig de la cama y lo ponían frente al piano hasta el alba. Sus métodos rayaban en la crueldad.

 

Su siguiente maestro de piano y violín fue Francisco Rovatini, un pariente lejano. El niño estaba sobrecargado de trabajo, pues además de música, estudiaba en la escuela elemental pública. Su único escape era recorrer con sus amigos los parques o caminar por las orillas del Rin.

-El recuerdo de esos paseos perduraría en mi mente toda la vida -confesó Beethoven años después.

 

Cuando Ludwig tenía apenas 11 años, su padre lo llevó a realizar una prueba en la orquesta de la corte. Casualmente se encontraba presente Maximiliano Francisco, el último de los hijos de María Teresa de Austria, que favorecía la cultura y las artes. El Príncipe escuchó a Ludwig tocar y quedó gratamente sorprendido.

-Es una joven promesa -exclamó.

Y encargó al organista de la corte, Neefe, que "considerase como tarea especial la educación del joven Beethoven".

 

Ludwig ya estaba en la secundaria, pero las matemáticas le resultaban muy difíciles. Cuando tenía que multiplicar, convertía la operación en una suma. Desconcertantemente, comprendía a la perfección la música. Neefe diría:

-Es asombroso ver que la proporción simétrica de los tiempos, las corcheas y las semicorcheas no tienen ningún secreto para Beethoven.

Neefe intuyó la genialidad del niño y no quiso sofocarlo con reglas y sistemas rigurosos, sino conducirlo suavemente. Ludwig aprendió los preludios y fugas de Bach y compuso tres sonatas, nueve variaciones y un concierto de piano que fue publicado. Pero el instrumento que le fascinaba era el órgano y su maestro fue el franciscano Willibald Koch. No tardó Ludwig en tocarlo muy bien y el maestro dejó que atendiera la misa de 11 de las fiestas y la de tres de las vísperas.

Maximiliano Francisco lo nombró organista de la corte con solo 12 años de edad, con el extraordinario sueldo de 150 florines al año, la mitad del de su padre.

 

Destaca Emil Ludwig, autor del libro Tres titanes, que su madre María Magdalena estaba enferma de tuberculosis y su padre continuaba con su vida licenciosa, llegando al extremo de que le retiraron su salario. Entonces dilapidó cierta cantidad que había obtenido de Ludwig, por lo que este, a los 14 años de edad se convirtió en el único sostén de su familia.

 

En 1787, Viena, la ciudad  donde "hasta los angelitos de piedra cantan", era uno de los centros musicales más importantes de Europa en esa época. Ludwig, admirador de Mozart, ansiaba viajar allá para conocerlo y tocar el piano delante de él. Se le presentó la oportunidad de hacerlo, y a pesar de que ese invierno fue muy crudo y tenía grandes penurias económicas, partió hacia Viena en el mes de marzo.

El gran Mozart, de 31 años de edad (murió en 1791, a la edad de 35 años), recibió a Beethoven, el músico provinciano de 17 años, quien improvisó y fantaseó al piano con mucha emoción, originalidad e inspiración. Mozart alzó una ceja pensando que Beethoven tocaba de memoria. Notando su desconfianza, Ludwig dijo:

-Permítame desarrollar otro tema que el gran maestro elija.

Su petición fue concedida y en esa segunda oportunidad, Beethoven improvisó con su magistral destreza una serie de variaciones sobre el tema que Mozart había elegido. El maestro, admirado, les dijo a los presentes:

-Este jovencito hará que el mundo hable de él.

Y lo aceptó como alumno.

 

Beethoven desbordaba de felicidad, pero la estancia en Viena quedó interrumpida en septiembre, cuando recibió la noticia de que su madre se estaba muriendo. Enseguida corrió a Bonn. El 17 de julio de 1787, María Magdalena murió, y Ludwig, de 17 años, escribió a su amigo el Dr. Von Shaden:

 "Alcancé a ver a mi madre en deplorables condiciones de salud. Murió después de soportar muchos sufrimientos. Siempre fue para mí una madre llena de ternura y una buena amiga".

Su padre cometió la felonía de vender los trajes de su difunta esposa y aumentó sus raciones de vino. A veces Beethoven tenía que recorrer las tabernas de Bonn para encontrarlo y llevarlo borracho de regreso a casa. Dos años más tarde, se le privó de la patria potestad de sus dos hijos menores y Ludwig fue obligado por la ley a ser el jefe de familia y mantener a sus hermanos.

 

En mayo de 1789, Beethoven se inscribió en la Universidad de Bonn. Fue por esa época que conoció a Franz Wegeler, un estudiante de Medicina cuatro años mayor que él. Wegeler le presentó a la señora Breuning para que diera clases de piano a sus hijos. En este hogar le brindaron a Beethoven un ambiente tan armonioso y ordenado, que él lo llamó su "feliz refugio".

Allí se hizo amigo de Esteban Breuning y conoció al primer amor imposible de su vida: Leonora Breuning. La jovencita se hizo su novia, pero después rompió su compromiso con él para  casarse con el entonces ya médico Wegeler.

 

Beethoven se destacaba en Bonn como pianista. En 1792, el conde Waldstein, quien era protector de los artistas, fue a visitarlo y le dijo:

-¿Cómo puedes tocar en un piano tan viejo? ¡Es una vergüenza, Beethoven!

Poco después, cuatro cargadores dejaron un piano nuevo en su casa, que era regalo de Waldstein.

El compositor Haydn visitó en julio de ese año al Conde y escuchó la Cantata para José II, compuesta por Beethoven. Admirado, exclamó:

-No solo lo felicito, Beethoven, sino que lo aliento a continuar sus estudios musicales, y le propongo que los siga conmigo en Viena.

Beethoven no quería perder esa oportunidad, pero necesitaba el permiso de la corte para salir de Bonn y el dinero para mantener a su familia y a sí mismo en Viena.

Waldstein le facilitó el dinero haciéndole creer que eran subsidios a los que tenía derecho por los servicios prestados a la corte de Bonn. El músico partió dichoso y llegó el 10 de noviembre de 1792 a la capital. Poco después, el 18 de diciembre, su padre moría en Bonn.

 

Haydn tenía 60 años y era un hombre sosegado. Beethoven, lleno de entusiasmo, comenzó a tomar clases con él. Pero el maestro perdió el interés al ver la fogosidad de su alumno.

-Tenemos temperamentos muy diferentes -le dijo.

Entonces Beethoven tomó clases con los maestros Johann Schenk, Johann Albrechtsberger y Antonio Salieri.

 

El 29 de mayo de 1795, Beethoven obtuvo un gran triunfo al ejecutar su Concierto No. 2 para piano y orquesta, en el Burgtheater. Era una música nueva y profunda. Cuenta el autor Gino Pugnetti, en su libro Beethoven, que los vieneses la aplaudieron, pero se preguntaban: "¿Por qué viene este maestro a perturbarnos?".

Hasta entonces, a los grandes artistas se les pedía escribir música danzable y, de pronto, aparecía aquel "joven león" con su música filosófica que "hacía pensar".

Beethoven no se apegó a la modalidad de Mozart ni a la de Haydn, sino más bien a la del fallecido músico alemán Gluck, el autor de Orfeo y Eurídice. Por otra parte puede decirse que su obra fue la inspiradora de la de Wagner.

Su música era de vanguardia, pero él no sabía que era un innovador y decía:

-Cuando tengo ideas nuevas, no sé que lo son, pero siento que otros las reconocen como tales.

 

Por fortuna, la aristocracia comprendió el genio y el virtuosismo del nuevo compositor, y se abrieron para él los grandes palacios de los príncipes Lichnowski, Kinsky, Rasumovsky y Lobkowitz. En tiempos de Mozart, los músicos comían en la cocina con los criados, pero Beethoven siempre fue invitado a la mesa, en el sitio de honor, junto a los Príncipes.

Entre febrero y junio de 1796, Beethoven hizo una gira de conciertos por Nuremberg, Praga, Dresden y Berlín. Algunos pianistas de renombre lo desafiaron en una competencia de improvisaciones, pero siempre fue declarado el vencedor.

Federico Guillermo II le regaló una tabaquera llena de monedas de oro.

-Siempre la conservaré -le dijo Ludwig, emocionado.

 

Al terminar uno de sus conciertos, en el año 1800, Beethoven advirtió que los aplausos creaban en sus oídos un rumor confuso, como el de una tormenta o una cascada, y que ya no oía con claridad todas las palabras que le decían, pero no lo comentó con nadie. Eran los primeros síntomas de una sordera que se agravaría con el tiempo.

Su médico, el Dr. Schmidt, le aconsejó que pasase el verano en Heiligenstadt.

 -Es un lugar tranquilo que permitirá el reposo a sus oídos -le dijo.

 

Beethoven había terminado su Segunda Sinfonía y comenzaba la Tercera Sinfonía, a la que dio el nombre de Eroica,  dedicada a Napoleón Bonaparte y considerada por muchos su obra maestra. 

Inspirado en Giulieta Guicciardi, una joven de origen italiano, de quien era novio, escribió una de sus piezas para piano más famosas y bellas: la sonata Claro de luna. Pero Giulieta, que era muy frívola, lo abandonó. Este desengaño, unido a su sordera, provocó que el gran músico sufriese una crisis tan profunda que hasta pensó en el suicidio, y el 6 de octubre de 1802 escribió una carta a sus hermanos indicándoles: "Deberá ser abierta después de mi muerte". Esta carta se conoce como el "Testamento de Heiligenstadt" y en ella confesaba que desde hacía seis años sufría un mal incurable:

 

"Con cuánto rigor me ha castigado la constante y triste experiencia de mi pésimo oído. Pero no era posible decirles a los hombres: ?¡Hablen más fuerte, griten, soy sordo!'. ¿Acaso podía confesar la pérdida de un sentido que en mí debía ser más perfecto que en los demás? Me sentía humillado si alguno que estaba junto a mí escuchaba una flauta lejana y yo no oía nada... Esa y otras situaciones me han llevado a la desesperación, y poco ha faltado para que pusiese fin a mi vida. El arte y solo el arte me ha salvado. Me parecía imposible dejar el mundo antes de haberle dado todo lo que sentía germinar en mí, y así he prolongado esta vida miserable...".

 

La sordera lo había obligado a abandonar su carrera de pianista y a entregarse por completo a la composición. En su época decían que su mal tal vez fuera causado por las frecuentes duchas heladas que Beethoven se daba. Los científicos de hoy creen que pudo haber sido una otosclerosis, es decir, la calcificación de los huesecillos que se encuentran en el interior de la oreja, y con una cirugía y un aparato auditivo se le hubiera resuelto el problema.

 

En 1804, Napoleón se proclamó emperador de Francia y Beethoven le retiró la dedicatoria de su Eroica.

Al año siguiente estrenó su única ópera: Fidelio.

 

Beethoven no era guapo, pero su genio musical atraía a las mujeres y siempre lo amaron aristócratas muy bellas.

En 1806 se enamoró locamente de Teresa von Brunswick, una jovencita húngara, y tiempo después se comprometieron en matrimonio. La madre de Teresa se opuso por la diferencia de posición social y en 1810 se rompió el compromiso. Los enamorados no volvieron a verse, pero Teresa rehusó casarse con otro y siempre amó a Beethoven. Un año antes de su muerte, un amigo sorprendió al compositor apretando contra su corazón un retrato de Teresa con la dedicatoria "Al genio sin par, al gran artista, al hombre bueno".

 

El novelista francés André Maurois, en su estudio Vida amorosa de Beethoven, lanzó la hipótesis de que el verdadero amor del músico fue Josefina von Brunswick, la hermana de Teresa. Entre mayo y diciembre de 1812, Josefina estuvo separada de su esposo, el viejo conde Stackelberg. Beethoven y ella pasaban mucho tiempo juntos. En abril nació una niña a la que llamaron Minona. ¿De quién era hija, si Josefina no había estado con Stackelberg? Para Maurois era de Beethoven. ¿Sería ella la "amada inmortal"?

 

Al morir Beethoven, se encontraron en un cajón secreto de su gabinete tres cartas de amor dirigidas a una "amada inmortal", quien correspondía a su afecto, pero no podía unirse a él en matrimonio. ¿Sería Josefina, quien ya estaba casada?

 

Entre las enamoradas de Beethoven también se cita a la bellísima Teresa Malfatti, "la revoloteante Teresa", como él la llamaba por su vivacidad. A ella le compuso Para Elisa. Por la ilegibilidad de la letra, un copista, a la hora de transcribir el manuscrito original de la partitura, confundió el nombre Teresa con el de Elisa.

Durante los 35 años que Beethoven vivió en Viena, cambió de casa unas 30 veces, y siempre hubo un ir y venir de criados, porque él no escatimaba reproches y malos tratos. Incluso llegó a arrojarle un huevo que no le pareció fresco a una de sus amas de llaves.

 

A Beethoven le gustaba el ambiente de los cafés de Viena, y cuando estaba con sus amigos sacaba su "cuaderno de conversación" y les ordenaba a gritos que le escribieran lo que deseaban preguntarle. Según el biógrafo Juan van den Eynden, en su libro Ludwig van Beethoven, el músico llegó a tener 400 de esos cuadernos.

-El era fácil para el enojo, pero se arrepentía rápidamente. Le interesaba la política y tenía un gran sentido del humor  -diría un amigo.

En las calles o en los campos lo veían caminar con las brazos en la espalda, un lápiz y un cuaderno en las manos. De pronto se detenía como si tratara de escuchar, y después hacía anotaciones rápidas.

 

Sus hermanos y sobrinos sólo le dieron sinsabores. Nikolaus Johann comenzó como vendedor en una farmacia y acabó haciendo jugosos negocios con los abastecimientos del ejército, y pudo retirarse a vivir de sus rentas a un castillo. Era malvado; una vez escribió una felicitación a Ludwig y firmó:

 "Nikolaus Johann van Beethoven, dueño de grandes tierras".

El genial músico le devolvió la nota con esta firma:

 "Ludwig van Beethoven, dueño de gran cerebro".

 

Kaspar Anton Karl se burlaba de Beethoven, lo criticaba frente a los amigos y vendía a sus espaldas su música. Se casó con una alcohólica y fumadora que no salía de las tabernas. En 1815 murió dejándole a Beethoven encomendada la custodia de su hijo huérfano de 9 años, quien fue después mentiroso y perverso. De mayor haría un intento de suicidio por deudas de juego, deshonrándose públicamente.

 

En 1820 Beethoven dirigió Fidelio en el Kartner, y a causa de su sordera se produjo un terrible desequilibrio entre los cantantes y la orquesta. Al concluir el primer acto, el director del teatro le pasó una nota: "Le ruego que no prosiga".

Abochornado, se fue a su casa y lloró toda la noche, acostado en su cama.

 

Los últimos años de su vida los pasó con estrecheces económicas. Tenía un solo par de botas y estaban rotas.

 

El 7 de mayo de 1824 tocaron en un teatro una parte de su Missa solemnis y la Novena sinfonía, la cual había compuesto totalmente sordo. El estaba presente, pero no escuchó la gloria de los aplausos y una cantante lo hizo volverse hacia el público, para que viese el tributo que le rendían. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Poco después sufrió un desmayo.

 

A finales de 1826, se pasó unos días en la finca de su hermano Nikolaus Johann, en una habitación húmeda. En diciembre su hermano lo envió a Viena en un carruaje descubierto y durante el viaje enfermó de pulmonía, pero la superó, Sin embargo, sus dolores habituales del hígado y los intestinos se tornaron más agudos y las piernas se le hincharon.

El 24 de marzo de 1827 Beethoven pidió los sacramentos. El 26 entró en agonía y murió al mismo tiempo que se desataba una tempestad.

Viena le brindó un glorioso funeral.

 

 

FIN

Debemos aclarar que el género de la novela biográfica no es un género puro. Tiene tanto de historia y realidad como de ficción y fantasía. La biografía tiene como mérito estudiar e historiar al personaje en su entorno real. Decir obligadamente la verdad lógica de los hechos. Sin embargo, el mérito de la novela es darle forma a la historia. El autor la adorna con su imaginación. Crea diálogos y presenta los personajes según su concepción personal.

      • 4  karina escribi? el 10/02/10 | 14:03
        En verdad interesante¡¡¡ gracias por darnos a conocer la historia de seres únicos y cultivar nuestros conocimientos

      • 3  alina escribi? el 08/02/10 | 17:50
        FELICITACIONES, LAS BIOGRAFIAS ME FASCINAN Y USTEDES ME HACEN PLACENTERA LA VIDA

      • 1  alejandrina ayala escribi? el 06/01/10 | 17:24
        Felicidades por este tipo de biografías, han existido personas extraordinarías a lo lago del tiempo y de diferentes nacionalidades que bien vale la pena tenerlos presentes, ya qu actualmente nos vamos más por la frivolidad y y el desgaste emocional que nos presentan los noticieros.

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