CELEBRIDADES
Purificación García, a todo color
May. 27, 2009
Que no quede duda: la diseñadora de moda Purificacion García adora el negro, es su "color". Bien, una vez que hemos establecido esa premisa, podemos intentar comprender por qué esta mujer eminentemente occidental se siente a gusto en el mundo del Pacífico Sur; por qué desde hace años mantiene dos residencias, una casa en la zona alta de Barcelona y otra, en Bali, la isla polinesia rodeada de arrecifes, que se caracteriza por la riqueza cultural, la brillantez de su paisaje y los contrastes: playas de arenas blancas, al norte, y negras, al oeste. Una miríada de colores y sabores, de texturas y olores, de sonidos y posibilidades para aquellos que están dispuestos a conocer una forma de vida distinta a la Occidental. ¿Por qué galopa entre un mundo de contrastes?
Nacida en Ourense, Galicia, y criada en Montevideo, Uruguay, Purificación pasó parte de su juventud en Canadá y Palma de Mallorca antes de instalarse en Barcelona, donde lanzó su primera colección a mediados de los años 70. Y aunque viaja una vez por semana a Madrid, porque allí tiene el gabinete de prensa, es desde la capital catalana que dirige sus negocios. Tal como ella explica: "Me gusta muchísimo vivir aquí porque logro mi trabajo perfectamente".
Con una casa en la parte alta de la ciudad, dice que entre las cosas que más aprecia de Barcelona está el poder tener "montaña y mar" al unísono. A pesar de ello, regresa a Bali con regularidad.
¿Qué es lo que más te seduce de la vida en Bali? "Me atraen muchísimo su gente, su comida, sus costumbres, su música, sus tradiciones; los olores, los inciensos, las veneraciones, sus ceremonias; cómo viven en el presente sin pensar en el mañana. Y después, es como si los conocieras de toda la vida; mis vecinos me hacen sentir como si fuera una de la familia". Además, están los mercados: "En Bali el mejor es Ubud y el Denpasar, donde solo van balineses; la parte de flores para sus ofrendas es una maravilla". Claro que la afición por los mercados la lleva con ella adondequiera que va. "Cuando estoy en Barcelona, voy a La Boquería de Barcelona, con sus frutas y verduras, y los puestos de los palleses (campesinos) que vienen a vender las cosechas muy pronto en la mañana". Cuando está en grandes ciudades como New York, París o Londres, dedica tiempo a visitar las tiendas de ropa vintage para ponerse al día en la nueva mercancía que han traído.
¿Cómo te influye la vida en Bali desde un aspecto creativo? Habla de la gran cantidad de elementos que le enriquecen los sentidos. "Le da una cierta proyección a mis colecciones a nivel de color, de texturas, de las sedas que son muy especiales y los bordados. Nadie borda mejor que la mujer asiática". Comenta con entusiasmo acerca de la manera tan sui géneris en que los asiáticos mezclan colores: naranjas y rojos, verdes, rosas y azules; mezclas que podrían sonar estridentes, pero que ellos logran sin que resulten así.
Como es de suponer, el paraíso tiene otro ritmo, pero aun en él, no hay total perfección. Purificación está acostumbrada a trabajar en Cataluña, donde "los catalanes son personas que han nacido con un carácter emprendedor y son muy profesionales". En el Pacífico Sur, "son muy artesanos todavía, no tienen el concepto de la industria y eso es lo que me gusta cuando voy a disfrutar a mi casa, pero no cuando voy a trabajar". Tras una breve pausa, concluye: "Esa es la parte un poco contradictoria, ¿sabes?, con la diferencia que puede haber en España, dado que el español tiene un carácter muy distinto". Quizás ella haya encontrado la fórmula idónea: parte del tiempo en Occidente y parte en el paraíso de Bali.
¿Qué echas de menos cuando estás en Bali y viceversa? "Soy muy de familia, muy madraza, muy de mis amigos; lo que más extraño cuando estoy en Bali son esos desayunos fantásticos con mis hijos o las charlas durante las cenas".
Le gusta la actividad cultural en Barcelona, ir a las galerías y museos, al Liceo o al Palau de la Música; en cuanto al cine, favorece los Verdi, cines de arte localizados en el barrio de Gracia, una de las zonas más bohemias de la ciudad.
Entre las actividades que más disfruta con sus hijos está irse de viaje. Dice que le encanta explorar, "ponernos mochilas al hombro y descubrir sitios juntos". Recuerda con entusiasmo un viaje que hicieron recientemente a la Riviera Maya, en Quintana Roo, en el estado de Yucatán: "Soy una enamorada de México y aunque voy al D.F. con frecuencia, hacía 30 años que no iba a Yucatán. Me quedé alucinada".
¿Sigues alguna disciplina espiritual? "Practico la meditación". ¿Qué escuela? "El kriya yoga de Yogananda".
¿Cocinas? "Me encanta la cocina. Preparo cosas simples en el wok; frutas y vegetales según la temporada; comidas japonesas: corto salmón y hago sushi". Aclara que no es completamente vegetariana.
¿En cuanto a tus colecciones? "No sigo tendencias; no me inspiro en lo que está in o out, ni en hacer una colección según temas: ahora el desierto, mañana la India". ¿Entonces? "Soy muy curiosa, me gusta observar y escuchar; aprender de mis clientas. Busco hacerles la vida más fácil, por ejemplo, usar tejidos que no se arruguen".
¿Cuando no viajas, sigues alguna disciplina diaria? "Me levanto alrededor de las 7 am; comienzo el desayuno sola, pero mis hijos Marc y Soledad se incorporan (María Ximena, su otra hija, vive en Londres). Hago el mercado; me conecto a Internet, entonces dibujo un rato por la mañana o tarde en la noche". Le gustan las novelas ágiles, la escritora vasca Espido Freire está entre sus preferidas, y los libros espirituales del belga Sando Murai. Escucha todo tipo de música, con énfasis en la étnica, y su hijo le graba música de relajación. Tanto en Bali como en Barcelona se rodea de un ambiente donde predominan los colores neutros, las piedras, y se percibe el aroma ámbar del incienso. Pura quietud.

























