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Entrevista con Julia Roberts

AUTOR: Fabián W. Waintal | FOTOGRAFÍA: AP | FECHA: 2010-10-18

La actriz logra otro éxito con Eat Pray Love, una historia que nos inspira a evolucionar para vivir a plenitud.

Oct. 18, 2010 

 

Para disfrutar de la vida, más allá del cine, Julia Roberts plantea la mejor solución con tres palabras: "Comer, rezar y amar". Basándose en la verdadera historia de una mujer que recorrió el mundo de esa manera, Julia siguió los mismos pasos detrás de la mejor comida italiana, el poder de los rezos en India y el amor en Bali, al protagonizar su última película con Javier Bardem. Así, ha demostrado que siempre hay un camino para descubrir lo mejor en este mundo.

 

¿Es posible encontrar la identidad con solo comer, rezar y amar?

Sí, si tienes capacidad de comer, de alimentarte también con amor y de relacionarte con una energía o cierta creación superior. La forma como lo haces o como sea que lo llames se vuelve insignificante ante el acto de entenderlo. Es algo que una vez me dijo Javier Bardem; yo solo lo estoy repitiendo.

 

¿Se parece usted al personaje del filme Eat Pray Love, que a pesar de haber tenido una vida exitosa, sigue buscando un mejor lugar en la vida?

No persigo ninguna búsqueda urgente como mi personaje, pero definitivamente siempre supe que iba a seguir evolucionando hasta encontrar un estilo de vida que pudiera disfrutar plenamente, y es el lugar que ocupo hoy. Pero entiendo esa búsqueda y para mí fue sensacional sentir que había alcanzado ese lugar en mi vida, interpretando esas escenas para volver a casa al final del día, y darme cuenta de lo que tengo.

 

El viaje hacia la felicidad empezó en 1967, cuando Julia Fiona Roberts nació lejos de Hollywood y más cerca de Atlanta, en la ciudad de Smyrna, en el estado de Georgia. Al principio se dedicó a la música, tocando el clarinete de la banda escolar y también quiso ser veterinaria, aunque en los estudios se inclinó por el periodismo. Poco después se dio cuenta de que a su hermano Eric Roberts le iba bien con la actuación y Julia decidió cambiar de ruta. Claro que nadie imaginó que a ella le iría tan bien cuando después de ser rechazada en las telenovelas All My Children y Santa Barbara filmó la exitosa Pretty Woman, que le dio una nominación al Oscar y el premio People's Choice en la categoría de Actriz Favorita.

 

Muy pocos recuerdan cuando en esa época Julia también atrajo la atención de la prensa por haber dejado a Kiefer Sutherland, cuando apenas faltaba una semana para su boda. La actriz tuvo un largo romance con el peruano Benjamín Bratt, vivió bajo el mismo techo con Liam Neeson, salió con Daniel Day-Lewis y se casó en junio de 1993 con el cantante de música country Lyle Lovett, aunque se divorciaron menos de dos años después. En julio de 2002 se casó con el camarógrafo Daniel Moder y con él disfruta el mejor momento de su vida, al lado de sus tres hijos: Henry, de 3 años, y los gemelos Hazel y Phinnaeus, de 6. 

 

¿Encontró la fórmula perfecta para evitar que el trabajo complique la relación con su familia?

Todos piensan que trabajo muy duro, pero en realidad no trabajo tanto. Por supuesto, estuve filmando esta película durante cinco meses, pero desde que terminamos en noviembre, he podido quedarme en casa por un largo tiempo. Tengo suerte, porque mi esposo también es muy exitoso y me apoya muchísimo.

 

En la película Eat Pray Love hay una parte donde dice que tener hijos es como grabarse un tatuaje en el rostro...

Es una buena forma de describir que realmente estás comprometido para esa clase de decisión. Yo he visto gente que se ha puesto un tatuaje en la cara y, para hacerlo, hay que estar seguro de qué es lo que realmente quieres. Tener un hijo no es un bolso. Es una elección con la cual nos comprometemos 24 horas al día.

 

Como madre, ¿es muy exigente o es bastante permisiva?

Como madre soy muy estricta.

 

¿Y su esposo? ¿Tratan de no trabajar los dos al mismo tiempo, para turnarse con el cuidado de sus hijos?

La verdad, hacemos lo mejor que podemos para tratar de conseguir que todo funcione a nuestro favor.

 

Los resultados demuestran que Julia Roberts sabe muy bien cómo manejarse profesionalmente, teniendo en cuenta que fue la primera actriz en cobrar 20 millones de dólares por película, cuando con Erin Brockovich ganó el Oscar de la Academia de Hollywood. George Clooney y Brad Pitt también aprovecharon para bromear en ese mismo sentido, cuando quisieron convencerla para protagonizar la película Ocean's Eleven y le mandaron un billete de 20 dólares, con una tarjeta que decía: "Escuchamos que cobras 20 por cada película".

 

Con una fortuna que supera los 200 millones de dólares, Julia también se dio el lujo de rechazar las películas Shakespeare in Love, protagonizada por Gwyneth Paltrow; Basic Instinct, por Sharon Stone, y Sleepless in Seattle, por Meg Ryan. Incluso en el 2009, Disney no pudo persuadirla económicamente para trabajar en The Proposal y contrataron a Sandra Bullock por menos. Eso sí, ninguna otra actriz de Hollywood la supera hasta el momento en el récord de recaudaciones, porque solamente en los Estados Unidos, las películas de Julia Roberts han producido 2.000 millones de dólares.

 

Al igual que en Eat Pray Love, Julia ha hecho viajes humanitarios, como cuando fue a India como embajadora de UNICEF.

 

En el caso de Eat Pray Love, ¿tuvo que viajar a cada uno de los lugares que muestra en el cine o lo que vemos es solo una reproducción de una copia construida detrás de algún estudio de Sony?

Lo más interesante y gratificante de mi trabajo es viajar a todos esos lugares para lograr la auténtica experiencia que tratamos de filmar. 

 

¿En India tuvo alguna experiencia para recordar?

Para ir a India, como buena madre que soy, llevé una caja grande de medicinas, que nunca tuve que abrir... Hay un lugar, con mujeres extraordinarias, en una villa que se llama Rajastán. Usan unos colores muy brillantes, con toda clase de joyas y bordados, para mostrar que están casadas, porque si el esposo muere, ellas se lo quitan todo. Me pareció algo increíble.

 

¿El mejor recuerdo de los viajes?

En Italia se preocuparon por elaborar platos de comida increíbles, que tuve que comer en medio de un calor insoportable; pero el que mejor recuerdo era un simple plato de espagueti con un poco de salsa de tomate. Era delicioso. 

 

¿Engordó con lo que comió en Italia?

El director insiste en que engordé cinco kilos (11 libras), aunque fue un poco menos, pero disfruté cada gramo. Todos decían que íbamos a bajar los kilos de más en India, pero eso no sucedió.

 

¿Es verdad que después no le entraban los jeans?

Sí. Fue cómico tratar de ponerme los jeans, pues era imposible abotonarlos.           

 

Fuera del cine, en la vida real, Elizabeth Gilbert recorrió el mismo camino que muestra Julia Roberts en la película Eat Pray Love. Con una historia fuera de lo común, comenzó por lo que parecía un final feliz... Tenía esposo, casa y una exitosa carrera, pero ella sentía que quería algo más de la vida. Después de las inseguridades que la llevaron al divorcio, Elizabeth Gilbert dejó la vida de ensueño para descubrir los placeres de la comida en Italia, la espiritualidad en India y la paz interna que logró con un nuevo amor en Bali.

 

¿Leyó el libro Eat Pray Love?

Sí, lo leí mucho antes de que se volviera tan popular.

 

¿Conoció personalmente a la autora del libro Elizabeth Gilbert, quien vivió esa historia?

La conocí en Roma, pero no la quise ver antes. Tenía miedo de terminar imitándola, en vez de interpretarla como actriz. Por eso no quise conocerla hasta haber filmado lo suficiente como para no poder cambiarla. Cuando ella llegó a Roma fue un placer; desde el primer instante en que la vi fue como recibir el abrazo más cálido.

 

¿A Javier Bardem ya lo conocía?

No. Javier apareció cuando fuimos a Bali. El llegó con todo su entusiasmo y quiso ir a almorzar para leer algunas escenas y repasar ciertos temas. Su entusiasmo terminó siendo muy contagioso. En cada país que tocamos, renovamos las energías que parecía que habíamos perdido antes. Te digo la verdad: sentía un poco de temor de trabajar con Javier, después de haber visto la película No Country for Old Men; pero fue muy divertido, lo vi muy cómodo en la actuación y, al final, yo misma le dije: "Pensé que ibas a ser muy intenso, meditabundo y misterioso. Pero todo fue tan fácil por ser tan dulce y gracioso". Javier me respondió: "Por lo general no lo soy, pero quise intentarlo al menos una vez, para ver cómo funcionaba" (ríe). Me alegro que lo haya hecho. Ese es mi hombre, esa es mi historia.

 

Con el director Ryan Murphy, ¿también tuvo una relación especial?

También tengo una "historia de amor" con el director Ryan Murphy, porque en los cinco meses que estuvimos viajando no me decepcionó un solo segundo. El me sostuvo la mano para darme el ánimo que necesitaba.

 

¿Cómo recuerda la primera reunión con el director?

La primera vez que almorzamos yo ni siquiera sabía si era un proyecto que iba a aceptar. Era demasiado trabajo y no sabía si podía comprometerme a tanto. Pero me sorprendió lo inteligente y tranquilo que es el director y me sentí cómoda. Pensé:  "¿Quién es esta persona? ¿De dónde viene?". Había visto la serie Nip Tuck, que él había dirigido, sabía que tenía que ser brillante, pero me impresionó. También me dio todo el tiempo del mundo para pensarlo. No puedo creer que esta haya sido su segunda película. Terminamos tan encantados como el primer día. Nos llamamos por teléfono constantemente.

 

¿Cuánto tiempo le tomó decidirse?

No sé, fueron semanas. Necesitaba comprometerme a demasiados viajes, a estar demasiado tiempo fuera de casa, trabajando todos los días. Tenía que hacer cuentas para tomar una decisión semejante, en comparación con otra película donde solo tengo que ir al estudio tres días a la semana, durante un par de meses.

 

Entre tantos cambios de vestuario, ¿pudo quedarse con alguno?

Si fuera por mí, me hubiera quedado con todo, pero tienen guardada la ropa en un depósito. El diseñador de vestuario fue Michael Dennison, y creo que ha sido la película donde he tenido más cambios. El promedio, por lo general, son 40 ó 50 cambios de vestuario, pero al final de este rodaje debo haber hecho 103. Michael se encargó de que todo fuera muy auténtico, no solo lo mío, sino también el vestuario del resto de los actores y de los extras. A mí me encantaba todo. Me gusta el vestido de la escena del tiempo, porque necesitaba algo simple, pero además era lindo. Y ese, exactamente, está colgado en mi clóset.

 

Así como la película define la vida en tres palabras, ¿cuál es la palabra favorita que define su vida?

Tenía una palabra, pero ahora tengo un ataque de amnesia. ¿Cuál era mi palabra? ¿Esperanza? No. ¿Optimismo? Mejor te digo que mi palabra es lealtad.

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