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El inalcanzable David Bowie

A tal punto llegó la leyenda de Bowie que después de muerto logró una hazaña no alcanzada a lo largo de su vida, y reservada a muy pocos entre los grandes

Por: Milagros Socorro

Foto: Cortesía

Es posible que la sorpresa haya tenido que ver con esta oleada de renovado interés por el cantante, quien tuvo una inmensa exposición a lo largo de su carrera, pero mantuvo en secreto su enfermedad y lento deterioro. Blackstar fue recibido, además, como el mensaje de un hombre moribundo que se despedía de sus millones de fans. Y no es que las letras de este disco póstumo sean menos abstractas que los de toda su producción anterior, caracterizada por versos que admiten muchas lecturas, sino que al escucharlas tras saber que fueron escritas por un enfermo terminal, se tiene la impresión de estar ante una salida de escena.

El hombre que exhibió hasta el cansancio muchos aspectos de la vida, tanto los luminosos como los oscuros, escogió la mayor discreción para afrontar la muerte. Sólo su familia y sus colaboradores más cercanos estaban al tanto del avance de la enfermedad; y algunos de estos últimos fueron notificados sólo porque debían tener una explicación respecto de sus ausencias en lo que, sin embargo, fue un intenso trabajo al que Bowie se sometió en sus últimos días. Tenía que terminar su proyecto musical y una obra teatral que se estrenaría en el off Broadway, en diciembre de 2015, llamada Lazarus, igual que el del personaje del Nuevo Testamento que vuelve de la muerte. Su “Lázaro” es un extraterrestre varado en la Tierra, que alberga la esperanza de la inmortalidad.

La noche del estreno, el 7 de diciembre, Bowie y el director de la pieza salieron a recibir el aplauso del público. Ya estaba muy débil y tuvo que ir a reponerse detrás del telón, pero cuando recuperó el aliento, le pidió al realizador: “Salgamos otra vez”. Sería su última ovación. Y la frase postrera para el público la consignó su esposa, la modelo somalí Iman, quien aquel 8 de enero compartió en las redes fotos de su marido, acompañadas de una cita suya: “No sé adónde voy después de aquí, pero prometo que no será aburrido”.

Foto: EFE

Origen humilde

David Robert Jones nació en Brixton, al sur de Londres, el 8 de enero de 1947, en una familia humilde. Su madre, Margaret Mary “Peggy” Burns, de ascendencia irlandesa, trabajaba como acomodadora de cine cuando conoció a su padre, John, tras ser desmovilizado del servicio de la Segunda Guerra Mundial en el Royal Fusiliers. Posteriormente, el señor Jones trabajaría en la publicidad de Barnardo’s, una ONG de caridad para niños. Ya en el kínder ganó fama de niño superdotado y de gran personalidad. Jamás pasó inadvertido. A los 10 años aprendió a tocar el piano; a los 13, el saxofón; y después adquiriría soltura en guitarras (eléctrica, acústica y de doce cuerdas), saxofón (alto, tenor y barítono), teclados (piano, sintetizadores, mellotron, armónica, stylophone, xilófono, vibráfono), batería, percusión e instrumentos de cuerda, como la viola o el violonchelo, y hasta en el ukelele y el bajo tea-chest (de una sola cuerda y caja de las utilizadas para té).

“No sé a dónde voy después de aquí, pero prometo que no será aburrido”

Blackstar apareció el viernes 8 de enero de 2016, justamente el día que el artista británico cumplía 69 años. Luego, el domingo 10 de enero falleció después de una lucha de 18 meses contra el cáncer. Siete días más tarde, Billboard anunció en su sitio web que el disco había escalado hasta el tope de las ventas. Hasta ese entonces, el célebre músico había colado siete de sus álbumes en el top 10 de Estados Unidos, pero nunca había puesto su bandera en la cima. Cuando Blackstar llegó a 181 mil copias vendidas en aquel país, se pudo afirmar que había sobrepasado a 25, de Adele. De paso, toda su extensa discografía fue objeto de la curiosidad de los compradores, quienes propiciaron un alza inesperada en las adquisiciones de la producción musical de este fenómeno de la cultura del siglo XX. Fue así como esa misma semana la recopilación The Best of Bowie, de 2002, trepó hasta el número cuatro de esa lista.

Foto: Getty Images

Naturalmente, también era un gran cantante, con registro de barítono. No sólo fue un innovador compositor, productor discográfico y arreglista, sino también una figura fundamental de la música popular por más de medio siglo. E incluso su imagen rebasó los confines de la música para constituir un referente de la cultura por la incorporación a su obra de elementos del teatro, el diseño, las artes plásticas y su actitud personal con respecto al sexo.

Cuando tenía 15, David formó su primera banda, los Konrads, de la que se ha dicho que tocaban un primitivo rock’n’roll. Luego pasó de un grupo a otro, hasta que le llegó la hora de hacer una carrera en solitario. Y después de ser mundialmente famoso, todavía volvió a sumarse a agrupaciones. En total, formaría parte de una decena de bandas en toda su vida. A los 16 años ocurrió algo que lo marcaría. Tuvo una furiosa pelea con su amigo George Underwood, quien llevaba un anillo y le asestó un puñetazo en el ojo izquierdo. Temerosos de que perdiera el ojo, lo tuvieron hospitalizado durante cuatro meses para someterlo a una serie de operaciones. El ojo se salvó, pero quedó con una percepción de la profundidad defectuosa y esa pupila dilatada que le daba una mirada singular y la impresión de que tenía ojos de distinto color. Lo que sí conservó intacta fue la amistad con Underwood, quien diseñó las portadas de sus primeros discos. Quizá la prolongada ausencia de la escuela le dio la idea de dejar los estudios. Así lo hizo, y comenzó su carrera musical. En esa etapa de tanteo cayó en cuenta de que su nombre podía ser confundido con el de otro músico, el del cantante de los Monkees, Davy Jones. Decidió entonces cambiarse el apellido y tomó el de Jim Bowie, creador del cuchillo con el mismo nombre.

Foto: Getty Images

Difícil comienzo

En los primeros siete años de incursión en la música, no le fue bien. Sin dejar de insistir en su vocación, trató de ganarse la vida como actor de comerciales y, de hecho, apareció en una publicidad de helados Lyons Maid, pero ese no era su camino: fue rechazado en un casting de Kit Kat.

En 1969, todo cambió. Su canción “Space Oddity”, una balada mítica que narraba la historia de Major Tom, astronauta que se pierde en el espacio, salió el 11 de julio, cinco días antes del lanzamiento del Apolo 11. El hit fue usado por la BBC para la cobertura de la llegada a la Luna. Y con la velocidad de un cohete entró en el top 5 de Reino Unido. Lo que siguió no siempre fue como él quería, pero no hay duda de que su carrera entró en una línea ascendente que nunca declinó. Durante los años 70, David Bowie atornilló su reputación de músico rompedor, siempre capaz de arriesgarse por cotos insospechados y de asombrar a las audiencias con su creatividad. Después de tres años de intensa experimentación, irrumpió en 1972, en plena era del glam rock, con su álter ego Ziggy Stardust, personaje andrógino que se creó a su medida. El lanzamiento de su quinto álbum, The Rise and Fall of Ziggy Stardust constituyó el génesis del extravagante Ziggy, que llevaba el pelo pintado de rojo y cortado a modo que el copete siempre lucía como un penacho. Iba vestido de llamativos trajes, con botas de plataforma y capas de flecos. Este performance lo catapultó al estrellato. Se volvió una poderosa referencia en la moda, y se ha dicho que “su influencia duró más y ha sido más creativo que, quizá, ningún otro ente dentro del pop”. 

Ver a Bowie actuar como Ziggy fue una experiencia tan impactante que cambió la percepción de una generación en la década de los 70. Su estilo vino a subvertir el concepto de lo que era una estrella. Se transformó en un ícono. Sus actuaciones como Ziggy eran tremendamente teatrales y escandalosas. Podía desnudarse en escena hasta quedar con un taparrabos de luchador de sumo o simular sexo oral con una guitarra.

Con su sexto disco en 1973 vino Aladdin Sane, nombre derivado de un juego de palabras: “A lad insane” (Un tipo loco). Según él, era una evolución de Ziggy, y también un homenaje a su hermano, que padecía esquizofrenia; de allí que incluyera un característico maquillaje con forma de rayo, que simbolizaba una dualidad tormentosa de la conciencia. Luego apareció otro personaje, El duque blanco. Vestido impecablemente, con camisas de cuello blanco y claras reminiscencias del cabaret alemán de los años 30. Esta caracterización surgió cuando Bowie vivía en Berlín, adonde fue en busca de su rehabilitación de las drogas. Fue una etapa polémica por su vinculación al nazismo, que más adelante atribuiría a los delirios por sus adicciones.

Efectivamente, alguien muy cercano a él afirmó que había llegado a estar “realmente desquiciado, por sus malas experiencias con las drogas duras”. En 1974 pasó de consumidor de cocaína a una verdadera adicción, que recrudeció en 1976. Ya en diciembre de 1975 había aparecido en una entrevista en televisión completamente intoxicado, casi incapaz de decir una frase coherente. Tras varias sobredosis entre 1975 y 1976, cuando ya mostraba un aspecto alarmante, se fue a Berlín a seguir un tratamiento contra la adicción. Cuando estuvo sobrio, se divorció de su primera esposa, con quien había tenido a su hijo Duncan.

En 1972, cinco años después de que la homosexualidad hubiera dejado de ser un crimen en Reino Unido, David Bowie se declaró gay. Cuatro años después, en 1976, dijo en entrevista con Playboy que era bisexual. En 1983 confesó a una revista inglesa que lo de ser bisexual se lo había inventado para rodearse de un mayor misterio. Y definió esto como “el mayor error” que había cometido.

“Siempre he sido un heterosexual en el armario”. Su biógrafo, David Buckley, ha dicho que las declaraciones de Bowie con respecto a su sexualidad han respondido más a “una compulsión por burlar los códigos morales que por un verdadero estado biológico y psicológico del ser”. Según el escritor, Bowie es “un rompe tabúes [...] juega con la intriga sexual por su capacidad de sobresaltar. Probablemente sea cierto que Bowie nunca fue gay, ni siquiera activa y consistentemente bisexual [...] lo hizo, de vez en cuando, como un experimento, aunque sólo fuera por un sentido de curiosidad y una alianza genuina con la transgresión. Sus comentarios públicos sobre el sexo no tenían otro propósito que no fuese hacer marketing y así recibir más atención a su obra transgresora”.

Lo cierto es que Bowie sólo hizo pareja con mujeres. Estuvo casado, entre 1969 y 1980, con Angela Barnett, quien lo estimuló a usar las vestimentas extravagantes que caracterizaron esos años. Y luego con Iman, desde 1992 hasta su muerte. Entre ambas uniones, el “Camaleón del rock” sostuvo relaciones con Elizabeth Taylor, Bianca Jagger, Marianne Faithfull y Susan Sarandon, entre otras. Con Iman tuvo otra hija, Alexandria Zahra Jones, que nació en 2000.

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“Los actores Michael C. Hall y Sophie Anne Caruso forman parte de la obra musical ‘Lazarus’, escrita por Bowie y dirigida por Ivo Van Hove. Ahora se presenta en el teatro The Kings Cross, en Londres”.

Foto: Getty Images

ARTISTA INTEGRAL

Considerado una de las grandes estrellas de todos los tiempos, ocupa el número 23 de la lista de Rolling Stone de los 100 más grandes cantantes del mundo. Alcanzó el cuarto lugar en una votación popular, propuesta por el programa de la BBC, Culture Show para elegir al mayor ícono británico de todos los tiempos. Ingresó en el Salón de la Fama del Rock en enero de 1996. Vendió alrededor de 140 millones de fonogramas en toda su carrera. Recibió nueve discos de platino, once de oro y ocho de plata en Reino Unido; y cinco de platino y siete de oro en Estados Unidos. Su filmografía incluye 38 filmes, entre los que destacan éxitos como The Man Who Fell to Earth (1976), The Hunger (1983) y Labyrinth (1986).

Foto: Getty Images

Recibió un premio Grammy al logro de toda una vida, en 2006. En 2013 se presentó en el Victoria and Albert Museum, una exhibición de objetos suyos, titulado David Bowie Is, que tuvo un millón de visitantes. En 2014, la muestra comenzó a ser itinerante y pasó por São Paulo, Chicago, París, Melbourne y Países Bajos. En octubre de 2013, según una encuesta elaborada por la BBC History Magazine, se nombró a Bowie el británico mejor vestido de la historia. En los Premios Brit del 19 de febrero de 2014, se convirtió en el ganador más longevo de la historia de los premios al recibir uno al Mejor Artista Británico. Fue votado por más de 100 estrellas del pop como el artista con más influencia en ellas, en una encuesta de la revista New Musical Express. El 18 de enero de 2016, luego de su fallecimiento, un grupo de astrónomos de Bélgica determinó que un grupo de siete estrellas formen en lo sucesivo una constelación con la forma del rayo que Bowie se pintaba en la cara.

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“Me siento confiado al imponer el cambio en mí mismo. Resulta mucho más divertido que mirar atrás”.
 

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