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El lado oscuro de Marilyn

Nunca imaginó que su turbulenta infancia la llevaría a convertirse en la mujer más deseada, en la emblemática Marilyn Monroe

Por: Daniella Cepeda

Foto: Baron

Nació en soledad en Los Ángeles y murió rodeada de misterio en el exclusivo barrio de Brentwood en la misma ciudad; en su habitación solo había un frasco de barbitúricos junto a su cama y curiosamente a la entrada de su casa se leía la inscripción Cursum perficio (aquí acaba el viaje)… Es cierto, su vida fue muy breve y turbulenta pero con todo en contra, Norma Jeane —mejor conocida como Marilyn Monroe— se sobrepuso hasta convertirse en la estrella de cine más famosa de todos los tiempos, la grandiosa Marilyn.

Décadas después de su muerte, Marilyn sigue provocando la misma obsesión que forjó su leyenda; no solo ha inspirado más de 1000 libros en los que “han participado amigos y amantes, al igual que estudiosos, historiadores y novelistas famosos…”, detalla el revelador filme dirigido por Liz Garbus, Love, Marilyn; ha generado una industria millonaria en torno a su imagen y sus películas han trascendido generaciones. 

Su tormentosa niñez 

No hay otra palabra mejor para resumir su infancia: sufrimiento, uno muy grande, tan profundo, que de alguna manera le cauterizó el alma y le permitió salir a flote de la pobreza, el rechazo y la ausencia de una madre que nunca pudo hacerse cargo de ella al vivir atormentada por sus problemas mentales. 

Tras el horror de la Primera Guerra Mundial, Norma Jeane Mortenson —más tarde bautizada como Norma Jeane Baker— nació la mañana del 1 de junio de 1926 en el pabellón de caridad del Hospital General de Los Ángeles, California. Y su nombre quizá fue un presagio; Gladys Monroe Baker, su madre, la bautizó así en honor a Norma Talmadge, una de las grandes estrellas del cine mudo en Hollywood a principios del siglo XX.

(Foto: Getty Images)

Entre adopciones e inestabilidad emocional

Para Gladys, Norma Jeane fue un error. Con dos separaciones a cuestas —su marido Jack Baker la había abandonado llevándose a sus dos hijos y su segundo esposo Edward Mortenson había desaparecido tras unos meses de matrimonio—, un modesto trabajo como cortadora de negativos de películas en Consolidated Film Industries y asustada por criar a una bebé fuera del matrimonio, Gladys dejó a Norma Jeane al cuidado de una familia religiosa. Así comenzó su infeliz infancia, en la humilde casa de cuatro habitaciones de Albert e Ida Bolender, donde vivió desde los primeros meses hasta los siete años.

Antes de que cumpliera diez años, ya había vivido en más de una docena de hogares de crianza y orfanatos. También había quedado marcada por el estrés psicológico y la inestabilidad emocional que le generaban los actos repentinos de aparición y escapismo de su madre, cuenta el biógrafo Donald Spoto.

Fui un error. Mi madre no quería tenerme y me interpuse en su camino, debí ser una desgracia para ella. Me gustaría que me hubiera querido”.

Clark Gable, el padre que nunca tuvo 

Aunque Marilyn nunca conoció a su padre, y quizás allí nació su incesante búsqueda de una figura paterna, siempre lo recordó con cariño: “Había un objeto en el apartamento de mi madre que siempre me fascinó […] una foto colgada en la pared […] Siempre que iba de visita permanecía de pie mirando esa foto y conteniendo la respiración por miedo a que me ordenara que dejase de mirar […] Esa vez me sorprendió mirando la foto, pero no me riñó. Por el contrario, me subió a una silla para que pudiera verla mejor. —Es tu padre— me dijo. Sentí tal emoción que casi me caí de la silla. Tener un padre, poder mirar su retrato y saber que yo le pertenecía era una sensación deliciosa. ¡Qué maravillosa fotografía! […]

Fue mi primer momento de felicidad: encontrar la fotografía de mi padre. Siempre que recordaba cómo sonreía y la manera como se ladeaba su sombrero sentía cariño y no me sentía sola. Un año después de ver aquel retrato empecé a reunir un álbum de recortes y puse en él una foto de Clark Gable porque se parecía a mi padre, especialmente en la manera de llevar el sombrero y en el bigote”, rememora la actriz en My Story.

La triste relación de Norma Jeane y su madre 

Décadas después, saldrían a la luz detalles de su relación con Gladys: “Las personas que yo creía mis padres tenían hijos propios. No eran mezquinos, simplemente eran pobres. No tenían mucho que ofrecer a nadie, ni siquiera a sus hijos, y no quedaba nada para mí. Tenía siete años, pero me tocaba trabajar en la casa. Lavaba platos, fregaba suelos y hacía recados. Mi madre apareció al día siguiente. Era una mujer muy guapa que nunca sonreía. La había visto a menudo, pero no sabía exactamente quién era. Cuando le dije ‘Hola, mamá’, me miró. Nunca me había dado un beso, nunca me había sostenido en sus brazos y apenas me había hablado. Por aquel entonces no sabía nada de ella, pero años más tarde me enteré de bastantes cosas. Cuando ahora pienso en ella, el corazón me duele el doble de lo que me dolía cuando era una chiquilla. Me duele por las dos”, relata Marilyn Monroe en un manuscrito que permaneció oculto en un cajón hasta que Milton Green, amigo íntimo de la actriz y su fotógrafo de cabecera, lo rescató en 1974, 12 años después de su muerte, para ser publicado bajo el título My Story Memorias de Marilyn Monroe. 

Sola y con una evidente falta de identidad, no fue lo único que tuvo que sobrellevar, fue agredida sexualmente a los nueve años.

“Sabía que era diferente a otros niños porque no recibía besos ni promesas, nadie me llamaba hija; nadie me decía que era bonita. A todas las niñas deberían decirles que son bonitas aunque no lo sean”

La locura de Gladys 

Pero el destino se encargaría de reunir a Gladys y a Norma Jeane. Con lágrimas en los ojos, tiempo atrás Gladys había prometido a su hija que construiría una pequeña casa para las dos. Y cumplió. Ambas se mudaron cerca de Hollywood Boulevard, un sueño para la niña, quien empezaba a adorar el cine. “Podía pasar sola todo el día y parte de la noche en primera fila mirando la pantalla gigante. Me encantaba”.

El cambio de vida no pudo ser más radical, de una educación religiosa y estricta con los Bolender, pasó a una vida de locura con su madre, entre fiestas, cigarrillos, cerveza y desenfrenadas noches de baile. 

Sin embargo, el tiempo que pasó junto a Gladys fue muy breve. Un día regresando a casa de la escuela su madre ya no estaba, había tenido una crisis y la habían internado en un hospital psiquiátrico. Gladys Monroe pasó la mayor parte de su vida en instituciones psiquiátricas hasta que murió en 1984.

(Foto: Getty Images)

Escape fugaz

No fue hasta que Grace McKee —la mejor amiga de Gladys— se convirtió en su tutora, que Norma Jeane halló consuelo y un poco de felicidad. Junto a Grace encontró un escape en el excitante mundo de las estrellas de Hollywood y es que Grace sentía una fascinación desmedida por la famosa y controvertida actriz Jeane Harlow, la primera rubia explosiva, así que Harlow pronto se convirtió en su ídolo. “Jugaba a actuar constantemente; ella me hacía vivir en un “mundo más interesante que el que me rodeaba”.

Y fue precisamente Grace quien impulsó una revolución en su interior; la niña de ojos azules que siempre se había sentido rechazada, de pronto encontró en su belleza un refugio para sobrevivir. “En esa época empezó a reconocer el valor de su belleza... Comenzó a crear un personaje que la gente no solamente querría sino que, además, adoraría, sería un proceso que empezaría a los 13 años y continuaría hasta el final de su vida, a los 36 años”, revela J. Randy Taraborrelli en The Secret Life of Marilyn Monroe.

La leyenda de la rubia más icónica de todos los tiempos apenas comenzaba.

“Siempre intentaba complacer a las personas con las que vivía. Tenía miedo de que me echaran y que no me quisieran, pero era mejor que el orfanato, eso era como una cárcel”

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