• síguenos en

Marilyn Monroe: La gran musa

Inspiró a los fotógrafos más célebres de su tiempo y sus instantáneas han hecho historia

Por: Daniella Cepeda

Foto: Cortesía Taschen

Poseía una capacidad increíble para transformarse y su allure inspiró a algunos de los fotógrafos más importantes de la época, entre ellos, Milton Green, Allan Grant, Eve Arnold, Richard Avedon, quien inyectó vitalidad y lujo a la fotografía de moda, Henri Cartier-Bresson y Sam Show, el fotógrafo que la capturó en el memorable instante en que voló su vestido blanco. La gran musa entretejió una historia de amor con la cámara desde la década de los cuarenta y dejó una estela de erotismo que aún nos sigue cautivando. Un recuento de sus históricas fotografías y los genios detrás de la lente.

 

 

The Estate of André de Dienes

Su primera historia de amor Antes de convertirse en la espectacular Marilyn Monroe, Norma Jeane Dougherty inició su romance con la cámara un día cualquiera de 1945. El fotógrafo de moda André de Dienes la inmortalizó en una increíble serie de retratos que marcó el inicio de su carrera como modelo y actriz.

La colección de fotografías y recuerdos privados de André con Norma Jeane ha sido publicada por TASCHEN, una visión que muestra un registro de los intrépidos viajes por carretera que realizó junto a la estrella; desde su viaje para visitar a su madre en un hospital psiquiátrico, hasta la visita de Marilyn unos días antes de su muerte.

Cuando flechó a Cecil Beaton 

Creador de un arte cargado de glamour y dramatismo, Cecil Beaton captó la esencia de Marilyn en 1956. Y ella lo conquistó como pocas personalidades fueron capaces, una hazaña considerando que por su lente desfilaron Coco Chanel, Jean Cocteau, Pablo Picasso y Winston Churchill. 

El influyente fotógrafo británico quedó impresionado por su capacidad para transformarse y ofrecer una infinita variedad de sí misma. Y es que de aquella sesión tomada en el Hotel Ambassador, en Nueva York, surgió una fotografía en la que Marilyn luce serena y etérea, envuelta entre delicadas sábanas. Esa instantánea se convirtió en la favorita de la actriz; tenía decenas de copias de ella para dar autógrafos y responder las cartas de sus admiradores. 

“La sorprendente verdad es que la señorita Monroe es una sirena hecha realidad, poco sofisticada como una doncella, pero inocente como un sonámbulo”, dijo el artista. Monroe y Beaton encarnaron el tándem de oro.

Bajo la mirada de Schiller Lawrence Schiller/Courtesy TASCHEN and Steven Kasher Gallery

Un salto con Halsman

El fantástico fotógrafo de la revista LIFE, fue el creador de la saltología, esos maravillosos retratos de intelectuales, celebridades y políticos en pleno vuelo. Un desafiante proyecto que surgió como método para explorar el retrato desde una perspectiva psicológica.

Su famosa serie Jumpology —saltología— abanderó la espontaneidad e hizo saltar a Salvador Dalí y a los duques de Windsor. Y por supuesto, ¡Marilyn saltó! Las fotografías en las que se ve feliz suspendida en el aire, son algunas de las más interesantes de la actriz.

Monroe al borde de la piscina mientras Whitey Snyder retoca su maquillaje Lawrence Schiller/Courtesy TASCHEN and Steven Kasher Gallery

En la playa con Barris

Un mes antes de morir, el fotógrafo George Barris realizó una sesión muy íntima con Monroe en la playa de Santa Monica, en la que también conversó con ella a corazón abierto. En esa sesión la rubia lució radiante bebiendo champagne, enfundada en un sexy bikini y en el célebre suéter de lana que compró en México. También se le ve ataviada en una lujosa camisa de Emilio Pucci que Barris adquirió para ella en Saks Fifth Avenue.

“Fue una maravilla trabajar con ella, nunca estuvo más hermosa ni más locuaz”, confesó el fotógrafo, reconocido por sus colaboraciones con LIFE y haber realizado retratos de Charlie Chaplin, Marlon Brando y Frank Sinatra.

Lawrence Schiller/Courtesy Nan A. Talese

Al desnudo con Lawrence Schiller 

En mayo de 1962 Marilyn Monroe le concedió a un joven fotógrafo la oportunidad de su vida. Durante el rodaje de Something’s Got to Give, el inexperto Lawrence Schiller de 25 años la captó desnuda en la piscina.

“Tú ya eres famosa, el que se va a hacer famoso soy yo”, le dijo Lawrence mientras hablaban de las fotografías que estaba a punto de hacer.

“No seas tan arrogante”, le respondió burlona Marilyn. 

“Sustituir a un fotógrafo es fácil”.

50 años después del acontecimiento, Schiller revela algunos detalles de esa sesión en Marilyn & Me (TASCHEN), el relato de un encuentro entre una leyenda al borde del precipicio —que se atrevió a posar desnuda en un acto de protesta contra Century Fox— y un joven fotógrafo camino a la fama.

Foto tomada por Cecil Beaton

Su última sesión con Bert Stern

El fotógrafo Bert Stern realizó la última sesión de Marilyn Monroe en el hotel Bel-Air y estas emblemáticas imágenes contribuyeron a perpetuar el mito.

Tres botellas de Dom Pérignon fueron suficientes para acentuar la faceta más sensual de la actriz, quien posó desnuda, apenas cubierta por un foulard transparente.

Pero también absolutamente glamurosa con un elegante vestido noir de Dior.

Cinco semanas después, el mundo despedía a Marilyn Monroe. Y una de sus últimas llamadas sería para el célebre fotógrafo, pero nunca respondió.

“Habría hecho todo lo que hubiera podido por ayudarla”.

 

 

COMENTA ESTA NOTA