Cuando pienso en Sevilla imagino sus balcones cuajados de geranios, los vasos de divino gazpacho, la gente tan simpática, y las callecitas estrechas y llenas de recovecos del barrio de Santa Cruz y la Giralda. Y por eso creo que el que desea conocer una cara de España alegre y preciosa, ¡debe ir a Sevilla en su primer viaje!
Recientemente estuve en Madrid y me pasé en Sevilla un fin de semana, donde para hacerlo todo mejor, me quedé en un bello palacio andaluz: el legendario hotel Alfonso XIII con su estilo moruno, paredes de azulejos, jardines y hasta una piscina donde escapar del calor. Y estar a pasos del corazón de la ciudad es ideal. Esto fue lo que hice con unos amigos:
DIA 1. El tren de alta velocidad AVE de Madrid es una maravilla y nos lleva a Sevilla en poco menos de 3 horas, y pronto estábamos corriendo -mapa y libro de turismo en mano- a la catedral y el barrio de Santa Cruz. Comenzamos visitando la catedral, el Patio de los Naranjos y subimos por rampas al tope de la Torre de la Giralda para disfrutar una vista preciosa de lo que era el barrio judío de la ciudad: el encantador barrio de Santa Cruz, donde no nos perdemos rincones, como el Callejón de la Muerte (¡la calle se llama así!), que guarda la leyenda de Don Juan Tenorio.
Aunque tiene las comodidades modernas, Sevilla tiene "algo" muy suyo y nunca cambia. Es una visión que nos envuelve con su gente, una especie de "ayer-y-hoy" mano a mano con el charme de una ciudad íntima y acogedora. Y como en su parte antigua todas las atracciones turísticas están cerca, es ideal recorrerla a pie o en los románticos coches de caballos.
La catedral es la tercera iglesia en tamaño de toda Europa (solo le sobrepasan la Basílica de San Pedro en el Vaticano y la Catedral de San Pablo en Londres) y la más grande iglesia gótica del mundo. Construida sobre las ruinas de una mezquita musulmana, es famosa por su claustro y su Patio de los Naranjos, en cuya fuente los musulmanes se lavaban las manos y pies antes de entrar a rezar a la mezquita. Y la torre de la Giralda (a la que les aconsejo subir y disfrutar la vista), que es parte de la mezquita original. En la catedral encontramos no solo la tumba de Cristóbal Colón (que ahora se sabe no contiene sus restos, pues están en Santo Domingo), sino el "tesoro" y la famosa Corona de la Virgen de los Reyes, la más valiosa de España. El barrio de Santa Cruz nos alegra el espíritu de tan solo verlo, con sus callecitas estrechas, sus casas blancas con unos preciosos patios interiores y sus balcones con macetas. Está lleno de restaurantes, hotelitos, tiendecitas de recuerdos (¡cerámicas, azulejos y trajes de sevillanas!), plazas por todas partes y cafés. Camina por él mapa en mano y descubre tus rincones favoritos. Así lo hicimos y después nos sentamos en la acera de la calle Mateo Gago, en el sencillo Bar Campanario, a tomarnos dos vasos del gazpacho más exquisito que encontramos en Sevilla. Después cruzamos la calle y almorzamos en el Bar Giralda. Situado en lo que fueran unos baños árabes, comimos unas tapas deliciosas y generosas, incluyendo Berenjenas tapadas, Croquetas de ternera, Chocos (un tipo de calamar) fritos y Bocaditos de camembert rellenos de langostinos, y refrescos.
Esa noche, después de pasar el día caminando por Santa Cruz, donde a cada rato nos sentábamos en una placita (como la bella Plaza de la Alianza y la de Doña Elvira), fuimos en taxi a cenar al comedor formal de Becerrita.
DIA 2. Desayuno en el hotel junto a su precioso patio y visita al palacio del Alcázar. Vale la pena hacer la cola y ver este extraordinario palacio cerca de la catedral. Rodeado de jardines llenos de fuentes, es un edificio del siglo X, construido por los musulmanes durante el período de al-Andalus y después reconstruido por el rey cristiano Pedro I, quien fue llamado Pedro el Cruel o Pedro el Justo, según quien cuente la historia. Es un palacio bello, con una mano de obra moruna extraordinaria, y ha sido por más de 600 años y hasta el día de hoy, una de las "residencias oficiales de los Reyes". Después volvimos a comer tapas en el Bar Giralda y caminamos por un costado de la catedral (y su famosa Puerta del Perdón, que lleva al Patio de los Naranjos), atravesando la Plaza de San Francisco (donde está el impresionante ayuntamiento) a la calle peatonal Sierpes, cuyo tope está cubierto por unos etéreos toldos blancos, que van de edificio a edificio para protegernos del sol. Tiene fabulosas zapaterías y tiendas de accesorios. Te sugiero hacer un pequeño desvío para ver la barroca capilla de San José, y al final de la calle ver la confitería La Campana, que data de 1885, donde nos sentamos a tomar un café con "dulces finos".
Esa noche tomamos copas en el patio del hotel con música y luz de velas, y un taxi para cenar en Santa Cruz, en Doña Elvira (fue la casa donde dicen que nació Doña Inés, el gran amor de Don Juan Tenorio); allí comimos pescaíto frito.
DIA 3. Fuimos en coche de caballos a la bellísima Plaza de España y al Parque de María Luisa, y después en taxi nos fuimos a comprar cerámica a varias fábricas en el barrio de Triana. ¡Encontramos precios fabulosos en Cerámica Santa Ana! Por la tarde volvimos a caminar por Santa Cruz y nos despedimos de los rincones que tanto nos fascinaron.
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