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SALUD

Unidos por los hijos...

AUTOR: G.B. Hernández | FOTOGRAFÍA: GETTY IMAGES | FECHA: 2010-12-01
Bruce Willis siempre ha participado en la vida de las hijas que tuvo con Demi Moore, quien actualmente está casada con Ashton Kutcher. Todos tienen una relación amigable.
Aunque el divorcio haya sido una batalla campal, muchas ex parejas firman la paz por el bienestar y la tranquilidad de sus hijos. ¡Así es como lo hacen!

 

Las chicas lo llaman M.O.D., la sigla de My Other Dad, que significa "mi otro papá". Cuando hay un evento especial, como un cumpleaños o una celebración, M.O.D. y el papá biológico comparten como miembros de una gran familia, y las tensiones y las agresiones no solo brillan por su ausencia, sino que todos se llevan a las mil maravillas. Seguramente ya adivinaste quiénes son los protagonistas de esta hermosa historia: Ashton Kutcher es M.O.D., y Bruce Willis es el papá biológico de Rumer, Tallulah y Scout, las hijas que tuvo en su matrimonio con Demi Moore (divorciada de Willis y en la actualidad casada con Kutcher).

Igualmente, la princesa Estefanía de Mónaco y su ex esposo Daniel Ducruet -quienes tuvieron un divorcio escandaloso, pues a él lo fotografiaron in fraganti con una stripper belga alrededor de una piscina- echan a un lado sus diferencias para estar presentes y participar juntos en la vida de sus hijos Luis y Paulina. Lo mismo hacen Pamela Anderson y su ex esposo, el roquero Tommy Lee. Incluso Charlie Sheen y Denise Richards, los ex esposos más belicosos del medio artístico, actúan civilizadamente delante de sus hijas Sam, de 5 años, y Lola, de 4. Halle Berry, quien tiene una hija, Nahla, de 2 años, con el modelo Gabriel Aubry, declaró después de su separación: "A veces las relaciones no duran para siempre, pero, como padres, Gabriel y yo estaremos unidos eternamente por nuestra hija". La prioridad de estas celebridades es sencilla: mantener una buena relación por el bien de sus hijos.

Lograr esa unión no es fácil. Al menos, no siempre lo es, pues la mayoría de las personas se divorcian porque no se llevan bien como pareja. Si después del divorcio se quedan llenas de rencor, ira, despecho o cualquier otra emoción negativa, la comunicación entre ellas es casi imposible. Y esto afecta a los hijos, quienes muchas veces se sienten atrapados en medio de una violenta guerra emocional entre sus padres. De acuerdo con Philip M. Stahl, Ph.D., autor de Parenting After Divorce (La crianza de los hijos después del divorcio): "Cuando los padres se divorcian, los hijos tienen la esperanza de que se acaben las peleas para poder tener un poco de paz. Ellos solo quieren que sus padres actúen como adultos, los dejen vivir en paz y les permitan quererlos a los dos. Cuando los conflictos se intensifican, los pequeños se quedan con muchas heridas".

Algunas de las heridas más comunes que sufren los hijos de padres divorciados conflictivos:

- Sentimientos de frustración, vulnerabilidad y desilusión. Las dos personas más importantes de sus vidas están en guerra; esto los lleva a sentirse temerosos e inseguros.

- Estrés cuando se culpan por los conflictos entre sus padres. Los niños y los adolescentes deben saber que los problemas entre los adultos son ocasionados por los adultos, no por ellos.

- Angustia por sentirse obligados a "elegir un bando", o a ver a uno de sus padres como totalmente bueno y al otro como totalmente malo. Estos chicos corren un alto riesgo de sufrir una regresión sicológica que los lleva a ver la vida en términos de blanco o negro, en lugar de tener una visión más balanceada y realista de las situaciones y las personas. Como es lógico, esta actitud posiblemente afectará sus relaciones futuras.

- Sentimientos de culpabilidad. Si mamá les habla horrores de papá y viceversa, los chicos llegan a sentirse desleales con uno o con ambos, lo cual crea sentimientos de culpa. Esto ocurre especialmente cuando uno de sus padres les pide que "espíen" al otro.

Todo esto se manifiesta en su comportamiento, ya que los hijos de padres divorciados conflictivos pueden proyectar sus heridas a través de la regresión (mojar la cama, pataletas, etc.), la agresión, el aislamiento o la depresión. Además, pueden sufrir de ansiedad debido a sus preocupaciones, escaparse a través de las fantasías, tener dificultad para expresar afecto y sentir vergüenza ante la situación tan dolorosa que viven. Muchas veces tienen problemas en la escuela, tanto académicos como sociales. Cuando estos niños llegan a la adolescencia, podrían expresar sus sentimientos a través de la rebelión, las drogas, la sexualidad y otros comportamientos destructivos.

HAY QUE CAMBIAR POR LOS HIJOS

Ningún padre quiere dañar a sus hijos. La solución radica en asimilar un patrón de conducta que, pase lo que pase con su ex, le dé prioridad a la tranquilidad y el bienestar de los pequeños.

1. El bien de los hijos debe ser su prioridad. Esto quiere decir olvidar las rencillas del pasado y las guerras sicológicas para "ganarle" a la otra persona. El pasado es un libro que se cierra para siempre. Cuando la persona acepta esta realidad, puede concentrarse en su vida actual y tratar de llenarla de satisfacciones. Esto es algo que los hijos captan.

2. Elegir el estilo de relación que mejor funciona para lograr el bienestar de los hijos. De acuerdo con la doctora Constance Ahrons, existen dos: el primero es cuando los ex esposos se convierten en "padres-amigos", por lo que ambos se comunican fácil y amigablemente, y cooperan el uno con el otro sin grandes conflictos y siempre enfocados en el bienestar de sus hijos. El segundo es cuando los padres se convierten en "colegas cooperadores", que quiere decir que se reúnen para discutir las necesidades de los hijos de una manera muy parecida a como lo hacen los socios en un negocio. Ambos se mantienen flexibles, ponen las necesidades de los pequeños en primer lugar en su lista de prioridades y muestran respeto el uno por el otro.

3. Mantener altos estándares de comportamiento. En otras palabras: no hablar mal del ex esposo delante de los hijos, no usarlos para "castigar" al ex por su conducta, nunca poner a los menores en la posición de tener que escoger entre sus padres, facilitar la relación de los hijos con el ex esposo y bajo ningún concepto pedirles que espíen a uno de sus padres. Cuando deben compartir juntos están vetadas: las indirectas, los reclamos, las peleas y las malas caras. Los adultos deben resolver sus problemas entre ellos, NUNCA delante de los menores.

4. Establecer reglas y límites claros y definidos. Esto evita conflictos que luego se los pueden pasar a los hijos. Quizás la mamá prefiere que toda comunicación con respecto a las actividades de los niños se haga por e-mail; tal vez el papá quiere que ella no lo llame al trabajo, salvo que ocurra una situación de emergencia. Sean cuales sean las reglas, estas deben estipularse con anticipación y, por supuesto, respetarse

5. Buscar ayuda sicológica no solo para los menores, si estos la necesitan, sino también para los adultos. Incluso pueden ir, como ex esposos, con un consejero que los ayude a "navegar" el divorcio de una manera apacible y, sobre todo, respetuosa el uno con el otro y con los hijos.

 

 

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