Dic. 04, 2009
Tom Ford (Austin, Texas, 1961) confiesa que desde niño siempre soñó ser actor. Se trata, como se sabe, del diseñador de moda que en los últimos 15 años ha sido el más mediático, carismático y poderoso, que tiene en su haber, entre otros logros, haber resucitado a Gucci y a Yves Saint Laurent en momentos en que estas dos emblemáticas casas amenazaban con irse a la bancarrota por la misma razón: la pérdida de creatividad que sufrieron al desaparecer de la escena sus fundadores.
Este año, el gran couturier ha incursionado en el cine, no como actor, sino como director de la película A Single Man, que fue presentada en el reciente Festival de Cine de Venecia, donde tuvo una gran aceptación del público y de la crítica.
SUS COMIENZOS
Para Ford, sus sueños infantiles se concretaron un poco durante la adolescencia, cuando por primera vez logró ser enfocado por las cámaras... como modelo de spots publicitarios. "Creo que fui el chico más famoso del país", dice, "anunciando por televisión sopas, barras de chocolate y hamburguesas". Fue una experiencia que lo animó por entonces a tomar clases de actuación en su pueblo natal. No presentía, sin embargo, que su verdadero encuentro con la fama no iba a ocurrir a instancias de su presunto talento interpretativo, sino en otro campo: el del diseño. Una habilidad que descubrió a los 17 años, cuando se trasladó a New York para estudiar Historia del arte.
PRIMEROS PASOS EN LA ALTA COSTURA
En 1988 entró en el mundo de la moda de la mano de Perry Ellis y bajo la dirección creativa de Marc Jacobs, de quienes no solo aprendió su nuevo oficio, sino que recibió estimulantes elogios por sus trabajos, todavía marcados por la timidez del principiante, pero que ya mostraban su inmenso y atrevido talento. Desde esa plataforma y con ese respaldo moral, que fue decisivo para convencerlo de su valía como diseñador, cuatro años después decidió probar suerte en Milán y París, los santuarios mundiales de la alta costura.
Fue a comienzos de los 90 cuando se inició el protagonismo de Tom Ford, cuyo reinado en el mundo del diseño innovador se prolongó a lo largo de esa década. Luego lo contrató Gucci, firma que andaba de capa caída frente a sus competidores tradicionales y a las nuevas estrellas que empezaban a brillar en el firmamento de la moda.
Para la casa italiana, la única opción que le quedaba era darle la oportunidad de ensayar a todos los jóvenes diseñadores que se lo propusieran, a la espera de que apareciera, como por un milagro, la figura capaz de recuperar su prestigio creativo e innovador. "Cuando llegué a Gucci", cuenta Ford, "la firma estaba en bancarrota, pero pude crear exactamente lo que quería, empezando de cero, y realizar todos mis sueños como modisto. En el contrato se me prohibía salir a la pasarela al concluir el desfile, pero los insistentes aplausos del público me obligaron finalmente a hacer acto de presencia y saludar".
Posteriormente, ya nombrado director general, tuvo bajo su responsabilidad la concepción del diseño de todos los productos de la marca, desde la ropa hasta los perfumes, además de la imagen de la compañía, su publicidad y el diseño de sus tiendas. En poco tiempo Gucci recobró el éxito, el esplendor y su poderío económico. Hoy, la compañía está valorada en 4,300 millones de dólares.
ENFRENTA UN NUEVO RETO
Cuando Gucci adquirió en 1999 la casa Yves Saint Laurent, Ford fue nombrado director creativo de esa firma, que atravesaba una situación similar a la que había tenido Gucci. Allí el diseñador texano repitió la hazaña. Tenía más que ganado el título de "chico de oro de la moda".
Después de cumplir esa segunda misión, renunció a Gucci e YSL en el 2004, y regresó a New York, donde abrió su propia firma y, junto con Estée Lauder, creó su propia línea de cosméticos. "No podía", explica, "seguir haciendo 16 colecciones al año, pues es imposible inspirarse en cada una de ellas. A una amiga -Amy Spindler- le debo el valor que me trasmitió para cambiar de vida".
DIRECTOR DE CINE
Su cambio fue más bien de escenario: el cine, un campo en el que empezó como director de la película A Single Man, que narra la historia -basada en un libro de Christopher Isherwood- de un profesor de Los Angeles que pierde a su novio en un accidente. Su duelo y sus deseos de morir son contados en un día de su vida.
El jurado del Festival de Cine de Venecia le otorgó el León Gay del 2009, "por la perfección formal con la que se cuenta la historia". Pero el director hizo hincapié en que la película no es gay. "Es una historia romántica sobre un hombre que ha perdido el amor, independientemente de su orientación sexual. Este hombre cree que está en el último día de su vida, pues ha planeado su suicidio...".
Ford tuvo una gran acogida de parte de la crítica -posiblemente también la tendrá en la taquilla- y esto lo ha animado a emprender más proyectos cinematográficos. Nada de raro tendría que en alguna de sus próximas películas nos sorprenda como protagonista del reparto, pues ser actor para él es una asignatura pendiente. Claro que no dejará el diseño de moda, que le brinda el apoyo económico para sus producciones. No reniega de su pasado ni de la moda, aunque, como declaró en Venecia: "La moda es efímera, con un aspecto comercial muy marcado, mientras que el cine es una expresión artística con la cual no pretendo ganar dinero, sino comunicar algo".
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