REALEZA
Todo por el trono
Jun. 24, 2009
Desde Londres hasta Manaus, en pleno Amazonas brasileño, podemos ver cómo el príncipe Carlos de Inglaterra intenta incorporarse a actividades totalmente ajenas a las suyas. Es evidente que el futuro soberano británico no se siente del todo a sus anchas cuando le están pintando una mano de azul, pero lo permite. Y es que el príncipe de Gales se adapta a todo y se ve encantado de acoger diversas expresiones culturales, como tocar un instrumento de percusión autóctono del Amazonas o vestir ropa de Pakistán. En su reciente visita a Brasil, donde fue nombrado "Amigo de los bosques" por su compromiso con el ambiente, Carlos -impecablemente vestido, como siempre- bailó con unas muchachas de la comunidad maguari, que él considera el ejemplo perfecto de la gente que no destruye la selva.




















