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Las dos caras de Máxima de Holanda

AUTOR: Mari Rodríguez Ichaso | FOTOGRAFÍA: Vanidades | FECHA: 2009-07-08

Una biografía no autorizada revela a la mujer que nunca escondió sus ambiciones.

Jul. 08, 2009 

 

Es la siempre sonriente argentina Máxima Zorreguieta diferente a la imagen pública que conocemos desde que saltó a la fama como la princesa Máxima de Holanda? Después de la reciente publicación en Buenos Aires y en Europa de una intesantísima biografía no autorizada, titulada Máxima, una historia real, de los escritores argentinos Gonzalo Alvarez Guerrero y Soledad Ferrari, se ha creado un gran revuelo. Según algunos críticos en Holanda, "la nueva biografía de Máxima es un festival de errores, no de hechos"; en la casa real holandesa afirman que el libro tiene "más de 50 errores" y acusan a los autores de "inventar conversaciones" y de no hacer una traducción correcta de lo que les dijeron otras personas. Por su parte, los periodistas dicen que el libro no es especialmente crítico, sino una visión distinta y más realista de la Princesa y de sus años de niñez y juventud en Argentina. ¿Verdades o mentiras? ¿Exageración o realidad?

 

El comunicado de prensa del libro explica que "la Máxima de este libro no es la de las revistas. No es la joven aristócrata y moderna, ni la jinete intrépida y aventurera, ni la economista brillante que nos cuenta la versión oficial de la Corona. Aquí encontrará a la verdadera Máxima: la que luchó toda su vida contra la balanza y nunca escondió sus ambiciones. La que, bajo la tutela de su suegra, la Soberana, aprendió a lucir sus virtudes y a esconder su pasado". El comunicado también añade que Máxima es "la moderna protagonista de una increíble historia de amor, donde no faltan intrigas palaciegas, traiciones, renuncias, sacrificios y una descarnada lucha por el poder".

 

Un poco dramático, ¿no les parece? Pero sea como sea, es un tema superinteresante, porque Máxima proyecta una imagen fabulosa como latinoamericana moderna y guapa -que nos está dejando quedar muy bien en Europa- y como esposa enamorada, que al parecer vive muy feliz con sus tres hijas y su marido, aunque tenga a su alrededor las exigencias del protocolo. Y su vida no debe ser fácil, al ser la esposa del príncipe Guillermo Alejandro, heredero del trono holandés y futura reina de un país con una larga y extraordinaria historia.

 

Lo más interesante del libro es algo que ya me habían comentado otras personas: que Máxima no era una niña rica que creció rodeada de dinero y de privilegios en Buenos Aires, sino una chica perteneciente a una familia educada, pero de la clase media argentina, que vivían en un departamento promedio y no tenían lujos ni excesos. Una chica que gracias a grandes esfuerzos de sus padres tuvo "una educación de elite", además de encontrar buenas oportunidades y buenas conexiones familiares que la ayudaron. Pero no era la heredera de la fortuna de una gran familia que muchas veces se ha querido proyectar. Como Máxima hay millones de latinoamericanas bien educadas de la clase media o media alta, que han sabido convertirse en profesionales y trabajan para compañías financieras o empresas internacionales fuera de sus países de origen. Y en el caso de ella, añadimos que después de salir de Buenos Aires y de comenzar a trabajar y a viajar, tuvo la suerte de conocer a un verdadero "príncipe azul" que se enamoró perdidamente de ella... ¡y el resto es historia! 

 

Aunque el libro supuestamente confunde fechas, palacios y personas, tiene información que confirma lo que todos sabemos: que la chica conquistó a su suegra, la reina Beatriz, desde el comienzo -aunque esta mandó a hacer una investigación a fondo de la familia de Máxima- y que hoy día ha conquistado al mundo con su sonrisa y su disposición espontánea y alegre, siendo la mujer más popular de Holanda.

 

Según los periodistas, la corona holandesa siempre ha querido "trasmitir una historia de Máxima que es impenetrable, con una imagen muy perfecta de ella, sin ningún problema, ni pasado, ni ningún novio anterior a su relación con el príncipe Guillermo Alejandro", pero quizás esto es lógico, porque fíjense que la casa real española ha hecho lo mismo con la vida de Letizia Ortiz, la que incluso era divorciada y de ello ya no se habla una palabra.

 

Dicen que desde pequeñita, Máxima era una niña rubia, de carita redonda y un poco gordita (es bien sabido que hasta el día de hoy le preocupa su tendencia a engordar y vigila mucho su peso), que adoraba los deportes y siempre estaba contenta. Sobre los rumores de que era ambiciosa y soñaba con grandes cosas, ¿qué chica no ha tenido esos sueños? Aunque vivamos en el siglo XXI, no hay duda de que las mujeres adoramos soñar, y en el caso de Máxima fue su amiga de la infancia Cynthia Kaufmann, quien contactó al príncipe Guillermo Alejandro, le habló de ella y le mandó fotos por email. Cynthia lo había conocido en el maratón de New York y el Príncipe quedó fascinado con las fotos de Máxima que le mandó la casamentera amiga. Poco después, pudo conocer a la guapa argentina cuando viajó especialmente para ello a la Feria de Sevilla de 1999.

 

Dicen que Máxima estaba bailando sola, vestida de sevillana, con traje de volantes y cantando (bastante desafinada por cierto) en una de las casetas de la Feria a la que había viajado con Cynthia, y que el Príncipe se sintió atraído hacia ella tan pronto la vio en persona. Máxima, por su parte, no podía creer que aquel joven pelirrojo y pecoso, con guardaespaldas (a ella siempre le habían gustado los morenos) era el príncipe heredero de Holanda, y hay quien afirma que no le impresionó mucho conocerlo, porque era gordito, bailaba muy mal (supuestamente ella le dijo muerta de risa que era "de madera"), y porque al parecer él fue muy agresivo al mostrarle su admiración y lo mucho que ella le gustaba. Pero es que así es como a veces funcionan mejor las cosas, porque los hombres adoran los desafíos y aquella argentina que sabía divertirse sola y no parecía muy impresionada por él fue un reto para el Príncipe, quien acababa de romper una relación con otra chica.

 

Otra anécdota que han contado del primer encuentro en la caseta de la Feria es que Máxima comenzó a fotografiar al cantante Miguel Bosé, quien estaba allí, y tropezó con el Príncipe, cuya identidad aún desconocía, y ese momento les hizo comenzar a conversar y comprobar que tenían en común un buen sentido del humor.

 

La pareja se volvió a encontrar a las dos semanas en New York, donde Máxima trabajaba para Deutsche Bank -y a donde Guillermo Alejandro comenzó a volar a menudo- y poco a poco se fueron conociendo. Máxima estaba terminando o había terminado (hay versiones diferentes sobre esto) con su novio Dieter Zimmermann (quien después dijo a la prensa que la chica lo había engañado) y Guillermo Alejandro no paraba de llamarla (en su celular aparecía el nombre Alex cuando entraba su llamada desde Holanda) y de tratar de conquistarla a toda costa.

 

A Máxima, según relatos que han hecho personas que la conocieron en New York, "Guillermo Alejandro no le gustaba mucho al principio, le parecía que se vestía muy poco cool y que era muy ingenuo en algunas cosas, pero poco a poco iba entrando en su corazón y le gustaban sus atenciones".

 

Así fue que supuestamente nació en ella el amor por el royal pelirrojo, quien le decía continuamente "a mi mamá le vas a encantar", lo que a Máxima le asustaba un poco, porque no estaba segura de que la idea de convertirse en miembro de la realeza era exactamente lo que quería para el resto de su vida. Pero -según el comunicado del libro- "con su arma más eficiente, la sonrisa que la hizo famosa, y explotando su espontaneidad hasta el límite que permite el protocolo, Máxima logró enamorar al príncipe Guillermo Alejandro y cautivar a la reina Beatriz", a quien, por cierto, Máxima llama "Trix", tal como su suegra se lo ha pedido.

 

Después de aquellos comienzos, cuando la relación se fue cimentando, en el año 2000 Máxima se mudó a Bruselas -donde siguió trabajando para el Deutsche Bank- para estar más cerca de su enamorado y comenzar a recibir un arduo entrenamiento tanto en el idioma holandés, como en la cultura y la historia de Holanda y de la familia Orange-Nassau, a la que pertenecería. Fue una época difícil y de mucho estrés, en que debía ser discreta y mantener la relación muy privada; pero cuando salió una foto de Guillermo Alejandro con su ex novia Emily Bremers en una revista, Máxima explotó, se puso furiosa y se marchó a Argentina con su familia. Rápidamente, el Príncipe fue a buscarla y le propuso matrimonio formalmente, con una bella sortija de diamantes de color naranja. La vida amorosa del Príncipe hasta entonces había incluido a la peruana Josefina Laraburre, además de a la heredera Paulette Schröder; la guapa modelo de Victoria's Secret Frederique van der Wal, Ivonne van Gennip, y la estudiante Emily Bremers.

 

El compromiso oficial se anunció en marzo de 2001, y Máxima Zorreguieta habló en perfecto holandés en la trasmisión televisada del evento. Un dato curioso según el libro: "Que de los 1,700 invitados a la boda, solo 54 provenían de su círculo social: sus hermanos y sus íntimas amigas del Northlands o de la Universidad Católica". ¡Un poco triste!

 

Pero una cosa es cierta: Máxima hoy en día es muy feliz como princesa de Holanda, está enamorada de su marido y adora a sus tres hijas: Catharina-Amalia, Alexia y Ariane. Ella tiene una fuerte autoestima y no permite ni un milímetro de lo que no le parece correcto. También, según los rumores, tiene sus días en que el protocolo la deprime mucho y la lleva a las lágrimas. Es que ya pasó bastante la pobre chica el día de su boda, cuando vestida de Valentino (con un modelo que se dice no le gustaba y lo había elegido su suegra) lloró mucho, porque para evitar problemas con la Casa Real, y debido al pasado político de su padre, ni este ni su madre fueron a la boda real y vieron la ceremonia por televisión desde Londres. ¡Aquello fue un terrible golpe para ella! Porque Máxima Zorreguieta Cerruti -nacida el 17 de mayo de 1971 en Buenos Aires- siempre ha estado muy unida a su familia de orígenes vascos, argentinos e italianos. 

 

Hija de Jorge Horacio Zorreguieta -un agricultor y político, que fuera subsecretario de Agricultura en el gobierno militar de Jorge Videla- y de su segunda esposa María del Carmen Cerruti Carricart, Máxima tiene dos hermanos y una hermana del matrimonio de sus padres y tres medio hermanas del primer matrimonio de Jorge Zorreguieta. Después de ser muy bien educada en el carísimo colegio Northlands, donde de pequeña la llamaban "la holandesita", por rubia y gordita, y porque le gustaba participar en las fiestas escolares ¡vestida de holandesa!, Máxima (quien se dice también trabajó dando clases de inglés) se graduó de Economía en 1995 en la Universidad Católica Argentina, convirtiéndose en banquera de inversiones (el codiciado trabajo de investment banker, que muchos jóvenes ambicionan) y se marchó a New York en 1996, donde trabajó hasta 1998 en el banco HSBC, como vicepresidenta de Ventas para Latinoamérica. De allí pasó al Deutsche Bank y poco a poco se abrieron sus horizontes; conoció a jóvenes de todas partes del mundo y experimentó un mundo mucho más sofisticado e internacional. ¡Fue mucho lo que cambió la vida de Máxima en 1999, en la Feria de Sevilla! En 2002 se convirtió en princesa de los Países Bajos, princesa de Orange-Nassau y señora de Van Amsberg, y en la primera futura reina argentina de la historia.  

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