Ago. 18, 2009
Este año, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, de 88 años de edad, ha batido el record como príncipe consorte: cumplió 57 años como el "casi rey" del país, al ser esposo de la reina Isabel de Inglaterra.
Felipe, un royal de origen griego-alemán-danés-inglés, de gran abolengo, llegó a Inglaterra empobrecido, sin país y hasta sin casa donde vivir. Con su buen tipo y gran sonrisa logró enamorar a una jovencísima princesa Isabel, heredera del trono inglés, con quien contrajo matrimonio en noviembre de 1947.
Dicen que Felipe -del que Isabel sigue enamorada como una colegiala 61 años después de su matrimonio- supo cuando se casó con la Princesa que llegaría el día en que ella ascendería al trono y él tendría que convertirse en su sombra, caminando siempre un par de pasos detrás de su mujer y ocupando un lugar insignificante en el poder y el curso del país.
Al asumir esa situación sin el menor problema, Felipe mostró su conocimiento sobre la monarquía, y esto lo llevó a ser feliz en su rol de consorte de la Reina. Nunca ha sufrido humillaciones por querer mandar donde no tiene poder, aunque su afición por cuidar el medio ambiente hace que la Reina apoye sus ideas a veces un tanto alocadas. Dentro de la familia su influencia ha sido fuerte y muy respetada por Isabel II, quien siempre se ha empeñado en que el hombre de la casa es su marido.
La Reina, de 83 años, nunca ha permitido que se le falte ni una milésima de respeto a su marido, y por eso mismo sus devaneos y posibles affairs han sido tratados siempre con guantes de seda. Los ingleses quieren genuinamente a su Soberana, y dicen que el príncipe Felipe ha sido más respetado por la prensa de lo que se merece, porque no sólo es conocido por decir cosas "políticamente incorrectas" (algunas rallando en el racismo), sino por los comentarios sobre sus supuestos affairs a lo largo de estos años de matrimonio, de los que se ha hablado con bastante indiscreción.
Felipe siempre ha sido un hombre muy guapo y desde muy joven sus amores han sido comentados "en voz baja, mientras la Reina se hace de la vista gorda y mira hacia el otro lado". Una de sus posibles amantes fue la estrella de cabaret Hélène Cordet, madre de uno de sus ahijados. Cuando ella quedó embarazada de soltera, Felipe se hizo cargo de la educación de su hijo Max, quien siempre se ha sentido molesto por el rumor de que él era su padre, y lo ha negado. Aun así, la relación con Hélène perduró y llegó a ser presentada a la Reina... y fueron muy conocidas sus visitas a Felipe en el palacio de Buckingham.
Pat Kirkwood, otra de las supuestas amantes de Felipe, fue gran estrella del teatro londinense, y murió recientemente enferma de Alzheimer, en un asilo de ancianos, sin que el Príncipe se comunicara con ella. Muchos recuerdan cuando un mes antes del nacimiento de su hijo, el príncipe Carlos, el duque de Edimburgo dejó a Londres paralizado al llegar al elegante restaurante Les Ambassadeurs, llevando de su brazo a la bella Pat.
La mujer que más ha durado en la vida de Felipe es Sasha, duquesa de Abercorn, quien abiertamente ha dicho que "durante 20 años, el príncipe Felipe de Edimburgo y ella han mantenido una apasionada amistad, aunque nunca hemos ido a la cama". Otra es Penny Romsey, una elegante rubia de 53 años, quien supuestamente ha viajado con él. Y una amiga-confidente que el Príncipe sencillamente adora es la princesa Alexandra de Kent, quien es prima de la reina Isabel. Ella mantiene una profunda amistad con el príncipe consorte, que tanto la Reina, como el marido de la Princesa y el resto de la Familia Real aceptan de mil amores.
Otro consorte "casi rey" de los dos que existen en este momento es el príncipe Henrik de Laborde de Montpezat, el aristócrata y diplomático francés, hijo del conde de Montpezat, quien ya lleva 42 años ejerciendo como esposo de la reina Margarita II.
Henrik es un bon vivant de altura, que adora los vinos que fabrica en sus viñedos de Caïx, Francia, y cada vez que puede, junto a su esposa, con quien parece llevarse muy bien, se da "un saltito" al castillo que allí posee. Los rumores de que la reina Margarita va a renunciar al trono y planea pasar más tiempo en Francia junto a su marido llevan circulando desde hace varios años, pero Henrik, quien es muy intelectual, adora la música, toca el piano y ha escrito varios libros, se ha tomado muy en serio su papel de príncipe consorte de la Reina, aprendiendo el danés a la perfección y encabezando más de 70 organizaciones de caridad, incluyendo la presidencia de la Cruz Roja danesa. Una vez incluso dijo que su "mayor deseo es ser el mejor súbdito de Su Majestad y el mejor consorte posible", lo que justifica el gran enfado que tuvo cuando su esposa no pudo presidir un acto público y, sin darle explicaciones, envió a su hijo, el príncipe heredero Federico, eliminando a su esposo, quien ya estaba vestido con su uniforme de gala y el sable que nunca le falta.
Es que el muy orgulloso Henrik se considera realmente el "casi rey" y, de pronto, a medida que sus hijos van tomando más relevancia en la corte, ha tenido que adaptarse a la realidad de que no lo es. Dicen que el enfado que sufrió fue tan grande, que se fue a su viñedo de Caïx, adonde la Reina y sus dos hijos, los príncipes Federico y Joaquín, tuvieron que ir a verlo para pedirle excusas y traerlo de nuevo a casa.
Otro famoso "casi rey" que falleció hace casi siete años y desempeñó su papel de consorte con mucho orgullo fue el aristócrata de origen alemán conde Claus van Amsberg, quien se convirtió en el príncipe Claus de Holanda, consorte de la reina Beatriz, un hombre con problemas de salud mental, que continuamente caía en grandes depresiones y necesitaba el apoyo de su mujer y su familia. Claus, quien siempre quiso establecer una política de ayuda a países pobres e intervenir en programas sociales de Holanda, también tenía que luchar contra las acusaciones de supuestamente haber sido nazi, miembro de la juventud de Hitler en su nativa Alemania, parte del ejército de Hitler y prisionero de guerra de los Aliados al terminar la Segunda Guerra Mundial.
La reina Beatriz siempre apoyó mucho a su marido, del que estaba muy enamorada, y trató de que no se sintiera como "un cero a la izquierda" en un país donde los soberanos, aunque inmensamente ricos, no mandan y es una monarquía más decorativa que otra cosa.
El próximo que será príncipe consorte en una de las dinastías europeas es Daniel Westling, de 35 años, quien en el 2010 se casará con la princesa heredera Victoria de Suecia. Daniel, cuya salud preocupó recientemente a todos porque tuvo que recibir un transplante de riñón de su propio padre (Victoria estaba cumpliendo deberes reales en una visita a Groenlandia y no pudo estar al lado de su novio), es ciento por ciento plebeyo y viene de una familia humilde. Victoria ha tenido que luchar a brazo partido durante muchos años para que sus padres, los reyes de Suecia Silvia y Carlos Gustavo, lo aceptaran. Lograrlo fue una labor monumental, porque ni la reina Silvia (brasileña-alemana y de origen plebeyo) ni el rey Carlos Gustavo (cuya dinastía Bernadotte tiene orígenes ciento por ciento plebeyos en Francia, pues fue creada a mediados de los años 1800) querían oír hablar de Daniel y menos como posible esposo de la princesa heredera.
En el caso de Daniel, quien se ha convertido en un hombre de negocios y ahora tiene una pequeña cadena de tres gimnasios (en su primer gimnasio en Estocolmo fue donde la Princesa y él se conocieron hace 8 años), todos esperan que se adapte bien a su rol de príncipe consorte, porque hasta ahora ha aceptado sin protestar que la Familia Real, por años, lo hubiera ignorado y prácticamente despreciado.
Para Daniel y Victoria ya todo está superado, pues en febrero de este año se comprometieron con la aprobación de los Reyes. Victoria está feliz, y el 19 de junio de 2010 el mundo tendrá un nuevo "casi rey". Estamos seguros de que la esperada boda acaparará la atención de la prensa a nivel mundial.
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