Sep. 02, 2009
¿Qué es más humillante: no llegar a ocupar un trono que parece estar al alcance de la mano -como podría ser el caso de Kate Middleton si no se casa con el príncipe William de Inglaterra- o perderlo después de tener sus privilegios?
Para muchas mujeres famosas, como Farah Diba de Irán, Ana María de Grecia, o la propia Noor de Jordania, lo segundo ha sido su destino, y es interesante ver cómo han enfrentado la pérdida de sus títulos, sus coronas y sus palacios.
Recientemente vi un documental fascinante titulado La reina y yo (The Queen and I), hecho por la joven cineasta iraní exiliada Nahid Persson Sarvestani, que exploró con minucioso detalle, durante año y medio, la vida de la ex emperatriz Farah Diba en su apartamento de París y en su casa de las afueras de Washington DC. Quedé muy impresionada con la elegancia natural y conformidad que ha tenido Farah -ahora de 70 años, y todavía guapa y muy chic- al adaptarse a una vida nueva, muy lejos del lujo paradisíaco de la corte de Teherán y su suntuosa existencia junto al sha Mohammad Reza Pahlevi, antes de la revolución radical que los echó del trono de Irán en 1979. En el documental, que fue exhibido en el último Festival de Cine de Sundance, vemos a Farah -que aunque sigue viviendo con gran comodidad, su estilo de vida es una fracción de lo que fue el anterior- haciéndose un café en su cocina de París, en un mercado en Washington DC comprando especias persas, o sentada en un café parisino, sin guardaespaldas ni nadie que la proteja, y sin importarle las miradas de los que la reconocían.
No hay duda de que Farah, quien era una joven estudiante de arquitectura de solo 21 años cuando se casó con el Sha, y quien llevó el titulo de Shahbanou o Emperatriz a partir de la suntuosa coronación como emperadores en 1967, es un ejemplo de quien ha perdido el trono y todo tipo de concesiones, y ha sabido rehacer su vida con gran dignidad, dedicada a sus hijos y a sus asociaciones de caridad que ayudan a los iraníes en el exilio. La trágica muerte en el 2001 de su bella hija Leila, de 31 años, marcó para siempre la vida de Farah. Ella tiene un sitio web donde su vida pasada y presente están relatadas día a día. ¿Algo muy curioso? Farah Diba ha confesado que al ser expulsada de Irán dejó atrás todas sus joyas, incluyendo las que eran suyas antes de casarse, y se llevó su vida entera "en una sola maleta".
Como contraste a esta vida, recuerdo a la bella princesa Soraya, la esposa anterior del Sha, a quien Farah sustituyó cuando el Soberano se divorció de ella por no poder tener hijos que heredaran el trono. A Soraya la conocí en una cena en la embajada americana en París, y me impresionaron su cara y su actitud de absoluto tedio y tristeza, con aquellos enormes ojos verdes, siempre misteriosos y melancólicos, mientras bebía copa tras copa de vino, sin hablar mucho durante la noche. Cuando en 1958 Soraya Esfandiary -quien había conocido al Sha cuando era estudiante en un internado suizo, con solo 16 años- perdió el trono por infértil, tenía apenas 25 años, y a pesar de que se decía que su marido, el sha de Irán, la amaba desesperadamente y ella le correspondía de igual forma, fue echada de la corte sin muchas ceremonias, de una manera muy cruel, aunque se trató de darle al hecho un tono civilizado. El mundo lloró por ella, siendo una de las primeras historias de amor que la prensa internacional cubrió con todo detalle y por largo tiempo.
Al casarse con sólo 18 años, Soraya se había convertido en la reina consorte o Malake y segunda esposa del Sha, y cuando perdió el trono sufrió tanto, que se fue a vivir a Alemania (su madre era alemana-rusa y su padre iraní) y después a París, aunque el Sha trató de retenerla en Irán a toda costa. Los chismosos decían que Mohammad Reza Pahlevi deseaba que Soraya continuara siendo su amante, porque incluso lloró cuando anunció al pueblo iraní su decisión de divorciarse de ella, aunque ya buscaba una nueva esposa y un posible príncipe heredero; pero la chica -quien oficialmente siguió siendo por órdenes de su ex marido, Su Alteza Imperial, la princesa Soraya de Irán- incluso se negó a firmar que estaba de acuerdo con que su esposo se volviera a casar, aunque con el tiempo obedeció al Sha, haciendo "un sacrificio por el bien del país". Soraya recibía dinero que él le pasaba mensualmente, hasta que los revolucionarios sacaron a la familia Pahlevi del trono en 1979, y al morir el Sha en 1980, en El Cairo, Egipto, ella perdió toda ayuda económica. Esto demostró que el empeño del Sha de tener un heredero varón para el país fue en vano, y el divorcio del amor de su vida fue un sacrificio inútil.
La princesa Soraya pasó el resto de su vida entre París, Roma y Marbella, llevando una vida frívola, yendo de fiesta en fiesta, fracasando en su intento de ser actriz de cine y siempre con una nube de tristeza a su alrededor. Cuando Franco Indovina, el director de cine italiano con quien tuvo una larga relación amorosa, murió en un accidente de aviación, Soraya dijo: "La tragedia me persigue", y nunca más se le conoció otro amor. La Princesa murió en su apartamento de París en el año 2001 a los 69 años, de causas naturales que nunca han sido dadas a conocer, aunque se rumoró que había sido un suicidio o una sobredosis accidental de pastillas para dormir. Una semana más tarde también moría inesperadamente su único hermano, quien al saber de la muerte de Soraya había dicho: "Ya no me queda nadie con quien poder hablar". Su tumba en Munich, Alemania, junto a la de sus padres, ha sido profanada varias veces por islamistas radicales con el cruel grafiti: "De los 25 a los 69 años sin trabajar" .
La reina Noor de Jordania, al convertirse en viuda del rey Hussein, es otra royal famosa que ha sabido dejar el foro de su anterior vida, donde ahora los grandes protagonistas son su hijastro, el rey Abdalá, y su esposa, la reina Rania. Muy correctamente ha empezado una nueva existencia llena de trabajo, dirigiendo la Fundación Noor Al-Hussein y escribiendo libros y memorias, aunque muy unida al mundo de la política internacional, donde se mueve como un pez en el agua. La estadounidense Lisa Halaby, conocida después de su matrimonio en 1978 como la reina Noor de Jordania (su padre era de origen sirio y su madre de origen inglés y sueco), vivió una verdadera historia de amor al convertirse en la cuarta esposa del rey Hussein, con quien tuvo cuatro hijos y un matrimonio feliz, que la convirtió en Noor Al-Hussein (que significa "la luz de Hussein"), una reina muy querida, que hizo mucho por su país de adopción, en especial por mejorar los derechos y el estilo de vida de las mujeres jordanas.
Al morir su marido en 1999 y heredar el trono su hijastro Abdalá, el hijo mayor de Hussein, Noor quedó como la Reina Madre, y aparentemente todo estaba muy bien, pero enseguida se comentó que la nueva reina Rania no deseaba la competencia de su bella e inteligente casi-suegra, y que Abdalá quería que su madre (la inglesa Antoinette "Toni" Gardiner, segunda esposa de Hussein y conocida desde entonces como Su Alteza Real la princesa Muna Al-Hussein) tuviera más relevancia real y estuviera en todas las actividades de la corte, ya que había desaparecido de la misma al casarse Hussein de nuevo.
Dicen que a Noor esto no le hizo mucha gracia, y también que ella resintió el hecho de que su hijo mayor, el príncipe Hamzah, quien había sido por varios años el príncipe heredero de la corona, perdiera el derecho al trono -fue eliminado totalmente al nombrar Abdalá a su hijo mayor como su heredero-. Muchos piensan que los rollos de la corona deben haberle hecho comprender a Noor que su vida sería mucho más feliz lejos de tantas intrigas reales, y se fue a vivir a los Estados Unidos. Ella sigue llevando oficialmente el título de Su Majestad, reina Noor de Jordania, y su vida es muy cómoda, aunque nunca tan lujosa y poderosa como la que tuvo en Jordania por 21 años. Por cierto tiempo se ha rumorado que Noor mantiene una estrecha amistad con el poderoso millonario mexicano Carlos Slim Helú, con quien comparte raíces étnicas, el hecho de que ambos son viudos y un enorme interés en labores filantrópicas a nivel internacional.
¿Y qué decir de la princesa Muna, quien a los 20 años dejó de ser Toni Gardiner, una sencilla chica inglesa, para convertirse en reina? Pues que por uno de esos giros del destino, y gracias a lo mucho que la adora su hijo, el rey Abdalá, la han vuelto a llevar al corazón de una corte donde reinara por 10 años, desde su matrimonio con Hussein en 1961, con quien tuvo cuatro hijos, hasta su divorcio en 1971, cuando el muy enamorado Hussein quiso casarse con la reina Alia (quien murió después en un accidente aéreo).
La reina Ana María de Grecia, quien en agosto cumple 63 años, es la esposa del ex rey Constantino de Grecia y princesa danesa por derecho propio, además de ser cuñada de la reina Sofía de España y hermana de la reina Margarita de Dinamarca. Ana María es otra reina que por razones políticas perdió su trono en 1967, y desde entonces vive en el exilio.
Según rumores que siempre han existido, la ex familia real de Grecia ha estado pasando muchos problemas económicos para mantener un estilo de vida al que todos estaban acostumbrados, por lo que ha tenido que recibir ayuda financiera de la nobleza europea. Ana María, quien era la princesa Ana María Dagmar Ingrid de Dinamarca, al casarse muy enamorada con el joven Constantino de Grecia, pasó a ser en 1964 la reina Ana María de Grecia, aunque ha vivido desde 1967 entre Roma y Londres, llevando una vida bastante discreta. Según los chismosos, se comenta que desde que su hijo, el príncipe heredero Pablo, se casara con la millonaria heredera Marie-Chantal Miller (hoy en día llamada princesa de Grecia y una mujer feliz con cinco principitos), la fortuna de los Miller ha ayudado mucho a mejorar el estilo de vida de los ex Reyes.
En 2002, ellos establecieron una fundación en la que trabaja mucho Ana María, y llevan sus títulos como cortesía de la nobleza, porque desde 1975, en Grecia los gobernantes anularon los títulos y derechos reales de la familia. Muchos griegos dicen que debía ser llamada Ana María Glücksburg (apellido de su dinastía danesa), pero en muchas cortes europeas respetan su título real y su pasaporte danés.
Tanto Ana María como su marido Constantino -quien nunca ha abdicado al trono- y su cuñada, la reina Sofía de España, han regresado a Grecia muchas veces, un país donde han sido recibidos con cariño y cordialidad.
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