La maldición de los Grimaldi El vaticinio que una gitana hiciera a Rainiero hasta ahora se ha cumplido.
El príncipe Rainiero y la princesa Grace de Mónaco. Ella sufrió mucho por el carácter frío del Príncipe.
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Autor: Mari Rodríguez Ichaso

Nov. 19, 2009 

 

Todo sale a relucir por lo que está sucediendo en Mónaco con el matrimonio de la princesa Carolina y el príncipe alemán Ernesto de Hannover. A ellos se les podía aplicar la frase: "¡Y se veían tan felices!"... hasta que salió publicado en una revista que Carolina "había vuelto a casa" y se había instalado en su ciudad natal junto a su hija, la pequeña Alexandra, de 10 años, a quien ha matriculado en una escuela del Principado.

 

Desde entonces los rumores sobre un rompimiento con el muy problemático Ernesto comenzaron a rodar, aunque el departamento de prensa de Mónaco ha emitido un comunicado negando que exista separación o divorcio a la vista. Lo cierto es que la pareja ha pasado todo el verano cada uno por su lado, y ni siquiera se les ha visto en el tradicional Baile de la Rosa ni surcando el Mediterráneo en el lujoso yate Pacha III.   

 

Ernesto pasó el verano compartiendo momentos muy especiales con una gran "amiga" suya y de Carolina: nada menos que Maryam Sachs, quien lleva 24 años casada con Rolf Sachs (hijo del playboy millonario Günter Sachs, ex esposo de Brigitte Bardot), y es tan amiga de Carolina y Ernesto que es la madrina de su hija Alexandra.

 

Supuestamente, la "traición" de su marido con una íntima amiga es imperdonable para Carolina -quien por años le ha perdonado muchas locuras- y por eso quiso poner distancia de por medio, aunque no se sabe si esta situación llevará a un divorcio. Según lo publicado: "Maryam y Ernesto no mantienen misterio alguno sobre su cercanía y complicidad", y Carolina "está herida en el amor y en la amistad".

 

Carolina de Mónaco sufre a causa de un triángulo amoroso

 

Por eso la Princesa está de nuevo representando a los Grimaldi en Mónaco, y muchos comentan que como Alberto no acaba de casarse, ni tiene hijos legítimos, ella ha comenzado a entrenar a su hijo Andrea Casiraghi por si llega a tomar las riendas como heredero del Principado. Carolina también mantiene una relación cordial con Charlene Wittstock, de quien nadie sabe si será la "novia eterna" de Alberto o si algún día se convertirá en princesa. Y mientras Ernesto continúa en la casa de los Hannover en Fontainebleau, en las afueras de París, la hija mayor de Rainiero ha recuperado su casa y su autoridad en Mónaco.

 

¿Y en qué consiste exactamente esa famosa maldición de los Grimaldi? Una leyenda cuenta que en el siglo XIX, el príncipe Rainiero I, quien vivía en Mónaco, dejó plantada a una amante que era gitana y esta le lanzó una maldición: "¡Ningún Grimaldi hallará la felicidad en el matrimonio!". Y así ha sido. A través de los años, la vida amorosa de los Grimaldi ha sido un desastre, y varias tragedias han truncado matrimonios que parecían ser muy felices.

 

LOS COMIENZOS

Ya a comienzos del siglo XX, la princesa Carlota, mamá del príncipe Rainiero III, nacida en Argelia de la relación de una cantante de cabaret franco-argelina (otros decían que era la lavandera del palacio real) llamada Marie Juliette Louvet, con el príncipe reinante Louis II de Mónaco. Carlota fue finalmente reconocida por su padre a los 20 años y casada  a la fuerza (fue muy desgraciada) con el príncipe Pierre de Polignac, con quien tuvo a Rainiero y su hermana Antonieta.

 

Cuando su hijo heredó el trono en 1944, Carlota dejó a su marido, se fue de Mónaco, comenzó a vivir con distintos hombres y terminó su vida con uno muy joven, con quien fundó una escuela para educar a ex convictos en las afueras de París. Murió en 1977.

 

El famoso matrimonio de la bella actriz Grace Kelly con Rainiero en 1956 fue como "un trato civilizado y un golpe de relaciones públicas" que a ambos les convenía y se arregló casi como un frío negocio. Mónaco necesitaba el glamour de la princesa de Hollywood para atraer turistas y recobrar su allure en el mundo, y quizás a Grace le fascinaba la idea de ser princesa en la vida real y no solamente en el cine.

 

Aunque los dos llegaron a llevarse bien y a respetarse mucho, y tuvieron tres hijos que criaron con armonía y cuidado (Carolina, Alberto y Estefanía), es bien sabido que nunca los unió un amor estilo cuento de hadas. Todos saben lo mucho que sufrió Grace cuando sus hijas comenzaron la adolescencia y tuvieron sus alocados romances, y se rumoraba que al final de su vida ella bebía un poco más de la cuenta y se quejaba del carácter frío y duro de Rainiero y la desobediencia de las dos princesas.

 

Es curioso, pero ella nunca pudo imaginar que su marido la fuera a llorar tan desconsoladamente como lo hizo cuando tuvo el terrible (y todavía misterioso) accidente de auto en el que iba con su hija Estefanía, que le costó la vida en 1982. ¡Aquella tragedia dejó al mundo triste e impactado! Y fue cuando todos los Grimaldi se dieron cuenta de lo importante que había sido Grace para mantener la familia unida y la dinastía floreciente. ¡Un descubrimiento que llegó un poco tarde!

 

CAROLINA Y SUS FRACASOS

Grace ya había sido testigo de los amores alocados de Carolina con distintos novios, como Guillermo Vilas y Robertino Rossellini, y aunque se opuso fuertemente, tuvo que permitir el primer y desastroso matrimonio de su hija mayor en 1978 con el ya madurito (17 años mayor que ella) playboy Philippe Junot, del que la Princesa se había enamorado locamente.

 

El matrimonio fracasó en 1980, tal como todos anunciaron, y Carolina sufrió mucho. Después de morir su madre, ella se enamoró de nuevo, esta vez de un joven y guapo italiano llamado Stephano Casiraghi, con quien se casó en 1983 (embarazada de tres meses de su hijo mayor Andrea), y luego tuvo dos hijos más con él: Carlota y Pierre. La Princesa parecía haber alcanzado la felicidad, pero todo terminó en tragedia cuando en 1990 su esposo, de solo 30 años, murió en un accidente en una competencia de botes en Mónaco.

 

Nadie sabe cómo Carolina pudo aceptar aquella desgracia que dejó a tres niños sin padre de un momento para otro. Su dolor fue muy intenso y la Princesa huyó de Mónaco con sus tres hijos pequeños, para refugiarse en una finca de Saint-Rémy-de-Provence, donde se le vio luciendo fatal, e incluso perdió el pelo. ¿Alopecia o algo más peligroso? Nunca se supo. Pero la salud de Carolina y su estado mental se convirtió en la nueva preocupación de todos, hasta que un día apareció en Saint-Rémy-de-Provence el actor Vincent Lindon para consolarla, y empezó a vivir con ella y los niños.

 

Al cabo del tiempo, cuando parecían una pareja consolidada, Vincent la abandonó. Nunca se dijo por qué aquella relación -que duró casi cinco años- terminó abruptamente, pero se comentó que Rainiero quería que Carolina se casara con el actor, y que este se convirtiera del judaísmo al catolicismo, a lo que él se negó.

 

Cuando miramos atrás, comprendemos que Carolina sufrió mucho en aquellos años. Por eso, cuando se enamoró del príncipe Ernesto de Hannover (¡siendo íntima amiga de él y de su esposa Chantal Hochuli!), nadie la criticó mucho. O sea, que lo que al parecer le está ocurriendo ahora a Carolina, que una amiga la haya traicionado y le haya quitado el marido, fue lo mismo que ella le hizo a Chantal cuando empezó una relación amorosa con Ernesto en 1997, sin pensar en las consecuencias.

 

Ernesto y Carolina (embarazada de su hija Alexandra, que nació a los 6 meses de la boda) se casaron en enero de 1999. Los tres hijos de ella, los dos de Ernesto y la pequeña Alexandra (que es el vivo retrato de su padre) han formado una familia muy unida, rodeados de la gran fortuna de la Casa Hannover. 

 

Todo iba muy bien -al parecer- hasta que hace ya varios años se hizo público que Ernesto tenía una excesiva afición al alcohol, y numerosos escándalos públicos y denuncias en las cortes de justicia así lo demostraron. ¿Es que alguien puede olvidar la imagen de Carolina entrando sola en la boda de Felipe y Letizia de Asturias, porque la noche anterior su marido se había ido de fiesta por Madrid y no estaba en condiciones de acompañarla a la boda real?

 

Al poco tiempo de esto, Ernesto estuvo a punto de morir -en  la misma época en que Rainiero de Mónaco murió en el Principado- por una aguda dolencia del páncreas causada por su alcoholismo. Se salvó de puro milagro y se le prohibió beber alcohol, pero hace un par de años en New York compartí un almuerzo con ellos y lo vi beber sin cesar copa tras copa de vino. Carolina ni lo miraba y parecía importarle poco el comportamiento cada vez más gritón y poco educado de su marido, a quien las mejillas se le habían puesto rojas como los tomates.  

 

ESTEFANIA Y ALBERTO

¿Y qué decir de la maldición de los Grimaldi sobre los otros dos hijos de Rainiero y Grace? Pues que en ellos también se ha cumplido al pie de la letra. A la princesa Estefanía ya le hemos perdido la cuenta de los novios, esposos y amores furtivos, ¡todos llenos de lágrimas y engaños! La más pequeña de la familia tuvo un romance con Paul Belmondo a los 16 años. Luego, se enamoró de su guardaespaldas Daniel Ducruet y tuvo dos hijos (Louis y Paulina), y ya nacidos se casó con él en 1995. 

 

Daniel la engañó públicamente en 1996, destrozándole el corazón. De ahí en adelante, la Princesa tuvo más amantes y otra hija, Camille, con el guardaespaldas Jean Raymond Gottlieb, con quien apenas tuvo relación. Después se fue a vivir a un circo y rompió el matrimonio de Franco Knie, dueño del Circo Knie y domador de elefantes y leones. Posteriormente, dejó a Knie por Richard Lucas, el ya madurito mayordomo del príncipe Rainiero, quien puso el grito en el cielo y prohibió la relación. A Richard lo dejó por Adans Lopes Peres, un trapecista portugués 10 años más joven que ella, con quien se casó y se divorció en tiempo récord.

 

Estefanía de Mónaco

 

Después se enamoró de un camarero llamado Matthieu, casado con una bailarina cubana en Mónaco. Junto a él se le vio trabajando y sirviendo copas en una terraza monegasca. Dicen que su novio actual es Merwan Rim, un actor 12 años más joven que la Princesa. 

 

El príncipe Alberto -con sus dos hijos naturales Jazmin Grace y Alexandre Grimaldi, frutos de amores pasajeros con la norteamericana Tamara Rotolo y la togolesa Nicole Coste, respectivamente, dos mujeres que no significaron mucho para él- sigue provocando continuos rumores sobre su orientación sexual.

 

Alberto de Mónaco

 

El lleva una vida tranquila, aunque sin definir su futuro, por lo que sus amores con la nadadora sudafricana Charlene Wittstock son motivo de burla en el Principado. Para Alberto el amor nunca ha sido muy importante en su vida, y como sus dos hijos no pueden heredar el Principado, su sobrino Andrea es el primero en la línea de sucesión determinada por el príncipe Rainiero antes de morir.

 

Sólo el tiempo dirá qué sucederá con el matrimonio de Carolina y Ernesto, y si la maldición de la gitana seguirá afectando a los descendientes de los Grimaldi o si estos podrán, por fin, encontrar la felicidad.