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Los horrores de los partos de la realeza en la antigüedad

La poca higiene y las creencias de la época medieval eran algunos los escenarios poco alentadores para las reinas europeas

Por: vanidades.com

Foto: Columbia Pictures

Ser una reina o princesa era sinónimo de mercancía por motivos de estado y/o políticos. Por lo regular, éstas eran dadas en matrimonio por sus padres u otros familiares para tener y forjar herederos que pudieran cuidar la dinastía de una familia. A esta situación hay que añadirle que tanto a las reinas como a las princesas sufrían cada vez que daba a luz y no solo por los dolores de parto, sino porque en la época medieval esta experiencia de convertirse en madre se vivía como una película de terror.

En la historia de la realeza española ocurrieron sucesos escalofriantes en torno al nacimiento de un nuevo miembro de la corona, existía un número inimaginable de errores médicos, así como de sangrados, abortos y nacidos con malformaciones producidos por la falta de cuidados necesarios durante la gestación y de los partos mal llevados.

Una de las características de lo que implicaba dar a luz en España, siendo parte de la realeza, era que el nacimiento debía ser presenciado por varios testigos para asegurarse de que el bebé sí provenía del vientre de la reina o la princesa y, por lo tanto, corría por las venas del niño o niña sangre real.

Los alumbramientos eran normalmente atendidos por comadronas para no ir en contra del pudor de “su majestad”, pero los hombres podían ser parte como testigos del nacimiento. 

Isabel de Braganza / Foto: Pinterest

Uno de los peores nacimientos en la historia de las reinas de España es el de Isabel de Braganza. Pasó todo el embarazo muy débil y al empezar los trabajos del parto sufrió un colapso y perdió el conocimiento. Los médicos la dieron por muerta y decidieron practicarle una cesárea para salvar al niño. La reina despertó al poco tiempo de habérsele practicado la cirugía y murió a causa de ésta por el fuerte dolor; desgraciadamente, el bebé también.

El panorama en otras cortes europeas era similar. La poca higiene que había en Versalles (Francia) fue detonante para que ocurrieran algunas desgracias al momento en que las mujeres de la realeza daban a luz a sus bebés. Por ejemplo, la cama donde se practicaban los partos, llamada “lit de travail”, se guardaba en un almacén y se cubría con una funda para resguardarla del polvo. Esta cama constaba de un “apoya pies” y unos pasadores para que las mujeres se sostuvieran mientras hacían fuerza para expulsar a su bebé. 

María Antonieta y sus hijos / Foto: Pinterest

De igual forma, el parto tenía que ser presenciado. Cuando María Antonieta estaba en labor de parto, el rey Luis XVI de Francia pedía poner un cordón y vigilancia alrededor de la cama para que la gente no invadiera el espacio vital para el nacimiento.

Pero ahí no terminaba el riesgo para las reinas y princesas que daban a luz. El ritual posterior era absurdo; en primer lugar, no se dejaba que la reina se durmiera en varias horas y, en segundo, debía permanecer encerrada, sin salir de la habitación en la que había parido, durante 9 días. Además, no se permitían las visitas perfumadas, ya que se creía que esto podía perjudicar tanto a la madre como al niño.

Kate Middleton, el príncipe William y Charlotte. / Foto: Getty Images

Afortunadamente, con el paso de los siglos, la situación mejoró. Años más tarde, los testigos ya no permanecían en la misma habitación que la reina, sino en una cámara adyacente. Con este nuevo sistema se ganó en seguridad e higiene para el recién nacido y la madre, ya que la gente que acudía podía ser portadora de gérmenes que los pusieran en riesgo. Actualmente, las reinas paren en las clínicas con un médico de confianza y el protocolo que se sigue es mínimo.

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