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Una reina desafortunada

AUTOR: Mari Rodríguez Ichaso | FOTOGRAFÍA: Vanidades | FECHA: 2013-01-04

La vida de la reina Silvia, que a través de los años en el trono ha sufrido varias tormentas

Cálida, discreta, solidaria con su pueblo... así es la azafata que, en 1976, se convirtió en reina


Siempre la vemos con una sonrisa a medias... ¡al estilo de la Mona Lisa!, con su piel bronceada y su ropa clásica, generalmente en colores pastel. Se mantiene en un discreto segundo plano, un par de pasos detrás de su marido, el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, y muchos se preguntan quién es realmente la reina Silvia.

Nacida el 23 de diciembre de 1943 en Heidelberg, Alemania, Silvia Renate Sommerlath y Soares de Toledo , reina consorte de Suecia desde 1976, está a punto de cumplir 69 años. Es madre de tres hijos: la princesa Victoria, heredera del trono; el príncipe Carlos Felipe, duque de Värmland, y la princesa Magdalena, duquesa de Hälsingland y Gästrikland. La reina tiene una sola nieta: la princesa heredera Estelle, hija de la princesa Victoria y de Daniel Westling.

La vida de la reina Silvia -entre palacios y viajando para asistir a todas las bodas reales- parece idílica y quizás para muchos lo sea, pero a través de los años en el trono ha sufrido como todas las madres y esposas varias tormentas en su familia.

La reina es hija del alemán Walther Sommerlath y de la guapa brasileña Alice Soares de Toledo, de una familia oriunda de São Paulo, Brasil, quien murió en 1997, a los 91 años, en Suecia, y está enterrada junto a su marido en Heildelberg. ¿Un dato interesante? Que aunque el padre de Alice era Artur Floriano de Toledo, de una buena familia y descendiente directo del rey Alfonso III de Portugal, su madre era una concubina llamada Maria Peres de Enxara, que fue bisabuela de Silvia. Cuando Alice, la madre de Silvia, se casó con el empresario alemán Walther Sommerlath, se mudó a Alemania, donde nacieron sus hijos Ralf, Walther Ludwig, Jorge y Silvia. En 1943, Silvia tenía unos meses de nacida y se mudaron de nuevo a São Paulo, donde Walter era presidente de una empresa alemana y vivieron cómodamente hasta 1957, que regresaron a Heildelberg.

Aunque estudió en el colegio alemán Visconde de Porto Seguro, de São Paulo, Silvia se crió hablando portugués, alegre, siempre sonriente y muy unida a su familia. Al igual que su madre, lucía "muy latina" y, como todas las brasileñas, siempre muy bronceada, "pues vivía prácticamente en la playa".

Antes de conocer a Carlos Gustavo, Silvia trabajó brevemente en el Consulado Argentino de Munich (hablaba español y francés, pues estudió para ser intérprete) y después como anfitriona en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 y Asistenta de Protocolo en los Juegos de Olímpicos de Invierno, en Austria. En esos años también fue azafata de Lufthansa y viajó por todo el mundo, pero ya había conocido al joven príncipe heredero sueco en los Juegos Olímpicos de Munich y, según él, "al instante hicimos clic".

El noviazgo de esta pareja fue muy oculto y accidentado, porque el abuelo de Carlos Gustavo, el famoso rey Gustavo Adolfo VI de Suecia, siempre fue muy inflexible y pensaba que la gente de la realeza debía casarse solo con royals. Cuando el viejo monarca murió en 1973, su nieto Carlos Gustavo le sucedió en el trono. En 1976, el amor entre un royal y una plebeya triunfó en Suecia y Carlos Gustavo anunció su compromiso con Silvia (llevaban cuatro años de noviazgo a escondidas). Se casaron tres meses después. Lo mismo hizo su tío, el ya viejo príncipe Bertil de Suecia (segundo en la línea del trono hasta que nació la princesa Victoria de Suecia), quien se había enamorado de una galesa plebeya llamada Lilian May Davies, con quien llevaba décadas de romance y su adusto padre nunca le permitió casarse con ella.

Lo más curioso de todo esto es que esta exigente dinastía sueca -la casa real Bernadotte-, que tanto adora el protocolo y que actúa como los más royals de toda la realeza europea, es de sangre ciento por ciento plebeya.

 

Foto oficial del bautizo de la princesa Estelle. Sentados: la princesa Victoria con la pequeña en sus brazos y el príncipe Daniel. De pie: los reyes Carlos Gustavo y Silvia, y Ewa y Olle Westling, los padres de Daniel

 

En 1818, Suecia no tenía sucesor y los viejos ministros ofrecieron la corona (¡como quien da un juguete de regalo!) al bravo mariscal francés Jean-Baptiste Bernadotte, quien había sido uno de los generales de Napoleón Bonaparte y estaba casado con Desirée Clary, la primera novia de Napoleón. Ambos eran plebeyos y sin una onza de aristocracia en sus familias. ¡Y de esa pareja francesa (Desirée detestaba Suecia y pasaba largas temporadas en París) descienden los actuales reyes y príncipes de Suecia. Por eso nadie entendía por qué Carlos Gustavo y Silvia se opusieron tan fuertemente cuando la princesa Victoria se enamoró de su entrenador personal Daniel Westling, y los hicieron sufrir muchísimo. La historia se repitió otra vez en la corte sueca, sin que los reyes hubieran aprendido de la oposición que ellos mismos experimentaron antes de casarse.

Ahora, tanto el príncipe Carlos Felipe como la princesa Magdalena se han enamorado de plebeyos: Carlos Felipe, de Sofia Hellqvist, una polémica modelo que ha posado desnuda, y Magdalena, del financiero Christopher O'Neill, con quien hace poco se comprometió para casarse en el verano del 2013. Y los reyes han tenido que aceptar ambas relaciones.

Aunque la reina Silvia al principio no era muy querida, poco a poco el pueblo la acogió y subió la popularidad de la monarquía sueca. Y esto a pesar de que se publicaban noticias muy fuertes sobre ella y su familia. En el 2002, por ejemplo, se reveló que su padre Walther Sommerlath había sido miembro del partido nazi en Brasil y que era dueño de una compañía de acero que construía armamentos para Hitler. Cuando esto salió publicado, un comunicado del palacio explicó escuetamente: "El padre de la reina Silvia nunca ha sido parte de la familia real sueca y, por lo tanto, no tenemos que hacer comentario alguno sobre esa noticia". En el 2011, después de una investigación, la reina informó que su padre había ayudado a huir de Alemania a un amigo judío que trabajaba con él y dijo que su padre había sido víctima de un "vil asesinato de su reputación".

Aparte de este dolor, pues ella adoraba a su padre y la corte sueca no la apoyó, Silvia sufrió la muerte de su hermano Jorge y la anorexia que padeció su hija Victoria años atrás. También tuvo que soportar con una sonrisa muchos rumores de supuestas infidelidades de parte de su marido (los que resurgen de cuando en cuando) y la azarosa vida amorosa de sus hijos menores.

Quienes conocen a la reina Silvia dicen que "tiene los pies en la tierra y es una mujer introvertida y fuerte, que se traga sus tristezas porque respeta su posición". Otros dicen que "sigue enamorada de su marido, quien es tan duro como lo fue su abuelo Gustavo Adolfo, y siempre hace lo que él quiere".

Sea como sea, la reina Silvia jamás se queja, nunca se le ha conocido un sólo escándalo y dedica su tiempo a apoyar obras benéficas, especialmente a combatir el tráfico sexual de niños y a apoyar las Asociaciones de dislexia, pues su marido tiene ese problema (incapacidad de leer y escribir correctamente) y no fue hasta 1997 que la reina lo admitió, aunque los suecos ya lo habían notado cuando el rey escribió mal su nombre al firmar el acta de ascensión al trono en 1973. Silvia también cofundó en 1999 la World Childhood Foundation, ayuda a los minusválidos a través de su Queen Silvia's Jubilee Fund y apoya a organizaciones que benefician a los ancianos que sufren de demencia, tal como le ocurrió a su madre, quien vivió con ella hasta el final de su vida.

 

 

 

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