Buenas noticias: todo parece indicar que existe una "herramienta" -completamente natural y al alcance de todos- que puede ayudarnos a mantenernos sanos de mente, cuerpo y espíritu. De acuerdo con Sonya Lyubomirsky, autora de The How of Happiness, un manual con base en la ciencia y la sicología para cultivar las condiciones que pueden ayudarnos a alcanzar la felicidad, un creciente número de estudios científicos y sicológicos sugieren que las personas creyentes -o espirituales- son más felices y saludables, y se reponen más rápidamente de los traumas, que aquellas que no lo son.
¿A qué se debe esto? ¿Se trata del poder de la llamada "fe ciega", o -para los agnósticos- de algo más "tangible", como la química del cerebro? Tampoco olvidemos el llamado efecto placebo, que ocurre cuando la fe del paciente en una medicina efectúa una curación, a pesar de que esta no sea más que una píldora de azúcar. De cualquier manera, cada día más, muchos en la comunidad científica llegan al convencimiento de que la espiritualidad no está reñida con la ciencia.
CONECTADOS AL SER SUPREMO
Desde tiempos inmemoriales, los creyentes y los místicos de todas las religiones y prácticas espirituales han afirmado que la fe es un elemento vital para el bienestar del ser humano, incluyendo, por supuesto, la salud. Ahora, nuevos estudios científicos les dan la razón a los que afirman que, en muchos casos, la fe sí mueve montañas. Al menos, en el campo de la salud. Al mismo tiempo, es importante aclarar que todos los defensores del poder de la fe señalan que esta no es, de manera alguna, un sustituto de la atención médica, sino un elemento adicional que, unido al tratamiento adecuado, puede ayudar a promover la buena salud. En otras palabras: la fe es una potente aliada de la medicina.
Esto han revelado estudios recientes:
- Las personas espirituales son más felices, gozan de una salud mental superior, lidian mejor con el estrés, tienen matrimonios más satisfactorios, usan menos drogas y alcohol, son más saludables y viven más que las que no son religiosas, de acuerdo con K.I. Pargament en el International Journal for the Psychology of Religion (Diario internacional de la sicología de la religión).
- Aquellas que conciben lo divino como una entidad amorosa y receptiva son más felices que quienes no lo creen así, reportó el Journal of Health and Social Behavior (Diario de la salud y el comportamiento social).
- Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Texas a lo largo de 17 años reveló que las personas que no asisten a servicios religiosos tienen un riesgo de morir dos veces más alto, dentro de un lapso de ocho años, que las que asisten una vez a la semana.
- Los que creen en un Dios de amor se reportan mejor, después de que les diagnostican una enfermedad grave, que quienes creen en un Dios que castiga, indica Jeffrey Kluger en The Biology of Belief (La biología de la creencia). Y aquellos que tienen una vida religiosa activa sobrellevan las enfermedades y son más saludables, publicó el American Journal of Public Health (Diario americano de salud pública).
- Otro estudio, realizado en el centro médico de la Universidad de Pittsburgh por el cirujano y cura episcopal Daniel Hall, reveló que la asistencia a la iglesia nos añade de dos a tres años de vida.
EL ARTE Y LA BIOLOGIA DE LA FE
Muchas personas de fe atribuyen lo positivo que hay en sus vidas -desde la buena salud hasta una promoción en el trabajo- a Dios, sean cristianos, judíos o musulmanes. Pero, independientemente de la intervención divina, explican los que estudian el efecto de la religión en el ser humano, ellas tienen características que, sin negar la existencia de un ser supremo, ayudan a explicar la conexión entre la salud y la fe:
- Las personas espirituales suelen tener un estilo de vida más sano, ya que la mayoría de las religiones prohiben o limitan el uso del alcohol, el tabaco y las drogas, lo cual es básico para la buena salud.
- Varios estudios han hallado que participar en actividades religiosas disminuye el crimen, la delincuencia y los conflictos matrimoniales, explica Sonya Lyubomirsky.
- La persona que pertenece a una organización religiosa se siente parte de una comunidad que se brinda apoyo mutuo. Esto promueve la paz mental y ayuda a combatir el estrés, ese gran enemigo de la salud.
- Al forjar una relación personal con Dios, estas personas se sienten amadas incondicionalmente y protegidas por un ser muy bondadoso. La creencia de que Dios interviene cuando lo necesitan llena a los genuinos creyentes de una gran sensación de paz, explica M. Pollner en el Journal of Health and Social Behavior (Diario de la salud y el comportamiento social).
- La religión también otorga al creyente el convencimiento de que todo lo que le sucede, tanto lo bueno como lo malo, tiene un sentido o es parte de un plan divino, explica un estudio sobre el efecto de la religión en las personas mayores, publicado en Gerontologist.
- Perdonar y asistir a los más necesitados son características de la persona espiritual. Varios estudios reportan que la persona que hace el bien "sin mirar a quién", vive más feliz y relajada.
- La biología también juega un papel fundamental en la religiosidad de las personas. De acuerdo con el doctor Andrew Newberg, profesor de radiología, sicología y asuntos religiosos de la Universidad de Pennsylvania, "el funcionamiento del cerebro es compatible con la religión y la espiritualidad". Diferentes estudios revelan que el área frontal del cerebro se activa durante la actividad religiosa, y las personas que rezan o meditan con frecuencia experimentan cambios permanentes en esas zonas del cerebro, haciéndolas más fuertes.
Por supuesto, es necesario diferenciar entre las palabras "espiritualidad" y "religión"; la primera define "la búsqueda de lo sagrado", que puede existir tanto dentro de una religión organizada como fuera de ella. Al mismo tiempo, los expertos señalan que cuando la religión se usa como un agente represivo, que llena a la persona de prejuicios y sentimientos de culpa, el efecto puede ser nocivo. Pero, al final, la buena noticia es que ya la ciencia y la religión no están "peleadas", sino todo lo contrario; cada día encuentran más puntos en común en la eterna búsqueda de lo sagrado.
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