Inteligencia emocional Algunas personas tienen éxito como profesionales, pero no tanto en su vida privada. ¿A qué se debe esto? Muchos opinan que el culpable es su bajo coeficiente emocional. ¡Descubre cómo elevar el tuyo!
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Autor: G. B. Hernández

Nov. 20, 2009 

 

Victoria es una exitosa empresaria a cargo de una prestigiosa firma internacional. Todos los días, ella ofrece presentaciones a altos ejecutivos a lo largo y ancho de América Latina. Brillante, elocuente y desenvuelta, Victoria sabe presentar sus argumentos de una manera informativa y amena. Sin duda, en el plano profesional ha logrado el éxito. Entonces... ¿por qué está a punto de perder su segundo matrimonio y la relación con sus hijos adolescentes es muy conflictiva? Ella, simplemente, no lo entiende.

 

"Soy graduada de una excelente universidad y mi coeficiente intelectual está por las nubes. Obviamente, soy una persona inteligente", expresó a su terapeuta. "Entonces... ¿qué pasa? ¿Por qué mis relaciones con mi familia son tan difíciles?".

 

Observemos un intercambio entre Victoria y Rafael, su esposo desde hace seis años:

Victoria (llegando a casa después de uno de sus viajes): "¿Al fin te hiciste cargo de que arreglaran el problema que teníamos con el aire acondicionado?".

Rafael: "No sabes todos los problemas que he tenido en mi trabajo... No he tenido tiempo".

Victoria (exasperada, con sarcasmo): "¿Eres administrador de un edificio y no puedes arreglar los problemas de tu propia casa? ¡En casa del herrero, cuchillo de palo!".

Rafael (a la defensiva): "Si no pasaras todo el tiempo viajando".

Victoria (frustrada): "¡Otra vez los celos con mi trabajo!".

 

No necesitamos ilustrar más, porque es evidente hacia donde se dirige esta truncada conversación. Por otra parte, la respuesta a la pregunta de Victoria es muy sencilla: su problema radica en que mientras su coeficiente intelectual es muy elevado, su coeficiente emocional no está a la misma altura.

 

MALA COMUNICACION

En 1995, Daniel Goleman introdujo al mundo el concepto de la inteligencia emocional en su libro Emotional Intelligence. En él, Goleman explicaba que saber manejar las emociones es tan importante para el éxito en la vida -o incluso más- como tener un alto coeficiente intelectual. La idea "prendió" entre los proponentes de la superación personal y los adictos a la sicología pop; pero es hasta ahora que comienza a tener un verdadero impacto en la sociedad en general.

 

Esto, opinan algunos, se debe a que aunque hoy día existen muchas formas de comunicación instantánea, desde Twitter hasta el teléfono celular, la calidad de la comunicación ha decaído. Sí, podemos hacerlo con más rapidez, pero no más inteligente o eficazmente. El exabrupto del cantante Kanye West en la entrega de premios MTV y la explosión, cargada de malas palabras, de la tenista Serena Williams durante un partido de tenis, son solamente dos muestras recientes de los efectos destructivos de un bajo coeficiente de inteligencia emocional, y llamaron la atención del gran público sobre lo importante que es saber manejar las emociones de una manera mesurada y oportuna.

 

EL "IQ" DE LAS EMOCIONES

Justo a tiempo para esta crisis moderna llega el libro Emotional Intelligence 2.0, de Travis Bradberry.  En él, Bradberry repasa las ideas básicas del concepto de inteligencia emocional, expandidas y adaptadas para la época. Estos son los dos pilares esenciales de la IE (inteligencia emocional):

 

Autoconocimiento. Esto quiere decir que debemos estar conscientes de nuestras emociones; autoanalizarnos para saber qué sentimos en cada momento y por qué. Para ello, en el mismo instante en que experimentamos una emoción fuerte, debemos identificarla.

 

"Me sientofrustrada/ansiosa/deprimida/agredida/serena/alegre/amenazada...". Acto seguido, debemos tomar unos minutos para entender qué la provoca. "Cuando una persona me alza la voz, me siento insegura y agredida". Quizás entonces recordemos por qué tenemos esta reacción: episodios de la niñez, malas experiencias en un primer trabajo, etc. Pero podamos desenterrar el origen de ese sentimiento o no, esta reflexión crea un "espacio" interior que nos permite posponer una reacción inmediata. Lo cual nos lleva al segundo paso:

 

Automanejo. Cuando tienes la capacidad de saber lo que sientes y por qué sientes así, puedes manejarte de una manera inteligente y productiva para ti y para la relación. Ya no eres un títere de tus emociones, ni "saltas" sin medir las consecuencias; ahora eliges con cuidado lo que dices y lo que haces. La diferencia: ya no reaccionas; ahora actúas.

 

COMENZAR EL CAMINO

Por supuesto, este proceso de autoanálisis no se vuelve automático de la noche a la mañana. Pero si estás consciente de la importancia de tomar el control de tus emociones para que ellas no te controlen a ti, habrás dado el primer gran paso. Ahora, cada vez que te detengas a analizar lo que sientes para elegir la mejor forma de actuar, ganas terreno y, cada día, hacerlo se vuelve más natural en ti. Para ayudarte a facilitar el proceso, todos los días practica estos "Consejos para aumentar tu inteligencia emocional", de inspiredchoice.com, un sitio en Internet dedicado a la superación personal.

 

1. Mantente "despierta" y consciente en tus relaciones e interacciones. En otras palabras: determina qué emociones experimentas y qué pensamientos te llevan a sentir así.

2. Enfócate en tu habilidad para actuar en lugar de reaccionar. Es decir, no te dejes dominar por el impulso de atacar.

3. Conócete. Descubre tus necesidades; analiza qué situaciones te afectan y de qué forma.

4. Ante una situación, pregúntate si tu reacción tiene que ver contigo o si es el problema de la otra persona (por ejemplo: si la persona te alza la voz, esto no se debe a que tú no mereces respeto, sino quizás a que ella no tiene la capacidad de controlarse o sufre por sus propios complejos).

5. Trata de que tus pensamientos y reacciones se basen en el amor, la compasión, el respeto y el deseo de llegar a una resolución positiva para todos.