La era de Peter Pan Si vives rodeada de adolescentes de 40 años y quieres saber por qué hay una epidemia de infantilismo en la sociedad, sigue leyendo...
Demi Moore, luce tan joven como sus hijas
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Autor: G.B. Hernández

Mar. 17, 2010 

 

Mi novio no está preparado para casarse", se lamenta Laura. "Dice que aún no ha madurado lo suficiente". Su novio David tiene 37 años de edad. Vale aclarar que su inmadurez no le ha impedido tener hijos con dos mujeres diferentes, ninguna de ellas Laura. Cuando se le pide una explicación, él solo aclara: "Son cosas que no se planifican, simplemente suceden". Y se alza de hombros.

 

Elisa, por su parte, a los 35 años de edad se considera "demasiado joven" para ser mamá, pues todavía recibe ayuda económica de sus padres retirados. Esto ocurre, de acuerdo con ella, porque aún "no he encontrado mi camino como profesional". Son sus padres los que asumen toda la carga económica de su decisión de "encontrarse" saltando de un trabajo a otro.

 

Finalmente, Verónica, de 44 años, sueña con hallar "a un hombre de verdad. Mis contemporáneos no buscan algo serio. Quieren fiestear, como si tuvieran 20 años". Estos casos no son únicos; cada día son más los adultos que se comportan como adolescentes. Y el problema va en aumento...

 

¿QUE ESTA PASANDO?

"Los 40 son los nuevos 20" es la traducción literal de la frase 40 is the new 20, que "nació" en los Estados Unidos y significa que una persona de 40 años de edad, hoy día es el equivalente de una de 20. En muchos casos, esto puede ser verdad. Actualmente, gracias a que hemos tomado conciencia de la importancia de mantener buena forma física y cuidar la salud, además de adoptar nuevas y más amplias formas de pensar, una mujer que pasa de los 40 puede estar en tan buenas -o mejores- condiciones, que una a quien le dobla la edad. Es por eso que figuras como Madonna, Demi Moore, Meryl Streep y Sophia Loren siguen sorprendiéndonos por su belleza y vitalidad.

 

Si la tendencia quedara ahí, todo estaría bien. El problema es que con el afán de preservar la juventud a cualquier precio, muchas personas han tirado la madurez por la ventana. En otras palabras: la epidemia de "infantilitis" ha invadido a un gran sector de la sociedad, caracterizada por la actitud irresponsable, inmadura y aniñada de tantos adultos.

 

LA ERA DE PETER PAN

"Basta con mirar la cultura actual, para comprobar cómo celebra y fomenta el infantilismo", explica Nora Peretz, sicóloga especializada en problemas de adaptación cultural. "En su mayor parte, el cine, la música, la literatura y la moda son dirigidos a los jóvenes. Miremos las carteleras: la mayoría de los filmes son creados para adolescentes. Esto nos lleva a creer que la juventud es el estado más valioso; el que debemos preservar a toda costa. Cada día es más importante vernos jóvenes, pero, sobre todo, comportarnos como si lo fuéramos. Las inyecciones de Botox para borrar las arrugas y la cirugía estética son solo la manifestación física de un estado mental", señala.

 

EL ORIGEN DEL PROBLEMA

Muchos analistas sociales atribuyen esta tendencia a un momento clave en la historia moderna. Ocurrió a finales de los 1960 y principios de los 70, cuando los jóvenes comenzaron a rebelarse contra la autoridad y el estilo de vida de sus padres. Lejos de ser una etapa más en su vida, esto se convirtió en una actitud, que fue pasándose de generación en generación: la de negarse a crecer.

 

"Todo el mundo, aun las personas con hijos y otras responsabilidades de adulto, optaron por seguir considerándose jóvenes a los 40 y los 50 años de edad", explica el editor Joseph Epstein, en The Weekly Standard. "El problema se recrudece cuando la necesidad de los padres de seguir sintiéndose jóvenes suplanta el papel de figura de autoridad, que ofrece orientación y trasmite conocimientos". El resultado: una sociedad repleta de adultos que, como Peter Pan, el famoso niño de la literatura, decidieron no crecer.

 

¿PODEMOS CRECER?

¿Es posible detener el deterioro de los valores y comportamientos que fomentan la madurez? Sí, dicen los sociólogos, siempre que cada persona comience por hacerse responsable de su desarrollo. El primer paso es reconocer las actitudes de la persona inmadura.

 

EL ETERNO ADOLESCENTE...

  • Cree que el amor es una necesidad y exige afecto. Al mismo tiempo, le cuesta trabajo demostrarlo.
  • No tiene la capacidad de tolerar la frustración. Lo quiere todo ¡ya! Se muestra celoso, crítico, teme al cambio y suele tener grandes altibajos emocionales.
  • Busca a quien culpar por todo lo que ocurre en su vida. Evita enfrentarse a la realidad y las relaciones que exigen madurez e integridad.
  • Quiere recibir, nunca dar; o, por el contrario, siempre da, pero no sabe recibir. Le falta ese sano balance.
  • No aprende de sus experiencias. Piensa que las buenas o las malas que ha tenido son producto de la suerte o el destino.
  • No sabe manejar el estrés; se vuelve ansioso o pesimista. Ataca a los demás.
  • En sus relaciones se vuelve dependiente, indeciso; o, por el contrario, toma decisiones alocadas. Es hipersensible a la crítica, pero insensible a los sentimientos ajenos.

 

El ADULTO...

  • Entiende que el amor es compartir. Puede ser vulnerable y receptivo, sabe expresar amor y aceptar muestras de afecto.
  • Sabe "leer" sus emociones. Cuando se siente frustrado o irascible, trata de entender por qué, para actuar de una manera apropiada.
  • Analiza y enfrenta los problemas a la mayor brevedad posible. Trata de encontrar soluciones, no de buscar "culpables".
  • Es capaz de dar y recibir en igual medida.
  • Entiende que los problemas son lecciones y la vida es un eterno aprendizaje. Asume responsabilidad por todo lo que hace y lidia con las consecuencias de sus actos con integridad.
  • Sabe qué desea en diferentes etapas de su vida y cómo trabajar para lograrlo.
  • Tiene fe en su capacidad de avanzar hacia sus metas.
  • Sabe cuándo debe trabajar en equipo y cuando tiene que actuar solo. Puede sentir verdadera empatía por los demás, y entabla relaciones de genuino afecto y respeto mutuos.

 

El segundo paso, ya lo sabes: ¡poner estos en práctica!