AUTOR: Redacción
1980
Con el cambio que comenzó cuando el Parlamento sueco estipuló que la princesa Victoria podía ascender al trono, olfateamos deliciosas fragancias. El año 1981 recibió a Cartier con la elegante provocación olfativa que es Must de Cartier (1981). París, de YSL (1983), abre frutal y optimista para establecerse con una mezcla de rosas y violetas sobre la ciudad.
En 1984, Chanel lanzó su primera fragancia en la década, sexy y discreta, con el nombre de la creadora de la casa: Coco, que fue la primera fragancia de Jacques Polge como "nariz" de la firma. Botines negros de tacón altísimo y rouge carmesí: picante y sedosa es la imagen que se asocia a Paloma (1984), que como la propia Paloma Picasso dijera es "un perfume para mujeres, no chicas". Chapeau!
Poison, de Christian Dior, se instaló como la fragancia más vendida de la casa desde que fue presentada en 1985. Jean Paul Guerlain se inspiró en Decia de Powell para crear Samsara (1989), que asombra por la presencia abrumadora y misteriosa del sándalo. Powell dijo que era "el mejor regalo que un hombre jamás le había dado a una mujer", y fue un éxito instantáneo. Con esa fragancia y la caída del Muro de Berlín, tocamos el fin de los 80.
1990
En marzo de 1990 aplaudimos el que Driving Miss Daisy, con Jessica Tandy y Morgan Freeman ganara el Oscar como Mejor Película. Ese mismo año, la casa Lancôme presentó una nueva versión del clásico Trésor -que había nacido en 1952 con una fórmula muy diferente- y ha tenido como embajadoras a tres mujeres de distinguida belleza: Isabella Rossellini, Inés Sastre y Kate Winslet.
Thierry Mugler deleitó a los amantes de las golosinas con Angel (1992), una confitería embotellada que aún goza de popularidad. CK One, de Calvin Klein (1994), es la primera fragancia unisex que se instala en el mercado.
Con Pleasures (1995), Estée Lauder presenta transparencias florales a través de una nueva tecnología que le permite mayor claridad. Tal como dijo Evelyn Lauder: "Quería que tuviera una textura difícil de encontrar", y lo logró. Voluptuosa e interminable femineidad desde el sensual frasco hasta la mezcla de gardenia y jazmín con peonía y nuez moscada en Organza, de Givenchy (1996).
Vinicultura y perfumería son hermanas en cuanto a creatividad; en 1997 ambas se encuentran en el frasco de Envy, de Gucci, ya que incorpora la flor de la viña a la fórmula aromática, una fragancia floral verde que habla de modernidad. Con el curvilíneo, floral y afrutado J'Adore, de Dior (1999), un trío de bergamota, rosa y jazmín, encerrado en un frasco que parece ánfora griega, le decimos hasta siempre al siglo XX.