Atractivo y elegante, así era el estilo de Felipe de Edimburgo

El príncipe Felipe de Edimburgo pasó más de siete décadas a la sombra de su esposa, la reina Isabel II, pero siempre guardando un gran estilo.

Por mdaphnis

- 31/08/2021 04:15
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El príncipe Felipe de Edimburgo, fallecido el 9 de abril  a los 99 años, pasó más de siete décadas a la sombra de su esposa, la reina Isabel II, pero siempre guardando un gran estilo, mismo que cautivó a la monarca desde el primer día.

También lo hizo con gran lealtad y una propensión a mostrarse poco respetuoso de lo políticamente correcto.

«Es mejor desaparecer que alcanzar la fecha de caducidad», había dicho hace unos años con su particular sentido del humor.

Si su esposa, que llegó al trono en 1952, batió todos los récords de longevidad como monarca, Felipe fue el consorte que más años ostentó ese honor. Lo era desde 2009, cuando superó a Carlota, la esposa de Jorge III.

«Es mi roca. Ha sido mi fuerza y mi sostén», dijo una vez la reina, poco proclive a hacer demostraciones de cariño en público.

En 2017 se retiró de las actividades públicas tras haber participado en más de 22 mil actos oficiales, pero su principal valor fue ser «el único hombre del mundo en tratar a la reina como un ser humano, de igual a igual», explicó una vez Lord Charteris, exsecretario privado de la monarca.

Alto y tieso, siempre detrás de la reina como exige el protocolo, Felipe asumió con mejor o peor disposición su papel de secundario.

Según admitió, le hicieron falta años de aprendizaje para encontrar su lugar a la sombra de Isabel II y en el corazón de los británicos, pero luego disfrutó de un alto índice de popularidad, al igual que su esposa.

A menudo intentó salirse con la suya, pero acabó entrando en razón.

Su atractivo personal, su versatilidad, el fantástico estilo con el que nació y su mesura protocolaria lo convirtieron, a través de las décadas, en uno de los hombres más elegantes del mundo, superando a su hijo y sus nietos en la mayor parte de los rankings del Reino Unido.

Indiferente al qué dirán

Una tribu de Vanuatu llegó a venerarlo como una divinidad ligada a los espíritus del volcán Yasur.

Su temperamento fue efectivamente volcánico, sin ninguna consideración por lo políticamente correcto, aunque en los últimos años se calmó.

«¿Lograron que no se los comieran?», preguntó a un joven británico que venía de viajar por Papúa Nueva Guinea en 1998.

«Ustedes mosquitos, yo tengo periodistas», dijo en Dominica en 1966. Luego compararía a los periodistas con los monos de Gibraltar.

En otra ocasión, un niño le confesó que quería ser astronauta y el duque le respondió que estaba demasiado gordo para volar.

Cuando se le preguntó si le gustaría visitar la Unión Soviética, dijo: «Me encantaría visitar Rusia, aunque esos cabrones asesinaron a la mitad de mi familia» (en alusión a la suerte de los Romanov).

Su entorno le oyó maldecir mil veces su suerte, gruñir contra la pérdida de valores o contra las locuras de sus cuatro hijos en los años 1980, y hasta contra «los malditos chuchos» de la reina, siempre pegándosele a las piernas.

«La gente tiene la impresión de que al príncipe Felipe no le importa nada lo que piensen de él y tienen razón», dijo el ex primer ministro Tony Blair en sus memorias.

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