Escándalos de la realeza británica: polémicas, decapitaciones y desgracias de la corona

Polémicas, decapitaciones y divorcios de la corona. Conoce los escándalos de la realeza británica que han causado sensación en el mundo.

Por melissa

- 31/08/2021 04:04
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Polémicas, decapitaciones y divorcios de la corona. Conoce los escándalos de la realeza británica que han causado sensación en el mundo.

Los escándalos de la realeza británica son la apasionante saga que el pueblo sigue desde tiempos inmemorables con creciente fascinación…

Para los británicos, los dos grandes pasatiempos nacionales consisten en seguir con fanático interés los crímenes más escalofriantes del momento y seguir los “ires y venires” de los miembros de la realeza.

Para el pueblo del Reino Unido, que además de Inglaterra incluye a Irlanda y Escocia, los royals son una eterna fuente de entretenimiento, comparable con seguir la más apasionante telenovela, pero con un detalle que la hace todavía más adictiva: esta saga es de la vida real.

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¡Y qué vida! Príncipes y princesas. Bodas deslumbrantes, sacadas de cuentos de hadas. Escandalosos affairs. Divorcios difíciles. Muertes trágicas. Misterio. Fashion. Dinero. Glamour.

Como veremos más adelante, incluso hasta una que otra actriz “erótica”, por no decir porno, ha desfilado por la vida de los fascinantes poseedores de sangre azul.

Los escándalos de la realeza en la prensa

El hambre del pueblo británico, por consumir hasta el mínimo detalle de la vida de los miembros de la realeza es tal, que el propio Benjamin Disraeli, admitió que sus compatriotas siempre combinan el típico pudor inglés con el amor por el más desvergonzado escándalo.

Es por esto que la prensa inglesa —los llamados tabloides, específicamente— es la más poderosa del mundo; también es la más atrevida y brutal a la hora de exponer los “pecadillos” de los famosos.

The Sun, por ejemplo, vende más de cinco millones de copias diariamente, y dicen los analistas de la realeza que el palacio de Buckingham le presta mucha atención a lo que publica.

Y es que, al parecer, a través de los diarios, la realeza mantiene un dedo en el pulso del pueblo; sabe quién está en gracia, quién ha caído en desgracia, y a quién es preciso “halarle las orejas” para que rectifique su comportamiento público o privado, y mejore su imagen.

La prensa justifica lo que unos catalogan como una “caza de brujas contra los royals”, con el argumento de que, al fin y al cabo, los millones de libras esterlinas de los que disfruta la Familia Real, pertenecen al pueblo británico.

Por eso, el pueblo tiene derecho de saber cómo se comportan sus miembros.

El precio de ser miembro de la realeza

La realeza ha gobernado Inglaterra desde tiempos inmemoriales; por más de un milenio de guerras civiles y externas, abdicaciones, triunfos, fracasos y escándalos.

¿Qué papel juega en la vida del ciudadano promedio? En la revista Psychology Today, Simon Sebag Montefiori escribe que Inglaterra «es un extraño coctel: un país socialista con una monarquía hereditaria«.

La Reina es la Cabeza de Estado, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas (como el presidente de una nación) y la cabeza de la Iglesia Anglicana. Pero a diferencia de un presidente, ella reina, pero no gobierna.

Sin embargo, ella recibe más de 50 millones de libras esterlinas anualmente del pueblo británico para mantener a la Familia Real.

Es por eso que el pueblo británico siente que tiene un derecho constitucional a saber lo que hacen los royals. Vamos, que la gente quiere saber lo que recibe a cambio de su dinero.

De acuerdo con Montefiori, eso que reciben tiene un nombre: entretenimiento.

En pocas palabras: si la realeza no tuviera la capacidad de mantener al pueblo entretenido, tanto con lo positivo, como con sus escándalos, quizás el público no vería la “inversión” de tantas libras esterlinas con buenos ojos.

¿Cuáles son los escándalos que más han estremecido a la realeza? A continuación, los hechos más sonados de los royals ingleses.

Los escándalos de la realeza británica

Las decapitaciones de Enrique VIII

Sin duda, el rey de los escándalos reales fue Enrique VIII, quien, en su afán por procurar un heredero varón al trono, tuvo seis esposas, en el camino cambiando, manipulando y reinventado las leyes de la iglesia para lograr sus fines.

En 1509, el recién coronado rey de 18 años, quienes los historiadores modernos aseguran que era un guapo, irresistible y encantador don juán (algo que no es evidente en los retratos del corpulento monarca), se casó con Catalina de Aragón, su cuñada, o sea, la viuda de su hermano muerto.

Esto lo hizo únicamente con el interés de mantener buenas relaciones con España. Pero después de 20 años, cuando Catalina comenzó a perder la lozanía y belleza de la juventud, el Monarca, decepcionado de que no le había dado un heredero al trono, hizo la movida que estremeció al mundo: dejó a Catalina, rompió con Roma, para poder anular su matrimonio, y formó la Iglesia Anglicana.

Foto: Getty Images

Entonces, Enrique se casó nada menos que con su amante, Ana Bolena, a quien más tarde acusó de traición y condenó a muerte. Ana, como casi todos saben, fue decapitada.

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Más de cuatro siglos después, sin que corriera tanta sangre, aunque después de una gran tragedia, un heredero al trono de la dinastía de los Windsor , se casaría con la que muchos creen fue su amante. Pero de eso habrá mucho más que contar…

Bigamia en los escándalos de la realeza británica

En lo que respecta a escándalos reales, la historia del rey Jorge IV y la princesa Carolina de Brunswick es impactante, aun para los estándares de los tabloides modernos.

En 1795, el entonces príncipe de Gales, promiscuo personaje conocido por sus excesos con la bebida y la adicción al juego, aceptó casarse con su prima alemana a cambio de que el Parlamento inglés le saldara sus deudas. Pero el arreglo no era del todo fácil.

Primero, porque el incorregible monarca de 32 años estaba ya secreta e ilegítimamente casado con una mujer católica, mayor que él, llamada Maria Fitzherbert, y segundo, porque él y la diminuta, pero corpulenta Carolina, se detestaron desde el primer momento.

Según la leyenda, para atenuar la mala impresión del encuentro, el atribulado Príncipe le pidió a su valet que le sirviera una copa de brandy.

No obstante, tres días después y con unas cuantas botellas de más, Jorge llegó tambaleante al altar para cumplir con el compromiso con Carolina de Brunswick. Y, en cuanto a su amada Maria, su matrimonio fue anulado.

Lejos de evocar la fantasía de las bodas de los cuentos de hadas que aún persiste en la actualidad, muchas de las uniones de la monarquía inglesa, no se basó en el amor, sino en la conveniencia, el dinero y el ansia de poder.

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El asesinato en los escándalos de la realeza británica

Cuando Eduardo, príncipe de Gales, hijo de la reina Victoria y el príncipe Alberto, era joven, decidió adquirir experiencia como soldado, por lo que se fue a Irlanda a realizar maniobras militares.

Lo que pocos sabían es que la actriz, Nelly Clifden, vivía escondida por los militares, en la tienda de campaña del heredero del trono, un rendido admirador de las mujeres.

Su padre, al enterarse, montó en cólera y lo visitó en Cambridge, a pesar de estar gravemente enfermo, para darle una reprimenda.

Cuando dos semanas después, en diciembre de 1861, el príncipe Alberto murió, Victoria estaba inconsolable, e incluso culpó al joven de la muerte de su progenitor.

En 1863, Eduardo, quizás con la intensión de “sentar cabeza”, se casó con Alexandra Caroline Marie Charlotte Louise Julia. Pero su esfuerzo, si es que alguna vez lo hizo realmente, fue en vano.

Las amantes de la realeza

Eduardo, un playboy incurable, toda la vida tuvo una serie de ilustres amantes, entre ellas la actriz Lily Langtry; lady Randolph Churchill, la madre de Sir Winston Churchill; la actriz Sarah Bernhardt; Daisy Greville, condesa de Warwick , y la rica humanitaria, Agnes Keyser.

Sin embargo, no se ha determinado con exactitud con cuáles de ellas vivió un romance, o solo una amistad.

A pesar de los esfuerzos de Eduardo por ser discreto, nunca pudo callar los comentarios.

Alice Keppel, una de sus últimas amantes, en 1910 fue invitada por Alexandra al lecho de muerte de Alberto en el palacio de Buckingham.

Una de las bisnietas de Keppel, Camilla Parker-Bowles, fue la amante, y luego la esposa, de Carlos, príncipe de Gales, tataranieto de Eduardo.

Se rumora que Sonia Keppel, la abuela de Camilla, fue la hija ilegítima de Eduardo VII.

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Infidelidad en los escándalos de la realeza británica

Cuando la princesa Margarita, hermana menor de la reina Isabel, se casó con Antony Armstrong-Jones en 1960, todo parecía indicar que era la pareja perfecta.

El representaba la esperanza para ella, quien había tenido que renunciar al amor de Peter Townsend, porque la Reina y el Parlamento no le autorizaban su boda con un divorciado.

Antony era un apuesto fotógrafo, diseñador y retratista galés, quien adoptaría el título nobiliario de lord Snowdon y ella, bueno, era nada menos que una novia de sangre azul.

Foto: Getty Images

Pero la luna de miel duró poco y los restantes años de matrimonio se vieron empañados por amar gos engaños.

Aunque lord Snowdon tenía fama de playboy, lo sorprendente fue que al romperse la relación en 1978, la prensa y la aristocracia británicas responsabilizaron a la Princesa del desastroso matrimonio debido a sus repetidas infidelidades.

¿Cómo podía haber enlodado el nombre de su familia y deshonrado a su marido de esa forma?

El pueblo reivindica a la princesa Margarita

Lord Snowdon, exento de culpas, siguió tratando a la Familia Real incluso después de la muerte de la princesa Margarita.

Le encargaban trabajos e invitaban a actos sociales. Pero todo cambió súbitamente con la publicación de las explosivas memorias del Lord, quien cuenta con jugosos detalles en su biografía autorizada, que la hermana de la Reina tuvo amoríos clandestinos como venganza a los engaños cometidos por él.

«No es mi culpa que las mujeres atractivas se me arrojen en los brazos», declaró con absoluta desfachatez.

Y al parecer no solo el sexo femenino lo acosa, el libro insinúa que es bisexual, algo que se ha rumorado desde hace tiempo y que él nunca ha desmentido.

La imagen de la princesa Margarita, aunque tarde, parece reivindicada. De adúltera criticada pasó a ser reconocida como una mujer quien, herida en lo más profundo, se entregó equivocadamente al alcohol y a las caricias extra matrimoniales, para aliviar en algo su profunda soledad.

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La princesa Diana: protagonista de uno de los escándalos de la realeza británica más polémico

La celebración de la boda de Carlos, príncipe de Gales y lady Diana Spencer en 1981 causó enorme alegría entre el pueblo pero, la realidad entre ellos es que había una fuerte separación emocional.

El heredero de la Corona no podía haber elegido mejor partido que esta joven atractiva, tímida y virginal. El antiguo romance de Carlos con Camilla Parker-Bowles había quedado sepultado y solo felicidad se vislumbraba para la nueva pareja.

Tristemente, se sabe con certeza, que el affair entre el Príncipe y Camilla había resurgido a fines de los 80, causándole indignación y dolor a la desaparecida princesa Diana.

(Foto: Getty Images)

La llamada telefónica del príncipe Carlos y Camilla Parker-Bowles

Quizás la crisis matrimonial y todo el drama apasionado hubiera podido permanecer en secreto, de no haber sido por la reveladora conversación telefónica entre Carlos y su amante, la cual fue divulgada por los tabloides ingleses en 1992.

La noticia se dio a conocer como el Camillagate (nombre alusivo al escándalo político americano de Watergate en los años 70) y, como era de esperarse, causó gran vergüenza a la realeza e intensa conmoción en el pueblo inglés, generando además un odio desmesurado hacia Camilla, al culparla de la ruptura entre Carlos y Diana.

Investigaciones subsiguientes comprobaron que los teléfonos de la Familia Real habían sido intervenidos permitiendo así la grabación de conversaciones privadas.

La transcripción más explosiva fue la de una llamada de explícito contenido sexual hecha en 1989, que sugería que Carlos y Camilla estaban involucrados sexualmente.

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Las ardientes revelaciones sirvieron para acelerar la separación entre ella y su esposo, Andrew Parker-Bowles en 1995.

Tras su divorcio, Camilla “voló por debajo del radar”, hasta ser vista en público con el Príncipe en 1999 y posteriormente ser presentada ante la Reina en el año 2000.

Aunque la pareja se casó oficialmente en 2005, convirtiéndose Camilla en una posible futura reina de Inglaterra, se rumora que el título concedido sería el de princesa Consorte y no reina, debido en parte a los bochornosos eventos ocurridos en el sórdido Camillagate.

Llamadas teléfonicas de la princesa Diana

El mito de la fachada sobria y protocolar de la realeza inglesa fue derrumbado cuando el escándalo del Camillagate se difundió en el mundo entero, la imperturbable reina Isabel dio signos de aparente exasperación ante las indiscreciones de su hijo.

Por si fuera poco, ahora también los titulares noticiosos anunciaban el destape de otro escándalo denominado Squidgygate, en el que una serie de llamadas teléfonicas entre la princesa Diana de Gales y James Gilbey, un amigo cercano a ella, fueron hechas.

En las conversaciones, Gilbey llamaba afectuosamente a Diana “Squidgy” (de ahí el nombre del escándalo) y ella le confiaba que su vida se parecía a un personaje de telenovelas y que creía estar embarazada.

Pronto, la gente hablaba de la “Guerra de los príncipes” y hasta se hacían apuestas de cuánto duraría el matrimonio.

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Aunque no existen unas pruebas fehacientes, mucho se ha especulado sobre la participación directa de la princesa Diana en la distribución de las grabaciones telefónicas.

Se dice que ella misma contactó al periodista Andrew Morton, quien publicó posteriormente el interesante libro Diana: Su verdadera historia.

Y otros opinan que quizás hablar abiertamente de su traición amorosa y exponerse vulnerable al mundo fue la única arma que encontró para hacerse justicia.

La noticia del divorcio del príncipe Carlos y la querida princesa Diana corrió como pólvora y ocupó las primeras planas de los periódicos.

Los periódicos y tabloides publicaron que la mismísima Reina les ordenó a Carlos y Diana que se divorciaran y pusieran fin al drama.

El príncipe Andrés en los escándalos de la realeza británica

De caracter jovial y bromista, el príncipe Andrés , hermano menor del príncipe Carlos, era considerado el irreverente de la Familia Real.

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Apodado Randy Andy, “Andrés el travieso”, el Príncipe disfrutaba saliendo a divertirse con sus amigos y pasando un buen rato con chicas atrevidas, hasta que, como su estirpe dictaba, sentara cabeza casándose con una mujer respetable.

Al parecer ese momento llegó cuando conoció en 1982 a Kathleen Dee-Anne Stark, mejor conocida como Koo Stark, una fotógrafa y actriz americana, hija de un productor de cine.

El romance iba viento en popa y tras casi dos años de relación se empezaron a escuchar campanas de boda en el palacio de Buckingham.

Pornografía en la realeza

Pero a Koo, quien según las malas lenguas aspiraba a interpretar el rol de su vida, convirtiéndose en la esposa de un príncipe, la felicidad le duró poco.

Pronto la prensa comenzó a escudriñar su pasado y afloraron facetas histriónicas que a la actriz más le hubiera valido ocultar.

Sobre todo su rol en Emily y Cruel Passion, dos películas pornográficas de alto voltaje, filmadas en 1976 y 1977. Como era de esperarse, la prensa británica la menospreció como candidata para integrar la Familia Real.

Todos comentaban que el Príncipe se había salvado de unirse a una mujer tan impúdica y por ello fue motivo de alegría cuando oficializó su noviazgo con la desenfadada pelirroja Sarah Ferguson.

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Entonces nadie vaticinó que, tras su boda en 1986, el otorgamiento de los títulos de duque y duquesa de York, y el nacimiento de dos hijas, Beatrice y Eugenia, el matrimonio terminaría en separación en 1992.

Irónicamente, si las películas eróticas de Koo Stark habían sido motivo de controversia para la corona, más lo fue la publicación de las fotos topless de la duquesa de York, asoleándose desinhibidamente con su “asesor financiero”, John Bryan.

Asesino serial de sangre azul (escándalos de la realeza británica)

A finales del siglo XIX, Londres se vio sacudido por una ola de macabros crímenes en los que los cuerpos mutilados de mujeres prostitutas aparecían en callejones oscuros.

Por mucho que el recién formado departamento Scotland Yard investigó a diversos sospechosos, los grotescos asesinatos quedaron impunes.

Lo sorprendente del caso es que según tres importantes teorías, el implicado principal era nada menos que el príncipe Alberto Víctor (apodado cariñosamente Eddy por sus amigos), nieto de la reina Victoria.

Foto: Getty Images

Nacido en 1864, Alberto Víctor fue un niño algo retrasado, que al crecer se convirtió en un adulto apagado y aburrido.

Por sus escasas cualidades, le negaron una educación esmerada y, como resultado, el introvertido Príncipe fue un completo incapaz.

Además de su limitada inteligencia, era parcialmente sordo y tenía un cuello inusualmente largo y delgado, que lo obligaba a usar camisas almidonadas de cuello alto.

Sin duda, los defectos físicos y mentales que lo caracterizaban fueron los causantes de sus muchos complejos, pero, ¿serían también el detonador de un asesino en potencia?

Teorías sobre el asesino serial de sangre azul

Las teorías que relacionan al Príncipe con los asesinatos no surgieron en la época de Jack el Destripador, sino que aparecieron en 1962, en el libro titulado “Eduardo VII”, escrito por Philippe Julien.

En el texto, el autor cuenta que en aquel tiempo se rumoraba que tanto el Príncipe como un misterioso duque de Bedford eran responsables de los asesinatos.

Después, en 1970, el Dr. Thomas Stowell publicó un artículo que causó sensación por sus acusaciones veladas en contra de Alberto Víctor.

Aparentemente, Stowell utilizó los documentos privados del médico de Alberto, Sir William Gull, como evidencia para formular su teoría. Aunque en el artículo no se menciona el nombre del Príncipe, lo señala como el posible culpable.

Según Stowell, Alberto Víctor padecía de sífilis avanzada, enfermedad que lo enloqueció y lo llevó a cometer los horrendos crímenes.

En esta hipótesis, la Familia Real sabía que él era el asesino y optó por recluirlo en un sanatorio mental, luego que su médico informara que el Príncipe estaba muriendo de una infección sifilítica generalizada.

La abdicación al trono que se convirtió en uno de los escándalos de la realeza británica

En 1936, el deseo del rey Eduardo VIII de casarse con una mujer americana dos veces divorciada, con reputación de oportunista y manipuladora, causó una severa crisis constitucional en Inglaterra, que derivó en la abdicación del Monarca.

«El trono, por la mujer que amo«, proclamó orgullosamente, y entregó su cetro y corona sin nunca arrepentirse.

Foto: Getty Images

Su hermano menor (el padre de la reina Isabel) fue proclamado Jorge VI y este a su vez le otorgó a su hermano el título de duque de Windsor.

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Seis meses después, el sueño de la norteamericana Wallis Simpson se hizo realidad, convirtiéndose en la esposa del duque y, consecuentemente, en la duquesa de Windsor.

Si por su origen y estilo de vida le fue negado el derecho de convertirse en reina, su amor prevaleció por encima de la majestuosidad, traduciéndose en un verdadero cuento de hadas.

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