La reina Isabel cumple 95 años. ¿Qué sigue tras la muerte del duque de Edimburgo?

El 21 de abril de 2021, la reina Isabel cumplió 95 años de edad. Días antes se despidió de su consorte durante 73 años. Esto viene para ella.

Por mdaphnis

- 31/08/2021 04:19
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El 21 de abril de 2021, Isabel II cumplió 95 años de edad. Días antes se despidió de su consorte, un icono de la guerra y un hombre “de los que ya no hay”, y no los hay porque mucho hemos cambiado en el mundo a lo largo de estos 73 años. Esto viene para la reina.

Es inevitable: nadie es eterno y el reinado de Isabel II tampoco lo será, su vida llegará a término algún día. De momento se ha adelantado su compañero de 73 años tan solo de matrimonio (más 7 y medio de comenzar una relación amistosa que devino en noviazgo: 81 años). ¿Qué significa esto para la Gran Bretaña?

Primero: ¿Abdicará la reina Isabel?

“Es muy difícil que lo haga, sino imposible”, dice Joe Little en exclusiva para Vanidades. El editor de la revista Majesty, quien es el más longevo de los periodistas de realeza en el Reino Unido, está convencido de que Isabel II continuará con su papel “y por eso ha querido retomar su agenda lo antes posible”.

El mensaje es claro: no va a dejar que el dolor la aparte de sus obligaciones.

“Un rey ungido significa que ha sido elegido por la gracia de Dios, como devota que es, reina responsable y comprometida, seguirá adelante. Si miramos los acontecimientos de su reinado veremos que siempre está en alguna tormenta; es cíclico. Ha sobrevivido todas, sobrevivió a la entrevista de Harry y Meghan y sobrevivirá a este golpe personal”, dice el experto.

Esa es la clave detrás de la muerte del duque… Una cosa es ser una monarca tan experimentada que nada pueda tumbarla, y otra es ser, simplemente, humana. Las personas sentimos y los reyes también sufren.

El reinado exitoso de Elizabeth II o Isabel II se mide por números, récords y por ventas. Sí, por ventas de fotografías, transmisiones televisivas internacionales, impresiones de periódicos locales, merchandising de su imagen y lo más impagable: una imagen icónica mundial. Y eso no pudo hacerlo sola, lo hizo con su duque incondicional. Su roca y su sostén.

Segunda: ¿Puede una persona soportar esa pérdida?

De acuerdo a la tanatóloga Gaby Pérez Islas, el proceso de duelo es largo, personal y no tiene un tiempo preciso.

“Después de la pérdida de un hijo, la más dolorosa es la de la pareja, y si ha sido tu única pareja y has vivido una larga vida a su lado se vuelve un duelo muy largo en el que la voluntad por hacer el duelo es importante y el apoyo de la familia”.

Pero hay un problema mayor: la pandemia. Las restricciones no dan oportunidad para un duelo normal; la reina Isabel puede refugiarse en su trabajo y su agenda vía Zoom, además de pasar tiempo con sus nuevos perritos Fergus y Muick (a quienes mandó adoptar mientras el duque estaba en el hospital, quizás preparándose para el final) o recibir a sus hijos y nietos de forma paulatina, pero su duelo es en solitario, en “su hogar”, el Castillo de Windsor que el mismo duque de Edimburgo remodeló tras el incendio de 1992 y en el que pasaron el último año juntos.

Se dice que morir en paz, en tu cama, es un privilegio de reyes y como consorte, Felipe culminó su extraordinaria vida así. A la reina Isabel le toca hacer un duelo a partir de este agradecimiento: estar su lado en sus últimos momentos, haber retomado la calma que quizás, sin pandemia, no hubieran tenido.

Tercero: ¿Quién acompañará ahora a la reina Isabel?

El duque de Edimburgo era su “roca y sostén”, como lo dijo en 1997 en sus bodas de oro, pero aparte de eso era su acompañante en los eventos más importantes y oficiales. A partir de ahora tendría que ser el duque de York, ya que el príncipe de Gales tiene una agenda propia que cada vez lleva más compromisos que antes realizaba la reina (“antes” implica de 5 años para acá). Pero sabemos que la imagen pública del príncipe Andrés no es la mejor por su asociación en el caso Jeffrey Epstein. Eso deja a un jugador ideal: el siempre prudente “e inofensivo” conde de Wessex, como lo llamó el politólogo Jonathan Freedland.

Tanto el príncipe Edward como su esposa Sophie han tenido una participación más protagónica dentro de la familia real; fue ella, inclusive, la primera en hablar en público tras la muerte del duque, y será el conde quien posiblemente herede el ducado de Edimburgo. Es joven, no tiene escándalos, es mesurado con sus comentarios y apariciones públicas y de paso, es el único de sus hijos sin divorcios… Si eso ayuda de algo.

Cuarto: ¿Cuáles problemas deja el duque?

El primero es la relación rota de Harry y Meghan con la familia; el duque comentó a sus amigos estando en el hospital que “esa entrevista (con Oprah el 8 de marzo) era una locura”, según reveló Gyles Brandreth, autor y amigo personal del duque.

Sabiendo que su nieto ya era harina de otro costal, los expertos de la realeza en Reino Unido afirman que estimaba mucho a Meghan aun cuando no estaba de acuerdo con su salida. El rezago que se debe resolver es el tema del racismo –en el que el príncipe Felipe no tenía una gran historia a su favor gracias a sus bromas tan discutidas–.

El otro problema es mucho más grave y el principal al que se enfrenta la familia real: el lío en el que el príncipe Andrés se metió tanto por sus amistades pedófilas tanto como la entrevista que dio en noviembre de 2019 que lo hundió aún más. Salvarlo entonces no estaba en manos ni del duque ni de la reina, salvarlo ahora mucho menos. Si Andrés libra la cárcel no librará la vergüenza, y a estas alturas de la vida y reinado de Isabel II, está claro que la afectación sería gravísima y le tocaría a Carlos sofocarla de forma tajante.

Cinco: ¿Qué implica para la Gran Bretaña?

El fin de una era. Ni más ni menos. Es la monarquía más longeva de la historia en este país, y sobre todo, es el recordatorio del una potencia fincada sobre los triunfos bélicos y sus héroes de antaño: sobrevivientes, sacrificados y premiados por su amor a la patria. La reina Isabel II vio el palacio de Buckingham bombardeado mientras su novio peleaba las batallas más crudas del sureste asiático durante la Segunda Guerra Mundial.

Asociados a este reinado –a esta pareja– están nombres históricos como el de Winston Churchill, JFK, Margaret Thatcher y sucesos que marcaron la movilidad y modernización del Siglo XX como la caída del muro de Berlín y la Pereztroika. ¡Qué no vieron en casi 100 años!

Pero también es el fin de una era de pensamiento e ideologías nacidas en aquella antigua época tan vibrante como adusta: hoy no es posible hacer bromas sobre el aspecto, los clichés o la cultura de los países no europeos, de los africanos o los asiáticos y musulmanes; hoy no es posible celebrar el colonialismo ni las diferencias entre las personas (algo anacrónico cuando se trata de la realeza, supuestramente ciudadanos de primera). Esta es a era de la igualdad.

Es también el tiempo del ambientalismo, la era de las mujeres y la consciencia. En estos dos últimos rubros, Felipe de Edimburgo fue un pionero en la Gran Bretaña y si bien no fue perfecto –¿quién lo es?–, tampoco fue un villano.

Simplemente era el epítome de un hombre ejemplar que representaba un tiempo que ya no volverá: tan vibrante como oscuro, tan duro como resiliente, tan orgulloso como maleable.

Un tiempo que solo queda en los libros de historia. Su funeral militar, sin duda alguna, marca el inicio del inminente ocaso de la segunda era isabelina de la historia de la Gran Bretaña.

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