Rasputín: «el monje loco» que causó la ruina de los Románov

Descubre quién fue “el monje loco” causante de las predicciones de la ruina de los Románov, antes de su trágica muerte: Rasputín.

Por melissa

- 31/08/2021 04:05
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Descubre quién fue “el monje loco” causante de las predicciones de la ruina de los Románov, antes de su trágica muerte: Rasputín.

¿Quién es Rasputín?

Grigori Yefímovich Rasputín, llamado “el monje loco”, nació en la aldea de Pokróvskoye, en Siberia, Rusia, el 22 de enero de 1869.

Según el biógrafo Colin Wilson, en su libro “El mago de Siberia”, la fecha de su nacimiento fue el 23 de enero de 1871 y Anna Egorovna, su madre, vio en ese momento, a través de la ventana de su habitación, una lluvia de brasas ardientes que descendían, producto de un meteoro que cruzó el cielo esa noche.

¿Será buen o mal presagio?, le preguntó a su esposo Efim Rasputín. ¡Solo el tiempo lo dirá!, respondió él, enigmáticamente.

La infancia de Rasputín

Efim era un acomodado campesino, con una próspera propiedad, apuesto y bebedor. También era cochero. El y Anna tenían otro hijo, Mikhail “Misha”, quien había nacido dos años antes.

A Grigori todos lo llamaban por el diminutivo “Grisha”. La instrucción no era obligatoria en Pokrovskoye y los hermanos se criaban ayudando en las faenas del campo y jugando al aire libre en los bosques y prados.

Grigori era de pocas palabras y más fuerte que su hermano Misha. Un día, los dos jugaban empujándose a orillas del río Tura. Perdieron el equilibro y cayeron al río.

La corriente los arrastró y estuvieron a punto de ahogarse, pero pudieron agarrarse a unas rocas y, con la ayuda de un vecino, lograron salir de las frías aguas.

En la aldea no había un médico, solo existía una partera. Los niños enfermaron de neumonía, y ella dijo: —»No tengo medicinas para eso». Misha murió a los dos días, mientras Grigori continuó debatiéndose durante semanas entre la vida y la muerte, con fiebre, accesos de tos y ahogos.

Su madre puso unas mantas en la cocina y lo arropó al lado del calor de la estufa. Cuando todos lo daban por perdido, él se sentó sobre las mantas y susurró con un hilo de voz: —»¡Sí! ¡Quiero, quiero!»

Luego se desplomó y durmió muchas horas tranquilamente. Cuando despertó, milagrosamente se había recuperado.

El les contó a sus padres que una hermosa señora vestida de azul y blanco se le había aparecido en sueños y le había dicho que tenía que curarse. Después le anunció que le iba a pedir algo, pero desapareció.

Luego, viendo las miradas de los presentes, dijo: —»Mi hermano Misha murió, ¿verdad?» —y hundió su rostro bañado en lágrimas en la almohada.

El sacerdote del pueblo le explicó que la señora hermosa que lo había visitado en sueños era la Santísima Virgen María y que lo había elegido para una misión importante. —»Un día ella volverá y te dirá lo que espera de ti«.

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El don de la adivinación de Rasputín

La profecía se corrió por toda la aldea y Grigori dio muchas veces señales de que tenía el don de la adivinación.

También poseía la cualidad de calmar a los animales cuando estaban inquietos o heridos. El les hablaba y se comunicaba con ellos y de las granjas más lejanas los campesinos venían a solicitar su ayuda.

A veces le ofrecían dinero en recompensa, pero él nunca aceptaba. A medida que Grigori crecía, le fueron atrayendo los humildes stárets, es decir, los peregrinos que recorrían los caminos.

Sus padres los recibían en casa con agrado y les daban de comer y de beber. Ellos les retribuían enseñándoles los Evangelios, contándoles historias edificantes de sus viajes y de los milagros que habían presenciado, y haciendo profecías o dándoles fórmulas curativas.

Grigori, fascinado, murmuraba: —»¡Algún día seré como ellos!» Cuando Grigori cumplió los 18 años, se fue sin rumbo fijo de monasterio en monasterio, siguiendo a los stárets hasta las mismas cuevas en donde dormían y hacían sus penitencias.

Los vio flagelarse y hasta caminar con grillos en los pies. Su forma de servir al Señor lo confundía. —»Si Dios es amor y perdón, ¿por qué fustigarse y privarse de lo esencial para honrarlo?» —preguntaba.

Otra cosa que le preocupaba mucho a Grigori era el deseo carnal. En cuanto veía a una mujer se excitaba y pensaba que el placer no debía cohibirse.

Vida personal y familiar de Rasputín

A los 19 años, Grigori conoció durante una celebración en el monasterio de Abalatsk a Praskovia Duvróvina, una doncella de cabello rubio y ojos negros, pequeña pero bien formada y fuerte, hija de un granjero, que había sido acostumbrada desde niña a trabajar en los campos y a labrar la tierra.

Era muy religiosa y cuatro años mayor que él. Para entonces, Grigori se había convertido en un joven alto y delgado, con bigote y barba pulcros, con reflejos rojizos. Pero sus ojos, de un azul acerado, eran su rasgo físico más sobresaliente.

Maurice Paléologue, quien lo llegó a considerar un fenómeno político, escribió en su libro “An Ambassador’s Memoirs”, que tanto amigos como enemigos que lo conocieron describieron el extraño poder de los ojos de Grigori.

Praskovia recordó un vaticinio que le había hecho un peregrino a quien había dado de comer un tiempo antes: «Tu marido vendrá del sur y será un campesino más audaz que otros hombres».

Grigori y Praskovia se enamoraron. Cuando Anna, su madre, murió, Grigori se casó con Praskovia y la llevó a vivir a la casa paterna.

La pareja tuvo un hijo, pero el niño falleció a los seis meses de nacido y Grigori quedó muy perturbado. Cuenta el biógrafo, Henri Troyat, autor del libro Rasputín, que a partir de entonces Grigori comenzó a beber y a llevar una vida desenfrenada y delictiva.

Rasputín: el hombre místico y religioso

En 1892, lo acusaron de arrancar las estacas de un cercado. Todo el pueblo lo con- denó a un año de destierro. El decidió em- prender un largo y penoso peregrinaje al monasterio de Verjóturie. Durante tres meses permaneció allí en claustro.

Al regreso del monasterio tuvo una visión de la Santísima Virgen y se convirtió en un místico. Poco después ingresó en una secta cristiana condenada por la iglesia ortodoxa rusa, conocida como jlisti (flagelantes), que creía que para llegar a la fe verdadera era necesario el dolor.

En esta secta se celebraban fiestas y orgías, y a Grigori esto lo marcó de por vida sexualmente. Un día abandonó la secta y conoció a Makari, un iluminado que ejerció una gran influencia sobre él.

Fue Makari quien le enseñó las primeras letras, le ayudó a entender la Biblia y le habló de la vida eterna. Cuando Grigori regresó a su aldea, se hizo llamar Rasputín.

Invocaba la voluntad divina y se santiguaba sin ton ni son, cantando letanías. Praskovia no entendía su actitud, y cuando él nuevamente quiso marcharse para vivir una vida errante, no lo detuvo.

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Las peregrinaciones de Rasputín

Rasputín emprendió un largo peregrinaje por países cuyas lenguas no conocía, y llegó hasta el Monte Athos, en Grecia. Pero en el verano siempre se las arreglaba para volver a casa.

Cumplía sus deberes conyugales con su mujer y trabajaba en las labores del campo.

Cuando recobraba fuerzas, volvía a lanzarse a sus peregrinaciones. Esas escalas en su hogar dieron lugar a que Praskovia quedase embarazada tres veces.

En 1895 nació su hijo Dimitri; en 1898, su hijaMaría, y Varvara en 1900.

«La paternidad me hace inmensamente feliz, pero no apaga mi pasión por propagar la fe» —dijo.

Su padre se enfureció y le respondió: —»¿Es eso más importante que quedarte en tu hogar con tu familia y trabajar en la granja para ganar el sustento? Yo me estoy matando y tu mujer aún mucho más». Pero Rasputín se marchó de nuevo.

Destaca el biógrafo, Paul Mourosy, en su libro Rasputín, que esta vez tardaría cuatro años en regresar y que se presentó ante Praskovia con las manos levantadas y tendidas como era la costumbre entonces en la campiña rusa para pedir hospitalidad.

Ella exclamó emocionada: —»¡Virgen Santa! ¿Es posible? ¡Eres tú, mi amado Grigori! Al fin has vuelto»… Rasputín pidió la bendición a su padre, quien no se la negó a pesar de que estaba muy disgustado con él.

Luego Praskovia llamó a sus hijos para que le dieran la bienvenida a su padre. Los niños no reconocieron a aquel vagabundo, alto, de pelo largo y con la barba sucia.
Praskovia preparó manjares para agasajar a su esposo, pero él rechazó todo lo que tenía visos de festín y comió poco.

Muchas veces, Rasputín rezaba angustiado, encerrado en su cuarto: —»¡Señor, ten piedad de mí!»

En las calles saludaba a todo el mundo y se comportaba paternal. Hablaba del amor al prójimo, del alma y de la salud. —»Alabemos al Señor» —solía decir.

Rasputín es un santo

Contaban que en su peregrinaje lo habían visto curar a enfermos y en la aldea dio muchas muestras de ese don.

—»¡Se ha vuelto santo!» —decía la gente.

Rasputín decidió construir una capilla subterránea en uno de los terrenos de la granja. Puso bancos de piedra a los lados y abrió nichos para las humildes reliquias que había conseguido.

Allí recibió a los que acudían a él en busca de consuelo. En sus reuniones místicas, sus adeptos repetían versículos del Evangelio, hablaban de sus desdichas y elevaban plegarias.

Les enseñaba danzas y cánticos de la sectajlisti. Enardecidos, los “hermanos” y “hermanas” mostraban su amor repartiéndose besos. Se lavaban para purificarse y se flagelaban para activar la circulación de la sangre. A veces fornicaban en el suelo.

—»Gracias, Señor, por el placer que has dado a tus miserables criaturas» —decían.

Praskovia no participaba en la religión que profesaba su marido; no lo vigilaba ni lo criticaba. Pero otros aldeanos comentaban que Rasputín había hecho un pacto con el maligno.

En 1901, el pope Oustroúmov, que lo detestaba, lo amenazó con la excomunión y envió un informe amonseñor Antón, obispo de Tobolsk, acusando a Rasputín de ser miembro de la sectajlisti.

El obispo designó a un padre inquisidor para investigar el asunto, pero el informe que este emitió fue tranquilizador. Rasputín quedó en libertad por falta de pruebas.

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Las predicciones de Rasputín

Rasputín, por prudencia, decidió emprender un viaje. Durante más de tres años peregrinó como los stárets y fue vidente en distintas ciudades.

En Kiev visitó las catacumbas. En Kazán conoció a varios clérigos a los que dejó admirados con sus vaticinios, a pesar de que se hablaba de que él llevaba una vida licenciosa.

El padre Mikhail le aconsejó que fuera a la Academia de Teología de San Petersburgo, y le dio una carta de recomendación para monseñor Teofán.

Rasputín tenía 34 años al llegar a la capital en la primavera de 1903. Impresionó al prelado por su entusiasmo primitivo y el magnetismo de su mirada.

Se expresaba con un lenguaje rústico e incorrecto, que denotaba su auténtica procedencia campesina. No obstante, se movía con aplomo en cualquier esfera social.

En la catedral, el padre Krondstadt lo invitó a ser el primero en comulgar y le pidió que bendijese a los fieles.

En un bando se encontraban los peregrinos harapientos, y en el otro, los ricos y los nobles. —»Hijo mío, he sentido tu presencia. Llevas en ti la llama de la verdadera religión” —le dijo el padre.

Según el biógrafo, Andréi Amalrick, en su libro “Raspoutine”, algunos testigos le oyeron añadir: —»Pero ten cuidado, en tu nombre llevas tu futuro».

A los cinco meses regresó a su casa. Pero en 1904, Monseñor Teofán pidió a Rasputín volver a la capital, pensando que con su sencillez campesina y sus dones curativos y de vidente le serviría como un buen enlace entre el pueblo y la nobleza.

Rasputín y la nobleza rusa

Olga Lotjiná, la esposa de un consejero de estado que padecía de neurastenia, y a quien ningún médico había podido curar, fue puesta en manos de Raputín, quien la liberó del mal con rezos y poseyéndola.

Olga se convirtió en su amante y le enseñó a leer, a escribir y a comportarse correctamente.

Luego lo presentó a sus amistades, y Rasputín causó sensación entre las damas de la alta sociedad. Las grandes duquesas Militsa y Anastasia, hijas del rey de Montenegro, lo invitaron a recepciones y sesiones de espiritismo en sus palacios.

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Dinastía Románov

Un día, Militsa recibió a los zares Nicolás yAlexandra y les presentó a su famoso protegido Rasputín.

El historiador E. M. Halliday señala en su libro “La revolución rusa” que, desde el primer momento, Rasputín se comportó con ellos con excesiva familiaridad, llamándolos “padrecito” y “madrecita”.

A ellos, él les pareció un maravilloso exponente de los campesinos rusos, sus súbditos, con los cuales no habían tenido nunca ningún contacto.

El zar escribió en su diario: «He conocido a un hombre de Dios, Grigori, de la provincia de Tobolsk».

Nicolás y Alejandra se amaban profundamente y tenían cuatro hijas saludables: Olga, Tatiana, María y Anastasia, y recientemente se habían enterado de que Alexis, el hijo menor y heredero, padecía de hemofilia, conocida como la “enfermedad de los reyes”, porque había aparecido en los últimos 100 años en las casas reales de Gran Bretaña, Rusia y España.

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Alexis Románov y la «enfermedad de los reyes»

Las mujeres la trasmitían y los hombres la padecían. Alejandra la había heredado de su abuela, la reina Victoria de Inglaterra, y de su madre, Alice.

El niño había nacido el 12 de agosto de 1904 y parecía sano, pero seis semanas más tarde sufrió durante tres días unas hemorragias interminables por el ombligo. Cuando comenzó a dar pasitos, si se caía, se le formaban grandes hematomas.

Los Romanov guardaban celosamente el secreto de la enfermedad viviendo en la “aldea del emperador”, como llamaban al palacio Tsárskoie Seló.

Alexis era un niño bello, despierto y risueño, pero sufría muy a menudo hemorragias. Una vez dentro de las articulaciones, la sangre tenía un efecto corrosivo, y destruía huesos, cartílagos y tejidos.

Los miembros se contraían en una posición rígida y torcida. Para los dolores no podían aplicarle morfina porque era adictiva. Su madre decía destrozada: —»Su único modo de librarse del dolor es cuando se desmaya».

Rasputín era fiel monárquico y consiguió una audiencia oficial como stárets para entregar a Sus Majestades un icono milagroso de San Simeón, que les había traído desde Siberia.

El 15 de octubre de 1906 fue recibido en el palacio Tsárskoie Seló para tomar el té en compañía de la Familia Imperial, en una audiencia que duró una hora.

Predicciones de Rasputín a los Románov

En diciembre de ese año, la Zarina le pidió que le diese su parecer a su mejor amiga sobre el futuro de su próximo matrimonio. —No veo nada clara la unión proyectada —declaró él.

La boda se celebró, pero el matrimonio fue anulado un año más tarde, porque el cónyuge era alcohólico e impotente. La Zarina comenzó a tener fe en Rasputín y en su fama de vidente y de curandero.

A finales de octubre de 1907, Alexis saltó dentro de un bote y cayó sobre uno de los sostenes de los remos. Este se le incrustó entre el muslo y la ingle, y sufrió una severa hemorragia.

El pobre niño dijo: —“Cuando me muera ya no me va a doler más, ¿verdad mamá?” La situación del pequeño era desesperada.

Se le administraron los sacramentos y se envió un boletín a San Petersburgo, redactado de forma de que al día siguiente pudiera anunciarse su muerte.

Fue esa noche que la Zarina llamó a Rasputín. Ella le solicitó a Anna Vyroubovaque le enviará un telegrama a Pokróvskoye, pidiéndole que rogase por su hijo.

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La predicción sobre Alexis Románov

Rasputín inmediatamente respondió el telegrama: «Dios ha visto tus lágrimas y ha escuchado tus oraciones. No temas, el niño no va a morir. No permitas que los médicos lo molesten más de lo debido«.

Al día siguiente la hemorragia paró. El niño estaba completamente exhausto, pero sobrevivió, un misterio que hasta hoy no ha podido descifrarse. La Zarina quedó firmemente convencida de que la vida de su hijo estaba en manos de Rasputín.

Este fue invitado al palacio, y sentado a la cabecera de la cama de Alexis, lo entretenía contándole fascinantes historias de Siberia.

El niño reía, haciendo feliz a toda la familia. Lo que los médicos no podían resolver, Rasputín lo solucionaba en un instante.

Cuando Alexis tenía una jaqueca, bastaba que Rasputín pusiese su mano sobre su frente para que desapareciese el dolor. El niño tenía una fe ciega en el poder de él.

Rasputín demostró muchas veces que podía detenerle las hemorragias. Hasta por teléfono era capaz de aliviarlo. Una noche, un terrible dolor de oído no dejaba dormir a Alexis. Con tono cariñoso Rasputín le dijo desde el otro lado del auricular:

“¿Qué sucede? ¿Trasnochando? Ya no te duele nada el oído. No te duele cuando hablas conmigo. Duérmete. Al cuarto de hora el dolor cedió y Alexis se durmió plácidamente”.

El Zar y la Zarina lo llamaban “nuestro amigo que nos ha sido enviado por Dios”.

Al convertirse en el favorito de la Familia Real, él se estableció en San Petersburgo. Allí se entregó a orgías y a violaciones.

Rasputín siempre contó con una doble reputación: de “depravado” y de “santo”. Cuando los rumores llegaban a oídos de Alejandra, quien creía que Rasputín era la reencarnación de Cristo, ella decía: —»Es envidia. Por esta clase de pruebas han pasado los verdaderos santos».

Muerte de Rasputín

El príncipe Félix Yusupov, junto con un grupo de la corte del Zar, preparó un plan para asesinarlo.

El 29 de diciembre de 1916 lo invitó a su palacio para que visitase a una sobrina del Zar que estaba indispuesta. Esa noche Rasputín no regresó a casa y sus hijas dieron parte a la policía.

Su cuerpo apareció tres días después en las aguas congeladas del río Neva. Un buzo abrió un hoyo y sacó el cadáver.

Su cara estaba hinchada y lo habían atado con cuerdas, pero era evidente que había logrado librar una mano, que tenía alzada sobre el pecho con el puño cerrado.

María, quien fue llamada para identificar a su padre, escribió: «Tenía el cráneo hundido, la cara magullada y el pelo con pegotes de sangre. Le había saltado un ojo, que colgaba sobre la mejilla sujeto por un poco de piel«.

El profesor Kosorótov, quien realizó la autopsia, comprobó que tenía una herida de bala que había atravesado el estómago y el hígado; otra, disparada por la espalda, había perforado el riñón, y la tercera, que entró por la sien, estaba alojada en el cerebro.

Los pulmones estaban llenos de agua, pues había muerto ahogado. Lo habían arrojado al río cuando todavía estaba vivo.

Llevaron el cadáver a una capilla donde Akulina Laptinskaya, una de sus más fieles adeptas, lo lavó y vistió. Ella les contó a las hijas de Rasputín que el cuerpo estaba terriblemente mutilado.

La predicción que terminó con la Dinastía Románov

Su última predicción fue que veía el fin de la familia Romanov y que todos morirían, como realmente sucedió.

Rasputín fue enterrado en Aleksandrovka y estuvieron presentes los zares. Alejandra estaba inconsolable.

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