Realeza

Top 10 de los vestidos de novia de la realeza que hicieron historia

Desde el de la princesa Diana hasta el de Sofía de Grecia: vestidos de novia de la realeza emblemáticos.

Por Redacción Vanidades

- 28/01/2022 02:32
Princesa Diana / Mabel de Orange-Nassau

Princesa Diana / Mabel de Orange-Nassau (Getty Images)

Si estás interesada en la historia de la realeza, es inevitable pensar en cuántas novias royals han pasado al altar. Y aunque ya desempolvamos los vestidos de novias de la realeza que marcaron época, llegó el momento de sacar el top 10 definitivo de los royal wedding dresses que hicieron historia.

Royals: vestidos de novias de la realeza que hicieron historia

Además de los gowns más icónicos, también están los 4 vestidos de novias reales que no fueron lo suficientemente valorados. Sin más, lee la lista del top 10 de vestidos de novias royals que amamos y nos siguen pareciendo fascinantes.

Princesa Diana

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Su boda es la más mediática de la historia, su vestido el más visto y más aún: el más imitado.

En su boda con el príncipe Charles Philip Arthur George Windsor de Gales, Diana Spencer, en 1981, se sentaba precedente histórico, ya que era la primera boda en 300 años entre un príncipe heredero al trono y una mujer inglesa.

El vestido de ella fue diseñado por David y Elizabeth Emmanuel, confeccionado en seda color marfil, escote en pico, grandes volantes y mangas abullonadas de inspiración victoriana y bordado con cerca de 10 mil madreperlas.

La cola en tafetán de seda y encaje antiguo medía nada menos que 7.62 metros de largo. Los zapatos, en seda color marfil, también fueron decorados con 150 perlas y suelas pintadas a mano en oro.

¿Cuántas imitaciones de este traje no se vieron en los años ochenta? Y la verdad es que era un poco excesivo. 

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Reina Isabel II

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Nunca fue la más guapa, pero sí es una de las que tienen un estilo más característico y definido. La más famosa de las reinas del mundo, Isabel II de Inglaterra, en su boda con el príncipe Felipe de Mountbatten, duque de Edimburgo, lució espectacular.

Tomemos en cuenta que eran otros tiempos y que las extravagancias, salvo casos contados, en la realeza son mal vistas.

La entonces princesa heredera Elizabeth Alexandra Mary II vistió un traje de novia diseñado por sir Norman Hartnell confeccionado en seda color marfil bordado con cristales y perlas en un diseño floral. El velo era de tul de seda y satén. 

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Grace Kelly

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Otra de las grandes cenicientas del siglo XX ya era antes una princesa, sólo que de la pantalla grande.

De icónica elegancia, en su boda con el príncipe de Mónaco Rainiero III, Grace Kelly protagonizó uno de los enlaces nupciales más románticos y recordados de la historia.

Kelly renunció a su vida como actriz para convertirse en la princesa Grace Patricia de Grimaldi. Su traje de novia fue una extraordinaria creación de la diseñadora estadounidense Helen Rose, quien era famosa por sus creaciones para el departamento de Vestuario de los estudios de cine Metro Goldwyn Mayer.

El traje era de cuerpo y mangas ceñidas y una amplia falda unida al cuerpo por un fajín, confeccionado en raso de seda y encaje francés. El velo era sencillo y se sujetaba de la coronilla por un pequeño tocado.

El vestido de novia de Grace Kelly costó, entre el material y la manufactura, 7 mil 266 dólares (sin

Sofía de Grecia

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Otra de las reinas más famosas, en especial para el mundo latino. La princesa Sofía de Grecia y Dinamarca contrajo nupcias con el rey don Juan Carlos de Bordón y Borbón-Dos Sicilias, entonces príncipe de España, allá por 1962, en Atenas, Grecia.

El vestido de la reina era una obra de alta costura de Jean Desses: un traje de lamé recubierto de tul incrustado con encaje antiguo y con una cola de seis metros de largo.

Como dato curioso —e histórico— el velo fue el mismo que utilizó la reina Federica el día de su boda, en tul y encaje, sujeto a la cabeza con una diadema de diamantes con eslabones helénicos. 

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Reina Letizia

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En 1999, otra importante boda real se llevó a efecto y quizá por ésta pasó tan inadvertida la del más joven de los herederos de la Corona inglesa.

Se trataba del enlace nupcial de Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, con Letizia Ortiz Rocasolano,una periodista de televisión.

Un bello ejemplo de la saga de cenicientas contemporáneas y plebeyos emparentando con las casas reales. El traje de novia de doña Letizia fue creado por Manuel Pertegaz, diseñador consentido de la alta sociedad española durante los años sesenta y de la reina doña Sofía.

El traje fue en color blanco sucio, en la línea princesa, de corte, atenuado desde los hombros al suelo, destaca por su escote en pico y cuello corola, bordado en hilo de plata y oro.La cola era de 4.5 metros bordada con motivos heráldicos.

El manto nupcial de forma triangular de tres metros de largo por dos de ancho es de tul de seda natural, con guirnaldas que mezclan la flor de lis y la espiga bordadas a la aguja con técnicas históricas del siglo XIX. Éste fue un regalo personal del príncipe a doña Letizia. 

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Carolina de Mónaco

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Es como la primera de las princesas modernas, siempre rodeada de escándalos y murmullos, pero su encanto y belleza nos hacían perdonarle todo.

Hoy, Carolina de Mónaco es una de las grandes damas de la sociedad europea. Miembro impecable de la realeza, sus locuras de juventud son sólo un recuerdo anecdótico.

Cuando contrajo matrimonio con su primer esposo, el playboy y jet setter Phillippe Junot, lo hizo nada menos que con un traje de alta costura, como tenía que ser.

Diseñado por Marc Bohan para la casa Christian Dior, el vestido estaba confeccionado en tul blanco bordado y festoneado con flores blancas, rematado por un velo corto y tocado de trenzas con flores blancas. Carolina era una princesa joven, así que su traje tenía que reflejar eso: frescura y juventud. 

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Mabel de Orange-Nassau

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Una plebeya más accedió a las Cortes reales. El príncipe Johan Friso de Holanda contrajo matrimonio con su novia, la plebeya Mabel Wisse Smit, en 2004.

Es de las primeras historias de matrimonios reales connotados de este nuevo siglo, que estuvo a punto de ser prohibido, ya que a la novia se le acusaba de tener vínculos con el narcotráfico, cosa que se desmintió y no pasó a mayores.

En este caso, la novia se decantó por una creación de dos creadores ultramodernos: Viktor & Rolf, también nativos de Holanda. El traje era blanco, de manga larga en corte clásico con tela bordada con detalles de lazos y una cola de 2.70 metros, en el que trabajaron cuatro personas durante 600 horas para su confección. 

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Sofía de Wessex

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En 1999, el más joven de los hermanos del príncipe Carlos, el también príncipe Eduardo de Inglaterra, se casaba con Sophie Rhys-Jones.

La boda fue sencilla, pero el vestido era elegante, sin lugar a dudas. Creado por la diseñadora londinense Samantha Shaw, el traje era de estilo medieval en seda color marfil teñida a mano y bordado con un total de 325 mil cristales y perlas.

El traje llevaba un abrigo, también en seda del mismo tono, con cuello en V, mangas largas y cola bastante discreta. El toque único se lo dieron las joyas que llevaba para la ocasión: aretes y collar en perlas blancas y negras diseñadas nada menos que por el mismo príncipe Eduardo. 

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Wallis Simpson

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Conocida como la mujer que hizo que el rey de Inglaterra abdicara a su trono por amor, Wallis Simpson se casó con Eduardo, duque de Windsor, el 3 de junio de 1937 en París.

Simpson, la duquesa de Windsor a partir de entonces, llevaba un elegante, pero discreto vestido de alta costura que curiosamente no fue blanco: el traje, en crepé azul satinado, estuvo diseñado por la casa de moda Mainbocher, fundada por el diseñador estadounidense Main Rousseau Bocher.

De líneas simples y discretas y con un corte que apostó más por el sastreo que por la profusión de telas y adornos, el diseño hoy puede ser un ejemplo excelente de lo que debería llevarse en una boda íntima o en segundas nupcias.

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Victoria de Suecia

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En este caso, el plebeyo fue él. La princesa heredera Victoria de Suecia se casó con Daniel Westling, su prometido, en Estocolmo, en un festejo al que acudieron personalidades de todas las casas reales de Europa.

El vestido fue creado por el diseñador sueco Pär Engsheden, un traje confeccionado en seda duquesa satinada en color crema, con manga corta, escote recto y hombros descubiertos.

La cintura se resaltaba con un fajín abotonado en la parte posterior y escote en la espalda en V y una cauda de cinco metros de longitud.

¿El detalle notable? Que Victoria portaba el velo y la tiara de diamantes que llevara su madre, la reina Silvia, el día de su boda en 1976. 

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