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Alaïa: entre la alta costura y la escultura

Por vanidades

- 28/10/2021 04:58

La Galería Borghese de Roma rinde homenaje al diseñador

Pocos creadores despiertan la devoción que provoca Azzedine Alaïa. Favorito de modelos, estrellas y fashionistas, el más discreto y secreto de los modistos (no hace desfiles, no sigue tendencias, no da entrevistas) presenta sus vestidos en el más bello de los museos romanos.

La Galería Borghese -pinacoteca excepcional aún dentro de la fabulosa riqueza artística de la capital italiana- fundada por el cardenal Borghese en el siglo XVI, es reconocida por sus colecciones de pinturas, esculturas y antigüedades. Situada en el parque de la Villa Borghese, presenta las obras de grandes escultores y pintores como Rafael, Bernini, Tiziano, Rubens y Caravaggio, todos ellos artistas que, en diferentes épocas y en distintos estilos, sublimaron el cuerpo humano con pincel o cincel y martillo.

Por lo tanto, no es en absoluto inadecuado que sea en el marco de este museo, con sus tapizado con los más exquisitos mármoles, que se exponga la obra de Azzedine Alaïa -a menudo apodado "el escultor de la moda"-, donde sus vestidos se confunden armoniosamente con las estatuas antiguas y barrocas, con las que el modisto comparte un idéntico sentido de la estética y de las proporciones.

En efecto, desde que Alaïa fundó en 1981 la casa que lleva su nombre, siempre tuvo como objetivo darles valor a las curvas femeninas con sus creaciones exquisitamente construidas.

FOTOGALERÍA: La Galería Borghese de Roma rinde homenaje a Azzedine Alaïa

UN LUGAR MÁGICO

Los curadores, Mark Wilson, del museo Groninger, y Anna Coliva, directora de la Villa Borghese, describen el trabajo de Alaïa como "escultura flexible". Y esa parece haber sido siempre la intención del modisto, quien estudió escultura en su adolescencia, un arte y una técnica que quedaron impregnados en su trabajo.

Por esta razón, a la hora de bautizar la exposición, le dieron el nombre de "Costura/Escultura". "No es estrictamente una exposición de moda, pues los vestidos de Alaïa son como delicadas y livianas esculturas que realzan la figura humana", señala Anna Coliva, en la presentación a la prensa, señalando que la diferencia entre Alaïa y, por ejemplo, Bernini, es que mientras este capturaba la vida en el mármol, Alaïa lo hace en cuero, tela elastizada, terciopelo o seda.

En las 20 salas extendidas en dos pisos, las siluetas de Alaïa se distinguen sutilmente del rico dorado, donde los vestidos, largos o cortos, de colores oscuros o intensos o de diáfanos blancos, se alían, como en un juego, con los mármoles. 

Wilson, comisario de esta exposición como de las muestras anteriores dedicadas al modisto (en el Groninger, de Holanda, en 1988; en el Guggenheim de Nueva York, en el 2008, y en el Galliera, de París, en el 2013), dice que está orgulloso de trabajar en estrecho contacto con el francotunecino, a quien considera "el último gran modisto en actividad hoy día" y "un artista clásico antes que estilista". Su lugar entre decenas de obras maestras clásicas, insiste, "es el de un maestro contemporáneo junto a otros muy viejos maestros". 

En cada sala, estos vestidos realzan un color dominante -oro, negro, gris, púrpura, verde agua, blanco, rojo, amarillo- que corresponden a menudo a las obras con las que comparten el espacio. Así, a cada lado de Joven morisca con un niño y un perro, con su vestido en mármol blanco, obra de Giovanni Battista della Porta, dos túnicas inmaculadas de Alaïa le hacen de marco. 

Un vestido en ocres y verdes se confunde con los veteados de puertas y paredes. Un vestido rojo, en medio de una sala, se enfrenta a La deposición del cuerpo de Cristo, de Rafael, salpicado con toques de bermellón, mientras que Paolina Borghese como Venus victoriosa, de Antonio Cánova, echada sobre una cama, parece extasiarse ante dos versiones del célebre modelo Houpette, una en blanco y otra en negro.

No es sorprendente que el resultado haya encantado a Alaïa. "Adoro este sitio mágico que visité cientos de veces. Pero nunca pensé que un día expondría aquí mi ropa. Es un sueño hecho realidad", dice.

FOTOGALERÍA: La Galería Borghese de Roma rinde homenaje a Azzedine Alaïa

ALAÏA, EL ANTISISTEMA

El diminuto Alaïa (1.50 m o 4’9») nació en Túnez en 1940. Su padre era campesino y su abuelo policía. La moda, evidentemente, no formaba ni remotamente parte de su mundo hasta que una vieja amiga de la familia, reconociendo su sensibilidad artística, lo introdujo al arte y a la moda, e incluso, a pesar de la oposición del padre del niño, lo inscribió en la escuela de Bellas Artes.

Durante las vacaciones, para pagar sus estudios, Azzedine (que había aprendido a coser junto a su hermana) hacía dobladillos y terminaciones para una costurera de su barrio. Un día, dos ricas hermanas que lo veían pasar desde su balcón acarreando telas y vestidos, le presentaron a una modista de más categoría, que hacía copias de Christian Dior y Lanvin. Fue ella quien le enseñó los rudimientos de la alta costura.

En 1957 se asentó en París, donde, luego de trabajar para Guy Laroche y Thierry Mugler, instaló su minúsculo taller en la rue de Bellechasse -donde había máquinas de coser hasta en la cocina y el baño- y rápidamente se convirtió en el secreto mejor guardado entre las mujeres más elegantes (Greta Garbo adoraba sus pantaloes y sus abrigos masculinos).

Pero cuando en 1981 lanzó oficialmente su marca, su talento se hizo conocido en el mundo entero y se hizo célebre por sus vestidos "esculpidos", literalmente, sobre el cuerpo de sus clientas. Independiente y perfeccionista, cada prenda que salía de su atelier pasaba por sus manos personalmente.

En su taller tenía una habitación para que siempre hubiera una modelo disponible cuando necesitaba trabajar una prenda sobre el cuerpo. Naomi Campbell, su íntima amiga, fue una de ellas. 

En 1985 recibió el primero de sus dos Oscar de la Moda de la Federación Francesa de Alta Costura y fue nombrado Diseñador del Año en una ceremonia a la que asistieron Madonna, Yves Saint Laurent, Catherine Deneuve, Hubert de Givenchy y Audrey Hepburn. En el 2008 lo hicieron Caballero de la Legión de Honor de Francia, pero prefirió no aceptar la medalla.

Azzedine Alaïa no siguió el camino tradicional de los diseñadores que desean imponerse. Nunca obedeció el calendario de las semanas de la moda y solamente presenta desfiles cuando él y su ropa están listos. Otoño-invierno 2011-2012 fue su última participación en la Semana de Alta Costura, de la que había estado ausente durante ocho años.

Alaïa detesta el sistema de la moda actual, como lo explica en una rara entrevista que concedió a The New York Times. El dijo: "El sistema está enfermo. Los creadores deben producir cuatro colecciones de mujer, dos de hombres, una colección Crucero, quizás otras dos para su propia marca… Por eso la moda ya no tiene esencia. Demasiadas colecciones, demasiado estrés."

En el 2007, gracias a su asociación con el grupo suizo Richemont pudo recuperar su marca de Prada, que la había adquirido en el 2000 y con la que nunca llegó a entenderse. Con Richemont (también propietario de Cartier, Chloé, Piaget y Net-a-Porter, entre otras firmas de lujo) forma un "matrimonio" que funciona y que le permite mantener su ritmo, su independencia y su sistema de trabajo.

En junio de este año lanzó su primer perfume, Alaïa Paris -elaborado junto con Carla Sozzani, su amiga y gran figura de la moda-, su primera y única concesión a las exigencias del mercado…

Para esta exposición, Alaïa no dudó en volver a trabajar sus creaciones, para que se adhirieran perfectamente a los maniquíes. Entre ellos figuran algunos modelos emblemáticos desde los años 1980 hasta el presente.

"Hay más sustancia en sus creaciones en una sola década que a la que muchas diseñadores pueden aspirar en toda una vida", dice Wilson, admirado. Como él, sus amigas Stephanie Seymour, Linda Evangelista y Yasmin Le Bon también son ardientes admiradoras de Alaïa. 

Naomi Campbell afirma que "ningún vestido puede hacer sentir tan bien a una mujer como uno de Alaïa", mientras que Stephanie Seymour sostiene que él "no diseña para la temporada, diseña para el cuerpo". Otras fieles seguidoreas son Grace Jones, Victoria Beckham (que usa modelos de Alaïa cuando no lleva sus propias creaciones), Carine Roitfeld, Carla Bruni, Sofia Coppola (él hizo su vestido de novia) y hasta la primera dama de Estados Unidos Michele Obama, quien solo usa ropa de diseñadores norteamericanos… y de Alaïa. 

FOTOGALERÍA: La Galería Borghese de Roma rinde homenaje a Azzedine Alaïa

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