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Eric Bana, otra estrella australiana

Por vanidades

- 28/10/2021 02:34

El actor australiano nos habla de su última película y de su trayectoria en Hollywood

Jun. 20, 2011

Es tan temprano en Beverly Hills que ni siquiera el sol quiere salir después de un día tan nublado. Hasta la autopista 405 parece el desierto de una película de ciencia ficción. Y en un domingo donde el resto de los vecinos aprovechan para descansar, amanecí entrevistando a  Eric Bana. «Son las ocho de la mañana en Los Angeles, pero en Australia estaríamos trasnochando», me dijo.

¿Solo viene de paso a California?

Ayer llegué en un vuelo desde Montreal y apenas termine esta entrevista, regresaré. Estoy filmando Blackbird con Olivia Wilde, Sissy Spacek y Charlie Hunnam. Se trata de un thriller dramático de muy bajo presupuesto y ya estamos por la mitad del rodaje.

¿Ha pensado mudarse a Hollywood?

No, todavía sigo viviendo en Australia. Nunca he residido en otro lugar. Quizás es por eso que jamás pensé en mudarme. Al igual que en Montreal, también hay escenas en Europa. No tiene sentido vivir en ningún otro lado, porque ahora las películas nunca se filman donde uno vive. La única vez que vengo a Hollywood es para entrevistas como la tuya.

¿Por qué los actores que vienen de Australia tienen tanto éxito en Hollywood?

No lo sé, supongo que siempre hubo actores australianos en Hollywood. Hace 20 años la pregunta hubiera tenido una respuesta mucho más interesante. Cuando yo empecé, la mayoría de los actores australianos con éxito eran mayores. Pero ahora son cada vez más jóvenes. Supongo que el único peligro es que también tienen menos experiencia, pero espero que podamos tener la misma suerte.

Entre los famosos que se criaron en Australia están Mel Gibson, Nicole Kidman, Hugh Jackman, Naomi Watts, Heath Ledger y Russell Crowe. Eric nació en Melbourne, el 9 de agosto de 1968. Su apellido Banadinovich tiene su origen en Croacia, donde nació su padre Iván. Y su madre Eleanor es de origen alemán, lo que agrega todavía más raíces internacionales a la familia. Mel Gibson fue la inspiración que lo impulsó a seguir el camino de la actuación, después de verlo en la película Mad Max, en 1979. Era la época estudiantil en que él ya actuaba un poco, imitando a los maestros.

¿Es cierto que se convirtió en actor gracias a Mel Gibson?

Mel Gibson fue muy importante en mi infancia, porque las películas de Mad Max, para mí, han sido las favoritas de todos los tiempos. Ese es el estilo de cine que influyó en mi carrera, porque me identificaba mucho con él. Y a Mel lo veía como a uno de los actores más increíbles que había en aquel entonces.

¿Alguna vez se lo ha dicho?

Conocí a Mel hace tiempo, pero supuse que él ya lo sabía. Por eso no me molesté en decírselo.

En Australia, Eric Bana logró los primeros indicios de popularidad imitando a otros famosos de Hollywood como Arnold Schwarzenegger, Tom Cruise y Sylvester Stallone. Por un tiempo, incluso tuvo su propio programa de TV: The Eric Bana Show Live, y aunque no duró demasiado, al menos lo premiaron como el comediante más popular. Esto fue en 1997, cuando se casó con la publicista Rebecca Gleeson. En 1999 tuvieron a su hijo Klaus y en el 2002 a su hija Sophia.

Recomendado especialmente por Brad Pitt, Eric Bana llegó a Hollywood con el personaje del príncipe Héctor en la película Troy. Y apenas dos años después, consiguió el reconocimiento internacional en el papel de Bruce Banner, en la película Hulk, aunque se lució más como actor en Munich, de Steven Spielberg, sobre una operación secreta en Alemania del servicio de inteligencia israelí. Muchos no lo saben, pero él también fue una de las voces del dibujo animado Finding Nemo. Siguiendo con las superproducciones, estaba irreconocible en la película Star Trek, en comparación con las más románticas Lucky You, con Drew Barrymore; The Other Boleyn Girl, con Scarlett Johansson y Natalie Portman, y The Traveler?s Wife, con Rachel McAdams.

En el 2009, Eric debutó como director en el dramático documental Love the Beast. Pero ahora volvió como actor, con la película de suspenso Hanna, sobre un ex agente de la CIA que entrena a su hija (Saoirse Ronan) para convertirla en una asesina.

¿Eligió la película Hanna por alguna razón en particular?

Todo el proyecto me parecía interesante. Cuando leí el guión, inmediatamente me pareció algo muy difícil de encontrar, por la trama tan original. No era ninguna adaptación ni una idea reciclada. Como lector, me pareció fantástica. Las primeras 10 páginas eran asombrosas, no podía parar de leer. Me encantó como iba revelando  el argumento poco a poco. También me parecía interesante el rol de un padre joven, con una hija de 16 años. Cuando me encontré con el director Joe Wright, también me pintó un panorama único, y me contó cómo quería que fuera la película.

¿Tuvo que pasar por algún entrenamiento especial con tantas escenas de acción?

No tenía demasiado tiempo. Por suerte, yo estaba en buen estado físico cuando me llamaron. Y una vez que empezamos el rodaje, trabajamos con un coordinador especial en las escenas de acción. Fue muy bueno, aprovechamos los entrenamientos que tuvimos antes, como por ejemplo, el de la película Troy. En esta última luché con armas, pero no había tenido peleas mano a mano como en Hanna, fue divertido. Hubo bastante cuerpo a cuerpo, ese contacto físico constante con otra persona.

Esta vez tuvo que luchar contra una actriz tan joven como Saoirse Ronan.Imagino que sentiría nervios al pensar que podría lastimarla.

Sí. Es mejor cuando las luchas son con dobles profesionales, porque no importa si les pego, ya que pueden devolverme los golpes (ríe). Por lo general se trata de los mismos hombres con quienes entrenamos. Pero si alguno de ellos sale lastimado, no le afecta mucho a la producción, porque no se ven en cámara.  El más preocupado era yo. Y para ser honesto, después del segundo día de entrenarme con Saoirse, tampoco me preocupé por ella… Temía que me pegara.

¿Le quedó alguna cicatriz de honor de las escenas de acción?

No, no tengo ninguna cicatriz. Obviamente, ella tuvo más escenas de acción que yo. Solo le aclaré que peleara sin miedo de lastimarme. Le dije que si necesitaba algún cuidado especial se lo iba a avisar fuera de cámara. No me importaban especialmente los golpes del cuerpo, porque si quedaba algún moretón, tampoco se nota tanto como en el rostro. Por eso le di más libertad.

¿No hubo nadie lastimado?

No, solo hubo un par de veces en que me tuve que arrodillar para respirar mejor, pero nada más.

En la película, su personaje juega con su hija al máximo nivel de un espía de la CIA. ¿Lo hace así con sus hijos?

Ya están muy grandes para juegos (ríe). Lo interesante de la película es que mi personaje tomó la decisión de quedarse con Hanna todo el tiempo. Es una dinámica muy extraña para el cine o la sociedad, donde solemos ver que la madre es la fuerza dominante en la relación. Y cuando leí el guión, me pareció la película perfecta para que un padre la viera con su hija. Es una trama muy diferente.

En su caso, ¿entrenaría profesionalmente a sus hijos, como actores? ¿Le gustaría que sigan sus pasos?

Por ahora no, pero cuando sean más grandes, sí. Que hagan lo que ellos quieran. No tengo ningún problema en ese sentido.

En Hanna sorprende cuando aparece hablando en perfecto español. Después de pelear con su hija dice exactamente: «Me alegro de que no me hayas roto el cuello». ¿La frase ya estaba en el guión? ¿Sabe hablar español?

No sé hablar en español (risas). Necesité seis meses de entrenamiento solo para decir una frase. Es algo increíble… Apenas practicamos una semana las peleas más difíciles, pero la frase en español me tomó seis meses.

¿Las escenas que rodaron en España?

¿Te cuento la verdad? Nunca estuvimos en España.

¿Dónde filmaron las escenas en las que dicen que estuvieron ahí?

Tuvimos que llevarnos España hasta Marruecos (ríe). Trajeron especialmente unos bailarines de flamenco espectaculares y unas 50 carpas que hacían de campamento español. El resto fue mucho más real. Empezamos el rodaje en una villa llamada Ruka, que queda un poco al norte de Finlandia. Era maravillosa. Estoy seguro de que también podía ponerse adentro de ella un estudio de cine, pero hubiera sido demasiado. Lo mejor de la producción fue que no estuvimos metidos adentro de un estudio. Filmar en exteriores siempre es mejor. También rodamos en la frontera entre Austria y Alemania, a la sombra de los Alpes; por las calles de Berlín… Después fuimos a Marruecos…

¿Lo que más le sorprendió?

Lo que más me sorprendió es que la película parece mucho más grande de lo que fue. La fotografía y, especialmente, la música, elevaron su categoría. Es una película con un presupuesto muy modesto, pero se ve como si fuera una superproducción.

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