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Inagotable: Sophie Kinsella

Por vanidades

- 28/10/2021 06:31
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No muchas personas pueden jactarse de adorar el shopping y ganar dinero con ello, Sophie Kinsella lo logró al escribir la serie de best sellers «Loca por las compras»

Igual que la vida de Becky Bloomwood, la adorable (e irritante) protagonista de los libros Loca por las compras, la de su autora también es complicada, pero por otras razones. A los 46 años, Sophie Kinsella no es solo uno de los ejemplos más exitosos de la llamada chick-lit (literatura para chicas), sino esposa, madre de cinco hijos y portadora de dos nombres (su primera carrera literaria la hizo bajo el suyo propio: Madeleine Wickham; por eso dice que ?en casa soy Maddie, fuera de ella soy Sophie?).

No por nada, a veces cree sufrir de personalidad múltiple. ?Como tantas otras mujeres, hago malabares con diferentes roles: madre, esposa, hermana, hija, amiga. Además, la vida de los autores es un poco esquizofrénica: pasamos meses confinados, escribiendo en soledad, y luego salimos a promocionar nuestros libros en medio de miles de personas…?.

Sophie escribió su primera novela, The Tennis Party , como Madeleine Wickham, a los 24 años, mientras trabajaba como periodista financiera. Ese primer libro alcanzó cierto éxito de crítica y público, y le siguieron otros. Pero fue como Sophie Kinsella, y gracias a Loca por las compras, que alcanzó la celebridad internacional (42 millones de ejemplares vendidos en el mundo, traducidos a 42 idiomas, entre ellos tailandés, croata, lituano, islandés y hebreo) y hoy está entre las 100 mujeres más ricas de Gran Bretaña. Ahora, en una nueva vuelta a su cuerda creativa, Sophie se ha lanzado a la literatura para adolescentes. Su primer título es Buscando a Audrey (Ed. Puck).  

Por primera vez usted se aventura en la literatura para adolescentes?

Sí. Quería abordar temas como la ansiedad, el acoso, la adicción, pero no lo hice con la intención de escribir una novela para jóvenes, sino protagonizada por adolescentes, en este caso Audrey, agorafóbica con problemas de ansiedad, y Frank, su hermano, adicto a los videojuegos. El tercer personaje es Anne, su madre, que trata de manejar todo eso. Los adolescentes son fascinantes, a la vez irreverentes y vulnerables. Es casi al final del libro que el lector se entera de lo que desencadenó la agorafobia y ansiedad de Audrey. No quería hablar del problema en sí mismo, sino de sus consecuencias y en un tono positivo, para demostrar a los adolescentes que se puede salir de esa espiral.

Es interesante como usted trata problemas serios de una manera ligera, incluso podría decirse que un poco cómica.

Cuando me siento a escribir pienso en producir una historia entretenida, pero que diga algo sobre la condición humana, sobre la manera como somos. Hay formas muy diferentes de hacerlo y yo elegí la comedia. No me gusta anunciar con gran pompa que es un tema serio. Por otro lado, el humor es una respuesta muy británica. Cualquiera que sea la situación, el inglés será quien hará una broma… ¡que muchas veces será inapropiada! (risas)

Para Becky, la adorable loca por las compras, ¿tiene más aventuras?

A Becky la deje en el último libro, Loca por las compras al rescate, y por el momento la mantendré en suspenso. La adoro, seguro volveré con ella con nuevas historias, pero en estos momentos tengo que hacer cosas nuevas.

¿Cuánto hay de usted en Becky?

Todas mis heroínas tienen alguna parte de mí, aunque sea una característica, por eso siempre las comprendo. En cuanto a Becky, puse mucho de mí en ella. Yo también era una periodista financiera y pasaba mucho tiempo en mi escritorio soñando con lo que quería comprarme. Como ella, tengo a veces una lógica bastante ridícula y pienso que cuando algo está rebajado es una excelente oportunidad para ahorrar dinero. E igual que ella solía sufrir de amnesia cuando llegaba la cuenta de la tarjeta de crédito. Ambas somos obsesivas. Cuando escribo, mi libro es mi obsesión, pero puedo estar fascinada con un par de zapatos o con los modales de mis hijos. Donde nuestras personalidades divergen es en que Becky hace todo lo que le pasa por la cabeza y yo tengo más autocontrol.

¿Qué lugar ocupan la ropa y la moda en su vida?

Me encanta la ropa, adoro la moda, cada año me digo que tengo ropa suficiente, que no necesito más y entonces veo el nuevo look de la temporada y me entusiasmo. Soy muy buena comprando prendas maravillosas que no sé cuándo voy a usar, y muy mala, en cambio, cuando se trata de comprar unas prácticas camisetas.

¿Por qué la adicción a las compras es, por lo general, un fenómeno femenino?

Creo que hay diferentes maneras de comprar, y por distintas razones. Una de ellas sirve para tapar un agujero cuando algo no anda bien, cuando hay cosas que están fuera de control. Puedes tener problemas con tu novio o en el trabajo que no puedes controlar, pero sí puedes decidir el momento de darte un gusto. Es como si uno se dijera: ?Voy a mejorar mi vida aunque sea con un par de zapatos?. Pero la sensación no dura y esa es la razón por la que se vuelve una adicción. Cuando tu único estímulo emocional es ese, estás en problemas, pues cada vez necesitarás más para satisfacer esa necesidad. 

¿Qué consejo les darías a las adictas a las compras?

Si necesitas darte un pequeño placer, en lugar de comprar una cartera de Chanel, adquiere el lápiz de labios de esa marca; vas a tener el empaque y todavía sentirás la excitación.

Hablando de marcas: ¿la buscaron para que las mencione en sus libros?

No. Pensé que todas las grandes marcas me contactarían y me darían mercadería gratis, y no fue así. ¡Ni una! (risas). Mis lectores pueden quedarse tranquilos: ¡no hay colocación de productos en mis libros!

¿De dónde viene su inagotable fecundidad literaria? ¿Cuántos libros escribe por año?

Uno por año, como promedio. En algunos más, pero en los años en que tuve a mis hijos no escribí. Tuve una infancia muy imaginativa. Mi madre no nos leía historias, las inventaba. Cada una era como una serie que nos mantenía atrapadas durante semanas. A la fuerza, eso terminó impregnándose en mí.

¿Cómo organiza su vida de escritora con cinco hijos?

Cuando estoy planeando un libro salgo mucho, camino, me siento en los cafés, tomo notas y no me apuro en ese proceso, porque para mí planear los personajes y conocerlos, meterme dentro de ellos, es muy importante. Pero cuando empiezo a escribir me vuelvo febril. Quiero ver una historia, contarla y no puedo parar hasta terminarla. Nunca podría pasar cinco años escribiendoun libro, como algunos autores. Me encierro en mi escritorio con música de fondo, así, cuando golpean a mi puerta no oigo nada. Por cierto, no siempre es fácil, pero tengo un socio excepcional, mi marido Henry Wickham, que se hace cargo de todo cuando estoy inmersa en la escritura.

Usted suele decir que su marido es su gran sostén.

Es increíble. Honestamente, no podría hacer lo que hago si Henry no estuviera allí. Está al tanto de todo lo que hago, hablamos de argumentos, es mi primer lector y es mi administrador. Henry fue cantante profesional. Recuerdo que la primera vez que lo oí cantar (ambos éramos estudiantes en Oxford) fue como un rayo en mi corazón y supe que era él y lo perseguí durante meses hasta que aceptó salir conmigo. Nos casamos muy jóvenes, yo tenía 22 años. No teníamos dinero y no sabíamos lo que nos deparaba el futuro, y si bien cambiamos con los años, seguimos funcionando como un equipo.

¡Cinco hijos, de 4 a 20 años! Obviamente, por sus edades todos tienen distintas necesidades?

En efecto y es extraordinario. Mis dos hijos mayores, de 18 y 20 años, ya son grandes. Cuando estoy con ellos hablamos de todo, incluyendo cosas graves o serias, mientras que los pequeños están corriendo por la casa y juegan con plastilina. Me encantan ambas situaciones. ¡Quizás sea un poco babyaholic! Somos una familia complicada y hay momentos en que todo parece imposible, pero no lo es.

Luego de cuatro varones por fin llegó la niña. ¿Ella es muy diferente a la hora de vestirse?

Completamente. Hoy, por ejemplo, ha estado todo el día vestida de bailarina. Estoy muy consciente de que soy un modelo para ella, como la única otra mujer de la familia, y quiero estar segura de hacerlo bien. Debo decir que adoro a los varones, me encanta estar con chicos y estaba segura de que el quinto también sería un niño. Pero tuve la niña, que es como mi pequeña alma gemela.

A menudo dicen que lo que usted escribe es chick-lit. ¿Le molesta?

Escribo libros y otros les ponen etiquetas. En realidad, es una expresión a la que después de tantos años me he acostumbrado. Para mí es como una abreviatura útil para referirse a los libros que se ocupan de temas femeninos con personajes femeninos. Pero no me defino como una autora de chick lit. Por lo pronto no dirijo mis libros a mujeres o a hombres, sino a cualquiera que tenga sentido del humor. 

¿Cómo es su público? ¿Lo conoce?

He viajado a muchos países para promocionar mis libros y encontrar a mis lectores. Lo que es interesante es que los idiomas cambian, pero la gente no. Veo las mismas sonrisas, el mismo sentido del humor, la misma calidez entre mis lectores en cada lugar al que voy. En eso tengo una suerte enorme, pues es un grupo muy ecléctico. Sé que un niño de 8 años, hijo de una amiga, lee mis libros, y conocí a una lectora de 90 años. También he visto a muchas madres con hijas o amigas que vienen juntas a escucharme.

¿Cuál es el sentimiento que tienen las lectoras hacia Becky? ¿Se ríen de ella, le tienen lástima, se sienten identificadas?

Básicamente, se sienten identificadas. La reacción que escucho más a menudo es ?yo soy Becky? o ?mi hermana es Becky?. Otra reacción interesante es que la consideran muy real, y eso hasta me pasa a mí; tengo la sensación de que hay un mundo paralelo en el que vive Becky, y cuando escribo sobre ella en realidad es como si viajara a ese mundo, y que entre libro y libro, su vida continúa. Cuando no estoy espiando su vida me gusta escribir sobre otras cosas, desarrollar otras ideas. Pero Becky siempre está en una parte de mi cabeza, como una amiga. Como pasa en realidad con las amigas, una no las ve todo el tiempo, ¿no es cierto?

Usted comenzó su carrera como periodista financiera. Más que preguntarle como empezó a escribir, la pregunta que debo hacerle es ¿por qué finanzas?

Allí sí que mi historia se confunde con la de Becky. Había terminado la universidad, tenía dos diplomas y, básicamente, no sabía lo que quería. Entonces no sabía que me gustaba escribir; me agradaban las palabras, pero no sabía qué hacer con eso. Todos los lunes recorría la sección de anuncios que salía en The Guardian para puestos en los medios de comunicación y los solicitaba todos. Pero solo recibí una respuesta de una pequeña revista que se llamaba Pension?s World (El mundo de las pensiones) ¡como periodista financiera!

El primer día de trabajo me enviaron a una conferencia de prensa sobre un nuevo fondo de pensiones y no tenía la menor idea siquiera de lo que era una pensión. Lo más gracioso es que había muchos como yo. Fue entonces que, en cierto modo, nació el personaje que más adelante sería Becky. Le debo mucho a esa etapa de mi vida.

¿Por qué utiliza un seudónimo?

Yo escribía libros bajo mi nombre Madeleine Wickham desde hacía varios años, en un estilo diferente y aunque tenían algunos elementos de comedia, no eran tan divertidos. Cuando tuve la idea de hacer Loca por las compras, supe inmediatamente que debía ser cómico, con una sola protagonista. Como mis lectores podían esperar el mismo tipo de libro que había escrito hasta entonces, decidí que sería sensato hacerlo bajo un seudónimo (Sophie es mi segundo nombre; Kinsella, el apellido de mi madre, así que no era totalmente extraño para mí), pues quería que mis editores lo leyeran sin prejuicios. Y por cierto, no tenía idea de que fuera a tener éxito. ¿Un libro acerca de compras? ¿Realmente? Pero podía ver que eso es lo que pasaba a mi alrededor. Pensé, este es el pasatiempo nacional y nadie ha escrito sobre ello.

Pero lo hizo?

Hay quienes piensan que escribo libros estúpidos, para descerebradas que hacen cosas absurdas. Yo creo, al contrario, que la risa es una excelente puerta hacia la reflexión. Y mis novelas me parecen fieles a la realidad: las mujeres tienen múltiples facetas. Yo estoy en contra de esa idea falsa e insidiosa según la cual una mujer tiene que contrariar a su naturaleza para que la tomen en serio. ¿Quién dijo que no se puede ser brillante y apasionarse por un lápiz labial?

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