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La escalofriante historia detrás de ‘Saturno devorando a un hijo’ y otras ‘Pinturas Negras’ de Francisco de Goya.

¿Qué llevó a Goya a pintar al final de su vida cuadros de monstruos, brujas y pesadillas vivientes?

Por Montserrat Arcos

- 26/05/2022 11:08

¿Qué llevó a Goya a pintar al final de su vida cuadros de monstruos, brujas y pesadillas vivientes? Los secretos detrás de ‘Saturno devorando a un hijo’ y otras obras oscuras del famoso pintor español. 

Al igual que Diego Velázquez, Francisco de Goya es uno de los máximos representantes pictóricos que ha dado España. Su importancia radica en que, como artista, fue capaz de adelantarse a su época.

A pesar de que sus pinturas están consideradas dentro de los periodos del Romanticismo y Rococó, lo cierto es que la obra de Goya fue evolucionando hasta llegar a lo que algunos llaman su ‘Etapa más oscura’, misma que ocurre justo al final de su vida, casi en completa soledad, pues el pintor estaba autoexiliado en su casa. 

Goya y sus primeros periodos; su 'época feliz'

Dentro de la primera etapa de Goya está incluida la pintura ‘La gallina ciega’ (1789), una de las obras que realiza llegando a Madrid y que es parte de un cartón que hizo para la Fábrica Real de Tapices, sitio donde él laboraba en aquellas fechas. Como se puede ver, es una obra muy alegre, tanto en en los colores que utiliza, como en la escena en sí: un juego campestre donde hay varias personas pasándola bien. Todo es felicidad.

Foto: Lluís Ribes Mateus / Flickr

Una vez asentado en Madrid (1800), Goya pintó este retrato colectivo llamado ‘La familia de Carlos IV’, hoy conservado en el Museo del Prado en Madrid. En esta obra Goya trata de emular a Las Meninas de Diego Velázquez en cuanto a que pinta a varias personas en una misma escena.  También se pinta a sí mismo en el cuadro, apareciendo del lado izquierdo y al fondo, pintando un lienzo. 

Foto: Cea+ / Flickr.

La guerra Napoleónica y los estragos en Goya

La revolución de Madrid, que formó parte de la guerra contra la Francia de Napoleón Bonaparte, fue un suceso que afectó a miles de españoles, incluido Francisco de Goya, cuya preocupación y afectación se plasmó en varios cuadros que, a la fecha, son sumamente representativos del autor. Incluso sacó una serie llamada Los desastres de la guerraEn aquel entonces, 1802, recordemos que Goya ya tenía 62 años y estaba viendo desmoronarse todo aquel orden con el que creció toda su vida.

Foto: Getty.

Hay dos cuadros representativos como: ‘La carga de los mamelucos’ (1814), mismo que refleja el inicio de la insurrección española contra Francia. Para entrar en contexto, de acuerdo al Tratado de Fontainebleau (1807), el ejército imperial de Napoleón Bonaparte únicamente entraría a España de paso hacia Portugal; sin embargo, sus intenciones de quedarse se hicieron evidentes en poco tiempo.

La tensión entre franceses y españoles desembocó en el enfrentamiento que tuvo lugar el 2 de mayo en Madrid, entre el ejército francés, conformado por 30 mil soldados, y la sociedad civil española. Este momento fue inmortalizado por Goya de la siguiente forma: 

Foto: Wikimedia Commons.

Posteriormente, el ejército francés derroca a la población civil y aprehenden a pequeños grupos de civiles para su ejecución en el Paseo del Prado, la Puerta del Sol, Puerta de Alcalá, el Potrillo de Recoletos y la montaña del Príncipe Pío. Todos fueron fusilados y esto lo representa Goya en la obra Los fusilamientos del 3 de mayo

Foto: Getty.

La tensión de la guerra en la población, así como los estragos que dejó, afectaron tremendamente a Goya. Aunado a esto, se sabe que el pintor tenía problemas de oído, los cuales lo fueron incrementando, haciéndolo cada vez más y más introvertido. Finalmente, hacia 1819, Goya adquiere una extensa finca a las afueras de Madrid, conocida como La finca del Sordo, lugar donde vivió con Leocadia Weiss sus últimos años en España, antes de su exilio a Burdeos.

A partir de su mudanza a la finca comienza lo que se conoce como ‘Periodo de pinturas negras’ o ‘Periodo negro de Goya’

Las escalofriantes pinturas negras de Goya (1819 a 1823)

Se trata de un compendio de 14 pinturas realizadas en los muros de La finca del sordo, propiedad de Goya, durante los años 1819 a 1824. Los muros, que posteriormente fueron pasados a lienzos que conforman la serie de Pinturas Negras son: Las Parcas, Dos viejos, Dos viejos comiendo sopa, Duelo a Garrotazos, El aquelarre, La romería de San Isidro, Judith y Holofernes, Hombres leyendo, Peregrinación a la fuente de San Isidro, EL perro semihundido, Asmodea, Una manola y -la más representativa de este periodo- Saturno devorando a un hijo.

Como describe Muy interesante México, es cierto que Goya desde antes de este periodo negro ya había plasmado imágenes relativas a la brujería, e incluso hay una serie hecha por él llamada ‘Asuntos de brujas’ con obras como: ‘Vuelo de brujas’, ‘Linda maestra’, ‘El hechizado por fuerza’, entre otras. 

Algunos estudiosos de su obra aseguran que la extraña obsesión de Goya por las brujas y los aquelarres tenía que ver con el pensamiento crítico de aquella época, mismo que estaba lleno de supersticiones infundadas.

No obstante, el Periodo Negro de Goya fue la época donde el artista plasmó las imágenes más aterradoras y escalofriantes. Quizá las dos obras más escalofriantes de este periodo oscuro fueron: ‘Saturno devorando a un hijo’ y ‘El aquelarre’

En la primera, el protagonista es el titán Cronos (llamado Saturno en la mitología romana), gobernador del tiempo y esposo de Rea en la mitología griega. Cronos se comía a sus hijos para que no lo destronaran, como le había sido revelado anteriormente. De este modo se come a Hades, Hera, Poseidón y Deméter. Esta escena de canibalismo es plasmada por Goya

Foto: Getty.

La otra escena escalofriante es la de El Aquelarre. De acuerdo con la Fundación Goya en Aragón, ésta representa un aquelarre de brujas bajo la presencia del diablo en forma de macho cabrío, idea que ya había desarrollado para los Duques de Osuna en finca de la Alameda, así como en las láminas de los Caprichos y Disparates.

El demonio preside la ceremonia acompañado de una especie de ayudante a su derecha. En el extremo derecho, aparece sentada una muchacha esperando su iniciación. Los personajes que forman tan infernal reunión constituyen una masa integrada por individuos con gestos y expresiones faciales deformadas, que expresan el horror y los instintos animales que el macho cabrío transmite a la muchedumbre.

Foto: Wikimedia Commons.

Goya, al pintar estas obras en los muros de su casa, era evidente que no tenía ninguna intención de mostrarlas al público. Fue hasta años después, cuando su nieto heredó la finca, que se pudieron dar a conocer estas obras y posteriormente fueron trasladadas a lienzos para poder exhibirse en diferentes museos alrededor del mundo, como el Museo del Prado de Madrid o la National Gallery de Londres

No te vayas sin leer: 

La escalofriante historia detrás de la pintura La joven de la perla.

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