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El dinero nos separa

¿Crees que el amor nada tiene que ver con el dinero, o que sí es un punto a considerar antes del matrimonio?

El dinero y el amor pueden ser una combinación explosiva. Sobre todo cuando la que lleva las riendas de la economía es la mujer. Si lo dudas, toma nota: de acuerdo con una encuesta reciente realizada en Estados Unidos, las mujeres que ganan más que sus esposos tienen un porcentaje de divorcio más alto (60%) que las que ganan menos que su pareja. De la misma manera, otras (30%) aseguraron que no están dispuestas a casarse con un hombre con mal crédito o con una deuda “significativa”.

¿Qué opinas de esta actitud? Antes de formar tu criterio, te adelantamos que no son solo las estadounidenses las que piensan así, como lo demuestra este caso.

NADIA: “EL AMOR SE ACABA, EL DINERO GANA INTERESES”

Nadia, una empresaria de 45 años, le exige a su prometido que firme un acuerdo prematrimonial para proteger sus bienes. Arturo, un ejecutivo de 54 años,  se siente ofendido ante esta petición y, por el momento, los planes de boda han sido suspendidos. Pero Nadia no está dispuesta a ceder. ¿Está cometiendo un error que puede costarle la felicidad… o actuando inteligentemente para defender su economía?

“Yo llegué a Estados Unidos de mi país sola y sin un centavo. A pesar de mi juventud, me dediqué a trabajar duro para lograr mi sueño de tener una línea de ropa deportiva femenina diseñada por mí. Y cuando digo que trabajé duro, estoy hablando de sábados y domingos, días y noches.

Comencé en una fábrica de trajes de baño ‘desde abajo’. Mi meta era aprenderme el negocio de adentro hacia afuera para lanzarme como diseñadora y fabricante de mi propia marca. Aproveché para aprender todo lo relacionado con la manufacturación, la distribución, los costos de producción, etc. Para mí no había vacaciones ni días feriados; soporté muchas humillaciones y privaciones. Incluso llevaba mi almuerzo en una bolsa para ahorrar hasta el último centavo.

En el camino quedaron dos relaciones rotas, porque esos hombres nunca entendieron que mi carrera era tan importante como la de ellos. Se consideraban hombres de éxito, con una sana y ‘admirable’ ambición; yo, por hacer lo mismo, era una ‘trabajólica’, una mujer ‘desnaturalizada’, porque ponía mi carrera por encima de ellos.

Al final, nunca lograron desviarme de mi meta. Después de más de 15 años de esfuerzo y dedicación, al fin logré sacar al mercado mi línea de ropa deportiva. Abrirme un sitio en el competitivo mercado fue una lucha titánica y en varias ocasiones estuve a punto de perderlo todo, pero siempre perseveré. Hoy, mi ropa se vende en Latinoamérica. Actualmente empleo a más de 150 personas y tengo planes de llevar mi marca a Europa en el 2014.

Conocí a Arturo hace poco más de tres años y surgió la atracción, luego el amor. Es un hombre guapo, inteligente, caballeroso y con un buen corazón. Tiene un excelente puesto en una empresa de exportaciones. Creo que nos complementamos. Pero existe un problema. Mi vida podría ser muy feliz, y hasta completa, si Arturo entendiera que el amor nada tiene que ver con el dinero. Por eso le he pedido que hagamos un contrato prenupcial para proteger nuestros bienes. ¡Pero él puso el grito en el cielo! Me acusa de metalizada y me dice que sin confianza no hay amor. Pero yo soy realista. Hoy nos queremos, nos gustamos y todo marcha bien. Pero… ¿y mañana? Me pregunto qué pasará si, como se dice por ahí, ‘crecemos en direcciones opuestas’ o él llega a enamorarse de otra mujer. Como decía mi madre: ‘No conocemos realmente a una persona hasta que tenemos un desacuerdo con ella’. ¿Cómo actuará si llegamos a divorciarnos? ¿Tendré que compartir con él lo que he luchado sola y que tanto me costó ganar?

Como dije, dejé atrás dos relaciones que en un momento pensé que serían para siempre. Incluso Arturo es divorciado. ¡Hay que ser realistas! El amor se acaba, el dinero gana intereses. Casarme sin un acuerdo prenupcial no es una opción. Sentiría que me estoy traicionando”.

ARTURO: “SIN CONFIANZA NO HAY AMOR”

“Conocí a Nadia en un momento muy triste de mi vida. Me había divorciado cuatro años antes y no había logrado entablar una relación con una mujer, como digo yo, ‘de carácter’. Y lo extrañaba, es la verdad. No sé otros hombres, pero yo necesito una compañía, un hogar y sentirme enamorado.

Creo que soy un buen partido. No soy millonario, pero soy un alto ejecutivo en una firma importante, aunque no llevo a casa el dinero que gana Nadia, que es una empresaria de éxito.

Cuando la vi por primera vez, Nadia me deslumbró y hasta me pregunté cómo semejante joya aún estaba soltera. Ahora creo entender un poco por qué. Ella es, como se dice en Estados Unidos, all business (todo negocio). Al principio eso me atrajo de Nadia: que era una mujer atractiva, independiente, exitosa y que no necesitaba a un hombre para ser feliz. Yo estaba cansado de quienes me buscaban por mi título y mi posición. Con Nadia aprendí que mi único papel en la vida no es el de proveedor. Además, siento que compartimos de igual a igual y que somos muy afines en nuestra forma de ver la vida. A nuestra edad, no queremos perder el tiempo en romance inútiles. Por eso me sorprendió y me dolió mucho cuando me habló del acuerdo prenupcial. ¡No lo vi venir! Pensé que ella sabía la clase de hombre que soy y mi calidad como ser humano. Sinceramente… me sentí igual a las jóvenes cazafortunas de las que siempre me cuidé. Considero que el amor es entrega total; es unir dos vidas en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas. Si entramos en la relación con recelos, protegiéndonos el uno del otro, ¿qué clase de sentimiento es ese? Para mí, sin confianza no hay amor.

El problema es que ella no es capaz de ponerse en mi posición. No tengo palabras para expresar lo dolido que estoy. Al mismo tiempo, me doy cuenta de que mi negación a firmar ese acuerdo levanta todas sus sospechas. Pero sé que si firmo esos papeles, voy a empezar mi vida con Nadia con resentimiento. Estamos atrapados en posiciones opuestas. Y ninguno puede, ni quiere, ceder. Ojalá que ella despierte y reconozca que quizás no puede confiar en los hombres en general, pero en mí, sí”.

Ya conoces las dos partes. Ahora, ¿qué opinas de este caso? ¿Crees que el amor es confianza absoluta, como dice Arturo? ¿Es Nadia realista… o metalizada? ¿Qué pensarías si fuera Arturo quien le pide a Nadia que firme un acuerdo prenupcial? ¿Lo entenderías… o crees que esa clase de tratos no caben en el amor? Queremos conocer tu opinión.

Vanidades

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