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Ella fue "la mujer más hermosa en la historia del cine" que además creó el WiFi

¿Cómo se llama la mujer que inventó el WiFi? Debes aprenderte su nombre: Hedy Kamarr.

Por Redacción Vanidades

- 25/07/2022 04:34

Ella fue "la mujer más hermosa en la historia del cine", pero gracias a sus estudios en ingeniería de telecomunicaciones, inventó el espectro ensanchado, la base tecnológica de los celulares, el WiFi.

¿Quién fue Hedy Lamarr?

Hedwig Eva Maria Kiesler nació el 9 de noviembre de 1914 en Viena, Austria. Su madre, Gertrud Kiesle, fue una bella y brillante pianista nacida en Budapest y de la alta burguesía judía. Su padre Emil Kiesler, también judío, era de Ucrania, pero completó su educación en Rusia y emprendió un futuro exitoso en la banca en Viena.

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Al ser hija única, Hedy fue muy mimada y se crió en un lujoso hogar. Su papá le inculcó el deporte y la música, y, como la adoraba, solía llevarla de viaje al lago de Ginebra, a los Alpes suizos, a Roma y a París. Pero él y su madre también llevaban una intensa vida social en Viena, por lo que rara vez estaban en casa con ella por las noches.

Aunque Hedy era rebelde, destacaba por su inteligencia y era una alumna superdotada; le gustaba leer y actuar, y su madre le daba clases de piano. De igual manera, siempre fue bella y, a los 14 años, los jóvenes se enamoraban locamente de ella. Según el biógrafo Stephen Michael Shearer, autor de Beautiful: The Life of Hedy Lamarr, era tan bonita, que un empleado de la familia intentó abusar sexualmente de ella y la segunda vez lo logró. Hedy se lo ocultó a sus padres.

Ese mismo año de 1929, sus papás la enviaron a una pensión privada para señoritas en Lucerna, Suiza, y le dijeron: —Allí vas a aprender disciplina, etiqueta y elegancia social. Las reglas fueron estrictas, y aunque para entonces no era mala estudiante, se aburría en clases y se escapaba. Así, un día compró un pasaje de tren para regresar a Viena y durante el viaje hubo un incendio; ella confesó después que se quemó un poco las piernas. Ya en su hogar les rogó a sus padres que no la regresaran de nuevo al internado.

Hedy Lamarr: actriz y carrera en el cine

Desde aquella época soñaba con ser actriz, así que la chiquilla veía películas y revistas de Hollywood, pero sus padres no lo aprobaban. Tiempo después, ella se inscribió en la Doebling Academy, una escuela de arte y diseño en Viena, y un buen día, rumbo a la escuela, pasó por una villa pintoresca donde filmaban una película.

—¡Me quedé viendo los encantadores vestuarios y las pelucas blancas antiguas que usaban los artistas! —contó ella.

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Al día siguiente le rogó a su madre que le firmara un permiso para ausentarse de la escuela y se fue a los estudios Sascha Film, donde consiguió un trabajo como guionista, argumentando que tenía experiencia. Comenzó al otro día y escuchó que el director Alexis Granowsky necesitaba una actriz para una participación en Gold on the Streets. Hedy hizo una lectura y, aunque estuvo muy mal, figuró como ex-tra. Al final de la jornada se enfrentó a sus padres; les explicó lo que había hecho y les dijo que seguiría trabajando. Su padre comprendió al fin que ella iba a hacer lo que quería.

La chica continuó su pasión y estudió drama con el legendario director Max Reinhardt en su academia en Berlín. Ella consiguió una recomendación de Granowsky, y en 1930 se fue a Alemania llena de ilusiones.

Sus profesores en la Reinhardt Academy fueron Ernst Arndt y el Dr. Stephen Hock, y como ella era aplicada, la ayudaron a entrar al ensayo de El sexo débil, del dramaturgo Édouard Bourdet, obra que Reinhardt preparaba. El cineasta Otto Preminger, protegido de Reinhardt, contó en su biografía su encuentro con Hedy:

Estaba en mi oficina, cuando mi secretaria me trajo a una chica con una recomendación. Ella me dijo con timidez que la llamaban Hedy, que tenía 17 años y deseaba actuar. La llevé al escenario donde estaba Reinhardt. Con sus libros de texto, Hedy parecía más joven.

Preminger le ofreció un asiento al fondo de la sala y se retiró. Reinhardt, que iba y venía por el escenario, la vio y él, que odiaba tener gente en los ensayos, la llamó. Ella le dijo:

—Sólo quiero verlo dirigir, si a usted no le molesta. —Ah, sí... Mi nombre es Reinhardt —expresó él con ironía. —El mío es Kiesler. —¿Hablas inglés? —le preguntó él.

Hedy contestó que sí y consiguió el pequeño papel de una chica estadounidense en El sexo débil. Ella estaba feliz, pero después le pareció insignificante. Según Scott Eyman, autor de Ernst Lubitsch: Laughter in Paradise:

“Los actores alemanes deseaban trabajar para Reinhardt”. ¡Y para una joven cuya única experiencia era haber actuado en obras escolares, lo suyo había sido un golpe de suerte! Más tarde Hedy renunció a su papel en Berlín. Regresó a Viena con su familia y a su trabajo en Sacha-Tobis Film (como se llamaba entonces) y consiguió un pequeño rol en The Trunks of Mr. O.F., que se terminó de filmar en 1931.

La vida le sonreía, pues Reinhardt (quien se había ido a Viena a montar El sexo débil) le ofreció un rol más sustan- cioso en Private Lives. Fue en un ensayo cuando surgió algo que definiría su carrera. Reinhardt le dijo a los reporteros: —¡Hedy Kiesler es la joven más bella de toda Europa! La frase fue enviada a los servicios de prensa de diversos países. El público y los críticos compartieron su apreciación. Y así Hedy continuó su carrera cinematográfica.

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En 1932 protagonizó el escandaloso Ecstasy, de Gustav Machaty, un filme en el que debido a su desnudo, el primero que una actriz hacía en pantalla, llamó la atención internacional. La película, estrenada el 14 de febrero de 1933, en Viena, contó con primeros planos eróticos de Hedy, ¡y vaya que levantó revuelo! Un escándalo para sus padres.

Hedy Lamarr, la actriz inventora con mente brillante

Para 1933, Hedy había protagonizado Sissy en el teatro en Viena, donde recibía flores de sus admiradores, pero en especial de uno: Fritz Mandl, el divorciado magnate armamentista y tercer hombre más rico de Austria.

—Me enamoré de Fritz cuando supe que toda la fortuna de sus padres se había perdido y él volvió a rehacerla. ¡Eso despertó mi admiración! —dijo ella.

Hedy y Mandl se casaron el 10 de agosto de 1933. Él intentó que Ecstasy no fuera exhibida y destruir las copias del filme, pero no lo consiguió y siempre le recriminó por eso. Y, a pesar de que Hedy vivía con lujos, no era feliz, pues abandonó su carrera cinematográfica. Además, su padre murió en 1935 y eso la llenó de tristeza.

Aunque medio judío, Mandl tenía estrechos vínculos sociales y empresariales con los gobiernos fascistas de Italia y Alemania, y le vendía municiones a Benito Mussolini. En sus memorias, Hedy escribió que Mussolini y Hitler fueron a fiestas organizadas en la casa Mandl. Enfermo de celos por su belleza, su marido la obligaba a acompañarlo en todas sus cenas y viajes, donde se reunía con científicos y esas conferencias la introdujeron en el campo de la ciencia aplicada y nutrieron su talento en el terreno de la investigación.

Encerrada en su castillo-casa Schloss Schwarzenau, Hedy aprovechó su enclaustramiento para estudiar ingeniería, y obtuvo de los clientes y proveedores de su marido los pormenores de la tecnología armamentista de la época. Pero cansada de su encierro, preparó un plan para divorciarse. Lo logró en 1937 al escaparse por una ventana del baño de un restaurante y luego huyó a París. Ella le había pedido a Mandl usar esa noche sus joyas más valiosas y había escondido dinero entre su ropa.

Hedy Lamarr: de Hollywood al WiFi

De París logró viajar a Inglaterra. Allí, el agente Bob Ritchie la llamó a su hotel, ofreciéndole presentarla a Louis B. Mayer, de la Metro-Goldwyn- Mayer, que estaba en Londres, contó Hedy en su libro Ecstasy and Me. Meyer le dijo que nunca hiciera en Hollywood lo que hizo en ese filme.

—Eres adorable, pero... no me gusta lo que la gente piensa de una chica que revolotea el trasero al aire en una pantalla.

Mayer le ofreció un contrato por seis meses, con un salario de 125 dólares semanales. Ella rechazó la oferta, pues quería un mejor trato. Pero en 1937, Hedy se embarcó hacia EUA en el Normandie, el barco más elegante de la época, y se pagó el viaje con la venta de sus joyas. Mayer regresaba a su casa en el mismo barco con su esposa. Durante el trayecto, ella esperaba establecer una relación más amistosa con la pareja, y ver si lograba un contrato aceptable. El plan le dio resultado: él le ofreció un convenio por siete años pagándole 500 dólares semanales. Luego acordaron:

—Debes tomar clases de inglés y cambiarte el nombre, porque Kiesler no es fácil de pronunciar (y fue Margaret Mayer quien sugirió el de Hedy Lamarr, y les encantó).

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Su primer trabajo en Hollywood fue en la cinta Algiers, con Charles Boyer, en 1938. Participó en dos filmes más hasta que protagonizó Lady of the Tropics, en 1939, junto con Robert Taylor. En esos años Hedy conoció al productor, guionista y oficial naval galardonado Gene Markey, de 43 años, alto y muy atractivo, y entre ellos surgió una pasión arrolladora. Se casaron en Mexicali, el 5 de marzo de 1939, luego compraron una casa en Beverly Hills y adoptaron un bebé al que llamaron James Lamarr Markey. ¡Ella le decía Jamesie! El matrimonio sólo duró 16 meses. Hedy se divorció, pero se quedó con la custodia de Jamesie.

En 1940, ella trabajó en I Take This Woman, con Spencer Tracy, y en Boom Town, con Clark Gable, entre otros filmes. Cuando en 1941 ocurrió el ataque a Pearl Harbor, EUA entró en la Segunda Guerra Mundial y Hedy quiso ayudar. Sabía que muchas batallas ocurrían en el mar, y como aprendió sobre torpedos al estar casada con Mandl, pensó cómo mejorarlos.

Hedy Lamarr y Clark Gable/ getty

Según la autora de Hedy Lamarr, Ann Gaines, ella sabía que había un problema con ellos. Algunos eran guiados por señales de radio emitidas desde el barco que los disparaba y daban con más frecuencia en el blanco. Sin embargo, los enemigos podían escucharlas e impedir que dirigieran el torpedo. Ella sabía cómo ocultarlas para que el enemigo no las escuchara y, al conocer al pianista George Antheil, pensó que sería de gran ayuda en su idea, porque él había escrito música para pianos mecánicos, que trabajan con un rollo de papel perforado que le indica al instrumento qué notas tocar y cuándo hacerlo.

Ambos crearon una versión inicial de un sistema de comunicaciones en salto en frecuencia y obtuvieron una patente por su invento, al que llamaron Sistema de Comunicación Secreta. Aunque la marina estadounidense no lo usó en esa época, al fin lo hizo en 1962. Hoy se llama Salto de Canales cuando se envían señales por satélite e impide que los mensajes secretos sean comprendidos. ¡Y también se usa en Internet!

Hedy siguió actuando y un día Bette Davis le presentó al actor John Loder, de 43 años. Ella tenía 27. ¡Se enamoraron y Loder adoptó a Jamesie! El 19 de enero de 1945 nació su hija Denise Loder. Ese año ella filmó Her Highness and the Bellboy con Robert Walker y The Strange Woman. El amor se esfumó pronto, pues se separaron en 1947, meses después del nacimiento de su segundo hijo Anthony Loder.

En 1949 la actriz coprotagonizó Samson and Delilah, junto a Victor Mature. En esa época Hedy no pudo llegar a un buen acuerdo con la Metro y fue despedida. Las películas que llevó a cabo en los 50 no fueron taquilleras, pero ella criaba a sus hijos con amor y se entretenía inventando múltiples cosas para la casa.

En 1951 se casó con Teddy Stauffer, director de orquesta suizo. Su carrera fue en declive, igual que su relación y se dijeron adiós en 1952. Su quinto esposo fue el petrolero Howard Lee, de quien se separó en 1960. Su sexto esposo sería su abogado Lewis Boies (terminaron en 1965).

Su última película fue The Female Animal, con George Nader. Para entonces, Hedy tenía problemas legales porque sufría de cleptomanía y fue arrestada en varias ocasiones por robar en tiendas. No fue hasta que tuvo más de 70 años que el mundo descubrió que era inventora. En 1997 recibió el premio Pionera de la Electronic Frontier Foundation. Hedy Lamarr murió de un ataque cardiaco el 19 de enero del año 2000, en Florida, a los 86 años. Su hijo Anthony Loder cumplió su última voluntad y llevó sus cenizas a Austria, para esparcirlas en los hermosos bosques de Viena donde ella solía pasear con su querido padre.

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