Hogar

El enemigo está en casa

¿Qué hacemos realmente para prevenir que esto siga ocurriendo, para combatir el machismo y la violencia que genera?

Por mdaphnis

- 30/09/2021 12:10
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A todos nos consternan tantas historias de feminicidios. Nos sumamos a los hashtags, alzamos la voz para decir “ni una más” y lo escribimos en nuestras playeras, pero, ¿qué hacemos realmente para prevenir que esto siga ocurriendo, para combatir el machismo y la violencia que genera?

Es duro pensar que esos asesinos alguna vez fueron niños, que, quizá, desde entonces fueron expuestos y educados en la discriminación por género. “Tú no lo hagas, hijo: para eso están tus hermanas”, le pudo haber dicho a un niño su padre, alguien que tal vez también maltrataba verbal, emocional o físicamente a su pareja. Esos insultos, gritos y descalificaciones que se gestan en el propio hogar son los cimientos nefastos sobre los cuales se construye la enfermedad emocional.

El porcentaje de abuso infantil infligido por las personas más cercanas a los niños es muy alto. La maldad no está afuera de casa: come con nosotros cada domingo en las reuniones familiares. De acuerdo con el Colectivo contra el Maltrato y Abuso Sexual Infantil, sólo uno de cada 100 casos de abuso sexual infantil es denunciado.

Cuando sí ocurre, las cifras muestran lo siguiente: en 30% de los casos el abusador es el abuelo o un padrastro; 13%, tíos; 11%, padres biológicos; 10%, primos; 8%, vecinos; 7%, maestros, y 3%, hermanos, esto según el Consejo Ciudadano de la CDMX.

Por eso es muy importante trabajar desde casa la futura salud emocional y los valores de respeto y dignidad que todo ser vivo merece. Si seguimos creyendo que nuestros hijos son absolutamente incapaces de convertirse en futuros agresores, les estaremos negando la vacuna de amor y educación que todo hombre debe de recibir en casa.

5 claves contra la violencia

1. Bajar los niveles de agresividad y violencia en el hogar es posible si evitamos los gritos, si le damos un turno a cada miembro para hablar en el comedor o la sala, y si no descalificamos a ningún integrante de la familia por su edad, sexo o apariencia.

2. Eliminar el sarcasmo y la ironía, que hieren profundamente, es vital.

3. Evitar las nalgadas y los manotazos en general, pues éstos sólo ponen de manifiesto nuestra falta de recursos para lidiar con un problema. Los niños no entienden a golpes, cada uno que reciben lastima su cuerpo temporalmente y su alma de manera permanente. Un niño golpeado no se convertirá en un hijo educado: se volverá un ser resentido y violento.

4. Buscar el equilibrio es muy importante. Sin satanizar los videojuegos o el uso de tabletas electrónicas debemos intentar que en sus vidas también haya lecturas, juegos de mesa y actividades físicas. Intentemos monitorear lo que ven en la televisión y en Internet y, sobre todo, mantengámoslos alejados de la pornografía.

5. Exponer a un cerebro joven a imágenes perturbadoras o de alto contenido sexual lleva al pequeño a objetivar a las personas: volverlas cosas, orientadas a su goce exclusivo, desechables e intercambiables. “Me sirves, te uso y te abandono”. Todo se vuelve un tema de dominación, poder y agresión. Y es que no hay creación de vínculos reales, sólo búsqueda de placer.

(Foto: Pixabay)

Sin duda, es básico hablar con los hijos sobre igualdad, condenar todo tipo de abuso y predicar con el ejemplo. No reírnos ni mandar memes que, aunque sea de manera velada, impliquen discriminación, estereotipos o burla para las mujeres. Debemos enseñar a los hombres que, si llegan a ser superiores a ellas en fuerza física, es para protegerlas, pero jamás para forzarlas, intimidarlas o abusar de ello. Nuestros dones están ahí para ponerlos al servicio de los demás, no para utilizarlos en su contra.

Conviene revisar las expresiones que usamos, los chistes y nuestros comentarios, ya que muchos de ellos pueden tener un alto contenido discriminatorio o machista. Un ejemplo de esto, que pudiera parecer inocente, es el cuento El patito feo. Cuando Hans Christian Andersen lo escribió, nunca detalló que el patito debía ser negro. Sólo dijo feo, pero durante años las ediciones de ese texto lo presentaron como uno de color oscuro. Cuando crecía y se hacía ‘hermoso’, se le mostraba como un cisne blanco. Así debemos estar conscientes también de las representaciones de género que consumimos o circulan en la casa, y rechazar todo estereotipo o machismo, velado o no.

Debemos tener cero tolerancia con los comentarios machistas de nuestros propios hijos. Ni una insinuación de que existen tareas o deportes exclusivos para hombres o mujeres, así como no hay colores que nos distingan o apelativos femeninos que, para molestarse unos a otros, se usen como insultos. “Nena”, “muñequita” o “pareces vieja”, son expresiones que demeritan la integridad de un hombre, como si ser mujer se tratara de algo humillante. Serlo nunca es ser menos.

Así, en lugar de sólo preocuparnos, blindaremos el futuro de las siguiente generaciones. La transformación empieza desde temprano. Si no predisponemos a los hijos al machismo, y a las hijas a la sumisión y resignación, entonces estaremos verdaderamente trabajando por un mundo más respetuoso, culto e infinitamente mejor.

Todo niño debe tener muy en claro que maltratar a una niña es como herir a todas.

Por: Gaby Pérez Islas licenciada en Literatura Latinoamericana, maestra en Tanatología con especialidades en Codependencia y Familia, así como autora del bestseller Cómo curar un corazón roto y de Convénceme de vivir. @gabytanatologa

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