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Cristóbal Balenciaga, un genio de la moda en Hollywood

En una época en la que el cine imponía un estilo impecable a sus actrices, los mejores directores de Hollywood llamaron a los grandes diseñadores

El modisto Cristóbal Balenciaga, nacido un 21 de enero de 1895, era un hombre discreto y reservado, quizás por ello no sorprenda que, a poco más de cuarenta años después de su muerte salgan aún a la luz detalles poco conocidos de su carrera, como su relación con el cine y los diseños con los que elevó la elegancia de una época dorada del cine.

Ava Gardner, Elizabeth Taylor, Maria Félix, Conchita Montenegro, Grace Kelly o Marlene Dietrich es solo el inicio de una larga lista de actrices que vistieron sus creaciones delante y detrás de las cámaras y que el modisto engrandeció, en unos años en los que Hollywood mimaba a sus estrellas.

ESTILO IMPECABLE

La meca del cine imponía un estilo impecable que las grandes actrices lucían desde el amanecer, enfundadas en saltos de cama de encaje y seda, a juego con batas que rozaban los pies; pasando por la hora del almuerzo, ataviadas con trajes de chaqueta muy femeninos, siempre combinados con sombreros de alas acordes a la ocasión; hasta la extrema elegancia que se refugiada en la noche, en forma de vestidos largos, sinuosos, con tejidos que acompañaban el paso y el baile mientras brillaban con luz propia y la de sus joyas.

En una  época como aquella no era de extrañar que los mejores  directores de Hollywood no dudaran en llamar a los grandes diseñadores para crear sus vestuarios y entre ellos estaba, sin duda, Balenciaga. (1985-1972), quien mantuvo una duradera y hasta ahora poco conocida relación con el cine, y que el Museo Cristobal Balenciaga de Getaria, al norte de España ha estudiado y recuperado con la exposición «Un sueño de Balenciaga, el cine», en la que, a través de un centenar de fotografías, se repasa una veintena de películas de factura internacional con vestuario firmado por el modisto.

El comisario de la muestra, Pedro Usabiaga, dedicó dos años de estudio e investigación para identificar qué trajes habían salido de la aguja del creador español, desde la primera película en la que colaboró, «Piéges» (1939), de Robert Siodmark, hasta «La piscine» (1968) de Jacques Deray; pasando por «North by Northwest» (1959), de Alfred Hitchcock o «Lola Montes» (1943), de Antonio Román.

«Aquella época era muy distinta y a algunas cosas no se les daba la misma importancia que hoy», relata Usabiaga. De ahí que casi ninguna de esas espléndidas creaciones se conserve. Solo existe el vestido de noche, en raso de seda de color marfil, que estiliza aún más a Ingrid Bergman en «Anastasia» (1956), de Anatole Litvak, y dos de Marlene Dietrich que pueden verse en el Museo del Cine de Berlín, en Alemania.

En dos años, Usabiaga realizó un intenso proceso de investigación para establecer qué trajes pertenecían realmente a Balenciaga, pues en aquella época no siempre figuraba el nombre de los modistos en los créditos, sobre todo cuando el vestuario de una película no había salido de un estilista único.

La muestra, que se complementa con un libro de 250 imágenes demuestra que la aportación del diseñador al cine no fue un hecho aislado porque, de manera paralela a su actividad creativa en la alta costura, Balenciaga trabajó para el cine de manera activa colaborando con los directores más importantes de su época.

FOTOGALERÍA: DIVAS DE HOLLYWOOD VESTIDAS POR BALENCIAGA

MARÍA FÉLIX, DOLORES DEL RÍO Y OTRAS

En aquellas décadas doradas del cine no faltaron estrellas surgidas de Latinoamérica, como la mexicana María Félix, para quien cosió dos espectaculares trajes en el filme  «La estrella vacía» (1958) y que era también clienta habitual fuera de los escenarios, o la también mexicana Dolores del Río que, en 1951, lució un vestido de inspiración flamenca firmado por Balenciaga.

Además de la argentina Irma de Córdoba, que en 1939 se puso ante las cámaras para «Atorrante» vestida por el modisto, en la que sería una de sus primeras colaboraciones con el cine, relación que comenzó precisamente ese año con «Piéges» y que le llevaría a establecer una colaboración estable con directores tan importantes como Marcel Carné, Stanley Kramer, Alfred Hicthcock o Jean Cocteau.

Una espectacular Ava Gadner lució, con natural elegancia, un vestido de noche en gasa de seda de color negro con gran escote de pico y broche decorativo en el tirante para «El ángel vestido de rojo» (1960); mientras la italiana Lyla en «Alta costura» (1954) brilló con un vestido de noche, de estilo sirena, en terciopelo negro, ceñido al cuerpo con bajo voluminoso en tul blanco. 

Y de la mano de Balenciaga, la belleza de Dietrich se hacía aún más enigmática en «Encuentro en París» (1964) con un traje sastre en color marfil.

Usabiaga recuerda que la actriz alemana vestía en su vida cotidiana creaciones del modisto y señala que, alguna de ellas, las usó en el cine cuando se trataba de cintas con una temática contemporánea en la que esos trajes encajaban.

El comisario de la muestra recuerda haber hablado con la recientemente fallecida Sara Montiel durante el proceso de documentación y como la actriz le contaba que el creador vasco siempre trataba de ponerle sombreros o tocados que iban bien con su rostro, pero que, debido a la iluminación que se usaba en el cine,  creaban sombras y los directores estaban en contra de este accesorio.

También relata Usabiaga que durante el rodaje de «El ángel vestido de rojo» un filme con el trasfondo de la Guerra Civil española,  pero rodada en Italia, Ava  Gardner estaba bajo la influencia del neorralismo y los personajes descarnados de actrices como Anna Magnani, por lo que quiso rodar sin maquillaje y con un vestuario «sencillo», «pero una vez vistos los primeros resultados vieron que así no podía salir, por lo que al día siguiente le pidieron a Balenciaga que la vistiera de manera sobria pero maravillosa».

Uno de los aspectos sorprendentes que saca a la luz la exposición, según su comisario, es que Balenciaga también realizó para el cine vestidos de época, como los confeccionados para el filme «El testamento de Orfeo» (1959), o en «Lola Montès» (1954), además de firmar creaciones para el teatro  inspiradas en las pinturas de Goya o de Velázquez.

Una larga relación con el séptimo arte  a la que el modisto puso fin en 1968 con «La piscine» protagonizada por Romy Schneider y Alain Delon, cuando -recuerda el comisario- ya se abría paso la estética de la época pop,  muy diferente a la «elegancia señorial» de las creaciones Balenciaga y el modisto «entiende con mucha inteligencia que ha llegado el momento de decir adiós».

FOTOGALERÍA: DIVAS DE HOLLYWOOD VESTIDAS POR BALENCIAGA

Redacción Vanidades

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