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Bodas reales: la revancha de los plebeyos

Las pomposas y grandilocuentes bodas reales de los últimos años han tenido, en su mayoría, un pequeño pero. Hoy, los príncipes y princesas ya no buscan sangre azul para emparentarse. ¿Es acaso esta invasión de plebeyos una venganza histórica o simple y llanamente el triunfo del amor?

La cenicienta, cuento imaginado por el francés Charles Perrault, se convirtió pronto en el sueño de todas las niñas, que si bien la parte de ser criadas no les gusta tanto, si la de volverse princesas y ataviarse con los vestidos más amerengados y cursis. Pero, sin duda, el sueño de unas es la pesadilla de otras.

Hace un par de meses, algunos diarios europeos mostraban encabezados como “El fin de la sangre azul” refiriéndose a la boda de la princesa Victoria de Suecia, heredera a la corona. Victoria, la última princesa europea, contraía nupcias con? su entrenador personal. Esto, que los puristas seguidores de la aristocracia califican como una bofetada a la monarquía, al resto del mundo nos parece simple y llanamente una historia de amor. Quizá con un poco de desigualdad de circunstancias entre la pareja, pero amor al fin y al cabo. ¿Qué significa esto? ¿La pérdida de una tradición o simplemente la aceptación de la realidad de los nuevos tiempos? Tal vez un poco de ambas posibilidades, lo que si es verdad es que esta historia de cenicientas y cenicientos sigue haciendo soñar al gran público.

Transfusión de sangre

La realeza no es lo que era antes. A pesar de que los devaneos de los “tocados por la mano divina” con los mortales han existido desde hace cientos de años, fue en el siglo pasado cuando la realeza entró a la cultura popular como un objeto más de consumo, como la moda misma. ¿Quién no recuerda emocionado la historia de Grace Kelly y Raniero de Mónaco? Más aún, las andanzas y los escándalos de sus hijas y ahora de sus nietos. La realeza pasó a ser parte del mundo del espectáculo. Quizá por eso resulta necesaria la mezcla perversa con plebeyos: esa gente del pueblo que hará que las masas se interesen en lo que le sucede a la realeza y la siga sosteniendo en sus tronos y palacios.

Las parejas reales más renombradas de los últimos años tienen historias únicas, intensas, emocionantes y hasta increíbles. Pero lo que las hermana es que todas han sido bodas por amor. Ellas superaron las estrictas tradiciones de sus familias, los prejuicios de sus sociedades y, lo más importante, el “deber” para seguir los dictámenes de su corazón.

Mi trono por un amor: Eduardo VIII de Inglaterra

Tema llevado incluso a la pantalla cinematográfica, el romance de Eduardo VIII de Inglaterra es de los más románticos de la historia. Eduardo se enamoró de la dos veces divorciada estadounidense Wallis Simpson, asunto que, para 1936, cuando decidió casarse con ella, era un escándalo absoluto. Conmociona a la Corona británica y, al no encontrar una posible solución para permanecer como candidato al trono, renuncia a éste con tal de seguir al lado de su amada. Se exilia de Londres con Wallis y permanecen casados durante 36 años. A pesar de que se rumoró que la plebeya le era infiel al duque de Windsor, la relación de ellos nunca se alteró en lo más mínimo.

Sin trono, pero enamorados

Los príncipes holandeses han seguido el ejemplo de Eduardo VIII: Johan Friso, segundo hijo de la reina Beatriz, abdicó para poder casarse con Mabel Wisse Smit, de quien se rumoraba que tenía una relación con un criminal llamado Pieter Cristiaan. El príncipe Floris, hermano de Johan, se casó con su novia plebeya sin pedir permiso al Parlamento, y por ello ambos príncipes perdieron su lugar en la sucesión del trono holandés. Ambas parejas ya tienen hijos, pero ninguno de ellos tiene derecho al trono. Sin embargo, a los príncipes parece importarles poco porque están felizmente casa

A lo Hollywood

Es una historia de amor puro. Nadie duda de ello, aunque en su momento también fue un escándalo, porque las actrices no eran lo más reputado del mundo en ese entonces. Grace Kelly lo era. A pesar de que siempre tuvo una vida carente de escándalos, se le relacionó románticamente con Fred Astaire y con el diseñador Oleg Cassini. Sin embargo, el que ganó su corazón fue el príncipe Raniero III de Mónaco, quien, además, la hizo princesa y le ofreció un reino. Vivieron un romance de película y un desenlace igual: un accidente de coche le quitaría la vida a Grace. Sus hijas Carolina y Estefanía también se han relacionado con plebeyos ¡y de qué forma! La segunda, conocida como “la princesa rebelde”, se casó en 1995 con su guardaespaldas, Daniel Ducruet, con quien ya había tenido dos hijos. Se separaron en 1996, volvió a dar a luz en 1998 -no se conoce la identidad del padre- y luego se le relacionó con el domador de circo Franco Knie. Carolina se casó tres veces: la primera con el playboy Philippe Junot, después con el multimillonario italiano Stefano Casiraghi y, finalmente, con un ‘sangre azul’, el príncipe Ernst August de Hannover, duque de Brunswick y Lüneburg. Las princesas ahora están bastante tranquilas y dicen sus allegados que hasta han logrado tener un poco la serenidad de su difunta madre.

Sayonara

La princesa japonesa Sayako, conocida como Nori, aunque por ser mujer no tenía derecho de sucesión, al casarse con un plebeyo, Yoshiki Kuroda, un empleado de Gobierno, renunció a su título de princesa y de alteza real para pasar, posteriormente, a ser una simple mortal. Pero felizmente casada y enamorada.

Intrigas

María Teresa y Enrique de Luxemburgo también tienen una historia romántica de cuento y, a pesar de que tuvieron muchos factores en su contra, llevan 27 años juntos y siguen felices. Josefina Carlota, la fallecida madre del duque, se opuso desde el principio a este enlace porque María Teresa era plebeya. Incluso llegó a inventar romances a su hijo para provocar el divorcio. Luis, el hijo de la pareja, abdicó al trono para poder casarse con la madre de sus hijos.

Princesa y madre soltera

Un matrimonio real que dio inicio con un escándalo: el príncipe Haakon de Noruega admitió su relación nada menos que con una madre soltera: MetteMarit Tjessem. Pero eso no era todo: también había sido modelo, mesera y a su ex marido se le ligaba con el narcotráfico. Curiosamente, la mujer había participado en un programa de televisión para “buscar a su príncipe azul” y lo encontró. A pesar de todo esto, se casaron en 2001 y son muy felices. Incluso al haber tenido todo en su contra.

El príncipe y la periodista

La periodista divorciada y actual princesa de Asturias, doña Letizia Ortiz Rocasolano, contrajo matrimonio con el heredero de la Corona de España, el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, el 22 de mayo de 2004, después de un sonadísimo y mediático romance. Los ojos de España y del mundo han estado sobre ella desde siempre, pero ha salido más que airosa de la prueba que el destino le ha puesto y ha demostrado ser una verdadera dama digna de la posición que ocupa. Todo un icono de estilo. ¿Amor? Todo. La pareja es completamente feliz.

Del gimnasio al palacio

La princesa Victoria de Suecia se enfrentó a sus padres, Carlos Gustavo y la reina Silvia, para defender su amor por un plebeyo, Daniel Westling. El romance, que duró varios años, causaba una gran expectación en el pueblo sueco que dudaba de que el enlace fuera a realizarse.

Sin embargo, el pasado 19 de junio, con toda la pompa esperada en un acontecimiento de esta índole, la princesa Victoria contraía nupcias por todo lo alto con Westling, quien fuera su entrenador personal. Durante la ceremonia, el ahora príncipe no dejaba de llorar de emoción. Victoria es la heredera al trono de Suecia y, por ende, su marido y ex entrenador también lo es. La más nueva de las historias de amor principescas.

¿Y las que vienen?

Hay dos bodas que, a pesar de que aún no se realizan, ya se esperan con ansia: una es la del príncipe Guillermo de Inglaterra, hijo de Carlos y lady Di, y la plebeya Kate Middleton. Ambos han sido novios desde 2001, cuando se conocieron en la Universidad de Saint Andrews y se mantienen tan fieles y enamorados que la reina Isabel II de Inglaterra ha aceptado que su nieto y sucesor al trono se case con su novia y pretende que la boda sea en 2012, cuando la soberana celebrará el 60 aniversario de su reinado.

Por otro lado, el príncipe Alberto II de Mónaco, a sus 52 años, ha decidido dejar su soltería y ha anunciado su matrimonio con la ex nadadora olímpica sudafricana Charlene Wittstock, de 32, con quien ha mantenido un largo noviazgo.




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Vanidades

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