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Ragnhild de Noruega, ¿la primera princesa rebelde?

Fue de las primeras royals en casarse con un plebeyo por amor: ¡su guardaespaldas!

¿Has oído hablar alguna vez de la princesa Ragnhild Alexandra de Noruega? ¡Pues yo nunca había escuchado su nombre! Y cuando murió a los 82 años en septiembre de 2012, no sabía una palabra de ella. Sin embargo, después de haber investigado sobre la que fuera la hija primogénita del rey Olav V de Noruega y de su esposa, la princesa Martha de Suecia y de Noruega, puedo asegurarles que tuvo una vida interesante, llena de amor y de rebeldía, que vale la pena conocer.

La princesa Ragnhild, nacida el 9 de junio de 1930, tenía un pedigrí real de altura, siendo tataranieta de la reina Victoria de Inglaterra, bisnieta del rey Eduardo VII y nieta de la reina Maud. Cuando nació, Ragnhild era nada menos que la número 17 en la línea de sucesión del imperio británico. Cuando murió era la número 75 en esa línea. (El nacimiento de hijos y nietos de su prima, la reina Isabel II de Inglaterra, entre otros, la alejó mucho de la posibilidad de ser reina.) Vale aclarar que si las mujeres primogénitas hubieran podido heredar el trono en Noruega, Ragnhild hubiera sido la reina en vez de Harald V, su hermano siete años menor que ella, quien es el actual rey, ¡y todos la conoceríamos!

La princesa Ragnhild nació cuando sus padres eran príncipes herederos del trono noruego. Al ocurrir la invasión nazi en 1940, su madre, la princesa Martha, se llevó a sus hijos Ragnhild, Astrid y Harald a Suecia y después a Estados Unidos, donde vivieron hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Olav, por su parte, se había quedado en su país. La princesa Ragnhild siempre supo que nunca heredaría el trono por ser mujer. ¡Cómo han cambiado los tiempos! La constitución de Noruega se modificó y un día será reina la princesa Ingrid Alexandra, hija primogénita de los príncipes Haakon y Mette-Marit.


En un acto oficial en honor a la reina Beatriz de Holanda, en el 2010, aparecen de izquierda a derecha: la princesa Ragnhild, la reina Sonia de Noruega, la reina Beatriz, el rey Harald V de Noruega, la princesa Mette-Marit y el príncipe Haakon.

Cuando regresó de Estados Unidos, la muy voluntariosa princesa Ragnhild y su hermana Astrid insistieron en que querían estudiar en colegios públicos, como habían hecho en Estados Unidos, y no con tutores reales. Aunque necesitaron el permiso del parlamento para poder hacerlo, establecieron esa costumbre en Noruega. Dicen que como Ragnhild sabía que nunca podría servir a su pueblo en calidad de reina, aunque era una mujer muy inteligente, fue de las primeras princesas en casarse con un plebeyo, héroe de la resistencia noruega durante la Segunda Guerra Mundial, que había sido su guardaespaldas. En 1953, desafió a la familia para casarse con Erling Sven Lorentzen y su madre tuvo que rogarle al rey Olav V que se lo permitiera. Aunque era una boda controvertida, 200 mil noruegos vitorea- ron en las calles a los novios. Era un matri – monio por amor y el guapísimo novio, quien después heredó los millones de su padre, un armador noruego, estaba muy enamorado de la princesa.

Poco después de la boda, la pareja se fue a vivir a Río de Janeiro, Brasil, por un tiempo, donde Erling Sven tenía negocios; pero Ragnhild confesó años más tarde que lo hicieron porque “estar casada con un plebeyo era un sufrimiento muy grande en aquellos años”. Y el plan que tenían de estar solo dos años se convirtió en una residencia permanente.

Pocos sabían en Brasil que la señora Lorentzen era en realidad una princesa, hija y nieta de reyes, que pudo haber sido reina de Noruega. Para borrar su pasado, Ragnhild dejó de usar el título de Su Alteza Real la princesa Ragnhild. Al enterarse en su país, los noruegos se enfadaron por ese gesto y no se volvieron a ondear las banderas en el día de su cumpleaños. Consideraron que la hija mayor del rey les había dado la espalda. Eso la hirió mucho, y aunque visitaba a menudo Noruega y se reunía largas temporadas con su querido padre, sus hermanos y sus sobrinos, nunca quiso tomar posiciones oficiales ni le gustaba que la trataran con protocolo alguno, aunque en su honor fue nom- brada la Costa de la Princesa Ragnhild en la Antártida.

La princesa Ragnhild vivió en Río de Janeiro, Brasil, hasta que murió, el 16 de septiembre de 2012. Fue enterrada en Noruega, en la misma iglesia en la que se casó.

En 1995, la princesa Ragnhild, quien lleva un antiguo nombre noruego, escribió su autobiografía My Life as a Princess, donde cuenta que aunque vivió en total 18 años en Noruega, en Brasil mantenía las costumbres noruegas y comía al estilo escandinavo. ¿Algo muy curioso? Que aunque ella se había casado con un plebeyo, igual que hizo su hermana Astrid años más tarde, le horrorizaba que su sobrino, el príncipe heredero Haakon, se hubiera casado con Mette-Marit. En el 2004 dijo que “prefería morirse antes de ver a Mette-Marit como reina de No ruega” y jamás aprobó el matrimonio de su sobrina Marta Luisa –hermana del príncipe Haakon– con el escritor plebeyo Ari Behn. Eso sí, nunca dijo nada en contra de su cuñada, la reina Sonia, quien es tan plebeya como los demás.

La princesa Ragnhild pidió que al morir fuera enterrada en Noruega, en la iglesia donde se casó casi 60 años atrás, y en cuyo jardín hay una estatua de su madre, la princesa Martha. Su ataúd lo recibieron su hermano, el rey Harald V, y su hermana, la princesa Astrid, y se le hizo un modesto funeral. Los comentaristas de los noticieros dijeron que era el funeral “de la princesa que nunca conocimos”. Ese día las banderas noruegas estuvieron a media asta en señal de luto nacional.

La princesa Ragnhild murió de cáncer. Le sobreviven su esposo, tres hijos: Haakon, Ingeborg y Ragnhild Lorentzen, y muchos nietos.

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