Realeza

La escalofriante Bloody Marie y otras reinas sangrientas de la historia

Con todo un reino a sus pies y llenas de poder, estas mujeres despiadadas se convirtieron en las nobles y reinas más crueles de la historia.

Por Melisa Velázquez

- 10/12/2021 07:31

Reinas más crueles de la historia (Getty Images)

La monarquía está llena de reinas y dobles importantes que han sido amadas y admiradas por el pueblo; sin embargo, también están las que han sido temidas por la crueldad con la que han gobernado. Estas son algunas de las nobles y reinas más crueles de la historia.

Nobles y reinas más crueles de la historia

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Isabel de Francia

Hija del rey Felipe IV de Francia y la reina Juana I de Navarra, se casó con el rey Eduardo II de Inglaterra cuando tenía tan sólo 14 años, con la ilusión de tener un buen matrimonio.

Sin embargo, se dice que a pesar de belleza, no logró conquistar el corazón del rey, quien estaba más interesado en complacer a Piers Gaveston, conocido como el favorito del rey y su amante.

En venganza, la reina logró ejecutar a Galveston con ayuda de un grupo de fieles hombres, pero 10 años después, el rey encontraría a un nuevo amante, Hugo Le Despenser, un joven que despertó de nuevo los celos de Isabel, dando lugar a nuevas batallas.

Tras su derrota, Isabel se marchó a Francia, donde reunió un ejercito y en 1326, invadió Inglaterra, derrotando y ejecutando a Eduardo y a su amante.

Con el apoyo de los nobles y el pueblo, Isabel gobernó como regente durante varios años al pueblo inglés.

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Darya Saltikova

Esta aristócrata rusa nacida en 1730, es una de las mujeres más despiadadas de la historia, pues se hizo famosa por torturar y matar a sangre fría a decenas de sus siervos, hoy en día es considerada una de las asesinas seriales más brutal de la historia.

Tras quedar viuda a los 26 años y heredar una generosa fortuna, Darya se convirtió en la señora del castillo que era propiedad de su difunto marido, por lo que tuvo total libertad de llevar a cabo sus crueles fechorías sin testigos.

Se dice que Darya pudo haber torturado y matado a cerca de 138 mujeres y al menos a dos hombres. Las denuncias de los familiares de las víctimas finalmente llegaron a oídos de Catalina II de Rusia, y en 1762 fue arrestada y juzgada; sin embargo, solo fue declarada como responsable de la muerte de 38 mujeres, dejando sin castigo al resto de los asesinatos.

Al ser parte de la nobleza, el castigo de Darya no fue lo que sus víctimas esperaban, pues solo fue humillada públicamente. Fue obligada a usar un cartel en el cuello en el que decía: “he torturado y matado”, y caminar con él por la plaza principal.

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María I de Inglaterra

Hija del rey Enrique VIII y Catalina de Aragón, es también conocida como “Bloody Mary” o “María Sangrienta”, por comenzar una persecución en contra de los protestantes que se negaban a regresar a la religión católica que ella profesaba con ferviente fe.

Aunque su reinado duró tan sólo 4 años, restableció las viejas leyes contra la herejía que había abolido su padre, y con ese pretexto, entre 1554 y 1557, María quemó a alrededor de 300 protestantes en la hoguera, además de la personas que murieron en prisión a causa del hambre y las torturas a las que eran sometidas por orden de la reina.

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Elizabeth I de Inglaterra

Conocida también como “la sangrienta reina virgen”, es hija del rey Enrique VIII y Ana Bolena. A diferencia de su hermana María I, Elizabeth retoma la religión protestante e inicio una persecución contra los católicos.

La reina virgen ejecutó a cerca de 400 católicos que intentaron levantarse contra su derecho a gobernar, entre sus víctimas también se encuentran al rededor de 130 sacerdotes y a unos 60 nobles.

Isabel Bathory

También conocida como “condesa sangrienta”, la condesa Erzsébet Báthory de Ecsed perteneció a una de las familias aristócratas más poderosas de Hungría.

Es considerada como la mayor asesina del mundo, pues fue acusada y condenada por la muerte de 650 mujeres, en su mayoría jóvenes y hermosas.

Se dice que tras quedar viuda a la edad de 44 años, Isabel se convirtió en la señora feudal de un importante condado de Transilvania, y el castillo que habitaba se convirtió en su centro de ejecución.

Se dice que la condesa sometía a sus criadas y otras mujeres a una serie de torturas, tales como coserles la boca, quemarlas y desangrarlas en extraños rituales de brujería, con ayuda de algunos de sus criados.

Cuando una de sus víctimas logró escapar y denunció a Isabel, el rey Matías de Hungría ordenó al conde Jorge Thurzó iniciar una investigación. Los resultados fueron varios cadáveres alrededor de la propiedad de Isabel, y víctimas mutiladas y torturadas en las mazmorras.

Olga de Kiev

Conocida también como la "viuda vengativa", se casó con Ígor de Kiev, uno de los primeros príncipes de la Dinastía Rúrika.

Su vida experimentó un cambio radical cuando su esposo Igor, monarca de la Rus de Kiev, fue asesinado por la tribu de los drevlianos, que se resistían a pagar más impuestos.

Viuda y con un pequeño de a penas 3 años de edad, Olga se convirtió en la reina regente, y se centró en planear la venganza del asesinato de su rey.

La venganza comenzó cuando los drevlianos enviaron a veinte emisarios para tratar de convencerla de que se casase con su príncipe, pero ella decidió enterrarlos vivo.

Sin embargo, envió un mensaje al príncipe en el que aceptaba su propuesta y que precisaba un grupo mayor y más ilustre de drevlianos para que la escoltasen hasta allí.

Los drevlianos rápidamente cumplieron con la petición, cuando legaron fueron bien recibidos, pero luego de ser invitados a asearse en un cuarto de vapor, fueron encerrados y quemados vivos.

Como último acto de venganza se dirigió con su ejército a la ciudad de los drevlianos y la sitió. Olga incluso los engañó con un acto falso de paz, pues les pidió 3 palomas y 3 gorriones por cada hogar como símbolo de paz, pero sólo usó a las aves para destruir la ciudad.

Sus soldados ataron a cada una de las aves un hilo con un pequeño trozo de azufre envuelto en trozos de tela y las liberaron para que volvieran a sus nidos, la ciudad rápidamente se consumió, y la reina no tuvo clemencia.

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