Categorías: realeza

Charlene pasa la prueba de fuego

Charlene Wittstock, futura princesa de Mónaco, se ha transformado para su nuevo papel.

Ene. 28, 2011

¡La chica ha resultado una caja de sorpresas! De ser una mujer seria, estática y casi muda (jamás se le oía la voz) Charlene Wittstock está demostrando un nuevo lado de la personalidad que hasta ahora desconocíamos, y los monegascos están encantados con la nueva faceta de la futura princesa de Mónaco.

El príncipe Alberto II ya ha dicho que su boda con Charlene debe ser “una fiesta para que se conozca mejor Mónaco, más allá de los estereotipos y de un reflejo de la época, y por eso queremos compartir este momento con toda la población”. Esto indica que la boda se celebrará al aire libre en la plaza del palacio y no dentro de la catedral, como hicieron sus padres Rainiero y Grace en 1956. “Esta boda debe unir el respeto de las tradiciones y de la modernidad”, dijo, y señaló que su prometida “tiene una personalidad muy firme y trabajará a mi lado como princesa”. Es que la altísima deportista, quien me comentan que por naturaleza es tímida y callada, está aplicando la misma disciplina y concentración que usaba cuando se entrenaba para sus competencias de natación, para su futura posición como princesa de Mónaco. Al parecer, los esfuerzos están dando excelentes resultados.

Su reciente aparición en las actividades del Día Nacional de Mónaco (con un glamoroso sombrero a juego con su traje de chaqueta y un vestido de lujo en la gala, ambos de Armani Privé) fue el de una nueva princesa. Esto había sido precedido por un viaje oficial a Japón acompañando a su novio, el príncipe Alberto, en el que conoció a los emperadores Akihito y Michiko. Fue su primer viaje oficial -en el tren se durmió muy dulcemente recostada en el hombro de su prometido, quien le acarició la cara con dulzura- y la “prueba de fuego” la pasó con sobresaliente.

Antes del viaje, Charlene (quien ya tiene una asistente a su disposición) planeó milímetro a milímetro cada minuto que estaría allí con Alberto, incluyendo la ropa, el tipo de zapato, el maquillaje y el peinado para cada ocasión, e investigó y leyó sobre los eventos a los que asistirían, las caridades favoritas de los emperadores y príncipes japoneses, sus costumbres, sus biografías, etc. Fueron horas y horas de preparación, sin pensar siquiera en la posibilidad de un error, en las que Charlene se informó al pie de la letra de lo necesario, como si estuviera preparándose para los Juegos Olímpicos del 2000, cuando participó nadando para Sudáfrica.

El aprendizaje de Charlene para ser princesa fue absolutamente perfecto (la princesa Letizia de España hizo lo mismo, aunque Máxima de Holanda lo tomó todo con más humor y menos rigidez, y por eso le es tan simpática al pueblo) y típico de quien no ha nacido royal, pero quiere hacer un buen papel desde el primer día.

“A veces me pellizco porque no puedo creer que esta sea mi nueva vida, que vivo en un país tan bello y que me he enamorado del hombre de mis sueños”, dijo recientemente la nadadora a la exclusiva revista inglesa Tatler, donde apareció en 10 páginas de fotos en distintos lugares del palacio de Mónaco. “Como desde los 8 años comencé a entrenarme en natación, los retos no me asustan y estoy comprometida a ser la mejor princesa posible”.

Para empezar, Charlene ha adelgazado más y ha hecho ejercicios por horas, para que sus nuevos vestidos y trajes de chaqueta le queden mejor y acentúen su excelente postura y bellos hombros de nadadora. Ha escogido un nuevo vestuario (los colores pálidos, el blanco y el beige son sus favoritos), ha modificado su maquillaje (ahora más suave) y todos los aspectos de su imagen. En un principado con mujeres muy bellas en la Familia Real (Grace, Carolina y su hija Carlota, y Estefanía) eso es muy importante.

Charlene también ha comentado en la única entrevista que ha dado que “he estado trabajando en mi sentido del humor, porque en Mónaco a veces no entienden mi mentalidad y humor sudafricanos. Tengo cientos de conocidos en Mónaco, pero solo hay dos amigos que de verdad me conocen”. Charlene también confiesa que cuando llegó a Mónaco “no tenía idea de la moda, porque me había pasado toda mi vida en un bañador y cometí errores horrorosos. Giorgio Armani comenzó a ayudarme, me nombró embajadora de su moda y me enseñó a vestir mejor”. Ahora Charlene, liberada por el anillo de pedida que lleva en su mano, siente que es el momento de que la conozcan tal como es. “Incluso cuando sentía que existían celos a mi alrededor, no sabía exactamente cómo actuar”, comentó al Tatler. “Pero he aprendido a tener paciencia y a valorar las cosas”. Su madre Lynette y su hermano Gareth se han mudado a Mónaco para ayudarla en esta transición de su imagen, lo que la hace muy feliz. Sobre su vida futura en el palacio (que se comenta está muy abandonado y necesita una rápida redecoración), dijo con naturalidad que “necesita un toque femenino y se nota que ninguna mujer ha vivido allí en muchos años”. Y sobre su compromiso matrimonial ha dicho que Alberto (“mi mejor amigo”) le propuso matrimonio “el día que regresamos de la boda de Victoria de Suecia“.

Alberto descubrió a la verdadera Charlene al comienzo de su relación, al darse cuenta de que era una mujer “fuerte como el acero”, y como deportista de alto nivel, sabría tener la misma fuerza cuando fuera princesa. ¡En pocos meses de compromiso oficial la chica lo va demostrando!

Con una nueva seguridad en su posición en Mónaco, Charlene ha decidido no dejarse enfadar más por la princesa Carolina y permitir que esta siga desempeñando un papel prominente al lado de Alberto en actos oficiales, ¡porque su momento está cerca y en pocos meses ella será la princesa de Mónaco y nadie la va a opacar!

Alberto está feliz con la buena acogida que está teniendo su novia. El Príncipe ahora se muestra más cariñoso con ella y nos preguntamos: ¿cómo aceptará Carolina este cambio en su cuñada, de la que no es amiga en el plano personal, y quien tendrá mucha influencia en Mónaco?

Con un look muy lady (los trajes de chaqueta que ahora lleva son también de Dior, no solo de su amado Armani) y un físico impactante, Charlene está feliz, aunque todavía se está esforzando para no lucir tan rígida y vencer su timidez. Su trabajo en Mónaco -ha aprendido bien el francés, un idioma del que no sabía una palabra años atrás, y la historia del Principado, y ha elegido las obras benéficas a las que dará su nombre- la está ayudando mucho. En los últimos meses se le ha visto más cercana y espontánea. Charlene ahora tiene la seguridad de que sus años de espera tuvieron su recompensa cuando Alberto decidió casarse con ella y hacerla su princesa.

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