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La controversial dinastía de Suecia

Una rebelde francesa, Désirée Clary, y su marido Jean-Baptiste Bernadotte, se convirtieron en reyes de Suecia sin tener una gota de sangre azul

Cuando tiene lugar una gran boda real, aquellos a quienes nos encanta la realeza la disfrutamos mucho.  Nos fijamos en todos los detalles: el vestido, los invitados y las flores. También pensamos en los novios y en cómo fue que llegaron a ese momento tan importante en sus vidas.

Cuando la princesa heredera Victoria Ingrid Alice Désirée de Suecia se casó con su novio Daniel Westling el 19 de junio de 2010 en la catedral de Estocolmo -fecha  del 34 aniversario de bodas de sus padres, el rey Carlos Gustavo y la reina Silvia-, no solo habrá luchado durante ocho años contra viento y marea por su amor por el plebeyo entrenador personal, sin una gota de sangre azul en sus venas, sino que habrá demostrado ser muy firme y obstinada, y tener una fuerte personalidad.

En ello debe parecerse mucho a su antepasada Désirée Clary, la rebelde francesa de origen burgués, quien junto a su marido, el mariscal Jean-Baptiste Bernadotte, fundó la actual dinastía sueca, rompiendo en el camino todas las reglas. Désirée no tenía una sola gota de sangre azul, lo mismo que le sucede a la simpática Victoria, quien aunque ha sido criada en palacios y con todo el protocolo de la realeza, es realmente tan plebeya como su hoy marido.

Esta historia es fascinante, y desde pequeña me gustó el personaje de Désirée, la heroína de una película con Marlon Brando y Jean Simmons, del mismo nombre, y del libro Désirée de Annemarie Selinko. Fue una mujer rebelde (¡exacta a Victoria!), enamorada (de Napoleón Bonaparte, su primer novio, a quien al parecer jamás olvidó), que siempre luchó por lo que creía correcto y justo.

Cuando fui a Estocolmo -sabiendo que escribiría este artículo- caminé por la senda de su catedral (tal como hizo la princesa Victoria el día de su boda) con cierta emoción y me fijé en el altar mayor de ébano y plata, en los reclinatorios de mármol, y en los palcos donde por siglos se han sentado reyes y príncipes. Imaginé lo que fue la boda de la princesa Victoria y Daniel, y los personajes que han orado y se han casado en esa iglesia.

¡Qué fascinante es la historia, que muchas veces se repite! Después, para honrar a mi personaje histórico favorito, fui a la iglesia Riddarholmen, que por 700 años ha sido lugar de descanso de las familias reales suecas, y visité la tumba de la reina Desideria (Désirée) y la de su marido Bernadotte, la cual, por cierto, es enorme y hace lucir diminutas la de su mujer y las de sus descendientes. De nuevo comencé a leer sobre la historia de esta dinastía, pues en ese momento astaba en primer plano con la noticia de la boda de  Victoria.

FOTOGALERÍA: EL ORIGEN PLEBEYO DE LA DINASTÍA SUECA

DESIRÉE Y NAPOLEÓN

Désirée Clary era muy joven, de apenas 17 años, hija de unos exitosos comerciantes de seda en Marsella, cuando su hermana Julie se enamoró de Joseph Bonaparte (hermano mayor de Napoleón), y el entonces casi famoso, pero todavía muy pobre general Napoleón Bonaparte decidió cortejar y enamorar a la simpática y conversadora Désirée.

Eran dos hermanas ricas y dos hermanos pobres. Julie y Joseph se casaron, y en 1785 un compromiso se hizo oficial entre Napoleón y la pequeña de las Clary, cuando Désirée tenía 18 años. La relación se rompió cruelmente en 1786, cuando Napoleón conoció a la célebre viuda Josefina de Beauharnais y se enamoró locamente de ella. Aquel golpe rompió el corazón de la joven Désirée, quien le escribió una  carta muy triste a su ex novio -que se conserva entre los documentos de Napoleón-, que decía textualmente: “Has convertido mi vida en una total y absoluta miseria, y sin embargo te amo tanto y soy tan débil, que te perdono”.

La historia hubiera terminado allí, pero Napoleón (en realidad nunca se supo qué  era lo que sentía por Désirée, pero siempre la quería tener cerca de él, porque la irreverencia de la chica lo divertía mucho) les pidió a su hermano y a Julie que trajesen a Désirée a vivir con ellos a París. Muy pronto la joven marsellesa -poco sofisticada, pero muy lista- comenzó a alternar con los Bonaparte, y su nuevo y poderoso círculo social. Désirée seguía locamente enamorada de Napoleón, pero pronto se acostumbró a un estilo de vida que le fascinó desde el primer momento. Y al ser Désirée Clary, la cuñada del hermano de Napoleón, era bienvenida en fiestas y bailes, y la trataban con gran deferencia. Pero muy pronto todo el mundo se dio cuenta de que a Josefina la chica no le hacía mucha gracia y le molestaba la confianza que tenía con su marido ¡y lo mucho que Napoleón la celebraba y ensalzaba! ¿La solución? Un buen día Napoleón le dijo a Désirée que uno de sus mariscales más célebres y valientes, Jean-Baptiste Bernadotte, estaba enamorado de ella y que debía considerarlo como futuro marido.

Désirée, que se dejaba dominar por un solo hombre en el mundo -¡Napoleón!- escuchó la sugerencia y la pareja contrajo matrimonio en agosto de 1798. Demostrando su personalidad muy moderna, la chica no fue al matrimonio con los ojos vendados, sino que exigió un contrato prematrimonial que indicaba que mantenía el dinero de sus padres separado del de Bernadotte y que tendría ciento por ciento de independencia económica.

El único hijo de la pareja, Oscar, nació en París en 1799. Ellos prácticamente hacían vidas separadas, porque Bernadotte -quien realmente estaba muy enamorado de su mujer, a quien llevaba 14 años- viajaba continuamente y seguía librando batallas en nombre de Napoleón. Sin embargo, poco a poco comenzó a despreciar al General, con quien tuvo grandes problemas y graves confrontaciones de ideas y de estilo político.

LOS BERNADOTTE: ¿REYES DE SUECIA?

Quizás esos disgustos con su jefe, el ya autocoronado emperador Napoleón I de Francia, fueron el detonante para que Bernadotte -a quien Napoleón había dado nada menos que el importante título de príncipe de Ponte Corvo- aceptara la visita de unos diplomáticos suecos en el año 1810, quienes le propusieron ser adoptado por el viejo rey Carlos XIII de Suecia, ya que éste no tenía herederos. De esta manera Bernadotte heredaría el trono de Suecia, que necesitaba sangre nueva y joven.

Que la “sangre” fuera ciento por ciento plebeya y francesa a los suecos no pareció importarles mucho, y a Bernadotte tampoco, pues aceptó la proposición. Muy pronto la familia estaba viviendo en el enorme palacio real de Estocolmo, donde Désirée fue recibida con recelo por las viejas princesas reales, y donde se sintió “miserable y helada de frío” desde el primer día.

Una anécdota muy simpática de Désirée ocurrió el día de la coronación de Napoleón. Ella fue una de las damas que llevó la cola de Josefina, y siempre dijo que gracias a su intervención, la Emperatriz no se cayó, pues las hermanas de Napoleón, quienes la odiaban, le halaron la cola y la hicieron tambalear. Aunque era la mujer que le había quitado a su gran amor, Désirée protegió en ese momento a Josefina.

Ya en Suecia, la chica burguesa -que había dejado París donde tenía su hogar perfecto- se convirtió en 1818 en Desideria, reina consorte de Suecia y Noruega, esposa del rey Carlos Juan (el nombre que tomó Jean-Baptiste Bernadotte), y madre de Oscar I, el segundo rey de la dinastía de los Bernadotte. Una reina que nunca aprendió sueco, que no soportaba la rígida etiqueta de la corte y que se iba de viaje sin avisar a nadie, con un pasaporte a nombre de la condesa de Gotland, pasando largas temporadas en París.

Dicen que en una ocasión pasó 12 años sin regresar a Suecia, ofreciendo fiestas como soberana de Suecia en Francia. Pero con el tiempo, cuando ya Napoleón había perdido su imperio y estaba preso en la isla de Santa Helena (dicen que lo fue a visitar allí, aunque esto nunca fue confirmado), volvió a Suecia, donde pasó el resto de su vida, y murió a los 83 años en el viejo palacio que detestaba.

Mucho se rumoró que su marido tenía una amante, la aristócrata Mariana Koskull (que después también fue amante de su hijo el rey Oscar I), pero a Désirée esto no le importaba, porque hacía lo que quería y escandalizaba a todos cuando visitaba a su marido en su despacho ¡en camisón de  dormir! Esto lo hizo hasta que el propio rey Carlos Juan, quien se había vuelto muy protocolario cuando entró a formar parte de la realeza, se lo prohibió.

A la muerte de Bernadotte, en 1844, se esperaba que la Reina regresaría a Francia, pero ella sorprendió a todos cuando decidió quedarse en Suecia junto a su hijo y su nuera, con quien se llevaba muy bien.

Cuenta la historia que cuando ya había muerto su marido, y su hijo Oscar era el rey de los suecos, muchos veían a la excéntrica Reina paseando en coche de caballos por las noches, recorriendo las calles de Estocolmo, y muchas veces conversando con los extraños, lo que resultaba algo muy raro para los muy discretos suecos.

La Reina nunca se adaptó a la seriedad de la corte, y mantuvo su carácter alegre y conversador hasta el último momento de su vida. Adoraba ir a spas, dormía hasta tarde en el día y se acostaba tarde en la noche, y en todo momento mantuvo sus damas de honor francesas y sus costumbres parisinas.

La última noche de su vida llegó a la ópera de Estocolmo cuando acababa de terminar la función, lo que le provocó un ataque de risa. Era el 17 de diciembre de 1860 y esa misma noche murió.

EL PASADO Y EL PRESENTE

Como ven, la dinastía fundada por Jean-Baptiste Bernadotte y Désirée Clary es la casa real que gobierna Suecia actualmente, y es muy curioso ver cómo sus descendientes, especialmente el rey Carlos Gustavo y su ciento por ciento plebeya esposa la reina Silvia, de origen alemán-brasileño, parecen haber olvidado completamente los humildes orígenes de su aristocracia. Bernadotte era hijo de un sastre de provincias y Désirée hija de comerciantes de seda, pero hoy en día sus descendientes tienen más orgullo que muchos otros royals con más pedigrí familiar.

Por eso muchos opinan que fue una injusticia que durante ocho años se hayan opuesto a que Victoria fuera novia de Daniel Westling. La firmeza que mantuvo todo el tiempo la pobre princesa fue admirable y por eso sus súbditos la han comparado  con Désirée Clary, de quien debe haber heredado su personalidad, y su lucha por su amor y su destino.

FOTOGALERÍA: EL ORIGEN PLEBEYO DE LA DINASTÍA SUECA



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