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La controversial Desirée Clary

La reina francesa de Suecia, su polémica vida y la romántica historia de su dinastía

Los romances reales nos encantan; son como esas series de televisión que están de moda. Uno de los más fascinantes y que pocos conocen, se ubica en la Corona de Suecia. Se trata de Bernardine Eugénie Désirée Clary, la primera reina de la dinastía Bernadotte que ocupó el trono; una antepasada rebelde y atrevida de las princesas Victoria y Magdalena, quienes dicen ?adorar su historia?. Lo curioso es que Désirée Clary era una francesa de origen cien por ciento burgués, que junto a su marido, el mariscal del ejército de Napoléon Bonaparte, Jean-Baptiste Bernadotte, fundó la actual dinastía sueca sin tener una gota de sangre azul.

Por esta razón, cuando la pobre Victoria luchó tantos años con sus padres para que aceptaran su matrimonio con su entrenador personal Daniel Westling, y tiempo después su hermano Carlos Felipe hizo lo mismo para casarse con la modelo Sofia Hellqvist, toda la realeza europea se sorprendía, porque la princesa, aunque criada en palacios y castillos ¡era realmente tan plebeya como su marido! La historia de Désirée Clary es fascinante. Fue la heroína del filme Désirée, protagonizado por Jean Simmons y Marlon Brando; y la novelista Annemarie Selinko escribió un libro con el mismo nombre. Era una mujer rebelde, enamorada locamente de Napoleón, su primer gran amor y al que jamás olvidó. Luchó siempre por lo que creía correcto y justo, sin importar las consecuencias.

Corazón leal

Hija de unos comerciantes de seda en Marsella, era muy joven cuando su hermana Julie se enamoró de Joseph Bonaparte, hermano del casi famoso, pero muy miserable general Napoleón. Pero esto no fue impedimento para cortejar y enamorar a la más pequeña de las Clary. Dos hermanas ricas, dos hermanos pobres. Sin embargo, Julie y Joseph celebraron sus nupcias, mientras que Napoleón y Désirée (con apenas 18 años) se habían comprometido, hasta que un año después el militar decidió romper con su novia al enamorarse perdidamente de la célebre viuda Josefina de Beauharnais.

La historia hubiera terminado allí, pero Napoleón se divertía con la irreverencia de Désirée, por lo que le pidió a su hermano y a su esposa que la llevasen con ellos a vivir a París. De esta forma, él la tendría cerca. Muy pronto, la joven y poco sofisticada marsellesa comenzó a alternar con los Bonaparte y su nuevo y poderoso círculo de amistades, acostumbrándose a un estilo de vida que le fascinó desde el primer momento. Désirée Clary, la cuñada del hermano de Napoleón, era ?bella, simpática, alegre y siempre bienvenida en fiestas y bailes?. No obstante, todo el mundo se dio cuenta de que a Josefina no le hacía mucha gracia la confianza que tenía con su marido y lo mucho que Napoleón la celebraba y la ensalzaba. Para evitar conflictos en el paraíso, a Napoleón no se le ocurrió mejor idea que pedirle a Désirée que se casara con uno de sus mariscales más valientes, Jean-Baptiste Bernadotte, quien estaba locamente infatuado con ella. Y ella lo obedeció. La pareja contrajo matrimonio en agosto de 1798. Como era muy moderna, la chica exigió un contrato prematrimonial en el que ella mantendría el dinero de sus padres y tendría independencia económica total. El único hijo de Désirée y Bernadotte, Oscar Bernadotte, nació en París en 1799. Con el tiempo, la pareja llevaba vidas separadas, aunque el mariscal libraba batallas en nombre de Napoleón, a quien poco a poco comenzó a despreciar.

¿Reyes de Suecia?

Quizás ese disgusto con su ?jefe?, el ya autoproclamado Emperador Napoleón I de Francia (Désirée fue una de las que llevó la cola de Josefina en la coronación y siempre dijo que gracias a ella, esta última no se cayó cuando las hermanas de Napoleón le jalaron la cola y la hicieron tambalear), fue el detonante para que Bernadotte (a quien Napoleón había dado el título de Príncipe de Ponte Corvo) aceptara la visita de unos viejos diplomáticos suecos que en 1810 le propusieron ser adoptado por el anciano rey, que no tenía hijos ni sucesores, y que en algún momento heredaría el trono de Suecia, el que necesitaba sangre nueva y joven.

Que la sangre fuera plebeya, y francesa, no pareció importarle a los suecos ni a Bernadotte, pues aceptó la proposición.

Muy pronto la familia estaba viviendo en el enorme y helado Palacio Real de Estocolmo, donde Désirée fue recibida con recelo por las viejas princesas y donde se sintió ?miserable y muerta de frío? desde el primer día. Y así fue como la chica burguesa que había hecho en París su hogar más perfecto, y vivía enamorada del emperador, se convirtió en Desideria, reina consorte de Suecia y Noruega, esposa del rey Carlos Juan (el nombre que tomó Jean-Baptiste Bernadotte) y madre de Oscar I, otro futuro monarca que seguiría la dinastía de los Bernadotte, y se casaría con Josephine de Leuchtenberg, nieta de Josephine de Beauharnais.

Una reina infeliz

Désirée fue una reina que nunca aprendió sueco y no soportaba la rígida etiqueta de la corte. Se iba de viaje sin avisar a nadie, con un pasaporte como Condesa de Gotland, pasando largas temporadas en París, donde veía continuamente a Napoleón? ¡en una ocasión pasó 12 años sin regresar a Suecia! Cuando Bonaparte había perdido su imperio y estaba preso en la isla de Santa Helena, ella regresó a Suecia, donde pasó el resto de su vida, muriendo a los 83 años.

Cuenta la historia que cuando ya había fallecido su marido, y su hijo Oscar era rey de los suecos, se veía a la reina paseando en coche de caballos a altas horas de la noche por las calles de Estocolmo. Además, varias joyas que pertenecieron a Josefina y que habían sido un regalo de Napoleón (como la Tiara de los camafeos con que se casarían la reina Sylvia y la princesa Victoria), son propiedad ahora de la Corona Sueca, pues su nieta Josephine las llevó de Francia al casarse con Oscar I.

Poco antes de su muerte, la nieta menor de la princesa Eugenia de Suecia le preguntó a Désirée qué extrañaba de Francia, y ésta le respondió: ?Tener 18 años y ser muy feliz porque el amor entró una tarde por la puerta de mi casa de Marsella?. Pero a pesar de estos dulces recuerdos, en los archivos de la Casa Real Sueca existe el borrador de una carta llena de lágrimas, rabia y reproches que Désirée escribió a Napoleón acusándolo de ?haberme robado mi virginidad? cuando éste rompió ?cruelmente el compromiso?.

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