Samaná: Un paraíso en el Caribe

Samaná

Ubicada en el noreste dominicano, es una provincia encantadora que no sólo tiene calles coloridas y pintorescas, también se rodea de lujo en distintas categorías: desde el invaluable contacto con la naturaleza hasta el confort de los grandes resorts.

Disfruta el viaje...

De pronto empezó a cabalgar más y más rápido y no supe qué hacer. Miré el camino de frente y hasta olvidé el nombre del caballo que estaba montando. Di un tirón sutil a las riendas y exclamé el clásico “¡Ohhh!” para calmarlo. No funcionó. Era un animal muy joven, tenía sólo cuatro años y era impetuoso.

Mientras el resto de los paseantes iba por un sendero bien planeado en orden y calma, mi camino resultó algo más parecido a una tempestad porque, por si fuera poco, estaba lloviendo.

Subimos por montículos de rocas y bajamos a toda velocidad; cruzamos un río y, en lugar de volver al sendero, tomamos una ruta escarpada que parecía montaña rusa.

Para ese momento ya había decidido darle mi confianza plena al caballo.

“Él sabrá lo que hace”, pensé, mientras mi pelo mojado se revolvía con el viento y, por un segundo, me sentí Lady Godiva.

Cuando por fin llegamos al claro en el que se encontraba la cascada Salto el Limón, el equino se detuvo y quedé atónita ante el paisaje, uno de los más hermosos que he visto.

Samaná

UN EDÉN

Arribar a Samaná no es complicado. Se ubica a sólo tres horas de Santo Domingo y la carretera no aburre: los paisajes verdísimos, que en ocasiones son parecidos a los que suelen observarse en el sureste asiático, consiente a la mente y, sin duda, al corazón.

Basta rentar un automóvil y llevar una buena playlist para hacer el viaje desde el aeropuerto y llegar a esta península rodeada por el océano Atlántico.

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Samaná es un lugar ideal para reconectarse con la naturaleza. Disfrútalo buceando, navegando, cabalgando o haciendo senderismo entre cuevas y manglares impresionantes.

Verde y más verde

Samaná es una provincia de República Dominicana que aún es una joya escondida.

No tiene la fama de la capital, Santo Domingo, ni recibe la cantidad abrumadora de turistas que llega a las costas de Punta Cana. Así que sus calles y sus paisajes se pueden disfrutar en calma.

Por supuesto, hay maravillas turísticas, como Salto el Limón o el Parque Nacional Los Haitises, una exuberante reserva natural de 3,600 km, pero aún predominan los visitantes locales que buscan un espacio de verdadera relajación.

Aunque la naturaleza hace toda la magia en este destino, no está de más consentirse en un buen resort, y pensando en ello me hospedé en el Luxury Bahía Príncipe, un gigante de 149 habitaciones de lujo que parece una ciudad: hay cinco restaurantes y bares en cada rincón, un spa, una enorme alberca, jacuzzi y servicio de mayordomo las 24 horas.

El resultado de todo eso es terminar sintiéndose como parte de la realeza de un país exótico e imaginario.

Luego de mis erráticas aventuras a caballo para ver la impresionante cascada Salto el Limón, que tiene 50 metros de altura, beber champaña en un jacuzzi con vista a la puesta de sol sobre el mar fue un placer del que me sentí merecedora.

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Aunque la oferta de comida del hotel era impecable, la dejé para otro día.

Y es que luego de la cabalgata hice una escala inolvidable por comida casera en el rancho de Ramona y Basilio, una simpática pareja de dominicanos que, además de organizar tours a caballo, prepara deliciosos platillos tradicionales, como frijoles guisados, yuca frita, ensalada y arroz, del que me recomendaron comerme el ‘cucayo’, que es la costra de arroz que suele quedar pegada al fondo de las ollas luego de la preparación.

Es curioso que lo que en unos países consideramos que fue una ruina, en otros sea un manjar. Pienso que después de haberme comido el cucayo con un poco de frijolitos para dar más sabor, no me preocuparé más si se pega el arroz cuando lo cocine.

INFORMACIÓN BÁSICA DE SAMANÁ

Cada vez más turística, Samaná es una de las 32 provincias en las que está dividida República Dominicana.

Su capital es Santa Bárbara de Samaná, aunque la gente se refiere a ella simplemente como ‘Samaná’.

En su superficie de 862.8 km2 habitan poco más de 90 mil personas. Es un territorio de bosque tropical, con clima cálido. Destacan sus riquezas naturales y sus playas.

Samaná

El lujo de la contemplación

Samaná tiene una historia larga...

Antes del descubrimiento de América era una tierra habitada por un grupo étnico conocido como ciguayo, una mote que en taíno, idioma del pueblo homónimo que fuera dominante en la isla, significa “gente de la tierra agreste”.

Se cuenta que a la llegada de los españoles los ciguayos estaban ya al borde de la extinción, hecho que documentó Bartolomé de las Casas en 1502 en Historia de las Indias, donde narra que, aunque ha tenido noticias de la existencia de los ciguayos, no hay nadie para entonces que hable su lengua.

Pocos años antes, en 1493, quien sí tuvo contacto con ellos fue Cristóbal Colón, quien llegando a la región se vio inmerso en un enfrentamiento con los nativos, el primero de muchos que marcaron la historia de todo el continente.

Luego no se sabe a ciencia cierta por qué Samaná estuvo casi deshabitado durante poco más de 200 años hasta que en 1756 se fundó la ciudad de Santa Bárbara de Samaná, como se llama hasta hoy la capital de esta provincia que conquista a todos con su arquitectura ecléctica.

Habiendo tenido influencia de sus fundadores, que eran familias provenientes de las Islas Canarias, de franceses y hasta de ingleses, en Samaná uno se encuentra con curiosas casitas de colores brillantes hechas de madera, con edificios de estilo victoriano y hasta con una iglesia, St. Peter, que fue prefabricada en Inglaterra y luego llevada a la isla en 1901. Por supuesto a lo anterior se adicionan las construcciones recientes que producen un collage de historia y contemporaneidad.

Pero además de los paisajes entre rurales, playeros y urbanos que presentan sus calles, Samaná ofrece mucho nutrimento para la vista.

Como mejor ejemplo de eso está el Parque Nacional Los Haitises, que se disfruta mejor cuando se pasea en lancha sobre los muchos ríos que ahí confluyen.

En el puerto de la ciudad es fácil encontrarse con diversos operadores de servicios turísticos que permiten que esta actividad sea sencilla de realizar.

Paraíso natural

Además casi todos los guías son expertos también en la flora y la fauna de la región, por lo que durante el paseo se pueden ir reconociendo a decenas de aves y maravillosos árboles y flores.

De lo anterior, uno de los elementos más destacados son los manglares rojos y blancos que conforman una de las poblaciones de este tipo más grandes del mundo.

Son árboles majestuosos que sorprenden por la complejidad de sus estructuras. Dependiendo de la luz, el paraje puede verse a veces tenebroso y otras fantástico, como si ese espacio perteneciera en realidad a otro planeta.

Al avanzar en la exploración hay diversas bahías, islotes y cuevas en los que es obligado dar un paseo.

En el camino se van descubriendo rastros pictográficos de los taínos, quienes trataban de explicar (o explicarse) la naturaleza del lugar, y pueden verse pelícanos, gavilanes, tijeretas y murciélagos.

Sin duda, un lugar paradisiaco en el que uno puede pasar el día entero cambiando de escenarios y emociones: y es que de las miniplayas íntimas y relajantes hasta los misteriosos recovecos del subsuelo, se pasa de la calma a la aventura en un santiamén.

Samaná

La alegría dominicana

Llegó el momento de despedirme con un masaje relajante seguido de un festín en Rodizio, el restaurante de cortes brasileños que se encuentra dentro del hotel.

Un trozo de deliciosa carne siguió a otro sin parar y, con todo cinismo, me levanté también a ver la oferta del buffet que ofrecía el lugar.

Me serví un tazón de sancocho, una sopa espesa común en el Caribe que en República Dominicana se enriquece con toda proteína que esté disponible y que, en el caso de la que probé, combinaba pollo con cerdo y res, además de tubérculos y verduras.

Se sirve casi a punto de ebullición y, aún en el calor bochornoso que había en la noche de Samaná, se antojaba.

Para ‘equilibrar’ mi consumo calórico, di un último paseo por el hotel, cuya iluminación se reflejaba en el mar.

Pasé por uno de los bares en los que un imitador de Michael Jackson hacía bailar a los huéspedes y, contagiada por el momento, me quedé a ver la coreografía de “Billie Jean” mientras tomaba la última piña colada antes de partir a casa.

De camino a mi habitación la música cambió: habían puesto merengue, el ruido de las risas y de los tacones chocando con el piso al bailar iba en aumento, aunque para mí se iba haciendo cada vez más lejano.

LA MEJOR ÉPOCA PARA VISITARLA

Si quieres evitar las lluvias y tener las mejores vistas de la cascada Salto el Limón, lo mejor es ir entre enero y abril, además durante esa época, invierno e inicios de primavera, también podrás ver pasar a las ballenas jorobadas.

SITIOS IMPERDIBLES

● HOTEL LUXURY BAHÍA PRÍNCIPE

Resort de lujo con todo incluido.

bahía-principe.com

● RANCHO “PARADA RAMONA Y BASILIO”

Para probar comida casera tradicional y organizar un paseo a caballo hacia Salto el Limón. Km. 23 Carretera Samaná-El Café, El Limón, Samaná.

● PARQUE NACIONAL LOS HAITISES

Diversos operadores turísticos pueden llevarte a esta paradisiaca reserva natural. En el hotel Luxury Bahía Príncipe ofrecen algunas opciones, pero puedes acudir al puerto de Samaná y elegir la opción que mejor te convenga en relación con calidad-precio.

visitarepublicadominicana.org

Por: Mónica Isabel Pérez / Foto: Cortesía
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