Primera bailarina del Staatsballet de Berlín

Primera bailarina del Staatsballet de Berlín

En entrevista, la mexicana Elisa Carrillo platica de su trayectoria artística

¡Los sueños de ELISA CARRILLO se han cumplido! Es primera bailarina del Staatsballett, de Berlín, la principal compañía de ballet de Alemania, y está felizmente casada con un bailarín de origen ruso

Era el 31 de agosto de 1997 y el mundo entero estaba conmocionado porque la princesa Diana de Gales había fallecido en un accidente automovilístico. Esa triste noticia llegó a los oídos de Elisa Carrillo justo durante su fiesta de despedida organizada por sus papás; al siguiente día partía a Londres para estudiar ballet en The English National Ballet School. Quince años después, Elisa vive en Berlín y es primera bailarina del Staatsballett Berlin, la principal compañía de ballet en Alemania.

Suponíamos que nos tomaría tiempo llegar a ella por la distancia, pero más aún por su apretada agenda de trabajo, pero resultó todo lo contrario. Su representante, quien también es su mamá, doña Elisa Cabrera, nos acercó a ella de inmediato y Elisa abrió un espacio en su vida para conversar con VANIDADES, como si fuéramos amigas de toda la vida. Sencilla, alegre y orgullosa de sus raíces, nos contó lo que le ha costado llegar a donde está ahora. “A mis 16 años, cuando deje mi país, fue cuando realmente entendí que esto era una carrera, que sería de lo que iba a vivir. Claro que es cansado y como en todas las profesiones hay momentos en que te desgastas, pero lo disfruto mucho. Lo mejor es que vivo de algo que disfruto hacer”.

¿Cómo fue tu primer día en Londres?

Recuerdo perfectamente que en el aeropuerto me despidieron mi papá, mis hermanos y amigas muy queridas, y sí me sentí triste, pero aún no estaba consciente de la realidad. Me acompañaba mi mamá y me sentía protegida. La llegada a Londres fue impactante porque me tocó el funeral de lady Di. Tomamos el metro, caminamos por las calles y la gente lucía supertriste. Se escuchaban las gaitas y, a lo lejos, vimos pasar el féretro, no lo podía creer, fue como estar en una película. Mi mamá se quedó unos días para instalarme... (un recuerdo que le sacó unas lágrimas), pero cuando la acompañé al tren para irse al aeropuerto, asumí mi realidad. Arrancó el tren y me sentí muy triste, avanzaba y veía que mi mamá iba llorando, yo volteé a mi alrededor y todos eran desconocidos. Fue realmente cuando me sentí sola.

Qué valiente tu mamá de dejar a su única niña, de tres hijos, en otro país y siendo menor de edad...

Sí, ahora con el tiempo recuerdo ese momento y me hace llorar, no por mí, más bien pensando en lo que sintió mi madre. Lo difícil que fue para ella dejarme, no saber si me tratarían bien o mal, y si haría las cosas correctas. Pudieron pasar miles de cosas conmigo.

Supongo que muchas veces habrás querido regresar a México. ¿Cuál ha sido tu momento más difícil en esta carrera y qué hizo que siguieras?

Ha habido muchos y he sufrido la separación de mi familia. Recuerdo un día que hablé llorando a mi casa porque me sentía mal y les dije que ya me quería regresar. Mis papás me dijeron: “Si quieres, compra tu boleto hoy mismo y ven, nosotros te extrañamos y seremos felices de tenerte aquí, pero si te vienes será más difícil regresar. Ahorita estás cumpliendo un sueño y si te regresas mañana ahí va a terminar”. Eso me ayudó mucho a valorar lo que estaba haciendo. Además, siempre sentí su cariño; a pesar de la distancia los tenía cerca y eso creo que fue lo que me permitió seguir adelante.

¿Es mito o realidad la idea de que una bailarina sacrifica y sufre mucho para destacarse en la danza?

Sí se sufre, pero yo creo que eso pasa en muchas profesiones. Eso de no comer para ser una buena bailarina es una gran mentira, yo te puedo decir que como de todo y de vez en cuando cumplo mis antojos. Incluso como más cuando tengo mucho trabajo, porque mi cuerpo se está ejercitando al máximo, pero en vacaciones trato de comer muy sano, porque la rutina de ejercicio disminuye y claro que repercute. Eso es algo que todos hacemos; tengo amigas que no bailan y también se preocupan por comer sano y lucir bien. Lo que sí se sacrifica en esta carrera es el cuerpo. Por ejemplo, si regreso de vacaciones, los primeros días me duelen huesos y músculos, o si viene un estreno no paramos de ensayar y es agotador. Pero hay dolores buenos y malos, los buenos son cuando aprendes algo nuevo y al día siguiente estás adolorida, pero hay dolores crónicos con los que muchos aprenden a vivir. Yo hago muchos ejercicios para fortalecer la espalda, los tobillos, etc. He logrado mantenerme sana.

¿En qué momento puede descansar una bailarina?

Cuando estás en una compañía grande tienes una carga de trabajo más intensa. A veces pasan dos o tres semanas, donde no tengo ni un día libre. Si tengo función el domingo, el lunes ya estamos trabajando. Me dan seis semanas de vacaciones en verano, y mucha gente me dice que es grandioso, pero son unas cosas por otras. Tenemos dos funciones en Navidad, nos presentamos el 31 y tenemos dos funciones en Año Nuevo, así que esas fiestas son de trabajo para mí. En Europa la gente va en familia a ver estos espectáculos en días festivos y me he acostumbrado. Hay familias que esperan la Navidad para cenar y abrir los regalos, pero en mi caso trabajo y, a veces, viene mi familia y sé que los disfruto un poco en la noche, otras veces es con amigos o la paso con mi esposo. Tratas de no darle tanta importancia, para que no te afecte.

Todos tenemos un “talón de aquiles”. ¿Cuál es el tuyo en la danza?

Mis pies, porque tengo mucho empeine y eso es muy bonito y estético para la danza, pero son más flexibles y más sensibles. Mis pies son muy delgados en comparación con los de muchas bailarinas que los tienen más anchos, así que he tenido que hacer muchos ejercicios para fortalecerlos, y cuando me he lastimado siempre es en mis pies. Hace tiempo tuve una fractura en un pie y estuve casi cuatro meses fuera, pero gracias a Dios nada muy tardado.

Elisa está casada con Mikhail Kaniskin, un bailarín muy respetado de origen ruso que se formó en el ballet Bolshoi. Siguió sus estudios en Stuttgart Ballet de Alemania, donde fue solista y luego logró ser primer bailarín. Allí fue donde conoció a Elisa.

“Misha y yo nos conocimos en Stuttgart”, recuerda Elisa. “Llegué a la compañía a los 18 años y nos hicimos novios a los 19, así que tenemos 12 años de conocernos y cinco de casados, que cumplimos en agosto pasado. Nos casamos por lo civil en Alemania, con la compañía de amigos, y un mes después nos casamos por la iglesia en Cuernavaca, México. Mi religión es la católica y la de él, de la iglesia ortodoxa, pero hablamos con el sacerdote y aceptó realizar una ceremonia donde nos acompañaron amigos y familiares”.

Desde entonces, su esposo ha sido una parte fundamental en su vida y en su carrera. En el mundo de la danza ya los ubican juntos y así los invitaron a los dos a trabajar en elballet de la Opera de Berlín. “No es fácil cambiarte de compañía con tu pareja, pero el director ya nos conocía y nos invitó a los dos”.

¿Cómo han podido combinar el trabajo y la vida personal?

Misha es el esposo en la casa, pero a la hora de trabajar es completamente profesional. Viene de la escuela rusa, que es más enérgica, y me ha transmitido mucho de lo que sabe. Con él fui a mi primera gala y trabajó conmigo para lograr el nivel que requiere ese tipo de eventos internacionales. Luego nos invitaban como pareja y, finalmente, me empezaron a invitar a mí.

En abril de 2009, Elisa logró el éxito al ser la protagonista del estreno del ballet Blancanieves en la Deutsche Oper de Berlín, con coreografía del francés Angelin Preljocaj, música del austríaco Gustav Mahler y vestuario del afamado diseñador Jean Paul Gaultier.

¿Qué sentiste cuando te eligieron para hacer ese personaje?

Fue algo maravilloso. Desde que me eligieron en el elenco me sentí feliz. Me propuse aprender toda la coreografía, aunque no me tocara bailarla.

El póster fue otro acierto para que el ballet fuera exitoso. Cuéntanos de la foto que tomo Enrico Nawrath...

Blancanieves fue una cooperación con la compañía francesa de arte contemporáneo de Preljocaj y ellos ya tenían la idea para la foto publicitaria que a todos nos encantó. Nos llamaron a las tres que estábamos aprendiéndonos el rol principal y nos explicaron que era un desnudo artístico, que mostraba la belleza y el arte del ballet. A mí me pareció lindo, además, en Stuttgart ya había bailado una coreografía de Christian Spuck (Le peau blanche) con el torso desnudo y participé en un libro del fotógrafo Dieter Blum (Körperkathedralen) muy famoso en Alemania y fue de desnudos artísticos.

‘La Esmeralda’, un ballet inspirado en la obra de Notre Dame de París, de Víctor Hugo

¿Fue complicada la sesión de fotos?

Fue una sesión de fotos muy bonita, en un bodegón donde trabajaban antes la escenografía de los teatros, era un espacio muy grande y con un corredor en el techo desde donde Enrico tomó la foto. Todos ayudamos a llenar una caja enorme con las manzanas que limpiamos una por una para que lucieran brillantes. Tomaron fotos de las tres y después supe que mi imagen era la elegida para el póster y que las otras saldrían en postales. Con eso ya era feliz, me parecía un regalo de la vida.

¿Intuiste que serías la elegida para la première?

No, no sabíamos quién haría el estreno. Siempre te dicen cuál es el elenco uno, dos y tres, y sabes desde un principio quién abre, pero esta vez lo dejaron hasta el final y todos teníamos que ensayar por igual. Una semana antes de la première supe que yo haría el estreno. Pero no solamente eso le provocó a Elisa emoción, estrés y lágrimas... “Un mes antes del estreno me lastimé en un ensayo y para mí eso fue trágico. Me dijeron que no podía hacer nada durante dos semanas. Con angustia seguí al pie de la letra la terapia, pero iba a todos los ensayos y los miraba desde las butacas de principio a fin. Luego de semana y media regresé a ensayar con un vendaje especial que llevé hasta un día antes del estreno. Pero cuando volví, mi compañero se lastimó un dedo; con eso ambos creíamos que ni la segunda función íbamos a hacer. Pero teníamos tantos deseos de lograrlo que hicimos todo para estar de regreso y sanos; al final bailamos la première”.

¿Qué opinas del vestuario hecho por Jean Paul Gaultier, un grande de la moda?

Fue una experiencia fabulosa vestir esos diseños. Se veía la calidad y la pasión en cada uno, y con la luz y la música resultó una gran experiencia. También creo que el nombre de Gaultier fue un gran boom en Berlín, porque hubo gente que quería ir a ver la función por ver los vestuarios y sé que terminaron disfrutando el ballet. Fue un evento que tuvo varias maneras de atraer al público.

En el 2011 fuiste promovida a primera bailarina, lo que significa el máximo logro para tu carrera. ¿Qué sigue ahora?

Para nada lo veo como el tope, todavía tengo mucho que aprender, mucho que perfeccionar. Lo veo como un logro más, pero vienen más retos, de hecho ahora me siento con más responsabilidad y más presión, porque una equivocación ya no es justificada. Somos seres humanos y podemos fallar, pero hasta para eso debes corregirlo como una primera bailarina, y tener un control mental muy fuerte para recuperarte en escena. Además, hay muchos roles importantes que quiero bai- lar y ahora tengo la oportunidad de acercarme a eso que me falta. También estoy en la posición de regresarle muchas cosas a mi país, quiero compartir mi experiencia, algo de lo que he vivido, motivar a las nuevas generaciones.

Dime algo: ¿la maternidad está en tus planes?

Ser madre es parte de la carrera y muchas de las bailarinas que yo conozco ya son madres. Realmente creo que la maternidad te hace mejor persona y como bailarina creces. A ellas les cambia la mirada, se relajan sobre el escenario, tienen un aura especial. Siempre lo he querido y conforme pasa el tiempo crece el deseo y sé que entre más esperes más difícil puede ser.

Se estima que la actividad de los bailarines disminuye cerca de los 40 años. ¿Cómo te imaginas a esa edad?

Si Dios quiere, muy bien, en forma para bailar un poquito más, con roles que vayan con mis posibilidades, no tratar de hacer algo que hacía de adolescente. Quiero retirarme saludable y tener la madurez para saber cuándo es un buen mo- mento. Siempre he procurado cuidarme dentro y fuera del ballet.

¿Has considerado regresar a México para establecerte?

Nunca me he cerrado a la posibilidad si puedo tener un trabajo que me guste y estar cerca de mi familia. Claro que me gustaría regresar, pero no es algo que tenga como meta. Igual puede surgir algo más en otra parte de Europa. Creo que uno puede ser feliz en otro país siempre que tengas un trabajo que te guste y gente que te quiera a tu alrededor.

Elisa regresó a México, esta vez para presentar el ballet La Esmeralda, con coreografía de los rusos Vasily Medvedev y Yuri Burlaka. Ella presentó este ballet hace tres años en el Bolshoi y hace dos años en Berlín. Estando en México conversó con Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para las Cultura y las Artes; con Teresa Vicencio, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, y con Sylvie Reynaud, directora de la Compañía Nacional de Danza, y decidieron traer este ballet, que es algo diferente para la compañía nacional y algo bueno para el país, porque no se ha bailado en otra parte de América Latina. Elisa fue invitada para protagonizar el estreno el pasado 20 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes.

“Hay muchas cosas buenas, porque la compañía va a trabajar con coreógrafos de otro país y a ellos se les hizo una gran idea ir a México. Estoy feliz de compartir este trabajo con la compañía de mi país, nunca lo había hecho y me llena de emoción. Será un gran reto, porque yo llego solo una semana antes del estreno, así que tendré que ensayar con mi esposo en Berlín”.

Este es otro regalo que le da la bailarina a su país, pero sabemos que con su gran orgullo por sus raíces y su humildad, seguirá ayudando a crecer la danza en México.

Una vida sobre zapatillas

Alos 6 años de edad inició sus estudios de danza clásica en una academia particular y la directora se dio cuenta de que contaba con aptitudes físicas para el ballet profesional. A los 9 años ingresó a la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA. A los 14 años participó en el Concurso Infantil y Juvenil, donde obtuvo medalla de oro y una beca para aprender la técnica inglesa de ballet en The English National Ballet School, en Londres, Inglaterra. Se fue a la capital británica a los 16 años, con apoyo del INBA y del FONCA.

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