Estefanía de Mónaco: 54 años de rebeldía y elegancia

Vida de Estefanía de Mónaco

Recordamos a la hija pequeña de la princesa Grace Kelly, quien, tras haber vivido siempre con la etiqueta de rebelde, ha luchado por construirse como una mujer libre y dueña de sí misma.

La “niña salvaje”, como la llamaban cariñosamente su madre y su padre, el príncipe Rainiero III, se convirtió en mujer.

Quien ahora se mira, tan comprometida con causas sociales que incluyen desde ayudar a niños y jóvenes con discapacidad hasta la protección de animales de todo tipo, responsable de sus hijos y con una activa participación en los compromisos reales, podría pensar que la chica rebelde que puso de cabeza a la monarquía monegasca cambió por completo.

Estafania de Mónaco

Y sí, es cierto que ha madurado, pero su esencia no la abandona y sigue sorprendiendo con sus decisiones. Ya lo hizo antes, cuando después del accidente automovilístico en el que su madre perdió la vida, ella continuó más libre que nunca y convencida de que tenía que disfrutar al máximo cada día.

“De repente comprendí que todo se puede detener de un momento a otro. Por eso hice todas esas cosas. Quería aprovechar hasta el fondo, pero también encontrarme a mí misma, hallar mi lugar”, confesó para la revista Paris Match en 2011.

“No rechazo ni un segundo de mi existencia, porque eso me ha convertido en el ser humano que soy”.

La reina de la noche

En los años 80, Estefanía pasó por todo: estuvo a punto de morir y fue víctima del acoso de la prensa que la responsabilizó del fallecimiento de su madre, la princesa Grace Kelly, al señalar que era ella quien conducía el auto en el que chocaron mientras sostenían una fuerte discusión.

En ese tiempo, los Grimaldi cerraron filas y se hicieron uno mismo para proteger a la más pequeña de la familia, que logró superar su sentimiento de culpa, pero no por ello aniquilar su alma indomable.

Esto marcó de modo definitivo a su padre, quien siempre mostró especial orgullo por ella y que, según el reconocido biógrafo Donald Spoto, en su libro Grace Kelly, solía decir: “Que Estefanía no cambie jamás”.

No obstante, el suceso fue determinante para que, si en algún momento se había esforzado en encaminar a su hija por una ruta distinta, dejara de hacerlo.

Rainiero III y Grace Kelly, junto a sus hijos Carolina, Alberto y Estefanía.

Esa libertad y falta de límites que se agudizó con la indiferencia de su padre la condujo a hacer cosas que no eran bien vistas en un integrante de la realeza y menos aún tratándose de una mujer.

Sin duda, muchos paparazzi hicieron fortuna con su alocada vida: Estefanía era la reina de la noche.

Fue cantante, modelo, diseñadora, actriz y tenía novios de distintas esferas, desde empresarios millonarios, artistas y guardaespaldas hasta un acróbata y un entrenador de elefantes; así de polifacética ha sido en el campo amoroso.

“He vivido muchas vidas en una sola”.

Un desafío real

Pero la royal ha tenido claro a lo largo de 54 años de vida que quiere disfrutar al máximo cada momento, a pesar de todo y de todos, por eso cuando su corazón se ha rendido ante algún hombre que ha dado la apariencia de ser inconveniente, ella nunca ha dado marcha atrás y ha sido fiel a sus sentimientos.

Así fue como, luego de tener varias parejas que, por su linaje, parecían ser los candidatos ideales para una princesa, ella los hizo a un lado para involucrarse con Daniel Ducruet, el guardaespaldas que se convirtió en el padre de sus dos hijos mayores: Louis y Pauline.

Estefania de Mónaco, Louis y Pauline Ducruet

Si su padre Rainiero III de Mónaco no se sentía cómodo con la manera de ser y actuar de su hija, lo que haría después lo enfadaría todavía más, y es que ya había pensado marcarle límites severos (nada de música y no más clubes nocturnos ni experiencias alocadas), pero al enterarse de su relación con Ducruet, el castigo fue peor: le retiró la designación económica que tenía al ser integrante de la realeza.

Ello no la detuvo y en 1990 dio a conocer que estaba embarazada de Daniel Ducruet.

Al enfado de Rainiero se unieron el de sus hermanos Alberto y Carolina, quienes la hicieron a un lado de las celebraciones públicas. Lejos de afectarla, con eso la favorecieron porque ella nunca se sintió cómoda en medio de la parafernalia que supone ser parte del principado.

Con un bebé en camino y sin dinero, vendió la exclusiva de la llegada de su hijo, y la Casa Real monegasca ardió en llamas de indignación. El pequeño Louis fue bienvenido a la familia, pero no así Estefanía ni su pareja.

En 1994 nació su segunda hija, Pauline, y un año después el príncipe Rainiero por fin aceptó que ella y Ducruet se casaran, aunque primero trataron de convencerla de que no era la persona adecuada.

Estefania de Mónaco , Daniel Doucret

Sus advertencias no tardaron en quedar demostradas: en 1996 se descubrieron unas fotografías en las que aparecía el flamante esposo manteniendo relaciones sexuales con una mujer de dudosa reputación. Aún así Estefanía quiso perdonarle, pero en una discusión él le propinó un golpe en la cara.

La historia terminó ahí, pese a los esfuerzos del guardaespaldas por obtener el perdón de la princesa, no consiguió nada excepto escribir un libro para decirle que ella era el amor de su vida. Lo tituló Carta a Estefanía y fue un trabajo inútil. Ella no quiso saber más de él.

“Fui obstinada hace muchos años, ya no. Ahora soy madre, mujer y también princesa”.

Después de la tormenta

Sus rebeldías no pararon, sin embargo, los últimos meses de los años 90 marcaron el camino para que el huracán entrara en calma: en 1998 nació Camille, su tercera hija, cuyo padre también es guardaespaldas y con quien jamás se casó.

Su caleidoscópica vida la alejó de su padre, dejaron de hablarse y tratarse por mucho tiempo, pero fue ella quien lo acompañó en su enfermedad y estuvo a su lado el día de su muerte en 2005, sellando así su reconciliación.

El último de sus amores importantes fue el acróbata portugués Adans Peres, con quien se casó en 2003, y aunque el matrimonio no prosperó, eso no afectó su crecimiento personal. Estefanía se ha transformado en una mujer fuerte y aguerrida, acompañándose de amores fuera de lo común para una royal que dedica parte de su tiempo a causas sociales.

Es cierto que sus padres, con sus respectivas muertes, se libraron de muchos disgustos y malos momentos que habrían pasado a causa del mal comportamiento de su pequeña; sin embargo, no queda duda de que ahora podrían sentirse orgullosos de celebrar su aniversario 54 y reconocer en ella a una mujer plena, serena y madre de tiempo completo. Una digna heredera de los Grimaldi.

“Pocos trataron de comprenderme, con la excepción de mi padre y de mi hermano. Era joven y quería vivir la vida al máximo…”.

Por: María del Carmen López / Foto: Archivo
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