La reina Letizia llegó este miércoles 9 de septiembre a Oslo para despedir al rey Harald V de Noruega en su funeral de Estado. Vestida completamente de negro y acompañada por el rey Felipe VI y la reina Sofía, la monarca española apostó por la sobriedad que exige una ceremonia de estas características, pero añadió un detalle cargado de historia, fue un espectacular collar de perlas perteneciente al joyero histórico de la Familia Real española.
La elección no fue casual. Mientras las principales casas reales europeas se reunieron en la Catedral de Oslo para despedir al monarca, varias de las mujeres de la realeza recurrieron a las perlas como complemento de sus looks de luto. Letizia llevó una de las piezas más importantes de la colección histórica española, convirtiendo una joya familiar en parte de su homenaje a Harald.
El collar de 37 perlas que llevó la reina Letizia
La pieza que recuperó Letizia es conocida como el collar de 37 perlas de Victoria Eugenia. Se trata de una joya de origen ruso que tiene una historia que se remonta a finales del siglo XIX.
Originalmente estaba compuesto por 41 perlas y fue realizado en la Rusia Imperial. En 1878, el rey Alfonso XII se lo regaló a su primera esposa, la reina Mercedes. Con el paso de las generaciones, la pieza terminó formando parte del legado de la reina Victoria Eugenia, de quien tomó su nombre habitual.
Actualmente, el collar forma parte de las joyas históricas de la Familia Real española y ha sido utilizado por Letizia en ocasiones puntuales. No es una de las piezas que más frecuentemente aparecen en sus estilismos, lo que hace todavía más significativa su elección para una ceremonia tan solemne como el funeral de Harald.
¿Por qué las perlas son apropiadas para un funeral royal?
Las perlas tienen una relación histórica con el luto dentro de las familias reales europeas. Durante el siglo XIX comenzaron a asociarse simbólicamente con las lágrimas y, por su color blanco y su brillo discreto, se convirtieron en una de las pocas joyas que podían acompañar un vestuario de duelo sin romper con la sobriedad.Por eso, aunque Letizia vistió de negro de pies a cabeza, el collar introdujo una pequeña dosis de luz en su estilismo sin convertir la joya en protagonista. El resultado respeta la solemnidad del funeral y, al mismo tiempo, permite transmitir un mensaje de respeto a través de una pieza cargada de memoria.
La elección coincide además con la de otras mujeres de la realeza que acudieron al funeral de Harald. Máxima y Amalia de Países Bajos, Victoria de Suecia, Charlene de Mónaco y Rania de Jordania también incorporaron perlas a sus looks negros, aunque cada una lo hizo de una manera diferente.
Letizia recuperó también un vestido que ya había llevado
El homenaje de la reina española no estuvo únicamente en las joyas. Para acudir al funeral, Letizia recuperó un vestido negro de tweed que había utilizado anteriormente en abril de 2024, durante la misa celebrada en memoria de Fernando Gómez-Acebo.
El diseño tiene cuello redondo, mangas tres cuartos y una silueta midi decorada con pequeños volantes en los puños y en la falda. Para Oslo, la reina lo combinó con accesorios negros y discretos, entre ellos un bolso de Carolina Herrera y salones negros de tacón bajo.
De esta manera, su look consiguió algo muy propio del protocolo royal, comunicar respeto sin intentar llamar la atención. El negro, las líneas sencillas y las perlas crearon una imagen de máxima solemnidad, pero con una historia familiar escondida en uno de sus accesorios más importantes.
Una joya española para despedir a un rey europeo
El collar elegido por Letizia conecta dos familias reales y más de un siglo de historia. La pieza nació en la Rusia Imperial, pasó por la reina Mercedes y quedó vinculada posteriormente a Victoria Eugenia antes de llegar al joyero de la actual Familia Real española.
En el funeral de Harald V, la joya adquirió un nuevo significado: acompañó a la reina Letizia en la despedida de un monarca que reinó durante 35 años y cuya muerte puso fin a una generación de soberanos europeos.
El collar funcionó como uno de esos discretos códigos de la realeza que solo se descubren cuando se mira el look con atención: una pieza histórica, unas perlas asociadas al duelo y un homenaje que Letizia llevó sin necesidad de pronunciar una sola palabra.