Le Marche, la Italia más desconocida

Le Marche

En la región del centro-este del país, donde conviven paisajes de montaña, playas, culturas seculares y una extraordinaria gastronomía

Dicen sus habitantes que Le Marche (Marcas) no se visita, se siente. Esta región del centro-este de Italia, donde conviven paisajes de montaña, playas, culturas seculares y una extraordinaria gastronomía, seduce al viajero a través de los cinco sentidos.

El atractivo de Italia no acaba después de contemplar el Coliseo, el David y el Duomo de Milán. En su geografía se esconden innumerables tesoros esperando a ser descubiertos por quien, en busca de lo auténtico, huye de guías y aglomeraciones.

Colindante con las comarcas de Abruzzo, Lazio, Umbria, Toscana y Emilia Romagna, Le Marche comparte las características más llamativas de sus regiones vecinas, mezcladas con su carácter único.

Vista de la Piazza del Popolo de la ciudad de Ascoli Piceno. Foto: oficina de turismo de Le Marche / EFE

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UN ESCENARIO PRIVILEGIADO

No se puede hablar de un único paisaje “marchigiano”, pues las amarillas plantaciones de cereales conviven con las verdes colinas onduladas, en las que se alzan cipreses que abren caminos al más puro estilo toscano. Todo ello escoltado por el Mar Adriático al este y las contundentes montañas que forman “I Sibilini” al oeste.

A lo largo de la Rivera Adriática se descubren playas que satisfacen todos los gustos: de arena fina y horizonte plano, arena fina y grandes peñascos a la espalda, animados bulevares litorales, pequeñas calas envueltas en vegetación... Las playas de Numana, Portonovo o Spiaggia del Velluto son ejemplos de dicha variedad.

A los pies del Monte Conero, Parque Natural protegido, se encuentra la playa Due Sorelle, una curva blanca y pura con aguas cálidas en las que dos peñascos emergen a su voluntad. Un lugar olvidado por las prisas.

Hacia el interior, las colinas se dibujan como una extensión en la tierra de las ondas del mar. Algunos de estos terrenos están dedicados a la explotación agrícola, en su mayor parte al cultivo de productos regionales.

Paseando en motocicleta o a pie por alguno de los caminos que las cruzan, con majestuosos olivos a un lado y vigorosas vides cargadas de racimos al otro, el visitante se siente protagonista de la naturaleza que lo rodea.

La cadena montañosa de los Apeninos cruza de norte a sur Le Marche. Durante el invierno, las cotas de nieve y las numerosas pistas de ski permiten la práctica de deportes invernales. El senderismo, rafting, y escalada son las actividades predominantes en las otras estaciones del año.

Bajo el suelo de Ancona se esconde un lugar tan mágico como insólito, 13 kilómetros ?casi 2 visitables? de grutas cársticas protegidas dentro del Parque Natural Gola della Rossa e Frasassi. Un sugerente palacio de estalactitas y estalagmitas de mayor envergadura que el Duomo de Milán, descubierto hace más de medio siglo, donde el silencio es solo roto por el sonido de las gotas al caer.

Sirolo, en la rivera de Conero. Foto: oficina de turismo de Le Marche / EFE

CULTURA Y TRADICIÓN

Cuna de uno de los poetas italianos más famosos, Giacomo Leopardi (Recanati, 1798), esta región protege e impulsa la cultura.

Diversas y pintorescas leyendas pululan por las calles de muchas de las ciudades y pueblos de Le Marche. Algunas de ellas unidas a la religión, ya que en el pasado esta parte de Italia acogió diferentes órdenes cristianas y fue lugar de paso para los “cruzados”.

La Basílica de Loreto, destino de creyentes y curiosos, es famosa por albergar en su interior la Santa Casa en la que María de Nazaret recibió la anunciación, y por haber sido -según cuenta la leyenda- transportada en 1294 por ángeles hasta la costa italiana.

Diversos estudios han confirmado su procedencia palestina, y todo parece indicar su llegada por vía marítima en época de los Templarios, por encargo de una familia bizantina, los Angeli.

Le Marche es visita obligada para los amantes de la música clásica y la ópera. En el imponente teatro al aire libre, muestra del neoclasicismo italiano, denominado Sferisterio di Macerata, tiene lugar uno de los festivales operísticos más reseñables del país, junto con el Rossini Opera Festival, que se celebra en Pésaro, al norte de la región.

Cuenta además con numerosas tradiciones, tan celebradas y esperadas como el Carnaval de Fano, el de Áscoli Piceno o el espectacular Carnevale di Offida. Muchos de los municipios de Marcas conservan aún su identidad medieval. Orgullosos de sus orígenes, en diversas poblaciones se celebran fiestas que devuelven a ciudadanos y visitantes a épocas pasadas de justas y caballeros.

Algunos ejemplos son el Palio de San Giovanni Battista en Fabriano, provincia de Ancona, o la Contesa della Marguta en Corridonia, Macerata, en la que durante varios días se recrean los quehaceres medievales con torneos y banquetes incluidos.

COMER, BEBER, OLER... DISFRUTAR

Y después de satisfacer la vista y el oído, es hora de calmar el apetito y la sed.

Cuentan que el mismo Bob Dylan sucumbió a los vinos que toman forma, cuerpo, y color a orillas del Adriático. Entre las 17 variedades de vino únicas presentes, quizás el más famoso sea el Verdicchio dei Castell de Jessi. Un elixir amarillo paja, de olor delicado y fragancia fresca de flores, fruta y almendras amargas que en el paladar se antoja seco, fino y armónico. Perfecto para el acompañamiento de cualquier plato de comida mediterránea.

Otro de los grandes secretos que esconde Le Marche se encuentra bajo tierra: la trufa blanca característica de Sant Angelo in Vado y Aquelana, en la provincia de Pésaro y Urbino, respectivamente. Otros frutos brotados de la tierra, apreciados y utilizados en la cocina regional, son los hongos, abundantes en cantidad y especies.

El aceite de oliva es su oro verde. Los habitantes de Marcas defienden su calidad suprema a capa y espada. Hoy casi 7,200 hectáreas abastecen de este producto a la región.

Embutidos como el Ciauscolo una especie de salami blando de color claro de gran sabor, la Lonza similar al lomo embuchado o el lechón asado llamado porchetta son los más apreciados.

Y como no solo de pan vive el hombre, la artesanía es un elemento esencial en la identidad de Marcas. La producción manufacturada de papel, filigranas (pequeños dibujos o grecas en los bordes del papel), o el encaje de bolillos son menesteres típicos de la región.

Así como el tratamiento de la piel, que ha experimentado una necesaria modernización permitiendo a la industria del calzado ganarse una importante posición en el mercado italiano, y ser pilar fundamental en la economía de la zona.

Le Marche es armonía, es paz, es diversión y descanso para el cuerpo, es hospitalidad. Es uno de esos lugares en los que el tiempo no se mide en minutos sino en instantes únicos.

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