Elisa Carrillo: Dos décadas dejando el corazón en el escenario

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Como manantial de agua fresca, la prima ballerina fluye ante distintas corrientes y escenarios. Originaria de Texcoco, ha emergido de las adversidades para convertirse en un leyenda contemporánea de la danza internacional, al obtener la máxima presea: el Benois de la Danse.

Dejando el corazón en el tablado

Embajadora de la cultura mexicana en el extranjero, integrante de los 50 personajes más importantes de Berlín en 2011 e hija adoptiva de Alemania, son algunos de los méritos que ha conquistado Elisa Carrillo Cabrera en poco más de dos décadas de trayectoria, en la cual ha dejado el corazón en el tablado. Su historia es muy similar a la de muchas personas que tienen el anhelo de triunfar, pero no los medios económicos para lograrlo:

“Mis padres siempre me apoyaron a pesar de lo complicado de este camino. Aunque no contábamos con lo económico para comprar leotardos o zapatillas, siempre vieron la manera de impulsarme”.
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Tal perseverancia la llevó a pisar los escenarios más importantes del mundo desde temprana edad: Bellas Artes en México, cuando apenas era una niña, y el teatro Bolshói en Moscú, lugar en el que ha sido ovacionada tanto por sus puntas perfectas como por sus capacidades interpretativas. Y aun con su exitosa carrera, la prima ballerina del Staatsballett Berlin nunca ha perdido el piso; se considera gran admiradora de su tierra y sus costumbres:

“Cuando viajo a Berlín, siempre trato de llevar conmigo detalles que me recuerden a mi país, como la Virgen de Guadalupe, los alebrijes y los tradicionales tlacoyitos de mi querido Texcoco”, expresa.

Además procura irradiar el patrimonio cultural intangible de México: la alegría, la fuerza y la pasión de sus compatriotas, mismo que refleja en cada una de sus interpretaciones y que trasciende a su ámbito familiar, conformado por su marido, el primer bailarín ruso Mikhail Kaniskin, y la hija de ambos, Maya Elisa.

La fórmula: constancia y amor

Elisa aún conserva la misma disciplina que ha caracterizado su larga trayectoria y gracias a la cual llamó la atención de la maestra Mercedes, profesora de una pequeña academia de danza situada en la colonia Escandón, en la Ciudad de México, donde practicaba sus primeros battement dégagés en medio de un salón enmarcado por espejos y repleto de tutús:

Mercedes fue como un ángel, pues fue la primera en descubrir en mí cualidades para la danza y notificárselo a mi familia”.

Lamentablemente de aquella Miss Meche (como solía decirle) nunca volvió a saber nada, aunque reconoce que le gustaría encontrarla para agradecerle profusamente su buen ojo, el cual le abrió las puertas a la labor que le ha dado todo lo que hoy día posee.

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Su pasión por la danza la ha llevado a capitalizar su fama y prestigio para fomentar las artes dancísticas en las nuevas generaciones por medio de su fundación Elisa Carrillo Cabrera, y de los festivales que ésta organiza en colaboración con Danzatlán. Dichos espectáculos tienen como objetivo impulsar a jóvenes promesas, así como atraer talento internacional para fomentar el diálogo cultural en México:

“Desde mi posición me toca hacer lo necesario para ayudar a los niños y jóvenes, tal como lo hicieron diversas personas conmigo gracias a sus conocimientos o becas. Es cuestión de gratitud y de devolverle a la sociedad un poco de lo que la vida te dio”.

Sus grandes pasiones

Se define como una mujer sencilla que adora pasar tiempo de calidad con sus amigos y familia, a la cual es muy apegada. En su tiempo libre suele escuchar música clásica para educar su oído, pues afirma que es diferente apreciarla en un gran foro que durante las actividades cotidianas.

“Son experiencias radicalmente opuestas”, asegura.

Y es que mientras en el teatro la música se enfoca en la ejecución de los movimientos (es el caso de su ballet predilecto, Onegin, en el que para encarnar a Tatiana, la joven amante de Eugene Onegin, debe adentrarse a plenitud en cada nota debido a la complejidad de los giros y a la precisión de los saltos creados por el genial coreógrafo y bailarín sudafricano John Cranko para la compañía alemana de ballet Stuttgart), en la cotidianeidad, ella suele perderse en las armonías, apreciando así los acordes y comparsas que conforman distintas piezas musicales.

El futuro de la artista

Respecto a su porvenir y la posibilidad de retiro, se pronuncia de manera enfática: ambos son eventos que aún no contempla, pues se siente con la fuerza y valentía suficientes para presentarse en más auditorios y así impactar al mayor número de personas posible gracias a sus armoniosos movimientos y exquisita presencia escénica.

“No es que sienta que deba retirarme ya, aunque sé que en algún momento sucederá. Por lo pronto, estoy dispuesta a dar lo mejor de mí en cada ensayo y puesta en escena hasta que mi cuerpo lo permita”.

Asimismo, asegura que los caminos entre una persona y otra no son ni remotamente parecidos y mucho menos en su profesión; existen bailarinas clásicas que continúan otorgando grandiosas funciones en los escenarios encumbrados del mundo, no por sus puntas, sino por su dignidad y señorío.

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Es el caso de Maya Plisétskaya, quien, a pesar de su edad, continuó interpretando los roles principales de las obras icónicas del ballet. Elisa Carrillo advierte que para poder retirarse con gozo y cumplir su sueño, primero debe construir una carrera sólida. Y ello solo es posible conseguirlo si “tenemos convicción en nosotros mismos y entereza para entregarnos a las metas que nos propongamos”. Y, no obstante a las opiniones propias y de nuestro entorno, afirma que nunca debemos compararnos ni subestimarnos ante alguien, ya que ello nos resta capacidades.

“Nadie es igual a ti, ni tiene tu contexto o historia personal, por eso mismo es ridículo compararse o proyectarse en alguien más, haz lo más que puedas con lo que posees”, concluye.

Por: Carolina M. Payán / Foto: Carlos Quezada
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