Carmen Muñoz: el poder de creer en una misma

En esta conversación descubrimos que la conexión de la conductora de televisión con su público no tiene que ver con la fama, sino con su disciplina, compromiso con la verdad y su decisión de continuar creciendo.

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Chaleco Sandro, pantalón París Rodríguez, zapatos Regina Romero.

Fotografía: Luis Gil Q.

“Recuerdo que cuando tenía como ocho o nueve años, siempre que veía la tele, le decía a mi mamá: ‘Algún día voy a salir ahí’”. Carmen lo cuenta entusiasmada, como si todavía pudiera ver a esa niña frente a la pantalla. “No sabía exactamente cómo iba a lograrlo, pero lo iba a hacer”.

En ese entonces vivía en Lagos de Moreno, Jalisco, y en su familia nadie tenía relación con los medios. No había padrinos ni contactos ni un plan. Lo que sí era una convicción que nunca perdió.

Platicamos con ella en una tarde calurosa. Recién acaba de terminar la transmisión de Cuéntamelo ya! Aún en el camerino, con la energía del en vivo latiendo, nos confiesa que esa idea jamás la abandonó: “Nunca se me quitó de la cabeza que quería estar en televisión”.

Siete años después, su intuición empezó a tomar forma. A los 15 se inició en la radio, en su ciudad natal. “Siempre fui muy inquieta” nos platica. Por suerte, esa inquietud la obligó a enfocarse, a tener disciplina, a ir paso a paso. Aprendió a observar, a escuchar y, finalmente, a elegir proyectos.

Actualmente, Carmen Muñoz suma 30 años de carrera y cuatro consolidados como coconductora de Cuéntamelo ya!, que este año celebra una década al aire.

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Blusa París Rodríguez, falda Mundo de Cata, aretes Iconique, zapatos Regina Romero.

Fotografía: Luis Gil Q.

ABRAZA LOS CAMBIOS

Por poco más de 10 años, Carmen estuvo al frente del programa Diálogos en confianza, abordando temas de pareja y emociones. Después llegó el reality Enamorándonos, con una exposición masiva que la convirtió en un rostro cotidiano en miles de hogares. Más tarde vendría Al extremo. Cada etapa le exigió algo distinto y hoy forma parte de su base profesional: sensibilidad y carácter.

Cuando apareció la oportunidad de integrarse a Cuéntamelo ya!, Carmen recuerda feliz que “el primer día que vine como invitadadije: ‘Tengo que trabajar aquí’”. Y se nota que esa emoción sigue intacta. “Venía de formatos donde llevaba el control total, y aquí tuve que aprender a compartir cámara, tiempos y protagonismo”, nos confiesa al hablar de su equipo con un respeto genuino.

Carmen tiene claro que la televisión cambia a una velocidad brutal y que, muchas veces, la edad también se pone bajo la lupa. No le da la vuelta al tema: “Un día puedes estar en la cima y al siguiente en otro nivel”, nos dice, así, sin drama. Por eso, se actualiza, aprende sobre nuevas plataformas, ajusta el lenguaje y entiende que hoy la audiencia consume información de otra manera, mucho más rápida y directa.

En todo ese proceso hay alguien fundamental en casa. Su hija de 12 años, su filtro más honesto. Con orgullo nos cuenta que le ha dicho cosas como: “Mamá, tu contenido está muy de señora”. Y lejos de tomárselo personal, Carmen lo agradece, así que la escucha y observa cómo se comunican hoy los creadores digitales para entender los códigos nuevos. Esto es algo que le ha permitido verse más natural, más cercana.

Eso sí, hay algo que no negocia: “Si no estoy segura, prefiero no opinar”, nos dice con firmeza. Ese es uno de sus sellos. Carmen verifica, se informa y no se sube a la polémica fácil. En tiempos donde todo se comenta en automático, su compromiso con la verdad habla de experiencia y carácter.

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Blusa Yakampot, cinturón Adolfo Domínguez, falda Carlos Pineda.

Fotografía: Luis Gil Q.

LO QUE MÁS DISFRUTA

Fuera de la pantalla Carmen cuida su bien estar. Todos los días se levanta entre 6:00 y 6:15 de la mañana, va al gimnasio, regresa a casa para bañarse y desayunar. Después sale al foro, revisa vestuario, maquillaje y detalles de producción. A las 10:30 ya está lista. A las 12:00 llega el momento clave del día: hacer el programa en vivo. Al terminar, cerca de las dos de la tarde, vuelve a casa para comer con su familia y llevar a su hija a clases de baile. Cierra el día cenando con su esposo y su hija, y se duerme cerca de la medianoche.

“No me arrepiento de las

decisiones que he tomado.

Siempre las he asumido

con propósito y conciencia,

convencida de que cada

proyecto que llega es una

oportunidad para crecer

y seguir aprendiendo”.

Otra de las facetas que más la entusiasma es la escritura. En 2021 publicó Dale like al amor, un proyecto que fue madurando tras años de hablar sobre relaciones y autoestima en Diálogos en confianza: “Dale like al amor es aprender a darte like a ti misma, a tu amor propio. En el libro comparto mi experiencia en pareja, hablo de lo que envuelve al amor y al desamor, de cómo sanar un corazón roto. Es un libro que me llenó el corazón, porque ahí pude sacar todas esas inquietudes y reflexiones que fui guardando durante años”, señala.

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Camisa Adolfo Domínguez, aretes Iconique, anillos Pandora.

Fotografía: Luis Gil Q.

También adora ir sola al cine o a cenar, incluso si tiene pareja, pues ha aprendido a darse espacios individuales. “Es parte de mi amor propio”, afirma con naturalidad.

Ella sabe que la televisión no es eterna y lo dice con serenidad. Tiene los pies bien puestos en la tierra. Ya piensa en lo que sigue, en emprender, en escribir una segunda parte de su libro y, “cuando llegue el momento, en proyectos que me den estabilidad y me permitan disfrutar la vida y viajar”.

Después de escucharla y verla dentro y fuera de la pantalla, es claro que no está donde está por casualidad ni por suerte. Lo suyo es resultado de disciplina, paciencia y mucho carácter.

Carmen Muñoz, la conductora que llega todos los días a miles de hogares con noticias del entretenimiento, no vive este momento por azar. Está aquí porque nunca ha dejado de trabajar, de prepararse, de cuestionarse y de creer que puede ir más lejos.

“Nunca pienso que estoy en

el lugar definitivo. No creo

en estacionarme. Siempre

hay algo más que aprender,

un paso más que dar”.

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Vestido Adolfo Domínguez, aretes Uno de 50.

Fotografía: Luis Gil Q.

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