La inolvidable Grace de Mónaco

La inolvidable Grace de Mónaco

Su belleza conquistó a Hollywood, y su boda con un príncipe fascinó al mundo entero. Pero la vida de la princesa no fue un cuento con final feliz

El 14 de septiembre de 1982, la noticia de la muerte de Grace de Mónaco, víctima de un accidente automovilístico, conmovió al planeta entero. El día anterior (al volante) había perdido el dominio del vehículo en el que regresaba a Mónaco. Su hija Estefanía, a su lado, sólo sufrió una fractura cervical, pero nada pudo hacerse para salvar a la princesa. Así, a los 52 años de edad, se desvaneció una de las personalidades más icónicas del siglo XX.

TÍMIDA, FLACUCHA Y MIOPE

Grace nació en 1929 en el seno de una rica familia católica de Filadelfia. Su padre, John B. Kelly, quien había hecho su fortuna en la industria del ladrillo, era de origen irlandés. Su madre fue Margaret Majer, hija de inmigrantes alemanes.

Ambos eran severos, competitivos y deportistas (él, tricampeón olímpico de remo, ella, campeona de natación), y educaron a sus hijos Margaret, John, Grace y Elizabeth en el culto del esfuerzo.

Introvertida, muy delgada y acomplejada por sus hermanos, todos ellos excelentes atletas, no respondía a las expectativas de su padre, quien solía hacérselo saber.

Educada en instituciones católicas tradicionales, la chica nunca sobresalió del montón, salvo en las clases de teatro, así que tras graduarse en 1947, decidió ser actriz, una profesión que su papá llegó a calificar con crueldad de ?apenas por arriba de prostituta callejera?.

Una vez aceptada en la prestigiosa Academia Americana de Arte Dramático, se instaló en Nueva York, donde trabajó como modelo para pagar sus estudios. El escenario era su pasión, por lo que hizo sus primeras armas profesionales en Broadway en Fadren (El padre), de August Strindberg, y participó en más de 40 obras adaptadas para la televisión.

En 1951 obtuvo un pequeño papel en el filme Fourteen Hours, el primero de los 11 de su breve carrera. Pero su suerte cambió cuando Gary Cooper, inmensa estrella de la época, la eligió para encarnar a su esposa en High Noon. Él tenía 50 años y ella, 20, lo que no impidió a Grace enamorarse de manera perdida de Coop. Éste fue el primero de sus muchos romances con hombres mayores, a menudo casados, como Clark Gable, Cary Grant y Bing Crosby.

LOS HOMBRES ‘PROHIBIDOS’

Su papel en High Noon no fue memorable, sin embargo, le abrió las puertas de Hollywood de par en par.

Grace no sólo era una belleza perfecta, sino que también encarnaba la elegancia, lo chic y la seductora altivez de la aristocracia norteamericana. Por ello, el director y productor John Ford le ofreció un papel en Mogambo. ?La cinta tenía tres cosas que me interesaban (diría Grace a la columnista Hedda Hopper de Los Angeles Times), John Ford, Clark Gable y un viaje a África?. Como se supo años después, durante el rodaje vivió un romance con Gable, un secreto que, por supuesto, sus compañeros le ayudaron a guardar.

Pero su siguiente relación, con Ray Milland, su coprotagonista en Dial M for Murder (1954) casi arruina su carrera. Él se volvió loco por Grace y cuando su esposa se enteró, lo corrió de la casa, no sin gritarlo a todos lados. De pronto, la futura princesa se encontró en el peor rol en el que podía hallarse una mujer en los años 50: una destructora de hogares. Al final, Milland optó por volver con su mujer, y Kelly, después del rodaje, sin amoríos y junto a James Stewart (Rear Window, 1954), volvió a embarcarse en affaires con otros actores: William Holden, en el set de The Bridges at Toko-Ri (1954) y Bing Crosby, en The Country Girl, donde compartió de nuevo cartel con Holden (lo irónico es que ella interpretaba a una mujer indecisa entre dos varones). Este personaje, por el que tuvo que luchar ante los directivos de la MGM, fue fundamental en su carrera, pues le valió un inesperado Oscar que parecía ‘prometido’ a Judy Garland.

Su siguiente filme, To Catch a Thief, junto a Cary Grant, también resultó importante para ella, ya que marcó el comienzo de una amistad que duraría toda su vida.

A los 25 años había logrado un Oscar y un lugar de privilegio en Hollywood. No obstante, sus amoríos no le habían traído más que entusiasmos pasajeros, y su padre aún no parecía orgulloso de ella. ¿Qué le quedaba por lograr?

EL PRÍNCIPE Y LA CHICA EXTASIADA

Fue entonces que apareció en el panorama el príncipe Rainiero III, soberano del minúsculo Principado de Mónaco. Grace había viajado al Festival de Cannes acompañada de su novio, el actor francés Jean-Pierre Aumont. En esa ocasión, Pierre Galante, periodista del semanario francés Paris Match (y marido de Olivia de Havilland) le propuso una sesión de fotos en el vecino palacio monegasco. La curiosidad de conocer a un verdadero monarca la hizo aceptar y de ese encuentro, el 6 de mayo de 1955, queda una serie de fotos en las que se ve al aristócrata, de 32 años, mostrando su palacio y su zoológico a una Grace extasiada.

El encuentro no fue anodino, pues Rainiero estaba en la búsqueda febril de una esposa, y si no se casaba y tenía un heredero, su pequeño territorio pasaría a manos francesas, como lo preveía un tratado de 1918. El monarca encargó a su confesor, el padre Tucker (irlandés, como los Kelly), jugar al celestino con Grace y, sobre todo, con su familia. A fin de año, el príncipe fue invitado a pasar la Navidad en Filadelfia. Así, el 6 de enero de 1956, la actriz y Rainiero anunciaban su compromiso.

SU DESAFORTUNADA VIDA PÚBLICA

El nivel de frenesí que provocó el futuro enlace tomó a todos por sorpresa. De hecho, el rodaje de lo que sería la última cinta de Grace Kelly (High Society) se hizo bajo alta seguridad, mientras los Kelly, los representantes del príncipe y de la MGM se ocupaban de los preparativos de la llamada ?boda del siglo?.Previo, la familia había aceptado proveer de una dote de dos millones de dólares y, según se dijo, Grace se sometió a una prueba de fecundidad.

El 12 de abril de 1956, Grace llegaba a Mónaco a bordo del SS Constitution, acompañada de su familia, amigos, su perro y alrededor de 80 maletas. La actriz fue recibida por una salva de honor y una lluvia de claveles rojos y blancos, los colores del Principado, arrojados desde el hidroavión de Aristóteles Onassis.

La ceremonia civil, durante la cual se enumeraron los títulos que ella recibiría: cuatro de duquesa, cuatro de marquesa, siete de condesa y nueve de baronesa, tuvo lugar el 18 de abril en la sala del trono, y al día siguiente se celebró la ceremonia religiosa en presencia de 700 invitados, la cual fue transmitida en directo por Eurovisión y seguida por 30 millones de espectadores, un récord en la época. Su vestido, fuente de inspiración para novias del mundo entero, fue un diseño de Helen Rose, vestuarista de MGM. El estudio también financió las nupcias, a cambio de la exclusividad para hacer un documental que se exhibiría en las salas de cine.

En realidad, Grace nunca tuvo un buen recuerdo de su boda, a la que describió como ?el carnaval del siglo?, y pasaron años antes de que se decidiera a verlo. ?Cuando estaba en Hollywood mi vida privada era mía. Luego de que me casé, mi vida privada se volvió pública?, comentaría la flamante princesa.

SU VERDADERA FELICIDAD

Ya instalada, Grace se entregó de lleno a sus obligaciones de primera dama. Pero sobre todo cumplió con eficacia su principal responsabilidad de dar un heredero al Principado; el 23 de enero de 1957, nueve meses después del enlace, nació su hija Carolina Luisa Margarita y 14 meses más tarde, el 14 de marzo de 1958, Alberto Alejandro Luis, actual soberano de Mónaco.

Comenzaba así el periodo más feliz de su vida. La popular celebridad estaba hecha para la maternidad y criaba a sus hijos en los principios de la buena educación, el respeto y buen humor, pues tanto ella como Rainiero coincidían en que no querían que su infancia se pareciera a la de ellos.

Cuando no se ocupaba de su familia, se dedicaba a su trabajo en la Cruz Roja Monegasca, cuyas galas anuales atraían a la realeza hollywoodense a la Amade (Asociación Mundial de Amigos de la Infancia), que fundó en 1963, y a la Fundación Princesa Grace, que creó para apoyar a artesanos locales. En cuanto a ella, no había perdido nada de su proverbial belleza y elegancia. Fiel al diseñador Marc Bohan, de la maison Christian Dior, sus vestidos se caracterizaban por líneas simples que combinaba con perlas, guantes, turbantes y su infaltable cartera Kelly de Hermès, bautizada así en su honor.

En los años 60, Grace figuró en la lista de las mujeres mejor vestidas del mundo. Y durante años, su familia, trabajo y representación, llenaron su vida y cumplieron con sus aspiraciones. ?Mi primera función es ser esposa y madre, y después vienen todas mis otras actividades?, decía.

LA VIDA QUE NUNCA IMAGINÓ

Luego de unos años, la novedad de ser princesa pasó. Hoy se dice, aunque se ignoraba entonces, que la joven se aburría mortalmente en el palacio, sin amigos, sin saber francés y sin que su marido le hiciera mucho caso, ya sea por las obligaciones de Estado o por las infidelidades, reales o imaginadas, que ella veía por todas partes. No era de extrañar que deseara con desesperación volver a filmar. Cuando en 1962 Hitchcock le propuso el rol principal en Marnie, ella deseaba aceptarlo. Si bien Rainiero no objetó, propuso sondear la opinión de sus súbditos. La respuesta fue un categórico no.

La escritora Colette decía que Mónaco era el único país cuyas fronteras eran flores, pero a Grace esas flores comenzaban a parecerle rejas. Hasta que el primero de febrero de 1965 nació Estefanía Marie Elisabeth, la benjamina.

En los años 70, sus hijos mayores seguían creciendo, y con ellos los problemas: A Grace le resultaba imposible controlar a Carolina, quien parecía empeñada en contradecir todos sus deseos. ?¿La vida de mi madre? ¡Jamás!?, declaró un día a la prensa. Su boda, en 1978, con el playboy Philippe Junot, a quien Grace desaprobaba, fue un momento muy doloroso, frente al cual tuvo que poner su mejor cara. Dos años más tarde, el divorcio confirmó sus resquemores.

Los paparazzi no dejaban a la familia ni a sol ni a sombra, y Grace se quejaba: ?No somos personajes de ficción y no tienen derecho a inventar cualquier tipo de historia que se les ocurra?. Entre esas leyendas circulaban los rumores de su propia separación, la cual negaba siempre que podía. Pero la realidad es que en sus últimos años Grace pasaba más y más tiempo en el apartamento parisino de los Grimaldi. La excusa era hacerle compañía a Estefanía, quien cursaba allí sus estudios. Necesitaba escapar del pesado protocolo del palacio y quizá de las tensiones de su matrimonio. Nostálgica de su arte, se consolaba dando recitales de poesía, realizando collages de flores secas y, algunos dicen, ahogando sus frustraciones en el alcohol.

EL FINAL DE SU PELÍCULA

A los 50 años, Grace había ganado kilos y perdido su silueta. Para ella, el pasado se había convertido en su enemigo. En 1977 tuvo la oportunidad de volver al cine cuando el director Herbert Ross le ofreció un papel en The Turning Point, sin embargo, Rainiero lo despachó sin miramientos. Poco antes de morir, en su última entrevista (para la TV estadounidense) en junio de 1982, parecía haberse resignado: ?Me halaga que haya gente que piense que puedo volver al cine 26 años después de haber rodado mi última cinta? pero para hacerlo bien hay que dedicarle mucho tiempo. y yo no tengo?.

Parecieron palabras premonitorias. La mañana del 13 de septiembre de 1982, la princesa abandonaba Roc Agel, propiedad de la familia, al volante de su Rover 3500 S para llevar a Estefanía al palacio, de donde debía partir a París. El accidente sucedió minutos después. Fue trasladada al Centro Hospitalario Princesa Grace y allí se constató una hemorragia cerebral, que se cree fue causada por una lesión previa al accidente. La princesa fallecería al día siguiente. Su funeral, al que asistieron Lady Di, Nancy Reagan y Cary Grant, entre otros, fue celebrado el 18 de septiembre en la catedral de Mónaco donde, tres días más tarde, fue enterrada en la bóveda familiar.

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