La historia de la princesa Diana en la realeza británica comenzó como un cuento de hadas, la hermosa plebeya que había conquistado al príncipe heredero, culminaba con su vida en el castillo después de protagonizar una de las bodas más esperadas en todo el mundo.
Sin embargo, detrás del matrimonio de la princesa Diana con el príncipe Carlos, existía una serie de estrategias, pues su llegada a la monarquía no fue una casualidad, ella fue elegida meticulosamente por la reina Isabel II por algunas de sus cualidades.
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Por qué la princesa Diana fue elegida como esposa del príncipe Carlos
Diana no fue elegida al azar, pues ella poseía una serie de cualidades que la familia real británica valoraba en la futura esposa del heredero al trono.
Origen aristocrático
Diana Spencer provenía de una de las familias más antiguas de la monarquía británica, para algunos, su origen real es más antiguo que el de la reina Isabel II. Su padre, el conde Spencer, estaba relacionado con la nobleza inglesa y mantenía vínculos cercanos con la familia real.
Inocente y discreta
La familia real buscaba a una mujer que no tuviera un pasado escandaloso, Diana, que apenas tenía 19 años, representaba la pureza y la inocencia que la realeza quería proyectar al mundo.
Era joven y moldeable
Diana era joven y con un carácter tímido, por lo que la familia pensó que sería fácil para ella adaptarse a los protocolos de la monarquía, además de ser moldeable para que aceptara las reglas sin protestar demasiado.
Diana era carismática y amable
En aquel momento, la monarquía necesitaba renovar su imagen frente al mundo, y Diana tenía la juventud y el carisma que se necesitaban para ganarse al pueblo, un hecho que ocurrió, pues llegó a convertirse en el miembro de la realeza más querido en todo el mundo.
Tenía belleza y juventud
Cualidades que la presentaban como la candidata adecuada para mantener la línea dinástica y traer al mundo a un nuevo príncipe heredero.
Representaba el equilibrio entre tradición y modernidad
Diana parecía la figura perfecta para encarnar el ideal de la monarquía: aristocrática, discreta y con el potencial de convertirse en una reina cercana al pueblo.
Desafortunadamente, la historia demostró que todas las cualidades de Diana no fueron suficientes para que pudiera convertirse en la reina consorte, pero sí en la reina del pueblo.